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La fiesta del semáforo (2ª parte)

 

La fiesta del semáforo (2ª parte)

 

Como ya adelanté en mi anterior reflexión,  resulta muy cómodo culpar a los adolescentes por esa carrera en la que queman etapas a ritmo de semáforo quemando ruedas, cuando hemos sido los adultos los que hemos permitido esta sociedad del “todo vale”, sin pararnos a pensar sobre la educación afectiva y sexual que estamos inculcando a los más jóvenes, de forma explícita o implícita mediante la publicidad, la cultura del ocio y los medios de comunicación. El otro día, por ejemplo, buscaba con mi tutoría nombres de personas famosas que destacasen también por sus valores humanos y, curiosamente, entre los hombres sonaron más los deportistas (fuerza, competición, músculo, triunfo…) y entre las mujeres actrices y cantantes (belleza, atracción…). Ahí tenemos una primera pista. No hemos avanzado tanto como creemos y todavía hoy encontramos chicas que se valoran a sí mismas en función de la atracción provocada en sus compañeros, por lo que es frecuente que algunas de ellas empiecen a temprana edad a maquillarse y vestirse como sus hermanas mayores. Hoy, más que nunca, se fomentan la perfección del cuerpo y unos cánones de belleza imposibles, que incluso pueden derivar en trastornos de la alimentación.

Los adultos de referencia también usamos el semáforo cuando tratamos el tema de la afectividad y sexualidad, especialmente desde la familia, porque el vínculo es mucho más profundo que con los profesores. Por colores, se podrían identificar tres tipos de actitudes:

Color rojo:

  • La sexualidad se afronta como un problema, considerándose algo prohibido y negativo, causando que algunos jóvenes se enfrenten a los cambios de su cuerpo en la pubertad de forma conflictiva.
  • Se niega el placer, colocándolo en un segundo plano, como una consecuencia de la sexualidad, no como un fin. Como me explicó un día un sacerdote católico, en un curso para profesores, “Dios nos ha hecho seres capaces de sentir placer. Sin embargo, admitimos con naturalidad ese placer al contemplar una puesta de sol (vista), una sinfonía de Beethoven música (oído), el estallido de la primavera (olfato), el sabor de una manzana (gusto) o la suavidad de un tejido (tacto), pero nos parece negativo armonizarlos todos en las relaciones sexuales“.
  • Los genitales pasan a ser una parte vergonzosa, que no debe ser expuesta salvo en tratados de medicina. Recuerdo que mi compañera de vida me contó alguna vez que en su colegio les obligaban a pegar las hojas de los temas de reproducción en los libros de ciencias .
  • Se argumenta con leyendas e información sesgada, que refuerce el rechazo o el miedo por parte del adolescente.  

Color verde:

  • Tu cuerpo es tuyo y puedes hacer con él lo que quieras, y cuando quieras, siempre y cuando exista mutuo acuerdo.
  • No existe un proceso ni se armoniza la relación sexual con un mínimo de proyecto de pareja. Se saltan etapas muy deprisa y suele caerse en la rutina y el hastío.
  • Mi hijo ya es mayor. Le daré un preservativo y un libro para que esté informado“. Si es niña, “ten cuidado y no te quedes embarazada, que existe la píldora del día después“. Esto es equivalente a entregarle las llaves del coche y un manual de autoescuela para que se lo estudie en los ratos libres.
  • Vive lo que yo no pude vivir. ¡Qué suerte, con tanta libertad que hay ahora! Si algún día quieres traerte a casa a la periquita, no hay problema (si es hija en vez de hijo, cambia el discurso, por supuesto).
  •  

Color amarillo:

  • La sexualidad es identidad, reproducción, placer, amor, unión, relación, ternura… Se vive toda la vida, desde la infancia hasta la vejez, cada etapa de forma coherente al crecimiento del cuerpo y a la madurez personal o de la pareja.
  • Los adultos les enseñamos a descubrir la libertad emocional, a trabajar la autoestima, a ser sensibles, a saber escuchar y a respetarse a uno mismo y a los demás. Por supuesto, también informamos de los aspectos fisiológicos.
  • Les demostraremos que con una caricia se puede consolar, que un abrazo no es “para nenas” o que un beso puede decir más cosas que una decena de SMS.
  • Y, por supuesto, les recordaremos que el órgano más determinante en nuestra sexualidad es el propio cerebro. Ahí pondrán cara de sorpresa y se mirarán por debajo del ombligo decepcionados, porque todavía confunden sexualidad con genitalidad. Tiempo, al tiempo.

 Durante más de diez años he trabajado este tema en mi tutoría de 2º de ESO y debo reconocer que la inmensa mayoría de las familias de mis alumnos me animaron a seguir la luz amarilla. De trescientas familias consultadas en este tiempo, no habré tenido más de dos o tres bombillas no amarillas, lo cual es un esperanzador síntoma para el futuro. Ojalá algún día podamos retirar todos los semáforos y cruzar con tranquilidad el paso de peatones.

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La fiesta del semáforo (1ª parte)

 

La fiesta del semáforo (1ª parte)

 

Si es que tenía que pasar… Tanto usar los emoticonos en internet que había que exportar la idea a la vida real. Que si “toy triste”, que si “toy felí”, que si “toy alucinao”, “que si no toy”, etc. Francamente me esperaba otra cosa, algo más fashion como llevar un móvil colgado del cuello mostrando en la pantalla una carita amarilla, que gesticulara según los parámetros enviados por el cuerpo. Pues no, ¡vaya decepción! Cuales visionarios del futuro, los empresarios de las discotecas light han logrado algo muy simple, barato y sin recurrir a su departamento I+D situado tras la barra del bar.

Pero antes, por si acaso alguien anda despistado, debo aclarar que una discoteca light es una “sesión infantil” para adolescentes entre los 14 y los 17 años, en la que la única diferencia con la hora de los mayores es que no hay alcohol. ¿Sólo eso?, pensará algún incauto. Pues sí, sólo eso, porque las niñas van vestidas como mujeres -fatales-; existen gogos menores de edad que bailan por 100 euros; algunos niños reparten flyers -propaganda- por los colegios a cambio de una gratificación o privilegios; se puede gozar con fiestas tan sugerentes como la de la espuma; disponen de asientos vips e incluso palcos para poner a fulanita a caer de un burro, eso sí, suave y peludo como si fuera de algodón. Al menos son buenas para la crisis, porque no hay que menospreciar la caja que hacen las tiendas y supermercados cercanos cuando entra el amigo mayor, asume su papel de barman, y reparte las botellitas a la salida a sus “niños”. Claro, es que con el tumulto de la entrada los pobres gorilas no van a empezar a manosear menores para buscar alcohol, no vaya  a ser que los denuncien por tocamientos simiescos, que todo tiene un límite.

 

Una vez situados en el contexto de la historia, voy a explicar cuál ha sido el nuevo invento. Se llama la fiesta del semáforo. La dinámica es muy sencilla. Compras la entrada, con tu DNI auténtico o el de tu hermana -todo queda en familia, nena-, y con ella te dan derecho a un par de consumiciones -ojo a los suplementos- y a una pegatina, que puede ser de tres colores: rojo, amarillo o verde. Si entras con el rojo, mal rollito, indica que tienes novio/a, así que si quieres darte un muerdo con tu cariñito/a, genial; pero si no está en la fiesta ya puedes prepararte para sujetar velas o dedicarte a cantar eso de “Amo a Laura, pero esperaré hasta el matrimonio…”. Si vas de amarillo, reparte números para aguantar a todos los/as plastas de la sala, porque eso indica que estás indeciso/a y que con un poco de labia seguro que te convencen para tener algún encuentro en la primera fase. Luego se pide la dirección del Tuenti y se sigue jugando a los semaforitos hasta que te pille la Guardia Civil por saltarte un rojo y te quedes un mes sin disfrazarte de hombre/mujer.

Ahora vamos a por el verde… Un momento, que me ponga cómodo… Ya.

Pegatina verde. Esto indica que no le haces asco a nada, así que esto parece la salida del Gran Premio de Montecarlo. Calles estrechas, mucha competencia y el que se ponga el primero sube al pódium. La tarde es larga, y siempre hay alguna descalificación, por lo que otros coches van subiendo posiciones. De vez en cuando surge el hastío pero, tranqui tronco/a, que el director de la carrera manda al coche escoba y le dice al DJ que recuerde a los participantes lo de las pegatinas. Termina la carrera… ¡Reparto de premios! De camino a casa unos miran el reloj inquietos y otros el chupetón ámbar o verde(s). Mientras los aburridos rojos chatean, vía Blackberry, con la pareja que está castigada en casa: ¡oye! Que me he puesto la pegatina roja por ti, para que veas que no te olvido, ¿vale?. ¿De verdad? ¡Qué romántico! Eso es que me quieres. ¿Perdona? No te rayes, que sólo somos “follamigos”. ¡Ah! Perdón.

 

Y en esa estamos. La sexualidad y la afectividad usadas como un artículo de consumo más, y con el aliciente del 3D, no como esas web de internet que se visitan cuando tus padres te dejan sólo ante el peligro, donde tienes una carta de platos de lo más apetitosa y en autoservicio, para que te pongas lo que quieras hasta saciarte. 

 

 

Intento recordar la primera vez que fui a una discoteca y puedo prometer, y prometo, que fue con al menos 17 años, y mi ilusión era bailar o, al menos, moverme de forma sincopada sin pisar a nadie. Así que ahora miro a mis alumnos y siento tristeza, porque están corriendo demasiado a su edad y no parece que quieran dejar nada para más adelante.

 

Nuestros adolescentes han nacido en la época de la burbuja económica y desde pequeños han sido tan consumidores como nosotros. Decenas de juguetes, ordenador, buena ropa, viajes… ¿Para qué estudiar, si ya lo tengo todo? ¿Por qué esperar a ser mayor de edad, si puedo disfrutar de mi cuerpo ahora?

 

Mucho me temo que la culpa es nuestra. En algo hemos fallado. Quizás hemos tenido miedo de poner límites a una generación nacida en plena madurez de nuestra democracia. No queríamos ser tiranos ni parecer carcas, así que ¿por qué no permitir que nuestros adolescentes quemen etapas antes de tiempo? Hemos dejado en sus manos un coche de gama alta y ahora pretendemos que a su edad no tengan accidentes. Así que ahora toca curar las heridas, explicarles lo de la abejita y la flor y, por supuesto, quitarles las llaves del bólido. Pero eso lo dejo para el próximo episodio, ya que, como hay que decirle a nuestros “pavitos”, hay que aprender a esperar.

 

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Capítulo 45

 

Mamá, papá, tengo novio

 

Silvia y Manuel se sentían atraídos desde la fiesta de gala del colegio. Manuel le comentó a sus amigos que “la Silvia de segundo curso estaba para mojar pan“, a lo que sus colegas respondieron con una sarta de bromas taberneras de dudoso gusto sobre panes y hogazas, pero ajustadas a la situación hormonal de los protagonistas. Por eso Manuel se atrevió a sacar a Silvia a bailar la canción esa de Ghost -Unchained melody para los que son más aficionados a la música que a los anuncios de perfumes- y una cosa llevo a la otra. Silvia se dejó llevar por la música del momento… Desde hacía unas semanas tenía fichado a Manuel, el larguirucho de tercero, un tío muy mono que se ruborizaba al cruzarse con ella por el pasillo.

Desde el día de autos, ambos habían estado con un tira y afloja sobre si estaban enrollados o no, pero finalmente un viernes quedaron para ir al cine. Hasta aquel día sus cuerpos habían sido los protagonistas de su historia como pareja, pero con el paso del tiempo ambos fueron profundizando en el conocimiento del otro, hasta descubrir que las emociones, la confianza y la intimidad nacían entre beso y beso. Juntos habían recorrido el camino que va desde la atracción física hasta la amistad profunda. Entonces aquellas miradas en la escalera o el encuentro en la gala de las fiestas, fueron quedando lejos en la memoria para dar paso al romanticismo y convertirse en “dos bollitos” -palabras textuales de la mejor amiga de Silvia- que vivían entre suspiros y poemas de amor más o menos plagiados de las canciones que escuchaban.

No muy lejos de ellos, en el mismo patio, Vicente y Patricia llevaban compartiendo su amistad desde que eran dos mocosos que jugaban en el arenal de infantil. Juntos fueron creciendo, viviendo las experiencias que les habían sucedido en el tránsito de la infancia a la adolescencia. Aquellos dos polluelos eran ahora dos pavitos. El desarrollo de la pubertad les había pillado por sorpresa, provocando cierta incomodidad en sus juegos ante un roce inesperado o una mirada furtiva. Tanto Patricia como Vicente intuyeron que algo estaba pasando y la confianza que habían mantenido desde niños facilitó el que un día hablaran de ello y celebraran la buena noticia con un primer beso.

Nuestras dos parejas han alcanzado el amor por dos caminos, distintos, pero paralelos. Para Silvia y Manuel el descubrimiento de sus sentimientos brotó de un primer acercamiento físico para luego profundizar en la afectividad y la emotividad. El caso de Vicente y Patricia puede ser menos frecuente, pero ocurre. Ellos tenían sentadas unas buenas bases en su relación, pero fue el desarrollo de sus cuerpos el que les llevó a ser pareja.

Los cuatro centran ahora su vida en su pareja, dejándose llevar por la pasión, la ilusión y la felicidad. Se trata de una experiencia que les ayudará a conocerse a sí mismos, mejorar su autoestima y educar sus sentimientos de forma armónica al deseo.

Para los padres ver a su hija o hijo emparejado en la adolescencia puede percibirse como una buena noticia, pero también puede ser motivo de preocupaciones:

  • ¿Sufrirá? Es posible, pero nadie dijo que la vida fuera un camino de rosas. Necesita afrontar esa relación, aunque no tenga éxito -ver capítulo 15- , porque supondrá una experiencia que le ayudará en el futuro cuando encuentre a su a una pareja más estable.

  • ¿Será imprudente? Dicho claramente… ¿Tendrá relaciones sexuales? ¿Sabrá afrontarlas? ¿No nos hará abuelos antes de tiempo? La respuesta a todas estas cuestiones está en una adecuada educación afectivo-sexual. No sirve de nada coger a Manuel o a Vicente, sentarles en el salón y decirles eso de “Ahora que tienes pareja, suponemos que sabrás ponerte un preservativo, ¿no?“. La educación debe iniciarse mucho antes, desde la infancia -ver capítulo 33.

  • ¿Hemos criado a una persona promiscua? La juventud de algunos padres transcurrió en un entorno en el que el acercamiento afectivo de ellos y ellas era más complicado, lento y progresivo, pero hoy en día la distancia entre ambos sexos se ha acortado, provocando que encontrar pareja sea mucho más natural para los nuevos adolescentes. Esto trae consigo el que inicien más relaciones -aumentando proporcionalmente los desengaños-. A ojos de los padres esa naturalidad puede parecer promiscuidad, pero no es así. Los adolescentes de hoy en día observan sus relaciones sin trabas culturales o sociales que les hagan esperar a una edad más adulta. En este escenario los adultos debemos ser muy prudentes con nuestras palabras y actitudes porque actualmente todavía se sigue penalizando más a ellas que a ellos, lo cual puede provocar comentarios muy crueles que las chicas no pueden entender. ¿Cómo llama un padre a su hijo si tiene muchas novias? ¡Machote! ¿Cómo llama el mismo padre a su hija si tiene muchos novios? Como este blog lo leen muchos menores, mejor no lo digo…

  • ¿Su pareja será de fiar? Si alguna vez ya hemos hablado de las dudas que siembran algunas amistades de los hijos en los padres, mucho más puede llegar a inquietar un novio o una novia que tiene acceso directo al corazón -y quizás al cuerpo-. Como ya escribí en su momento -ver capítulo 10 -, las críticas y desconfianzas deben centrarse en las actitudes, no en la persona, porque despreciar a la pareja es como despreciar al propio hijo o hija.

 

Cuando llega el final de la adolescencia, la pasión, el deseo y el romanticismo se mantienen, pero ahora dejando sitio a nuevos tesoros que compartir en una relación más madura. Entonces es cuando hay que cogerse de la mano con fuerza, para construir un futuro común en el que las hipotecas, el paro o la distancia -en algunos casos- podrán a prueba a ese castillo con puertas abiertas en que dos corazones laten de forma acompasada descubriendo la gran noticia de la vida: El amor.

Antonio Javier Roldán

Colaboraciones

El diario de Kayleigh 

…Al llegar a la entrada al polideportivo, hemos dudado, nos hemos parado al ver el gentío, pero al final hemos continuado desfilando por el pasillo, unidos por nuestro amor, dándole al mundo la buena noticia que queremos compartir. Doña Isabel me ha sonreído.

Han sido tres horas de baile, risas, de cachondeo en grupo moviéndonos al ritmo de las canciones más horteras y las más molonas. ¡El chanquete ha bailado con Doña Isabel! En ese momento se han disparado todas las cámaras. Saldrán en el “Aquí hay tomate”.

En la última hora han empezado los lentos. Nervios, gritos, confusión y alguna que otra decepción. Yo no he tenido duda. He buscado a Luís entre los chicos de tercero y ha bastado con mirarle para que él me rodeara con su brazo y me acompañara durante unos minutos eternos, que ahora sabría recordar segundo a segundo, instante a instante, sensación a sensación. Me ha susurrado un “te quiero” que me ha recorrido todo el cuerpo. Entonces, mi corazón ha buscado en mi memoria la noche de San Juan que mi madre me contó, he soltado con suavidad el brazo de Luís y le he dicho que me siguiera. Hemos salido de la fiesta en el mejor momento. Él me observaba confundido, sobre todo cuando he empezado a correr en dirección al silencioso patio de los columpios, donde pasan los recreos los alumnos de infantil. Me sentado en el tobogán, viendo las luces de la feria al fondo y la silueta de Luís acercarse hacia mí. Se ha situado a mi lado, en aquel arenal donde empezamos a crecer en el colegio, desde donde se formaron nuestros sentimientos, esperanzas e inquietudes. Allí creo que se pierden las primeras imágenes que guardo de mi existencia.

Me ha mirado con tanta dulzura y pasión que me he estremecido por completo. Cuidadosamente ha acariciado mi mejilla, me ha atraído hacia él y me ha besado con tanta suavidad, que casi no he podido distinguir sus labios de los míos.

Ha sido como llegar a casa después de recorrer todo el camino de la vida.

Puedes descargarte gratis “El diario de Kayleigh”  aquí.

Puedes enviar tus reflexiones, poesías o artículos sobre la adolescencia para que se publiquen en “La pavoteca” enviando un correo electrónico.

 

 

La Pavoteca examina a…

 

Chenoa

Biografía: Wikipedia

Web: Oficial

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?

Aproximadamente a los 14 años.

2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?

El ambiente social era raro para mí… Intentaba conciliar la rebeldía propia de una adolescente con la responsabilidad de alguien casi adulto……y reconozco que a veces no lo llevaba muy bien. Mis meteduras de pata eran grandes, y cuando me portaba de forma responsable era demasiado seria. ¡Nunca encontré el equilibrio!

3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?

En mis tiempos no teníamos móviles ni nada parecido, y lo que estaba a la última en tecnología pertenecía a gente que se lo podía permitir. Yo iba a bares con futbolín, máquinas de tetris, billar, bolos, etc… Vamos, todo lo que hoy en día es considerado un poco “macarra” pero que para nosotros era lo normal, y sobre todo, una manera barata de pasarlo bien. No importaba de dónde vinieras, aunque por supuesto había pandillas bien diferenciadas: Los pijos, los rockers, los heavys… Pero eso sí, nos respetábamos mucho, jeje.

4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?

Mi comunicación con ellos era buena por la simple razón de que en mi casa había una regla muy importante, y es que hablábamos de todo y había mucho diálogo. A veces me agobiaba hablar de según qué temas, pero una vez roto el hielo todo era más fácil. Es algo que hoy en día agradezco mucho.

5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?

Sí. Recuerdo que tuve épocas de mucha inseguridad y complejos. Pero logré controlarlo y me centré en mi personalidad. Así descubrí -por ejemplo- que para ser sexy a veces basta con una buena conversación.

6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?

Esa es una buena pregunta y seré honesta… A veces me vestía según el chico que me gustara en ese momento, otras customizaba la ropa… y pocas veces seguía la moda. Reconozco sin embargo que cuando salieron Alex y Cristina me puse los calcetines como ella hasta las rodillas, je,je.

7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?

Fui la única chica de clase que asistió con 12 años a un curso de información sexual no obligatorio. Obviamente me gané más de una burla de mis compañeros… ¡Aunque luego todos me preguntaron por el curso!

8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?

No me basta un día entero para contestarte…. por ponerte solo algunos ejemplos, escuchaba Earth, Wind and Fire, La Guardia, The Carpenters, Beatles, Queen, Aerosmith, La Unión, Mecano… Soy muy nostálgica y de vez en cuando recurro a ellos para recordar viejos tiempos, e incluso para preparar nuevas canciones.

9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?

¡Por supuesto! Pero ahora sé que la mayoría de las veces en que te sientes incomprendido es porque no te comprendes a ti mismo. Lamentablemente en la adolescencia no contamos con la experiencia suficiente como para llegar a esa conclusión, y acabamos echándole la culpa de todo al mundo. Creo sin embargo que es necesario pasar por ese momento para descubrir tu identidad y afianzar maneras de pensar y formas de ver las cosas. A veces uno descubre que tiene valores que no coinciden con los de los demás, pero también acabas dándote cuenta de que son igual de válidos si a ti te hacen feliz. Por supuesto, siempre y cuando se respeten unas básicas normas de convivencia y respeto por el resto.

10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?

Mis valores se formaron después de mí adolescencia. Los que creía que tenía con 14 años se esfumaron con 16 y éstos se borraron con los 18, jeje. Recuerdo haber tenido mis valores y principios claros a partir de los 23 años aproximadamente. Estos se hicieron reales cuando los pude poner en práctica ante situaciones realmente insoportables de la vida. No todos somos iguales, porque cada uno saca conclusiones diferentes de sus experiencias, buenas y malas. Por eso vemos a personas de 44 años muy inmaduras y chicas o chicos de 16 que tienen las cosas muy claras.

¡Muchas gracias, Chenoa!

 

Materiales recomendados

 

DVD: Krampack

Dani y Nico son dos adolescentes que aprovechan la ausencia de los padres del primero para tomar posesión de la casa en la playa y disfrutar de unos días de vacaciones. La estancia de Nico servirá para que ambos exploren juntos el mundo del sexo y las drogas más asequibles. Durante esa exploración conocerán a dos chicas de su edad con las que inician un filtreo que parece que les servirá para lograr su gran objetivo que es perder la virginidad. Ambos experimentan con la masturbación, a menudo entre ambos, lo cual desemboca en un escenario inesperado en el que surgen dudas razonables sobre su identidad sexual. Mientras Nico parece estar más seguro de su heterosexualidad -mantiene relaciones con una de las chicas-, Dani parece haberse enamorado de su amigo y se plantea su iniciación a la homosexualidad al conocer a un amigo de sus padres que resulta ser gay.

Si este argumento lo coge un director proclive al cine más escabroso, podría haber perpretado una película de mucho cuidado -sin entrar en más suposiciones-… Sin embargo, tanto el director como el guionista y los actores, logran un ambiente de afectividad y ternura que atrapa al espectador con la misma sencillez que otras películas de argumento más lineal.

Junto a la historia de Nico y Dani, resulta muy interesante observar la visión que tienen las dos chicas sobre el sexo, muy alejada de otras generaciones, pero real en el siglo XXI. Ellas buscan experimentar tanto como ellos y parecen haber dejado atrás muchas reglas impuestas por la sociedad. Al espectador le tocará analizar lo que suponen esos cambios.

Por cierto… No es una película para personas homofóbicas. El que avisa no es traidor.

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Capítulo 39

 

La escalera y el ascensor

 

Sexualidad… Basta pronunciar esta palabra en mi clase de tutoría para que toda la audiencia agudice sus sentidos. Luego viene la clásica pregunta: ¿Qué es la sexualidad?  Unos me dicen que hacer al amor, otros lo identifican con las relaciones con penetración y alguno se limita a ponerse rojo y reírse de forma compulsiva. El caso es que en pocas ocasiones un término puede englobar tantos campos y de tanta riqueza: Amor, identidad, placer, reproducción, atracción, unión, diversión, ternura, comunicación… Sin embargo, si uno sigue los pasos de un adolescente buscando información por Internet o siendo agredido en televisión por alguna serie en prime time, se dará cuenta de que la cultura de la inmediatez y la afectividad como producto de consumo, amenazan con desorientarle.

Hemos pasado de una época de ocultación al exceso de estímulos en pocos años. Para un adolescente tener acceso a pornografía en internet es sumamente sencillo. En esas páginas percibe una visión utilitaria del sexo en el que la exageración y la perfección de los cuerpos le hace soñar con fantasías muy alejadas de la realidad. El cine es el cine. Es como si uno quisiera estudiar arqueología y su modelo fuera Indiana Jones con sus acrobacias y reliquias.

Recuerdo que antes del célebre 11-S uno podía visitar la Torre Eiffel en París y recorrerla paso a paso subiendo por sus escaleras. El valor de aquella opción era doble. Por un lado, era posible deslumbrarse con las vistas de la ciudad poco a poco, escalón  a escalón, ascendiendo en altura y belleza según transcurrían los minutos. La primera planta aguarda amplia y acogedora, con su zona de restauración, catalejos y museo, siendo un buen sitio para empaparse de la esencia del monumento y de las vistas de París. La segunda planta cuenta con un famoso restaurante y -según los expertos- el mejor paisaje. La última planta hay que hacerla en ascensor, aunque existen escaleras.

Es posible que el lector piense que de repente se ha colado en el texto un fragmento de un folleto de viajes. Pues no. Todo tiene relación…

Desde hace unos años los adolescentes españoles están usando el ascensor en sus relaciones sexuales, adelantando la edad del primer coito y subiendo desde la planta baja a la tercera planta sin detenerse a disfrutar de los estados intermedios. Para algunos de nuestros jóvenes lo único importante es sacar la entrada -encontrar a alguien dispuesto-, comprobar los requisitos técnicos del ascensor -evitar embarazos no deseados- y subir a la última planta a ver el panorama y echar unas fotitos para el Facebook. De esta manera,  tras unos pocos viajes empiezan a aburrirse nada más empezar, sin haber disfrutado plenamente de la experiencia.

No pretendo ser un tour operador de viajes, ni tan siquiera un guía que conozca la torre palmo a palmo. Sólo ofrezco un itinerario interesante para realizar la ascensión por la escalera.

  • Preparación: Toda excursión requiere unos preparativos. Hojear una guía, consultar horarios o pertrecharse con todo lo necesario. Yo aconsejo meter en la mochila información, escucha, autorevelación de sentimientos, libertad emocional, autoestima y sensibilidad.

  • Besos:  Al ser la primera aproximación conviene que sea tan progresiva como el coito, por lo que debe realizarse en un entorno romántico y sin prisas. Los labios son una parte muy atractiva y sensual de nuestro cuerpo, capaces de percibir y transmitir mucho placer.

  • Masturbación: Se logra la excitación por medios propios, sin intervención de otra persona. Tradicionalente ha sido revestida de culpabilidad y falsos mitos. Proporciona autoconocimiento y placer, permitiendo orientar a la pareja con posterioridad. Al contrario de lo que piensan muchos adolescentes, no es la causa de otros síntomas de la pubertad; simplemente coinciden en el tiempo.

  • Caricias: Toda la piel es sensible, aunque es cierto que hay zonas más erógenas que otras. En la comunicación y el conocimiento, que proporciona el usar la escalera y no el ascensor, está la clave para poder transmitir y recibir placer y ternura a través de las caricias. No todo es genitalidad…

  • Petting: Consiste en reunir todos los escalones anteriores (caricias, besos, etc) como paso previo al coito. Puede resultar muy placentera y excitante, además de servir para conocerse mutuamente para luego favorecer la relación con penetración. Está prácticamente exenta de riesgos de embarazo, por lo que la pareja está muy relajada.

  • Coito: A menudo se le identifica con la propia sexualidad como si fuera el único lugar visitable de nuestra torre, ya que son muchos los adolescentes que toman el ascensor para visitarlo. También está relacionado con muchos mitos.

  • Ascensor de bajada: Ahora sí que toca echar mano del ascensor… Podemos regresar a la planta baja usando el ascensor, porque lo más bello de una relación es usar la imaginación y la propia riqueza de la pareja para volver a subir por la torre como el primer día, pero procurando introducir novedades en cada ascensión.

(Para consultar mis apuntes completos de sexualidad y afectividad para adolescentes puedes pinchar aquí )

Culturalmente el ascensor de subida podría parecer que surge de los  impulsos de los chicos, pero actualmente también ellas buscan quemar etapas cuanto antes. Por eso es importante que cuando nos pregunten por la “primera vez” les pidamos que maticen a cual de los innumerabes escalones se refieren, porque si no lo hacemos probablemente saquen en taquilla la entrada para iniciar el recorrido en ascensor.

Antonio Javier Roldán

Colaboraciones


Ya he comentado alguna vez los problemas que los adolescentes tienen con su autoestima por motivo de su físico. Esta canción que nos ha prestado Luis Ramiro para “La Pavoteca” es todo un tesoro para escucharla atentamente.

Perfecta

Esas marquitas que hay en tus piernas,
Que te acomplejan si vas sin medias,
Son las estrellas de mi universo,
Las que me guían cuando me pierdo,
Las que me alumbran cuando navego.

Que gracias me haces cuando me cuentas,
“Amor, mis tetas son tan pequeñas”,
y yo pregunto si es grande el viento,
y qué tamaño tiene el invierno,
qué coño importa si son perfectos…

Como la vida si voy contigo,
Como la muerte si es a tu lado,
Como tu boca tapando el frío,
Perfectos como una madre besando a un hijo.

Eres perfecta y aún así no te das cuenta,
Perfecta, perfecta, perfecta.
Eres perfecta como el sol, como la tierra
Perfecta, perfecta, perfecta.

Esos dos brazos no te los tapes,
No seas tan tonta si tú ya sabes
Que son las alas de mi esperanza,
Mis dos caminos para ir a casa,
El contrapeso de mi balanza.

Con tu sonrisa yo enciendo el mundo,
miro tu culo y veo el futuro,
En esos ojos yo me hago el muerto,
En tus dos labios llego hasta el cielo,
Tengo muy claro que son perfectos…

Como la vida si voy contigo,
Como la muerte si es a tu lado,
Como tu boca tapando el frío,
Perfectos como una madre besando a un hijo.

Luis Ramiro

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Luis Ramiro

MySpace: Space

Web: Oficial

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?

Creo que a los 13 aproximadamente.

2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?

Como algo misterioso, que a la vez me asustaba y me atraía…

3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?

Casi siempre estaba en la calle con los amigos, pasaba mucho tiempo en la biblioteca leyendo (era un caso raro) y también jugaba al ordenador.

4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?

Con mucho respeto, el mayor siempre era el mayor (cosa que ahora se ha ido perdiendo). Intentaba comunicarme con algunos mayores que yo, desde la admiración y fascinación por un mundo que ellos conocían y yo no.

5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?

Sí, siempre he sido presumido, y sufrí los rigores del acné…recuerdo un gran sufrimiento por este motivo.

6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?

Supongo que iba a la moda, como todos los chavales, y nos fijábamos en las zapatillas que llevábamos…siempre queríamos tener unas más chulas, íbamos convenciendo a mamá para que nos comprara “estas”…para casi nunca colaba, y al final te conformabas.

7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?

Los típicos comentarios entre amigos y cosas que escuchábamos a los mayores. Aún recuerdo la primera vez que oí “condón”, palabra prácticamente igual a cóndor, y yo pensaba, qué será eso tan misterioso con nombre casi igual al pájaro. Pero no existían las clases de educación sexual, y sobre las drogas, igual, lo íbamos aprendiendo en el barrio, con los amigos, desde pequeños teníamos claro que la heroína era ” la de los yonkis”, que la probabas y caías (y teníamos razón).

8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?

A muchos no, porque eran cosas que salían en los 40 principales y claro, te gustaban, pero a otros sí, como a Joaquín Sabina o a los Beatles. Los que tenían hermanos mayores aprendían de ellos y mamaban de sus gustos, yo cogí algunas cosas de mi padre, como Sabina o Serrat…también me gustaba Extremoduro. En fin, muchos grupos.

9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?

Muchas veces, tuve una adolescencia muchas veces difícil, en la que me sentía diferente a la “masa” de la gente…sentía que no era como ellos, que yo era mejor (no sé si más inteligente o qué).. cuando fui madurando comprendí que eran simplemente complejos.

10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?

Desde pequeño, debido a la educación que recibí por mis padres, nunca creí en Dios y rechazaba a la Iglesia y a las religiones, cosa que en la adolescencia reafirmé más aún.

¡Muchas gracias, Luis!

Cuando contacté con Luis para esta entrevista tuvo la amabilidad de ofrecerse a tener un encuentro musical con mis alumnos en el que intercalaría entre canción y canción algunas palabras sobre los temas que tanto les preocupan en la adolescencia. Lamentablemente lo apretado del este corto trimestre escolar nos ha impedido disfrutar de su regalo. Al menos Luis ha querido que mis alumnos y el resto de lectores de este blog pudieran escuchar su música prestándome dos de sus canciones para este proyecto. Una de ellas, “Perfecta” se puede escuchar en la sección de “Colaboraciones” y la otra, disponible bajo estás líneas, es el primer single de su nuevo disco “Dramas y Caballeros” titulado “Romper”.



Materiales recomendados

DVD:Footloose

Ren es un adolescente de Chicago que se traslada a una pequeña localidad donde están prohibidos el baile y la música rock a causa de un accidente en el que cuatro jovenes murieron años atrás. La llegada de Ren a la ciudad anima los jóvenes a pedir una fiesta con baile por su graduación.

El reverendo Moore, padre de uno de los fallecidos y promotor de esa norma contra el baile, es el padre de Ariel, una chica que ama la libertad y que empieza a salir con Ren.

Esta película forma parte de ese período que va desde Grease a Dirty Dancing en el que se estrenaron grandes películas musicales, como The Wall, Fame, Hairspray o Flashdance entre otras. Por encima de los bailes, la música o la pertenencia al género Teen de muchas de estas películas americanas, lo que más nos interesa de Footloose es la confrontación de los miedos que el reverendo quiere transmitir a la comunidad y a su hija, con las ansias de libertad y felicidad de los adolescentes del lugar.

Muchas veces hemos hablado de los límites y de las consecuencias de sobrepasarlos. Sobre esa fina frontera entre la permisividad y la tiranía, se construye la historia de Footloose. La misma Ariel evolucionará a lo largo de la película marcándose ella misma sus límites una vez que la libertad está más cercana.

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Capítulo 33

 

Educando en la afectividad

 

Adoro a mis pavitos. Sí, ni estoy loco ni sufro el llamado Síndrome de Estocolmo. Lo afirmo libremente, sin recibir ningún tipo de coacción ni amenaza. Sé que tengo la suerte de decirles adiós todos los días cuando suena el timbre a las 17:15 horas, y perderme sus contradicciones y contraindicaciones fuera del colegio -juego con ventaja-, pero las horas que comparto con ellos para mí son una gozada. Así que cuando les hablo de ecuaciones de segundo grado, parábolas, polinomios  y demás monstruosidades, procuro que se sientan motivados usando el cariño, el humor, el reforzamiento y la cercanía. Desde que introduje esa afectividad en mis clases he logrado reducir el fracaso escolar a la mitad y, lo que es más importante, enriquecerme como persona gracias a todo lo que ellos me aportan.

La afectividad debe fluir en ambos sentidos. Te respeto porque te quiero; todo lo tuyo me importa; tus problemas son mis problemas; etc. Así que si suspendes matemáticas es una cuestión que nos concierne a los dos, y juntos debemos afrontarlo y trabajar en equipo. Si entre mis alumnos y yo logramos un clima de felicidad,  confianza, respeto, constancia, esfuerzo, cariño, cercanía, les estaré enseñando algo mucho más valioso que el Teorema de Pitágoras, porque les estaré educando en las emociones. Seguro que alguien me dice que los adolescentes sólo sienten con la videoconsola o el Messenger, y que a veces parecen tan egoístas que no ven más allá de su nariz. Pues disiento, no estoy de acuerdo. Son auténticas máquinas de sentir, que ríen y lloran, sumergidas en una vorágine de sensaciones capaces de transformar su personalidad en poco tiempo, actuando como esponjas cuando se trata de interpretar los latidos de su corazón. Pero, ¿son capaces de poner nombre a esas emociones? Los adultos que tenemos que actuar como referentes en el mundo de los adolescentes tenemos que abrir una ventana que permita contemplar nuestras propias emociones -sí, queridos alumnos, yo estoy enamorado…- para que ellos sepan reconocerlas y hacerlas suyas. Las palabras que no se sustentan en la coherencia se las lleva el viento de la falta de credibilidad.

¿Cuántas veces hemos escuchado a un adolescente decir eso de “estoy hecho un lío y ni yo mismo me entiendo”? En ese momento podemos entablar con él un diálogo para ayudarle a precisar lo que siente entregándole como herramienta el vocabulario de las emociones que quizás no enseñamos en clase de mates. No basta un “estoy por ti” si lo que realmente quiere expresar es que quiere a alguien, o puede evitar eso de “no me gustas” si lo que enmascaran esas palabras es que “ni siquiera sé si me gusto a mí misma como para pensar en ti“. Por eso no debemos sentir pudor a la hora de mostrar nuestras emociones en público ante los jóvenes, porque necesitan esa referencia tanto, o más, que la académica.

Partiendo de esa premisa es inútil hablar de la prevención del consumo de drogas -ellos saben de sobra que son nocivas, no paramos de decírselo- sin analizar el motivo que lleva a su uso, como esas carencias sociales, falta de autoestima, presión del grupo o hastío ante un ocio inexistente. De igual manera no se puede afrontar una educación afectivo-sexual como si fuera un manual de fontanería o un croquis de Ikea, porque de manuales de instrucciones e ilustraciones deslumbrantes está Internet lleno, pero de respeto, equilibrio entre generosidad y búsqueda del placer, comunicación, construcción de un mundo de pareja íntimo, autoconocimiento en el espejo del otro, etc,  poco enseña el ágora del siglo XXI.

Así que la gran noticia en el desarrollo afectivo de un adolescente no es tanto su madurez física, sino la emocional, esa maravillosa urdimbre que anuda los sentimientos con la sexualidad y que los adultos debemos mostrarles para que en el día de mañana sepan disfrutar plenamente del amor.

Una vez, tratando estos temas en clase, un alumno me confesaba que sus padres le habían dejado un libro de la biblioteca del barrio sobre sexualidad. Lo estuvo hojeando durante toda la tarde y a la noche se lo devolvió  a sus paders algo decepcionado, diciéndoles que aquel tocho se parecía al manual de instrucciones de su discman -reproductor de discos-, porque explicaba como se manejaba el aparato, pero no enseñaba a sentir y gozar de la música que reproducía.

Es curioso… A veces son ellos los que nos enseñan emociones a nosotros. Por eso cada vez que entro en un aula lo primero que hago es abrir las orejas antes que la boca. Vale la pena.

Recomendación: Aunque ya lo dije en el capítulo 28 de este blog, para aquellos educadores o padres interesados en educación afectiva-sexual recomiendo el libro coordinado por Eva Bach “Lo más cerca posible. Bases para una educación afectiva y sexual sana”.


Antonio Javier Roldán

Colaboraciones

La urdimbre afectiva

Hay que situarse en el contexto de mi historia. Unos cuarenta y dos adolescentes furibundos de 15 años en el año 1984 metidos en un aula de dibujo, esperando que una psicóloga desconocida nos iluminara por los ignotos caminos de la sexualidad. La ponente en cuestión estaba imponente. La mitad éramos varones, y el resto compañeras de clase y de sueños, cuya madurez física y mental nos sacaba más de un curso de ventaja a nosotros, pobres portadores de hormonas desbocadas.

Pues en este ambiente, en el que más de una profesional se achantaría, lo primero que nos pidió a toda la concurrencia fue un concurso de sinónimos de la palabra “pene”, así en frío, con un par de ovarios, sin anestesia ni nada. A eso se le llama ser una valiente. La sorpresa inicial duró un minuto. Una vez lanzada la primera propuesta, aquello se transformó en una especie de taberna portuaria en la que nuestras amigas de género opuesto pugnaron por retomar la senda adulta a base de preguntas que nos abrumaron por nuestra ignorancia. Ya se sabe lo que se puede encontrar uno en una revista para chicas. Ellas con la revista “Vale” y nosotros con la “Heavy Metal” y el “Mortadelo”.

Así que, angustiados por la superioridad de las contrarias, pusimos orejas de burro gachas y en posición de escucha, dispuestos a que todas las mujeres, incluida nuestra im-ponente, nos sacaran de la ignorancia más vergonzosa. Nuestro único manual hasta la fecha, era el clásico diccionario Sopena de bolsillo, cuyas definiciones fisiológicas se convertían en citas filosóficas destinadas a ser debatidas en profundidad por nuestros cerebros en ebullición.

Quizás la charla nos decepcionó, porque en algunos casos la dinámica y los contenidos eran similares al que usaría un vendedor de multipropiedad. Todo ventajas, cláusulas abusivas y sonrisa Profiden ante al mundo de posibilidades que se nos abría por el simple hecho de ser ya hombrecitos y mujercitas. Pero faltaba algo, algo que ella no nos contaba y que era el pegamento capaz de das sentido a cada una de las extrañas piezas del puzzle. Para esa generación, espectadora de una televisión que todavía mantenía la vocación educadora, crecida entre el amor de Pancho y Bea, el machismo de Koji Kabuto hacia Sayaca, la ternura de Melody –película de Alan Parker sobre el amor de dos adolescentes que TVE nos puso dos sábados por la mañana- o las lecciones morales de Fama, no era difícil hilvanar la información recibida en clase con las implicaciones de la afectividad de la que fuimos testigos.

En junio imparto mis charlas anuales en el colegio sobre sexualidad y afectividad. Cada año encuentro a las familias más motivadas con esta aventura fin de curso en la que me embarco como despedida de la tutoría. Quizás los padres de mi generación recuerdan su adolescencia como una travesía a través del desierto de la desinformación, en la que la mayoría de ellos creció en un ambiente afectivo muy sano, que no se podía complementar en su colegio con una formación sexual adecuada. Eran otros tiempos. Buenos o malos, pero distintos.

Ahora resulta que a sus hijos les ocurre lo contrario. Poseen tanta información que mi pobre diccionario Sopena produciría ataques de risa compulsiva. Sería como comparar un ábaco con una PDA. El problema es que esa inmensa cantidad de conocimientos no forman la urdimbre necesaria con la educación afectiva. Los padres lo saben, y por eso coinciden conmigo en que este cursillo fin de curso se lo imparta el tutor en colaboración con ellos mismos desde casa. Es muy importante que la persona que te explique estos temas tenga un vínculo de cariño y respeto mutuo con los que te escuchan, para que no todo sean cuestiones prácticas, láminas fisiológicas o manuales de instrucciones. La coherencia en tus actos, el cariño que les muestras a diario y la credibilidad con la que afirmas que el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos, son unos buenos cimientos para empezar.

Siempre que recopilo los correos electrónicos de las familias en las que me transmiten los apartados en los que desean que haga hincapié, les suelo avisar de un grave defecto que tengo a la hora de afrontar esta semana, y es que me cuesta separar la sexualidad del amor. Sé que más de un especialista en la materia me diría que este lastre me impide ser un buen orientador para mis alumnos. Lo sé y lo admito. Nadie es perfecto. Pero a pesar de esta tara, soy de los que creen que es preferible escuchar al corazón a leer lo que nos cuentan por Internet.

Así que si me corazón me susurra las palabras ternura, respeto, escucha, unión, identidad, placer, relación, atracción y diversión, entremezcladas con los clásicos términos que mis alumnos conocen desde que se despertó en ellos la curiosidad por el sexo, espero que ninguno me llame anticuado por no seguir los dictados del prime-time televisivo o de los mensajes publicitarios que asocian el consumo de bienes materiales con la sexualidad.

Antonio Javier Roldán

(Publicado en “Corazones de tiza en las paredes del patio”)

Puedes enviar tus reflexiones, poesías o artículos sobre la adolescencia para que se publiquen en “La pavoteca” enviando un correo electrónico.

 

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Ana Isabel Saz

Programa: S.O.S. Adolescentes

Web: Oficial

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?

Pronto físicamente, demasiado pronto emocionalmente.

2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?

Estaba deseando poder entender el mundo de los adultos. Había muchas cosas que hacer, que pensar, que sentir…

3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?

En mi familia, deseando cada minuto crecer, hacerme médico y curar la enfermedad de mi madre. También amigas y amigos, mucha conversación, escribir, música y lectura.

4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?

Abierta, sabiendo los límites, pero con la posibilidad de hablar con libertad y de poder expresar. Por esa época era puro fuego con lo que pensaba y con como lo expresaba.

5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?

Me gustaba sentirme bien conmigo. Eso me hacía mostrarme segura ante los demás.

6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?

Me gustaba y me quería, o al menos eso decía…

7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?

Muy reducida.

8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?

Influencias de la música que se escuchaba en casa, de mi hermano y descubrimientos propios. Lo cierto es que escuchaba y sigo escuchando casi de todo. Ráphael, Paloma San Basilio, Mocedades; Whitesnake, Dream Theather, Bon Jovi; El Último de la fila, Mecano, Madonna… Sigo teniendo un oído abierto, aunque hay estilos con los que no logro conectar…

9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?

Sentí en algún momento que la vida era terriblemente cruel…

10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?

Muchos cambios, muchas preguntas, muchas dudas. Algunas cuestiones las he resuelto, otras no hay manera…

¡Muchas gracias, Ana Isabel!

Materiales recomendados

 

DVD: Cinema Paradiso

Salvatore Di Vita es un director de cine de éxito, a punto de estrenar una película a finales de los años ochenta. Al regresar a casa, tras una dura jornada de trabajo, recibe la noticia de la muerte de Alfredo, un viejo amigo de su pueblo natal en Sicilia. Durante toda la noche recordará la ausencia de su padre -desaparecido en la guerra- y a Alfredo, proyeccionista del cine de su pueblo, que ejerció a la vez de mentor y figura paterna. También Salvatore fue el hijo que Alfredo no pudo tener.

Es una película sobre la vocación por una profesión, de la que ya hablamos en el capítulo 11, pero también sobre el amor, los sentimientos, el tiempo y la añoranza, el tránsito de la niñez a la adolescencia y la memoria que nos acompaña durante toda la vida y que conforma lo que somos.

Existen dos versiones. La llamada “Montaje del director” tiene 43´ extra y aclara algunos interrogantes de la historia, pero no añade belleza a esta película ya de por sí mágica.

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Capítulo 27

 

La orientación sexual

 

Hoy tocaba Educación Física. Es uno de esos días en los que Pablo sabe que tendrá que tragarse más de una burla por parte de sus compañeros de vestuario. Parecía más sencillo en la infancia, pero desde que todos han entrado en la pubertad, su forma de hablar y comportarse, y esa amistad que mantiene con las chicas le han convertido en el blanco de las etiquetas y las bromas del resto de chicos.

Pablo siempre ha asumido su identidad sexual de hombre, aceptando su cuerpo, reconociéndolo como una parte esencial de su persona y asimilándolo como medio de relación o placer. Cuando siendo un crío no siempre disfrutaba con los juegos marcados para su género, caracterizados por la competitividad, la acción o la violencia, comenzó a envidiar la socialización, el lenguaje corporal o la ternura de las niñas, y notar a su espalda ciertos cuchicheos y comentarios sobre su persona que no acababa de entender.

Su orientación sexual se ha ido formando desde que vislumbró los primeros cambios en su cuerpo y notaba atracción por chicos de su mismo sexo. Una vez le llamó el psicólogo del colegio para comentarle que esos sentimientos son normales en la pubertad y que no por ello iban  a dejar de gustarle las chicas. Para colmo, días antes su padre le había preguntado por los estudios y, de paso, dejó caer la pregunta de “¿Te gusta alguna chica en especial? A mí me gustaban todas. Soy tu padre y me lo puedes contar todo. Tenemos los mismo genes“. Aquello parecía una complot en toda regla en la que él estaba sobre la lente de un microscopio a los ojos de todas las personas de su entorno. Entonces empezó a preocuparse de verdad. ¿Era él un bicho raro? ¿Por qué su orientación estaba movilizando a todo su entorno?

El sentimiento de culpabilidad iba en aumento según iba explorando sus relaciones con las personas de la clase, descubriendo los sentimientos y sensaciones que su cuerpo le iba transmitiendo y notando como el resto de chicos andaban detrás de las compañeras sin disimulo. Curiosamente, el amigo que parecía más cercano a él comenzaba a mostrar una homofobia en público que le tenía desconcertado. Pablo pensaba que se estaba defraudando a sí mismo, a sus profesores, amigos y, lo que más le dolía, a sus padres.

El amor va más allá del cuerpo. Eso lo ha aprendido en casa, viendo como sus padres se quieren con las palabras y los gestos, advirtiendo en ellos una entrega y generosidad dignos de ser envidiados, haciendo del diálogo la base de su relación y amándose el uno al otro en sus virtudes, pero también en sus defectos. ¿Serán capaces de aceptar que su hijo amará y se emocionará igual que ellos, más allá de las barreras y los roles de género impuestos por la sociedad? Sería inconcebible imaginar que la gente que le quiere fuera a marginarle por el color del pelo, por la estatura o por el número de zapato que calza: “Oye tío molas mazo, pero paso de ti porque eres rubio“. “No, es absurdo. No se puede amar a un ser querido con condiciones“, piensa Pablo de camino a casa.

 

Resulta curioso como sus amigas reaccionaron tan bien cuando se lo contó en el burger. Marta le insistió mucho en que cualquier orientación es válida y que con el tiempo todo el mundo le querrá tal y como es. Con ellas es más sencillo. Quizás deba empezar por su madre, porque puede que a su padre, educado en el patriarcado y las diferencias culturales y sociales de los géneros, le cueste más entenderlo, e incluso se culpabilice temporalmente por no haber sabido inculcarle la masculinidad.

Pablo ha llegado al portal de casa. El corazón le late muy deprisa. Observa el folleto que le han dejado en una asociación, respira hondo y piensa que ya nada será igual. No sabe como van a reaccionar sus padres, pero lo que más anhela en ese momento es que le abracen con todas sus fuerzas.

Antonio Javier Roldán

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Samuel Sánchez

Biografía: Wikipedia

Web: Oficial

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?

Sobre los 15

2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?

Como muy innovadora y de rápido crecimiento.

3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?

En andar en bicicleta y jugar con mis amigos.

4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?

Normal.

5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?

Lo justo. No era de los que se comían la cabeza.

6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?

Intentaba ir como los demás, sin llamar la atención.

7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?

Por supuesto que sí.

8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?

Por supuesto.

9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?

A esas edades es bastante frecuente pensar eso.

10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?

No.

¡Muchas gracias, Samuel!

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DVD Los chicos el coro

Gérard Mathieu es un profesor de música en paro que empieza a trabajar como vigilante en un internado-reformatorio de menores en la Francia de 1949. A su llegada se encuentra con un regimen interno muy duro y represivo, promovido por el director del internado Rachin, que se encuentra desbordado por la situación.

Mathieu intenta acercarse a los chicos a través del afecto y el diálogo, por lo que las faltas de respeto hacia él van desapareciendo paulatinamente. Para formar un proyecto en común y darles a los alumnos alguna esperanza a través de la música, decide formar un coro y enseñarles a cantar logrando que el ambiente en el internado vaya mejorando.

Mientras que el director sigue con su idea de “Acción-reacción”, Mathie logra más disciplina mediante la afectividad y los castigos reparadores. Por ejemplo, un niño le coloca una trampa al conserje, mandándole a la enfermía, y le hace cuidarle durante su convalecencia.

Los alumnos que se sienten reconocidos por su labor en el coro y el afecto del profesor, poco a poco ven crecer su autoestima. La llegada de un joven delincuente al centro revoluciona el ambiente y el director decide aplicarle la máxima disciplina, consiguiendo así que el chico se vuelva todavía más asocial. Este chico no se integra en el proyecto del coro y acaba huyendo. Ya lo decía Ghandi: Ojo por ojo, todos ciegos. 

COMENTARIOS: Cuando pongas un comentario el Blog te pide que sumes dos números para que este sea aceptado y evitar el spam. Por ejemplo: Si pone “Por favor añada 10 y 5″ entonces hay que escribir 15. Si haces mal la suma te suspende en matemáticas.

Capítulo 21

 

El primer amor

 

Jaime se encontraba feliz y realizado, rebozado en arena de playa para preparar los cimientos de la que sería una fortaleza infernal a prueba de olas, tumularios o cualquier otro tipo de bestia no identificada. El ejército de elfos y humanos, en alianza con … (¡PLOP!) Jaime, cariño, ven un momento. ¿Qué quieres mamá? Jaime otea el peligro, porque vislumbra a sus padres entre las sombrillas con unos amigos y una niña. Está claro, toca exhibición genética por parte de sus progenitores, y él de barro hasta las cejas. Pues vale, ellos se lo han buscado por interrumpirle. Van a enseñar al mundo al inigualable hombre-croqueta. ¡Voooy!

Mientras Jaime se acerca al grupo va dejando un rastro chorreante de barrillo achocolatado que se va solidificando en contacto con la arena caliente. ¡Hijo! Pero mira como vienes… Es que… Mira este es el compañero de tu padre, Don Felipe… Así que ese era el tan nombrado Felipe, el tipo ese del banco de su padre que se pasa el día hablando de fútbol y al que trasladaron a Barcelona. Claro, y la señora del traje de baño de Gata Ruiz-Nosequé es su esposa. ¡Qué pinta! Y la que está con ellos debe ser su hija. ¡Joder con la niña! Está como un queso. Mientras los adultos continúan con su rito social, Jaime regresa al tajo. Su breve ausencia ha provocado que el pie gigante del Señor Oscuro haya derribado uno de los muros. ¡Cago en…! Con lo bien que estaba quedando. Entonces escucha la voz de Arwen a sus espaldas: ¿Qué haces? Se vuelve rápidamente y se topa con Laura, la niña de D. Felipe, la que estaba de buen ver. Pues nada, ¿no lo ves? Un castillo. La niña observa perpleja como el barro se enrosca en el escaso vello de las piernas de Jaime. Me voy a bañar, ¿te vienes? Total, piensa Jaime, la fortaleza se está desmoronando y pronto tendrá que lavarse para volver al hotel. Así que asiente con desgana y se va con la medio Elfa.

Laura se maneja cual sirena por el agua, mientras él se parece más a una marsopa. Apenas intercambian palabra. Tras diez minutos de chapoteo y una propuesta de carrera que Jaime desestima viendo las habilidades natatorias de su contrincante, regresan con los padres, que ya preparan la recogida. Antes de separarse las dos familias, Laura le dice a Jaime que por qué no sale un día con su pandilla, que ella lleva varios veranos por la zona y tiene hecho su grupo. Jaime piensa que ni de coña, que está muy tranquilo en su mundo de fantasía ajeno al mundanal ruido, por lo que se prepara para darle una disculpa cortés del tipo “ando muy liado, nena“, “tengo la agenda hasta arriba, prueba la semana que viene” o “no salgo con mujeres fatales“. Pero antes de que pueda responder, Laura realiza un requiebro de pestañas mientras insiste con una sonrisa “Anda, por favooooor“. Entonces alguna débil neurona de Jaime transporta un “vale” al aparato fonador, quizás de parte de otro aparato más remoto. ¿He dicho “vale”? No es posible. La niña se aleja con sus padres mientras le dice al perplejo muchacho que ya le llamará.

Los días pasan tranquilos para Jaime. Hay Olimpiadas en la tele, no tiene nada que estudiar y sus fortalezas van mejorando día a día. Pero una tarde suena el teléfono. Jaime, es para ti. ¿Para él? Será Gustavito, que quedó en llamarle cuando llegara al pueblo. ¿Diga? ¡Hola Jaime! Soy Laura. ¡Alarma! ¡Es ella! ¡Ha cumplido su palabra! ¿Estás ahí, Jaime? Sí (gallo). ¡Ejem! ¡Sí! ¡Qué bien! Oye, ¿tienes planes para esta tarde? Es que he quedado con la pandilla para irnos al parque. ¿Planes? ¿Planes dices? Piensa Jaime, piensa. Estoooo… Tenía que acompañar a mi madre al mercado. ¡Oh cruel destino! La madre de Jaime pasa tras él llevando unas toallas al dormitorio y grita sin disimulo que “No hace falta que me acompañes, cariño. Vete a jugar con tus amigos“. Está atrapado, lo sabe. La neurona del otro día aprovecha para meter baza y obligarle a preguntarle a Laura por la hora. Te recogemos a eso de las siete. ¿Te viene bien? Sí claro. Ya no hay marcha atrás. Se jura a sí mismo que la próxima vez que su madre le pida ayuda con el carrito de la compra, va ir con ella Rita la Cantaora.

Siete de la tarde. Jaime está sentado en la recepción del hotel con sus mejores galas, repeinadito con un toque de gomina para ponerse el flequillo de punta. Por la puerta entra un maromo mayor que él con un skate en la mano y pinta de graffitero. ¡Oye colega! ¿Te llamas Jaime? Sí -gallo-. Yo soy Pablo, me envía Laura. Es que se iba a retrasar y me ha pedido que fuera a buscarte. Hemos quedado ya en el parque. ¡Ah! Pues muy bien. ¿No llevas skate? Pues habrá que ir andando. Lo siento, tío. De camino al parque el chico saca un pitillo se lo ofrece a Jaime. No, gracias no fumo. Tú mismo.

Sentados en un banco hay más chicos como el del hotel y unas pocas chicas, entre ellas Laura, que a ojos de Jaime sigue estando como un queso, como en la playa, pero algo más curadito con la ropa puesta. Se inician las presentaciones. Sus compañeros de género calibran su potencial sex-appeal y posibilidades ante las chicas y, por aquello de marcar territorio, ni se molestan en hacerle sitio. Las chicas cuchichean entre risitas mientras le observan de arriba a abajo.  Jaime recuerda lo  que decía ET: “Mi caaaasa“. Los cigarrillos se mueven con agilidad de mano en mano y una litrona de cerveza es chupeteada con deleitación por el del skate. No gracias, insiste Jaime.

Cuando la botella se queda vacía, uno de los miembros masculinos de la manada, con los ojos brillantes, propone jugar a “La botella”. Jaime no tiene ni idea de lo que va el rollo, pero parece que la propuesta tiene éxito. Se van todos al césped y forman un corro. El ideólogo hace girar la botella y esta apunta a un rubiales con pinta de ser el gracioso oficial de la tribu. El imputado recibe la orden de acercarse a unos ancianos, que pasean tan ufanos, para preguntarles si saben donde hay una farmacia para comprar un preservativo. Los pobres ancianos se alejan a toda prisa murmurando no sé qué de juventud enferma. El rubio regresa al corro partiéndose la caja y hace girar de nuevo la botella. Como le toque a él va a salir por patas de allí. La desafortuanda resulta ser Laura. El asusta ancianos medita la prueba que le va a poner a la chica mientras la mira, como calibrando sus posibilidades, y le dice que le dé un beso al chico que más le gusta. Parecía tonto el nene. Seguro que intuye que él va a ser el elegido. Los machirulis empiezan a emitir un sonido gutural, similar al de los monos en celo, mientras que el rubio se acicala cómicamente. Laura se levanta muy sonriente, pasa tras el anhelante Romeo, al que estampa una colleja y se sitúa junto a Jaime, el cual miraba al suelo trazando un plan de huida. ¡Smuac! Laura estampa un sonoro beso en la mejilla de nuestro aventurero. 

La tarde comienza a transcurrir entre neblinas. Nada importa. Nada es amenazante. Nada tiene color. Sólo ella brilla en la luz anaranjada del atardecer. Las fortalezas de arena son castillos de Walt Disney, el olor a tabaco es eclipsado por la tenue esencia de mandarina de la cabeza de Laura y cada minuto transcurrido para Jaime es una canción de amor. Llegada la noche regresan a los hoteles y por el camino comienza a hablar con ella. ¡Qué voz! ¡Qué simpatía! ¡Qué inteligencia! ¡Y… sigue estando como un queso!

Durante los próximos días del verano, Jaime sólo vivirá para ella. Las fortalezas de días anteriores serán sólo recuerdos que se llevó el agua. Ni siquiera la Olimpiada logrará sacar a su amada del pensamiento. La jornada diaria transcurrirá como un preámbulo para la hora mágica de las siete y la noche se convertirá en mundo mágico en el que poder soñar con ella. Los padres de Jaime le observan con curiosidad. No come como antes, no se entusiasma con el deporte, se queda mirando al mar en silencio y ha dejado de jugar como un crío. ¡Ay que este se nos ha enamorado!

El último día del verano, Laura y Jaime se alejarán corriendo de la pandilla y se sentarán frente al mar. Saben que es el último día en el que estarán juntos antes de que cada uno se vaya a su ciudad. Observan la inmensa oscuridad que se muestra frente a ellos, como único testigo del desaliento que les invade. ¿Puede existir alguien más triste que nosotros? Se besan con cuidado y fijan sus ojos en las estrellas pidiendo deseos imposibles. Jaime sabe que en su vida habrá un antes y un después. Ya no importará la distancia, ni los malentendidos en el Messenger, ni la evolución de la adolescencia que les hará ser dos extraños el próximo verano. Lo realmente sorprendente es que ella le ha sacado de su infancia con un beso y que alrededor de ese momento él construirá una fortaleza en su memoria a donde regresar los días de invierno en los años venideros.

Si quieres leer una historia sobre el primer amor, puedes descargarte esta novela corta: “Una nariz en mi oreja

 

Antonio Javier Roldán

 

Colaboraciones

“Recuerdo” Ismael Serrano

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Manel Fontdevila

Biografía: Wikipedia

Blog: Público

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?

¿A los trece años? Por ponerle una fecha, digamos, emblemática, la cosa empezó con un repaso a un Interviú con fotos de Bárbara Rey más en profundidad de lo habitual.

2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?

La sociedad y yo andábamos por distintos caminos: ella no tenía nada que ofrecerme y yo no iba a aceptar nada de lo que me ofreciera. O sea que había un cierto orden en el caos, ja ja. La sensación era de que había que cambiarlo todo. Casi nada.

3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?

En dibujar, leer y escuchar música. Lo de perseguir a las chicas hasta el ridículo, en cambio, se podría considerar que era mi actividad profesional.

4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?

Tuve la suerte de que en mi casa había un buen ambiente, e incluso creo que podría haber hablado de mis padres de cualquier cosa… de no ser, claro, porque estaba convencido de que no estaban preparados para entenderme. Supongo que tuve varios momentos francamente insoportables; tiemblo cuando veo a mis hijos crecer y acercarse a esa gran edad…

5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?

Pues… lo justo. Cuando uno ya asumía que era del grupo de los simpáticos, oye, ¿para qué sufrir? Por lo demás, soy de una época en que con unos vaqueros y una camiseta uno ya iba hecho un pincel para toda la temporada.

6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?

Lo dicho, camiseta, vaqueros y no mucho más. Unas Converse, que entonces se llamaban John Smith. Y algún complemento de gran reafirmación personal: unas chapas, por ejemplo.

7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?

Toda la información que se nos daba sobre drogas se limitaba a esa campaña de Maradona: “disfrutá de la vida, y si te ofresen drogas, di no”. Lo demás nos lo hicimos entre los amigos y, no podía ser de otra manera, a unos les ha ido mejor y a otros peor. Entre los que les fue peor, por cierto, a Maradona.

8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?

Por no ponerme muy pesado, lo dejo con que el “London Calling” de The Clash fue el disco que me puso la cabeza del revés, aunque cuando lo oí ya llevaba una temporada militando en lo de ser adolescente. Pero vaya, de lo de antes ni me acuerdo. Aún lo escucho de vez en cuando, por qué no.

9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?

Buh! Por poner un ejemplo, yo tenía claro que en el instituto adocenaban a la gente y que nada de lo que allí se enseñaba tenía ningún interés para mi, ay señor, clarividencia. Por el contrario, el claustro de profesores insistía en que repitiera e incluso tripitiera algún curso… ¡me estaban cortando las alas! Y en fin, así con casi todo, ja ja.

10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?

Supongo que todo el intríngulis de la época viene de, precisamente, intentar sustituir cualquier valor o principio aprendido hasta entonces por otros de elaboración propia mucho más adecuados al momento. De entrada, se daba un gran valor a la amistad y a una cierta “autenticidad” en la vida y en las relaciones. Luego, conforme las cosas se iban complicando, uno se volvía loco adaptando su código ético a cualquier necesidad. Bueno, y resumiendo, que iba hecho un lío. Como para dar lecciones de nada, ¿sabes?

¡Muchas gracias, Manel!

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DVD: Ghost World

Al acabar la escuela secundaria,  el hilo conductor de su amistad, dos amigas se encuentran ante su primer verano como adultas. Mientras una busca un trabajo y prepara su emancipación, la otra sigue con la exploración del mundo adulto propia de la adolescencia. En ese último viaje se rodea de un coleccionista de discos antiguos fracasado a nivel emocional, un jubilado que pasa el día esperando un autobús que no existe, un padre que pretende recuperar una relación con una mujer que transporta a la protagonista a momentos malos de la infancia -provocando un sentimiento de abandono que es un síntoma más de que debe echar a volar-, un amigo que trabaja en una tienda por un puñado de dólares sin perspectivas de cambio y su amiga, que aguanta como puede en una cafetería para poder alquilar un piso –que iban a compartir en un principio- para iniciar su vida adulta.

Finalmente su mundo se viene abajo cuando su amiga cansada de esperar le dice que vivirá sin ella. Para colmo, el coleccionista de discos recae en su crisis emocional, su padre le anuncia que vivirá con aquella mujer de nuevo y el anciano logra misteriosamente montar en el autobús. Es el momento de dejar su mundo adolescente y encontrarse a sí misma. Con una pequeña maleta se dirige a la parada del autobús a coger ese línea que no existe sin saber con seguridad a donde la llevará.

Está basada en un comic del mismo nombre.

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