Archivo de la Afectividad categoría

Capítulo 15

 

El entrenamiento

 

Aunque hayan pasado muchos años aún evoco con ternura cada una de las escenas de mis primeros pasos en la selva del amor, donde me sumergía en la adolescencia en busca de esa flor que se ocultaba entre lianas, pirañas, anacondas y otros peligros más o menos identificados. Hasta donde me alcanza la memoria, recuerdo que fueron más abundantes los días en los que iba con el machete abriéndome camino que los que era obsequiado con una sonrisa de esperanza, una mirada por la que navegar o una leve caricia que me rompiera en mil pedazos. Sé muy bien que aquel extraño viaje era necesario para ver el sol -que aún me calienta- entre tan oscura espesura. Lástima que a esa edad no me diera cuenta de la necesidad de sufrir el rechazo o el desencanto como paso previo a la felicidad.

En esta etapa, en la que las emociones y los sentimientos van y vienen como en un carrusel (Ver Capítulo 1), es fácil enamorarse y desenamorarse con facilidad. Muchas veces las relaciones de pareja entre personas adultas fracasan, por lo que mucho más habitual es que suceda algo similar entre personas que están cambiando de personalidad y de cuerpo casi diariamente.

Las características esenciales del amor en estos primeros escarceos podrían ser:

  • Platónico: Se idealiza a la persona amada desde la distancia, con poca información disponible. El amor en estos primeros años de la juventud suele tener pocos cimentos, porque la persona todavía no los tiene.

  • Exploratorio: A través de estos sentimientos buscamos tanto conocer al sexo opuesto como descubrir nuestra capacidad afectiva.

  • Físico: Se confunde la atracción física con el enamoramiento por lo que, si la pareja llega a formarse, los preámbulos sexuales se realizan sin que exista una comunicación o conocimiento mutuo.

  • Prioritario: En una edad en la que relaciones sociales están en auge y las hormonas dictan gran parte del comportamiento del adolescente, la reciprocidad de los sentimientos o el rechazo marcan su estado de ánimo.

Cuando se acerca la fecha de San Valentín suelo hablar con mis alumnos de este tema y suele ocurrir que cerca del noventa por ciento confiesan estar o haber estado enamorados. Muy pocos de ellos admiten haber logrado ser correspondidos y son mayoría los que viven la experiencia en secreto o han sido rechazados. Este amor no correspondido puede convertirse en una obsesión que se transforme en un grave problema a ojos del adolescente, tanto que puede marcar su estado de ánimo o su rendimiento escolar. Yo les suelo decir en clase que el fracaso es, evidentemente, una experiencia no deseable para nadie, pero que no es una etiqueta que nos peguen de forma definitiva: “He sido rechazado”. Además, tener novia o novio no es como comprarse un reproductor de Mp3 que tiene garantía en caso de avería. Las experiencias de este tipo son un buen entrenamiento para conocerse a sí mismo. ¿Alguien puede imaginar a un futbolista que se negara a ejercitarse o a recibir paradas en los entrenamientos? ¡Seguro que el día del partido sale corriendo al primer contratiempo o entrada fuerte de un defensa! Por ese motivo es necesario un buen entrenamiento afectivo, con alegrías y desengaños, para poder jugar un buen partido en el futuro.

Una vez superado el fracaso, al iniciar una nueva relación ya estamos preparados para lo que venga porque ya lo hemos entrenado con anterioridad. Por eso, en estas edades, salvo casos afortunadamente excepcionales, las relaciones amorosas suelen estar más cercanas a la iniciación y al entrenamiento de cara al futuro, que al inicio de una relación duradera. Sin embargo no debemos menospreciar la sinceridad y belleza de los sentimientos de este tipo en el inicio de la juventud, porque son la capa afectiva que dará armonía a las relaciones sexuales -de las que hablaremos en capítulos posteriores- y a la convivencia entre dos personas.

Hace algunos años preparé con mis alumnos un relato sobre la vida de una adolescente de 14 años. De él he sacado este fragmento:

Querido diario:

Le he dicho a mi madre que había quedado con Noelia pero, por la expresión de su cara y por la forma en la que me he arreglado para salir, estoy segura de que se olía algo. No me gusta mentir, así que prefiero que se haya dado cuenta. He llegado al portal de Luis, que está en una de las Torres de la calle del parque, he seguido sus instrucciones y he subido a la planta de arriba, donde Luis ha pegado un cartel al pie del último tramo de escalera que decía “Al mirador del Sena”. He subido rápido. El corazón me latía muy deprisa, por el esfuerzo y por los nervios. ¿Qué sería?

Me ha recibido, bajo un cielo estrellado, con una gran sonrisa dándome la mano para salvar el escalón final que da a la azotea del edificio. La luna estaba despertándose en un cielo rojizo. Mi anfitrión me ha mostrado un póster de la Torre Eiffel, que ha pegado sobre el cuarto de motores del ascensor, con una vela encendida a sus pies, ha conectado un reproductor de música, con el sonido de un acordeón y me ha invitado a bailar. Hemos permanecido abrazados durante varios minutos, corazón con corazón, dejándonos deslumbrar por los focos de los barcos que cruzaban el río y respirando el aroma de la creciente primavera parisina.

Detrás de nosotros, las estrellas han comenzado a bailar, lentamente, sin hacer ruido, para no despertarme de mi sueño. Cuando la música ha cesado, nos hemos asomado al Pont d´Léna, que estaba repleto de turistas, para ver la Torre reflejada sobre el agua dialogando con la luna.

Como hacía frío, hemos dejado París para volver a casa. Luis me ha preguntado si París era como yo lo imaginaba y le he dicho que no, que era más bello que en mis sueños.

Creo que me estoy enamorando de Luis.

 

Antonio Javier Roldán

 

Colaboraciones

Mi proyecto de vida

A veces escuchamos por la calle, o en los medios de comunicación, un comentario del tipo “los jóvenes de ahora no tienen ideales“, o esa otra sentencia que afirma con gravedad que “no piensan en el futuro“. Cada uno habla según su experiencia. La mía me indica que los adolescentes del siglo XXI tienen su propio proyecto de vida y que este es fruto de la sociedad que los adultos hemos ido conformando para ellos. Resulta reconfortante comprobar como las ilusiones de estas personas son muy parecidas a las que tuvimos -o tenemos- nosotros los mayores. Como ejemplo, vamos a asomarnos por un instante a los proyectos de Inés López Jimeno, Óscar González Vázquez, Lorena Lozano Pereira y María Maraver García, estudiantes de 2º de ESO en un colegio de Madrid, que están asomándose a la adolescencia poco a poco.

El proyecto de Inés

El proyecto de Óscar

El proyecto de Lorena

El proyecto de María

Puedes enviar tus reflexiones, poesías o artículos sobre la adolescencia para que se publiquen en “La pavoteca” enviando un correo electrónico.

 

 

La Pavoteca examina a…

 

José Andrea

Biografía: Wikipedia

Web: “Donde el corazón de lleve”

Web: Mago de Oz

Este examen de “La Pavoteca” a José Andrea está dedicado con todo mi cariño a Carmen Molina (http://www.myspace.com/fotocarmenmolina),que organizó un inolvidable viaje a Santa Cruz de Mudela para que decenas de seguidores de Mago de Oz pudiéramos pasar una tarde en los ensayos del grupo compartiendo con ellos una calurosa tarde de junio. Días después publiqué unas letras dedicadas a esa jornada en mi anterior blog, bajo el título “Corazón de juglar”. Carmen fue tan amable de colgar mi enlace (http://www.magodeoz.com/_new-web/prensa/)en la web oficial del grupo como un artículo más de prensa. Meses más tarde, abusando de su disponibilidad, me puse en contacto con ella de nuevo para pasarle el examen a José Andrea, el cual recibí a las pocas horas.

Te vi desde el público en el concierto de “Vista Alegre” realizando tus fotos del evento para que todos recordáramos aquella tarde. No pude acercarme a ti para darte las gracias, pero lo hago ahora.

Va por ti, Carmen… ¡Gracias!

CORAZÓN DE JUGLAR

Durante las cuarenta y cuatro semanas en las que un bufón (Ver “La máscara del bufón”), de dorada indumentaria, ha hecho malabarismos para ocultar su mascara al que suscribe, he tenido la fortuna de encontrar unos aliados en mi empeño por descubrir su verdadera faz. Con la belleza de su música me han arropado cada semana en la sección “Buscando la belleza”, desenmascarando con sus versos las palabras que el bufón escondía en mi propia alma. Durante muchos años ellos han sido los juglares emocionales que caminaron a mi lado componiendo la sinfonía de los recuerdos que sostienen la persona que, todavía a las puertas de la cuarentena, sigo proyectando como un incurable adolescente.

Dicen que son una especie en extinción, que los retazos de su corazón están a un clic ratón y que, por muchas puertas que le pongamos al mar en forma de impuestos indirectos en los soportes musicales, su modo tradicional de ganarse la vida ya no pasa por la venta de su música. En una sociedad orientada al consumo brutal el intercambio de archivos por Internet les esta excluyendo de la cadena de producción, obligándoles a retornar a la senda de los juglares, aquellos nómadas que con su canto llenaban nuestra imaginación con los reflejos del exterior de la muralla. Su cercanía a la gente, la disponilidad para ofrecernos su sombrero e invitarnos a compartir con ellos la celebración de su música, son los nuevos activos con los que se defienden en el ágora global.

El pasado 18 de junio por la tarde fui invitado a un ensayo de un grupo de juglares llamado Mago de Oz (aparecieron en este blog el 30 de noviembre). Durante un par de horas nos enseñaron a sus visitantes sus secretos, compartieron con nosotros algunas canciones en un pequeño concierto, nos convidaron en una tarde calurosa y nos trataron con mucho cariño. Sus canciones nos hablan de superación, amistad, amor, ecología o libertad… Ellos parecen defender sus ideas con la coherencia de sus actos, como dejó patente su espíritu de acogida.

Mi vida ha sido un flechazo continuo por la música, desde los singles de los sesenta que mis padres dejaron en mis manos siendo todavía un crío, pasando por todos los grupos de rock, cantautores y mitos de la movida que fueron mis hermanos mayores en la adolescencia. Cada uno de ellos es el guardián de mi memoria sin saberlo. Por eso agradezco sinceramente a Mago de Oz el que me dejaran penetrar en su mundo de sueños, esa ciudad de los árboles perdidos que van a llevar por todo el país. Necesitamos el corazón de los juglares en esta era en la que los líderes de opinión están a nómina de los grupos mediáticos, porque la belleza es la urdimbre más poderosa para cambiar al ser humano.

Entre las ruinas de la industria discográfica surgirán vencedores aquellos artistas que se comprometan con una causa y que hagan de su canto una voz a la que unirse. Woodstock, Bangladesh, Live Aid, Mandela, Live8, son algunos de esos eventos en los que se nos invitó a cambiar el mundo y que sirvieron para refrescar las conciencias de muchos de nosotros, especialmente de aquellos que se encuentran buscando su lugar en esta sociedad y suplican por modelos que les inciten a vivir el humanismo por encima del materialismo.

Y a vosotros, Txus, Mohamed, José, Jorge, Carlitos, Frank (que te mejores de lo tuyo), Peri, Fernando, Kiskilla y Patricia, desearos que sigáis siendo trovadores hasta que el cuerpo aguante. Porque, como decía el “profesor” Ramón Trecet, “Buscad la belleza: es la única protesta que merece la pena en este mundo”.

Antonio Javier Roldán -19 de junio de 2008-

 

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?

Creo que a los 12 años.

2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?

Como algo sin esencia ni alma, en el que cado palo debía aguantar su vela.

3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?

En intentar conseguir dinero para pagarme las clases de música.

4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?

Nula.

5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?

Nada de nada.

6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?

Ni me planteaba eso. Bastante teníamos con vivir…

7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?

Ninguna.

8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?

De todo tipo, desde Vivaldi a Verdi, desde Return Forever a Black Sabbath, pasando por Yes, los musicales… De todo.

9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?

Aún lo siento.

10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?

Por supuesto después de mucho cavilar filosofar y blablabla, llegue a la conclusión de que todo, absolutamente todo, se resume en dos preguntas, ¿por qué? y ¿por qué no? Llevándolo al extremo tanta razon tendría Jesucristo como Hitler o Ghandi o el kiosquero de mi barrio. ¿O no? ¿Quién lo dice? .

¡Muchas gracias, José!

Materiales recomendados

 

DVD: “Y decirte alguna estupidez, por ejemplo, te quiero”

Al comienzo de 2º de bachillerato, Juan se enamora de Sara, la chica nueva de su clase. Juan es un chico algo reservado, y por ello guarda en secreto su amor, que no confiesa ni a sus mejores amigos. Por supuesto, tampoco se atreve a confesárselo a la interesada. Pero si Juan es un chico normal, Sara es más lanzada. Dice que se quiere morir y que colecciona momentos, mostrando un mundo interior tan complejo y rico que desconcierta al muchacho no reconociendo en algunos momentos los sentimientos que la chica  muestra por él. Cuando se aproximan los exámenes ella le propondrá robarlos y Juan aceptará para compartir una aventura con ella, que tendrá un final inesperado.

Durante la película se trata en varias ocasiones la retirada del futbolista Emilio Butragueño como una metáfora del adiós a la infancia y a cierto tipo de sueños. En ese transitar a la vida adulta el padre de Juan le comenta a su hijo que en la vida no hay más de tres mujeres, viniendo a decir que el verdadero amor, el que nos llena por completo, es muy difícil de encontrar y conservar.

La película es una comparación continua entre los dos sexos, distintos en las formas pero tan cercanos en sus miedos y escaramuzas por la vida adulta. Como dice el protagonista mientras ellos leen “El principito” ellas ya están con “El príncipe”. Al final ambos grupos se juntan en la fiesta final de curso, donde el amor y la búsqueda común de la afectividad les unirá.

Índice

  1. Película.
  2. Menús interactivos.
  3. Accesos directos a escenas.
  4. Trailer.
  5. Filmografías.
  6. Fichas técnicas.
  7. Documentales.

COMENTARIOS: Cuando pongas un comentario el Blog te pide que sumes dos números para que este sea aceptado y evitar el spam. Por ejemplo: Si pone “Por favor añada 10 y 5″ entonces hay que escribir 15. Si haces mal la suma te suspende en matemáticas.

Capítulo 9

 

 Los ritos de iniciación 

 

Suele ocurrir en la primavera de 2º de ESO, más o menos por los 13-14 años. El timbre del recreo suena y el profesor comienza a recoger su maletín mientras recuerda los deberes del día siguiente entre la estampida de su alumnado. Entonces lo ve, en el fondo de la clase, sólo y desamparado preguntándose por su suerte futura. Sí  amigos y amigas, le ha llegado su hora y él lo asume con resignación. Curtido en cientos de partidos en el patio, aventurero en el tejado del comedor, embarrado los días de lluvia y secuestrado por los de 4º de ESO, el balón de fútbol nota que va a ser arrinconado en esa hora mágica en el que es el rey de la clase. Aún así el profesor, algo mosca, se acerca a él y comprueba si está en buen estado. Lo está. Sorry, my friend, es ley de vida.

El profesor, que es de ciencias y le gusta comprobar sobre el terreno sus teorías, baja al patio y se sienta junto a la puerta para observar a su clase. Los chicos están formando una melé humana compacta, semejante a las formaciones de ataque de los legionarios romanos, muy cerca de sus compañeras de clase. De forma esporádica uno de ellos sale escupido del grupo en lo que parece una pelea, pero no es más que un empujón con el que prueban su fuerza y su masculinidad. Se masca la testosterona.

Frente a ellos un grupo de chicas masca chicle entre risitas mientras observan con desdén a los machitos de la clase. Tienen puestos los ojos en los de 4º de ESO. Al igual que ellos, también suele haber rápidas escaramuzas fuera del grupo, sólo que es en este caso van de tres en tres cogidas del brazo en dirección al baño, al quiosco de las chuches o a decirle algo a uno de los chicos mayores.

Como es natural, mis cachorros observan resignados como sus demostraciones de fuerza no son rivales para los machirulis de 16 tacos. Alguno, arrepentido, comenta algo así como “¿Por qué no habéis bajado el balón, tíos?”. Es como si hubieran llegado tarde a un cumpleaños y los más puntuales se hubieran comido la tarta. Más de uno está enamorado hasta las cejas de una de las compis pero antes de reconocerlo se dejaría meter en un nido de hormigas carnívoras. Ellas sienten el interés de ellos pero, sinceramente, son unos críos. Así que el profesor se dice a sí mismo que la clase ya no será igual. Cuando él se dé la vuelta, en plena explicación de las ecuaciones, el sistema interno de correos llevará mensajitos por toda el aula, tendrá que resolver conflictos y peleas, la pandilla femenina se romperá y se unirá en intervalos de dos horas y más de un chico -con mirada ausente- suspenderá hasta el recreo de la noche a la mañana.

Ellas son afortunadas. Desde hace tiempo hablan las unas y las otras con naturalidad de los chicos que les gustan. Sus primeros amores suelen ser algo platónicos, a distancia, y hacia chicos mayores. Un solo gesto de uno de ellos les da tema de conversación para una semana. A veces se produce algún beso, caricia o acercamiento, pero todavía son leves. Mientras tanto, ellos se sienten algo perdidos, porque necesitan del amor tanto como hablar de él y no encuentran alrededor gente dispuesta a departir sobre el tema. Por eso nuestro profesor, cuando tiene la ocasión, recuerda en clase lo que sentía a los 14 años, para dejar una puerta entornada por si alguno de sus alumnos necesita contarle algo, porque sabe que el entorno social de ellos es menos permeable a tratar sobre los sentimientos más allá de las tías buenas que Fulanito haya visto en Internet. ¡Qué suerte tienen las chicas!

Cuando alguien traspasa la puerta abierta por el profesor, él recuerda al visitante que necesita salir en una pandilla mixta, disfrutando de la amistad de unos y otros, pero sin obsesionarse con el amor, para no hacer de esa pandilla una especie de “coto de caza”. También le recuerda que los tiempos del “macho depredador” han pasado a la historia y que en el siglo XXI la relación chico-chica es de igual a igual. Así que, según avanza el curso, la pandilla mixta se va formando en el patio. Tanto ellos como ellas se preguntarán a diario si le gustarán a alguien, si en ese extraño proceso de cambio diario, son capaces de enamorar. Sufrirán grandes alegrías que aumentarán su autoestima y confortarán su corazón, pero también habrá desengaños cuya enseñanza les será provechosa en el aprendizaje del conocimiento de sus propias emociones. De este “entrenamiento” hablaré próximamente.

Por eso nuestro profesor se acercará al balón y juntos se contarán sus penas en animada conversación, porque mientras uno va a recibir las patadas más fuertes que recuerda -dicen que el deporte desahoga- el otro se las verá y deseará para animar a unos y a otros, y deberá desfacer los entuertos producidos en los ritos de iniciación cuyos argumentos no venían explicados en el temario de la universidad.

Antonio Javier Roldán

 

 

Colaboraciones

 

Las creencias dañinas (y VI): Cuestionando nuestras creencias dañinas

En la antigua Grecia, el filósofo Sócrates gozaba de alta reputación y admiración por sus conocimientos. Un día un alumno encontró al gran Maestro en la calle, y le dijo:

- Sócrates, ¿sabes lo que he oído acerca de un amigo tuyo?
- Un momento -replicó Sócrates-. Antes que me digas algo, quiero ver si superas una pequeña prueba. Se llama prueba del TRIPLE FILTRO
- ¿Triple filtro?
- Así es -continuó Sócrates-. Antes de que me hables de mi amigo, es una buena idea tomar un momento y filtrar lo que vas a decirme
- El primer filtro es la VERDAD ¿Estás absolutamente seguro que lo que vas a decirme es verdad?
- No, dijo su alumno -realmente sólo lo oí y….
- Muy bien, replicó Sócrates -Entonces no sabes realmente si es verdad o no. Veamos el segundo filtro, el filtro de BONDAD.
- Lo que me vas a decir de mi amigo, ¿es algo bueno?
- No, al contrario…
- Entonces - prosiguió Sócrates - me vas a decir algo malo de él, pero no estás seguro de que sea verdad. Todavía falta un filtro: el de UTILIDAD ¿Lo que me vas a decir de mi amigo es útil para mí?
- No, realmente no.
- Bueno concluyó Sócrates, si lo que me vas a decir no es ni verdad, ni bueno, ni aún útil, ¿Para qué me lo vas a contar?

Este triple filtro que aplicaba Sócrates –verdad, bondad y utilidad- es la que podemos utilizar para cuestionar y cambiar nuestras creencias dañinas.

En psicología clínica utilizaremos la TÉCNICA DEL DEBATE. Después de detectar la presencia de alguna de las creencias dañinas, podemos ir contestando a una serie de preguntas encaminadas a determinar su ajuste con la realidad, sus consecuencias y la utilidad de pensar de esa manera. Contestar a esas preguntas implica ir generando creencias alternativas más adecuadas y menos dañinas:

1.- Preguntas encaminadas a determinar el ajuste con la realidad

¿En qué pruebas o evidencias me baso para asegurar que es cierta mi creencia?
¿Hay pruebas o certezas que indiquen lo contrario a lo que yo creo?
¿Podría existir otra creencia u otra forma de pensar alternativa?
¿Se puede decir que todas las personas tienen esa creencia? ¿Por qué?
¿Qué razones me han podido llevar a creer eso y no lo contrario?
¿Con qué argumentos defendería esta creencia ante otra persona?
Si esta creencia la tuviera otra persona, ¿qué razonamientos podría utilizar para demostrarle que no es correcta su interpretación?

2.- Preguntas orientadas a evaluar la magnitud de las consecuencias de la creencia

Suponiendo que la creencia fuera cierta: ¿Qué es lo peor que me puede suceder? ¿Qué es lo mejor que puede ocurrirme?
Y si la creencia no fuera cierta: ¿Qué es lo peor que me podría suceder? ¿Qué es lo mejor que podría ocurrirme?
¿Hay motivos para alterarse por esa creencia? ¿Esta justificado que me perturbe de esa manera?
Si realmente las cosas son así, ¿puedo hacer algo para cambiar la situación?
¿Por qué si puedo hacer algo para cambiar la situación no lo hago?

3.- Preguntas que evalúan la utilidad de pensar de esa manera

¿Qué inconvenientes tiene para mí pensar así?
¿Qué ventajas obtengo al pensar así?
¿Para qué me sirve pensar de esta forma?
¿Me hace sentir bien?
¿Me ayuda a estar mejor conmigo misma y con los demás?
¿Merecería la pena pensar de otra manera?
¿Qué es lo peor que me puede suceder si cambio la creencia?
¿Qué es lo mejor que me puede suceder si mantengo mi creencia?

 

 Trinidad Nieves Soria López (Psicóloga Clinica)

Puedes enviar tus reflexiones, poesías o artículos sobre la adolescencia para que se publiquen en “La pavoteca” enviando un correo electrónico.

 

La Pavoteca examina a…

 

José Luis Alonso de Santos

Biografía: Wikipedia

Web: Oficial

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?

Al cambiarme de pantalones cortos a largos, creo que fue a los 10 años.

2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?

Binaria: ricos y pobres, tontos y listos, guapos y feos, fuertes y delgaditos, más confusos o menos confusos, etc.

3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?

En hacer tonterías (algo importantísimo), perseguir chicas, leer lo que encontraba, y jugar al fútbol con los amigos.

4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?

Normal. Es decir, ellos eran los listos y yo el tonto.

5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?

Sí, por desgracia. Era muy delgado, orejas grandes, y un tanto raro.

6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?

De adolescente de posguerra larga. Poco dinero y vida de barrio.

7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?

La educación sexual la aprendíamos con la práctica en los juegos callejeros. La única droga que existía era el tabaco, y yo no fumaba. Me daba tos.

8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?

A mis amigos. Tocábamos nosotros mismos las guitarras que nos habían regalado en Navidad.

9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?

No. Vi que los demás pensaban que no les comprendía yo.

10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?

No. Se reafirmaron los de mi infancia. Unos mandan y son grandes, y otros obedecen y son pequeños.

¡Muchas gracias, José Luis!


Materiales recomendados

DVD: “Melody”

Daniel es un preadolescente tímido y sensible que vive en una sociedad británica rígida en sus costumbres. Sus padres no parecen darse cuenta de los cambios de la edad hasta que su madre observa perpleja, en una escena muy ilustrativa, como Daniel emplea su aptitud para el dibujo en  retratar una mujer desnuda con total naturalidad.

En pleno inicio de su adolescencia conoce a un  nuevo amigo, con problemas familiares y actitud más rebelde que él, y a Melody, una compañera de colegio de la que se enamora. La joven pareja vive con un pie en la infancia, relacionándose con distracciones y juegos propios de esa edad, y el otro en la juventud, asumiendo con naturalidad el amor que los une, de forma que deciden que deben casarse para permanecer juntos en ese paraíso que han creado.

Mientras tanto en su entorno, los chicos se entretienen fabricando petardos y las chicas hablando de besos. La recién nacida pareja unirá a ambos sexos en la escena final, donde se escenifica que la infancia sigue presente en la preadolescencia y que los adultos parecen querer actuar como diques en esta etapa.

 

Otros detalles

  1. La espléndida banda sonora de los Bee Gees contiene clásicos como “First of may”.
  2. La película está actualmente descatalogada en España, pero se puede hacer un visionado de la misma en este enlace, hasta que llegue el momento de adquirirla.
    Esperamos tus sugerencias.

IMPORTANTE: Cuando pongas un comentario el Blog te pide que sumes dos números para que este sea aceptado y evitar el spam. Por ejemplo: Si pone “Por favor añada 10 y 5″ entonces hay que escribir 15. Si haces mal la suma te suspende en matemáticas.


Capítulo 3

El despertar

 

Si el lector conoce el libro “La metamorfosis” (Frank Kafka) recordará la historia de Gregorio Samsa, un tipo corriente que un día se despierta dentro del cuerpo de un escarabajo gigante sin saber el porqué. Encerrado en su habitación aguarda con miedo el momento en el que su familia, inquieta por su ausencia, acudirá a buscarle para descubrir con horror lo sucedido. A pesar de la sorpresa, la familia procura alimentarlo y cuidarlo con resignación, aunque noten en él que ha perdido la racionalidad de su antigua condición humana y eso provoque rechazo general e incluso agresividad por parte de su padre.

Sin llegar al extremo del relato de Kafka, sí es verdad que el adolescente va descubriendo poco a poco que su cuerpo está cambiando rápidamente, teniendo la rara sensación de estar confinado en un cuerpo que no le pertenece, como si fuera un espectador ajeno a lo que pasa. La imagen que le devuelve el espejo, los signos de la pubertad como el vello, el acné, el crecimiento desigual, el desarrollo de los genitales, forman un conjunto de síntomas que inevitablemente dan lugar al cambio psicológico. Cuando hablamos del despertar de la pubertad podemos caer en la tentación de quedarnos en los aspectos fisiológicos -de los cuales se hablará en este blog en los próximos días- olvidando que la madurez psicológica y la física, aunque relacionadas, no conviven de forma armónica.

Desgarbado, con pérdida de control muscular, estrenando aroma corporal, necesitado de un nuevo aprendizaje en su coordinación, sujeto a las expectativas que tenía sobre su imagen desde niño y observando con curiosidad su madurez sexual, es fácil que sienta un rechazo inicial por esos cambios. Por eso cada día anota mentalmente los síntomas que se van produciendo, censando el número de granos, el tamaño de los senos, la altura o el peso. Si a esto le unimos las nuevas responsabilidades, el derrumbe del estatus de los adultos en su vida, las nuevas necesidades sociales y el cambio afectivo que le produce el despertar, nos haremos una idea de lo inseguro que se puede sentir al caminar por su mundo.

Al igual que ocurría con el coleóptero de Kafka, la reacción que tenga su entorno ante los cambios será determinante para comprender lo que le está pasando, por lo que es conveniente que sepa de antemano, uno o dos años antes, lo que le va a ocurrir. Como sucede con la educación afectiva y sexual, es interesante recibir una formación con tiempo, para que esta cubra todas las etapas. También puede ser una buena idea hacerle notar que los cambios son positivos, buenas noticias. En el caso de las chicas, son muchas las familias que celebran la llegada de la primera menstruación, incluso con un regalo. Ahí los chicos pueden sentirse más abandonados y cohibidos ante la falta de notoriedad externa de sus cambios en el ámbito familiar.

Además, la pubertad significa también que físicamente el joven puede ser padre o madre, una realidad tan increíble para el adolescente que le abre un abanico de expectativas que, animado por las hormonas, le invita a la exploración de su cuerpo y el de los demás. Cualquier avance en su relación con el sexo opuesto significará un tanto a favor en su autoestima y en su humor, pero también es capaz de venirse abajo por un comentario negativo sobre su físico, su madurez o su forma de actuar. Por eso el amor suele ser una buena noticia para la persona que se está afianzando, incluso puede ser un gran aporte en su crecimiento. Cierto es que también se puede abrir un nuevo frente de fracasos y desengaños, pero forma parte del entrenamiento y de su educación afectiva.

Mientras tanto, los que estamos al otro lado de la puerta y que un día nos topamos con “el escarabajo”, tenemos que estar listos para mantener la normalidad, recordarle que todo lo bello se forma lentamente y ayudarle a convivir con ese cuerpo que parece ajeno, aceptando aquellas metamorfosis que no sean lo agradables que esperaba y que le acompañan desde ese día en el que se miró al espejo y descubrió que la infancia se estaba alejando.

Antonio Javier Roldán

 

Colaboraciones

 

Recuerdos de un profesor jubilado (III): Clandestinos e infiltrados

En los últimos años del franquismo no te fiabas de nadie. No sólo en la Universidad, sino también en los institutos, especialmente en los nocturnos. En el alumnado convivían activistas de izquierdas con confidentes de la extrema derecha y con policías de la Social matriculados a propósito. Gente con el carné del PCE se sentaba junto a falangistas, pero nadie se descubría ante nadie. El profesorado también estaba dividido y sólo se manifestaba en los claustros, haciendo una confusa mezcla de educación y política que paralizó la enseñanza durante una década.

Los muy jóvenes vivían la clandestinidad heredada de sus padres. Eran familias de gran tradición en la lucha antifranquista, y sus hijos hacían lo que podían en los institutos, y la verdad es que lo hacían muy bien, porque podían inundar de carteles el centro en un cambio de clase u organizar una asamblea ilegal espontánea en un recreo. Los había de dos clases: los oradores, que intervenían en todas las asambleas con palabras sencillas y llenas de fuego, y los verdaderos organizadores, que raras veces se destacaban y se situaban siempre en la periferia. Recuerdo a uno de ellos, que durante todo el bachillerato pasó como alguien abúlico y mal estudiante, y resultó ser uno de los más comprometidos en la lucha.

En el otro extremo ideológico se daba menos la cara, pero la policía aparecía de improviso en el momento oportuno, como avisada por un invisible espíritu del orden que les guiaba a donde eran necesarios. Aquí se sospechaba más de profesores y conserjes, que tenían los teléfonos más a mano. Las autoridades sabían mucho de los institutos, aunque a veces, ante la inminente caída de la dictadura, dejaban las cosas correr. Otras veces se veían obligados a intervenir, especialmente después de la publicación del famoso decreto de 1975 que amenazaba con acusar de subversión al funcionario que conociera a alguien sospechoso y no lo denunciara. ¡Y los centros estaban llenos de sospechosos, alumnos a los que queríamos y no hubiéramos podido denunciar! Fue el momento más tenso de todos aquellos años.

La policía comenzó a hacer cada vez más preguntas sobre el alumnado. Yo he visto a doscientos estudiantes de catorce o quince años plantados en asamblea ilegal, temblando de miedo y mirando al patio en el que entraban los coches llenos de policías y a su jefe conminando a unos menores de edad a deponer su actitud con la amenaza de ordenar a sus tropas pasar a la acción. Y no hablaba en vano, porque en otro centro algunos chicos y chicas tuvieron que saltar desde un primer piso para huir de una intervención similar. Si el profesorado intervenía, podía terminar en la cárcel, como un famoso caso que recogió la prensa.

Los centros vivieron esos años una verdadera guerra de carteles, folletos y prensa ilegal. Nos robaron dos veces la multicopista y nunca aparecieron los autores. Lo que fijaban unos lo arrancaban otros, mientras los jefes de estudios vivían amenazados permanentemente con la denuncia o el expediente. No queríamos ni pensar qué contendrían algunas carteras de nuestros alumnos. El decreto de 1975 se columpiaba constantemente sobre nuestra cabeza.

Instaurada la democracia, con motivo de una reforma integral del centro, se renovaron los falsos techos del instituto, y comenzaron a caer, en un vuelo juguetón y solemne, como un homenaje tardío, panfletos de organizaciones clandestinas, ejemplares de Mundo Obrero, llamamientos a la lucha y convocatorias de huelgas, algunos quizás impresos con nuestras multicopistas robadas, testigos ocultos del sacrificio de algunos jóvenes que pusieron en peligro sus estudios y su libertad para traer la sociedad en la que vivimos ahora.

Antonio Roldán Martínez (Web)

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La Pavoteca examina a…

 

Miguel Ríos

Biografía: Wikipedia

Web: miguel-rios.com

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?

Adolescencia. Que palabra tan bonita para una época de la vida tan difícil. No recuerdo tener una “clara” adolescencia. Salí del colegio a los 14 y me puse a trabajar sintiendo todavía un niño. Me puse a cantar a los 17 en un mundo de hombres. Sólo me sentía adolescente cuando veía las películas americanas, en las que la juventud tenía un papel protagonista..

2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?

Temerosa de Dios y del infierno. La Granada de finales de los 50 era una sociedad pacata y rural y muy conservadora. La modernidad venía del roce con los extranjeros que visitaban la ciudad y de los estudiantes de la Universidad. Pero yo la recuerdo como una luminosa oscuridad.

3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?

Lo del “tiempo libre” es un concepto moderno. En los Almacenes Olmedo, donde trabajaba entonces, se curraba de lunes a sábado, y todo el mundo sabe que lo más triste de la adolescencia son los domingos. Guateques, excursiones y partidos de futbol, futbolines, cine, los tebeos y alguna novelita del oeste ocupaban ese escuálido tiempo libre.

4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?

Supongo que corta e interesada. Cuando eres joven desconfías mucho de los mayores. Además, la adolescencia no estaba muy prestigiada en aquellos años.

5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?

Si, pero todavía no relacionaba educación física con el aspecto físico. Hacía deporte sin método y sin conocer sus beneficios en la salud y en la imagen.

6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?

El rock&roll hizo mucho por mi generación. Siempre se buscan modelos en los que te crees reflejado. Yo intentaba parecer lo menos cateto posible, pero viviendo en casa de mis padres tampoco podía ser todo lo moderno que quería .

7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?

En Granada, en aquellos días, hacer el amor no era pecado, era un milagro, y las drogas sociales, el alcohol y el tabaco fundamentalmente, eran ampliamente jaleadas en la sociedad. 8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?

Tuve la suerte de crecer con el Rock&Roll, como he dicho antes, y esa música se convirtió en la banda sonora de mi vida y en una forma de entenderla, pero, aunque conservo algunos de los discos de mi adolescencia sólo los escucho ocasionalmente.

9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?

No. Nunca. Siempre me he buscado la vida para hacerme entender.

10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?

En el colegio me machacaron tanto con la religión que me convirtieron en un ser agnóstico. Desde entonces entiendo la bondad sin recompensa eterna, y supe muy pronto que el infierno era un invento de los hombres que se sufre en vida.

¡Muchas gracias, Miguel!

Materiales recomendados

DVD: “Verano Azul” (Antonio Mercero)
Esta serie de televisión nos cuenta el verano de una pandilla de chicos y chicas de diferentes edades en una ciudad costera. Están allí de vacaciones con sus respectivas familias. Se hacen amigos de un chico del pueblo, Pancho. También conocerán a una pintora, Julia, y a un peculiar pescador, Chanquete. A lo largo de la serie iremos viendo sus vivencias, amores, amistad y los problemas típicos de la adolescencia.


Cuando me documentaba para este blog estuve repasando esta serie y me llevé una agradable sorpresa al comprobar que, como el buen cine, permanece atemporal y que las emociones de la adolescencia, los conflictos familiares, el papel de la pandilla como escenario social en el que crecer o la iniciación a la vida adulta a través de las experiencias del amor, la ecología, el alcohol, la muerte o la amistad, mantienen su vigencia muchos años después. Es interesante tanto para padres como hijos.

Índice

  1. El encuentro.
  2. No matéis mi planeta, por favor.
  3. Pancho Panza.
  4. Eva.
  5. A lo mejor.
  6. La sonrisa del arco iris.
  7. Beatriz, mon amour.
  8. El visitante.
  9. La burbuja.
  10. La cueva del Gato Verde.
  11. Las botellas.
  12. La bofetada.
  13. La navaja.
  14. La última función.
  15. El ídolo.
  16. El guateque de papá.
  17. No nos moverán.
  18. Algo se muere en el alma.
  19. El final del verano.

  20. Esperamos tus sugerencias.

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