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Archivo de la Cuerpo categoría
Capítulo 18
5. Diciembre 2008 por Antonio Javier Roldán.
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Drogas (II): Alcohol y tabaco |
Uno de los mayores miedos que tenemos los educadores y las familias es la aparición de las drogas en el entorno del adolescente. Aunque para algunas personas el alcohol y el tabaco están aceptados en la sociedad, son dos drogas legales que suelen ser las primeras a las que tienen acceso los jóvenes. Existen muchas causas relacionadas con el acercamiento a este problema, entre las que están la necesidad de socialización, la presión del grupo, la exploración del mundo adulto o los modelos de comportamiento que diariamente se ven en la familia, en los medios de comunicación o en la propia calle, que se ofrecen como modelo a seguir. Si los adultos fumamos o bebemos, no debe extrañarnos que ellos lo asuman como un rito más de su iniciación. No olvidemos que los jóvenes son el reflejo del mundo que hemos creado.
El alcohol es la droga que más daño está haciendo en España. No es raro que los adolescentes la vean en casa desde muy pequeños asociada a las celebraciones o a las relaciones sociales, por lo que se acercan a ella sin suponer que puede traerles ningún problema. Además existen muchos tópicos que se escuchan por ahí : “Mejora la actividad sexual“, “Te sientes eufórico“, “Parecerás mayor“, “Ayuda a hacer amigos“, etc. La realidad es bien distinta. El alcohol es una droga depresora del sistema nervioso central y se absorbe por el tubo digestivo, produciendo sueño, sedación e incluso coma, atacando primero a la parte del cerebro responsable del autocontrol. Aunque sus efectos dependen del sexo, la masa corporal o las mezclas, generalmente causa pérdida de memoria, problemas sexuales, enfermedades estómacales o circulatorias entre otras.
Los adolescentes beben buscando un placer que difícilmente van a encontrar, mediante el que tratan de huir de una realidad que no les gusta, mejorar sus relaciones, imitar a los adultos, o seguir la inercia marcada por los líderes del grupo para ser aceptado. “Es que si no bebo me van llamar niñato“. Como además se encuentran en una fase de exploración de sus propios límites, les resulta complicado saber en qué momento están abusando de esa droga legal por lo que están sometidos a varios peligros a corto y a largo plazo, incluyendo los accidentes de tráfico.
Tras el alcohol, la segunda droga más consumida en España es el tabaco. El tabaco es una sustancia estimulante, al contrario de lo que pudiera parecer. Lo que pasa es contiene sustancias como la nicotina que crean una adicción y unos síntomas de abstinecia, y al fumar estos desaparecen, dando la falsa impresión de causar una relajación progresiva. La nicotina es la culpable de esa fidelidad al tabaco, pero junto a ella hay otras 4000 sustancias que pueden ser nocivas para el cuerpo, obtruyendo los vasos sanguíneos, provocando problemas circulatorios así como casi todos los tipos de cánceres conocidos.

Se sabe que 90% de los fumadores se inicia en la adolescencia, por lo que es muy importante la prohibición de la publicidad en televisión, vallas o películas. Nuestros jóvenes ven el tabaco en su entorno y conocen sus consecuencias, sin embargo es difícil para un adolescente imaginar que pueda sucederle algo malo dadas su percepción a corto plazo del tiempo y la salud inherente a su edad. Yo he tenido la experiencia de explicar estos temas en mis tutorías y ver a algún alumno llorar por el recuerdo de un familiar que murió por esta causa. Sin embargo esa experiencia no parece suficiente para prevenir su consumo y te enteras cursos más tarde de que está fumando.
Cuando un adolescente termina su cigarrillo o se bebe su mini de calimocho, comprobará que aquellos efectos de euforia-depresión o de falsa seguridad desaparecen poco a poco, volviendo a su estado habitual. Si en el día a día su autoestima, los reforzamientos positivos, la vida escolar, las relaciones sociales y afectivas son normales, no lo echará de menos. Pero si tiene esas carencias se sentirá de nuevo de regreso a ese mundo de preocupaciones y dudas, por lo que deseará volver a tomar esa droga que le permitía huir de la realidad.
Por eso es muy interesante abordar el problema desde la personalidad del adolescente, entregándole herramientas en forma de habilidades sociales, apoyándole en la construcción de su personalidad y autoafirmación -para no depender del grupo y saber decir “No”-, enseñándole a afrontar los reveses de la vida como un proyecto más y fomentando un comportamiento asertivo equidistante entre la agresividad y la pasividad. En cuanto a la información, sería conveniente que está fluyera en dos aspectos complementarios. Por un lado es necesario explicarle los riesgos del tabaco y del alcohol, haciendo hincapié en aquellos que afectan a lo que más “le duele” -su imagen hacia los demás- ya que, como decía antes, las enfermedades más graves él las percibe como demasiado lejanas en su esquema temporal. ¿Cómo será tu aspecto físico si bebes? Dientes amarillos, mal olor, ojos irritados, etc.
Junto a los efectos nocivos de estas drogas no debemos olvidar descubrirle las ventajas de no tomarlos, como el ahorro económico, la no dependencia, la madurez mostrada ante el resto del grupo, la capacidad para rendir en el deporte, la percepción total del entorno que está descubriendo, etc. Por eso es más útil enseñarle a vivir sin muletas desde pequeño que explicarle los problemas derivados de andar por la vida con ellas cuando ya las está usando.
(Para más información puedes visitar la web de la FAD).
Antonio Javier Roldán
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Rosa Regás
Web: Oficial

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
No tengo ni idea, pero supongo que sería hacia los 15 años.
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
Estaba interna en un colegio desde los dos años,(primero en Francia y luego en Barcelona), salíamos muy poco y no conocía a nadie más que a las niñas de mi colegio, así que la sociedad para mí era la familia que el Tribunal de Menores había decidido que fuera la mía, y no me gustaban, la verdad.
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
Leer y ensayar alguna obra de teatro. Jugar, y redactar una revista de consumo limitadísimo.
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
En general buena en el colegio, mala fuera de él. Mi situación familiar no daba para más.
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
Me importaba, pero no en exceso. Ni entonces ni más tarde creí que las pinturas y los trapos pudieran embellecer a nadie.
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
Una chica delgada y alta, con el pelo pelirrojo y muchas pecas, largas tranzas y un aire un tanto despreocupado. Me gustaba ser así.
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
Ninguna de ningún tipo.
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
Estudiaba bachillerato y hacía la carrera de piano, o sea que mi música era siempre clásica. La que sigo escuchando hoy.
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
Llegué al colegio a los cinco años hablando sólo francés, luego fui aprendiendo español, catalán e inglés. Pero nunca creí que no me entendieran por culpa del idioma. Estaba convencida que cuando no me entendían era por algo más profundo: éramos distintos o distintas.
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
Todos: morales, éticos, sentimentales, de convivencia, todos absolutamente todos.
¡Muchas gracias, Rosa!
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Materiales recomendados |

DVD: The Breakfast Club
Cinco adolescentes de una High School americana deben pasar un sábado encerrados en un colegio como castigo por alguna incidencia transcurrida a lo largo de la semana. Aunque es posible que se conocieran de vista es la primera vez que van a convivir juntos, en un edificio desierto bajo la vigilancia de un profesor que se siente escéptico de su profesión y que convierte su desencanto en odio hacia los propios alumnos.
Los cinco jóvenes representan a cinco estereotipos de la adolescencia que pugnan por abrirse camino en una sociedad que les cataloga desde niños. Lo que comienza como un encuentro fortuito entre personas que no tienen nada en común, desemboca en una auténtica terapia de grupo en el que siembran lo que puede ser el inicio de una futura relación.
John es un alumno que proviene de un hogar muy problemático, con pocos horizontes y conflictivo. Desafía constantemente al profesor, hasta que este le dice, de forma cruel, que algún día acabará en la cárcel. Parece ser que su castigo viene motivado por activar la alarma de incendios.
Claire es la “Barbie” del colegio, una niña consentida y mimada. Vive pendiente de su imagen, dispone de dinero y percibe el castigo como una humillación para su reputación. Todo apunta a que hizo novillos para irse de compras.
Andrew es el atleta. La obsesión de su padre es que triunfe como no lo pudo hacer él. Está en el colegio un sábado por gastar una broma humillante y cruel al compañero más débil en el vestuario. Su cuerpo simboliza su fuerza y estatus en el colegio.
Brian es el empollón. Toda su vida se le ha inculcado la perfección académica y marcado un camino del que no puede escapar. Ha sido castigado por traer una pistola de bengalas a clase. Ante los otros dos chicos finge ser más experimentado en temas de su edad, con poca suerte. Durante la charla con sus compañeros demostrará que su vida no es tan perfecta y que se siente muy perdido.
Allison es una marginada en el colegio, de imagen desaliñada y algo siniestra. Durante el castigo sufrirá una transformación a manos de Clair. No parece claro el motivo de su castigo, aunque todo apunta a su facilidad para mentir e imaginar historias.
La película es todo un referente dentro del amplio catálogo de títulos sobre temática adolescente rodados en los años 80. Es todo un ensayo sobre los sueños y frustraciones de la juventud de aquella época.
COMENTARIOS: Cuando pongas un comentario el Blog te pide que sumes dos números para que este sea aceptado y evitar el spam. Por ejemplo: Si pone “Por favor añada 10 y 5″ entonces hay que escribir 15. Si haces mal la suma te suspende en matemáticas.
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Capítulo 12
24. Octubre 2008 por Antonio Javier Roldán.
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Las drogas (I): La puerta sin llave |
Entrar en la adolescencia es una experiencia similar a pasear por el interior de un hotel. Uno camina por un pasillo enmoquetado, rodeado de puertas a ambos lados, sabiendo que algunas de ellas serán confortables, las menos esconderán secretos apasionantes, otras ocultarán la ropa sucia y siempre habrá una suite de lujo que estará al alcance de unos pocos privilegiados. El secreto para disfrutar de la estancia es venir preparado con el mayor número de llaves posible, que nos permita explorar el mundo de los adultos con seguridad y amplitud de oportunidades.
Sin embargo a menudo el adolescente acude al hotel con pocas llaves o ninguna, convirtiendo su caminar por la alfombra roja en una ruta en la que cada habitación aparece como un escaparate al que no puede acceder. Es entonces cuando suple sus carencias buscando aquellas puertas que estén abiertas por descuido o porque no guardan nada de valor.

Estos jóvenes que buscan la opción más fácil se reconocen por:
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No tienen un equilibrio entre la vida social y la familiar, por lo que intentan abrir la puerta sin tener la llave adecuada.
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Se han cansado de esperar a la llave que pidieron en recepción y que no acaba de llegar a sus manos. Son impacientes y buscan resultados y sensaciones inmediatas.
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Deciden seguir a otros huéspedes que optaron por entrar en la habitación sin llave, porque la presión del grupo les ha obligado a no quedarse solos en el pasillo.
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El abanico de posibles opciones les agobia y no se sienten capaces de tomar las riendas de sus vidas y pelear por conseguir su llave.
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Han aprendido en casa que al menor síntoma de dolor hay que acudir a los analgésicos o antidepresivos, así que ¿por qué no salir por la puerta abierta y eludir el dolor y el esfuerzo?
Mientras la puerta abierta sigue invitando a algunos adolescentes, otros observan con atención la llave que esperaban desde hace tiempo. Saben que ha llegado el momento de acercarse a la cerradura y enfrentarse a su destino. Son personas con notas aceptables o buenas, que desde pequeñas no se han dejado arrastrar por su grupo, que han sabido preservar su individualidad y derecho a decir “No”, que han comprendido que las mejores habitaciones se logran a base de esfuerzo, que han sabido dar armonía a su cuerpo gracias al deporte, que han forjado su llave desde la familia y el colegio a partir del diálogo, las normas, la coherencia y el afecto, y que desde que tienen uso de razón han emprendido su propio proyecto de vida desde la responsabilidad y los sueños que pretendían alcanzar.
A veces, cuando los adultos caminamos por el pasillo y vemos el trajín de puertas que se abren y cierran, descubrimos que alguien echa un vistazo por la que carece de llave y nos llevamos las manos a la cabeza como si fuera una salida de emergencia que solo se puede abrir en un sentido. No. Afortunadamente todas las puertas tienen bisagras. El huésped equivocado puede regresar al pasillo y continuar la búsqueda en el lugar en el que la dejó. Puede ser interesante hablarle de las drogas como esa máscara que tapa otras carencias personales, así como de las consecuencias sociales derivadas de su uso y abuso. Podemos sentarnos con él en la cafetería del hotel con tiempo por delante, para que nos cuente su vida, sin juzgarle con severidad ni expulsarle por la puerta de servicio. Sería bueno que le demostráramos nuestra confianza para que sea él mismo el que se enfrente al dolor y a la responsabilidad, porque es inútil contarle que el tabaco mata o que el alcohol te convierte en un muñeco, sin curar las heridas que le llevan a su consumo.
Por eso creo que la solución no es poner un biombo delante de la puerta abierta con el cartel de “Peligro”, sino vigilar la forja de las llaves para que estas no tengan muescas o esquirlas que las conviertan en trozos de metal inútiles.
Las puertas fáciles abundaron durante el inicio de mi adolescencia. Creo que tuve la suerte de no percatarme de ellas, porque mis profesores y mi familia se preocuparon por enseñarme que debía ignorarlas, pero sí pude contemplar el doloroso espectáculo de los jóvenes que regresaban después de visitarlas. Muchos días compartí con ellos partidos de baloncesto, tardes de sol en el parque e incluso pupitre. Sentí mucha rabia cuando les veía hundirse en aquel mundo, al igual que rencor hacia aquellos que les enseñaban la puerta abierta y que además se lucraban con ello.
Antonio Javier Roldán
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Colaboraciones |
Recuerdos de un profesor jubilado (IV): Los que se quedaron atrás (1ª Parte)
Ahora resulta que todo el mundo hizo algo por el advenimiento de la democracia. Nadie quiere confesar que quizás estaba preparando oposiciones, como un eminente político, o que le dio miedo, o que no comprendió nada. No, siempre decimos que todos teníamos conciencia de lo que había que hacer y lo hicimos, y presumimos de haber pertenecido a una generación clave en la historia de España. Pero hubo mucha gente marginada del proceso, que siguió trabajando de sol a sol sin enterarse de que vivía años históricos. Estoy recordando a una parte de la juventud rural.
Durante los años sesenta fui maestro rural. Era un pueblo de dos mil habitantes, de los que menos de la mitad vivían en el núcleo urbano, y el resto dispersos por el campo hasta distancias de siete u ocho kilómetros. Mientras se celebraba el Concilio Vaticano II, comenzaban a cantar los Beatles o estallaba el Mayo del 68, mis alumnos sólo sabían de sementeras, escardas, olivares, burros y gallinas, y mucho, por cierto. Yo fui durante seis años su maestro de letras y cuentas, pero su alumno en distinguir flores, saber cazar zorzales o cómo aparejar un burro. Formábamos una comunidad educativa muy original, de la que quizás escriba en otra ocasión.
El Instituto más cercano a la aldea distaba más de veinte kilómetros, y eso era mucho entonces. La Universidad era inalcanzable. Sólo los ricos podían enviar a sus hijos a las de Sevilla o Granada. Los estudios de mis alumnos se acababan, con suerte, cuando se aprendía a leer, escribir y algo de cuentas. Algunos lo dejaban antes. Después sólo quedaba tirar del burro o coger aceituna, y seguir haciéndolo el resto de su vida. Algunos padres emigraban, dejando sus hijos en nuestras manos, pero la mayoría estaban atados a un trozo de olivar o a la voluntad del señorito.
Entre el cura y los maestros formamos una especie de academia gratuita, en la que ayudábamos a quienes quisieran a prepararse para el Bachillerato y Magisterio, pero no muchos respondieron. De las niñas sólo dos o tres, porque sus padres las destinaban a las tareas domésticas en cuanto tenían doce años, o a trabajar envolviendo polvorones a diez kilómetros del pueblo. De los niños sólo logramos formar a un maestro, y que algunos aprobaran dos cursos de Bachillerato, pero pronto los veíamos tirando del burro o con las manos heladas de coger aceituna en invierno.
Murió Franco, se inició la Democracia y se aprobó la Constitución, pero ellos siguieron atados al trozo de huerto, a escuálidos olivos o a un salario mínimo. Es muy difícil saber cómo va España si has de pasar de campaña en campaña agrícola ofreciendo la fuerza de tus brazos o sacando un rendimiento de supervivencia de un pequeño terreno. Y un buen día, ya en los ochenta, se presentaron gentes hablando en nombre de la Junta de Andalucía, y mis antiguos alumnos tuvieron que comenzar a entender qué era eso de las Autonomías, y a pensar si habrían cambiado de amos.
Antonio Roldán Martínez (Web)
Puedes enviar tus reflexiones, poesías o artículos sobre la adolescencia para que se publiquen en “La pavoteca” enviando un correo electrónico.
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Manuel Toharia
Biografía: Wikipedia
Web: Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
No tengo ni idea. Supongo que la adolescencia se inicia cuando uno pierde la ingenuidad infantil para plantearse temas mucho más adultos, con la angustia que ello supone por la falta de preparación para ello. Quizá, en mi caso, fue cuando dejé de estar enamorado de las niñas de mi cole de manera absolutamente angelical y comencé a mirarles las piernas o el pecho…
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2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
Como una terrible incógnita, llena de enemigos reales o imaginarios, a los que no sabía cómo enfrentarme. Muy pronto descubrí que la única ayuda que podía recibir consistía en plantearme a mí mismo preguntas concretas y buscar las respuestas menos inadecuadas.
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
A los once años comencé a tocar el piano, a los trece la guitarra. Ésta era mucho más versátil porque la podía llevar conmigo a las excursiones por el campo. Y servía para ligar mucho más fácilmente. Nunca necesité, pues, a la electrónica. Me bastaba mi propio rollo verbal, y de vez en cuando una cancioncilla de Brassens o de Atahualpa Yupanqui...
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
Muy fluida, pero en idiomas distintos. Lo único en común era el concepto de autoridad: los adultos mandan, los adolescentes obedecen… o hacen como que obedecen. Es lo menos problemático.
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
Muchísimo. Siempre pensé que tenía la cabeza pequeña y cara de crío. Un horror. Y eso que entonces aun no me estaba quedando calvo. Eso fue mucho después, y por fortuna me pilló ya entrenado a las lides del aspecto físico indeseable.
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
Jamás pensé en ello. Toda mi vida infantil y juvenil quedó marcada por ser el segundo de la familia, a sólo un año de distancia de mi hermano el mayor. Solía heredar sus cosas. Y de más mayor, uno se compraba lo que se podía, que no era mucho, en época de carestía económica global en el país (nací en 1944 por si alguien no lo sabe, cuando se lanzó el Sputnik yo tenía 13 años).
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
Jamás. Lo del sexo era sencillamente pecado mortal. y las drogas nadie sabía lo que era, aunque mucha gente fumaba y no pocos bebían alcohol en exceso. Pero eso era socialmente aceptable.
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
Desde pequeñito, quizá por culpa de mi padre, yo he sido asquerosamente intelectual. Me gustaba mucho la música clásica, muchísimo Chopin -Nocturnos, mmmm.- y Beethoven -el segundo tiempo del Concierto nº3 sigue siendo insuperable-, y también Schumann y Falla, y sobre todo admiraba a Bach. Pero también me gustaban Renato Carosone, y Brassens, y los Beatles, y Neil Sedaka, y Brel, y Domenico Modugno, y Paul Anka… Muy ecléctico todo…
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
Probablemente siempre. Y no sólo de joven. Por eso quizá hablo y escribo tanto, con la esperanza, seguramente vana, de que alguna vez me entenderán. Y ya tengo 64 años… No sé, no sé.
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
Pues bastantes. Quizá el cambio esencial es que comprendí que me habían timado con eso de dios, y todo lo que de esa idea se deduce en términos socioreligiosos. Desde que me hice adolescente hubo en el mundo un creyente menos y un escéptico más.
¡Muchas gracias, Manuel!
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Materiales recomendados |

DVD: “Mentes peligrosas”
Una profesora, y ex-marine, Louanne Johnson acepta un empleo a tiempo completo en un instituto de Los Ángeles para impartir literatura a una clase de estudiantes con talento pero con problemas sociales. Rápidamente se da cuenta de la necesidad de captar su atención para poder ayudarles o renunciar a un trabajo que le interesa. En lugar de ganarse su confianza con la disciplina, aprendida en el ejército, opta por sembrar el afecto profundizando en sus vidas.
Aunque el guionista utiliza algún tópico en este tipo de cine, la película nos muestra una propuesta arriesgada y valiente, consistente en lograr el respeto a partir del compromiso personal y el afecto hacia los jóvenes, tema que ya hemos desarrollado en este blog. También nos recuerda que la paciencia es una premisa inludible para lograr los objetivos y que si estos son ambiciosos al final lograremos alguna de las metas.
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Capítulo 6
16. Septiembre 2008 por Antonio Javier Roldán.
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¡Soy un monstruo! |
Comentaba en el Capítulo 3 (”El despertar”) la ansiedad que percibe el adolescente cuando se descubre dentro de un cuerpo que no es el suyo. La preocupación que siente le hace preguntarse si lo que le está sucediendo es normal, por lo que comienza a observar a los compañeros para establecer comparaciones en las que a menudo puede salir perdiendo. Esa misma actitud de análisis le invita a suponer que el resto de adolescentes también deben estar juzgándole a él, por lo que su zozobra puede ir en aumento. También escribí en el Capítulo 3 la importancia de ser previsores y de informar al joven, con la suficiente antelación, de los cambios que se producirán al llegar el tránsito a la madurez física, tema al cual dedicaré esta aportación.
En el chico la pubertad puede empezar entre los 11 y 12 años con la aparición del vello púbico y se suele prolongar entre cinco y seis años, prácticamente toda la adolescencia. Dos años después del inicio de la pubertad llega la primera polución. Si lo comparamos con las chicas, el ritmo de cambio es más lento y progresivo, lo cual le puede ayudar a asumirlo e incluso sentirse más viril de cara a los demás, otorgándole mayor seguridad. Los síntomas físicos más evidentes son la aparición del vello en pubis y axilas, el cambio de voz, la barba, las mencionadas poluciones, más musculatura y aumento del ancho de los hombros.
La aparición de la pubertad en las chicas puede ser más precoz, entre los 9 y los 13 años, un amplio intervalo que causa crecimiento muy desigual dentro del entorno social de la pandilla o de la clase. El primer síntoma es el inicio de la formación de los senos, lo que se llama el botón mamario. Dos años después la regla hace su entrada por la puerta grande anunciando a bombo y platillo que la portadora de la misma es oficialmente una mujer, lo cual implica culturalmente tantas cosas que compararlo con la primera polución en el chico sería absurdo. La pubertad en la chica se prolonga durante cuatro o cinco años. Los adultos solemos decir que las chicas maduran antes que los chicos, pero también es verdad que su cuerpo determina ese adelantamiento. Los síntomas en ellas son el vello en pubis y axilas, el crecimiento de los senos, el aumento de las curvas y el ensanchamiento de las caderas.
Si le preguntáramos a un adolescente como le gustaría que se sucedieran estos cambios no dudaría en afirmar que todos a las vez, porque habitualmente estos se producen de forma poco armónica, dando una impresión de desgarbamiento inicial o de falta de armonía, lo cual le hace preguntarse ante el espejo si está mutando en un monstruo. Es por eso que estos años la aceptación de los cambios por parte de la familia puede ser de vital importancia, por lo que debemos estar pendientes de él pero sin cometer el error de hacer nuestra su propia ansiedad. Por ejemplo: “¡Hija! Te estás poniendo hecha una foca”, “¡Cariño! No te toques esos granos que pareces una paella”, “Si no te depilas vas a parecer una mona“.
Evidentemente nuestra experiencia como personas que todavía recuerdan su pubertad nos hace desenvainar el machete para abrir camino en la selva y despejársela de problemas a los hijos o alumnos, como si ellos no se hubieran dado cuenta del ensanchamiento de las caderas, la irrupción del acné o del vello en las piernas. Claro que lo saben. ¿No se miran al espejo cada día? Sólo les falta ya que nosotros les señalemos el defecto para hacerles pensar si es tan evidente ese síntoma que tanto les inquieta. Es mejor esperar a que ellos den el primer paso: “Mamá, ¿me dejarías la depilady?“. Entonces es el momento en el que la madre puede ofrecerle su experiencia en maquinillas, ceras y demás instrumentos de tortura, exponiendo sus pros y sus contras, y de paso, ¿por qué no?, recordarle a su hija lo bonito que tiene el pelo, la profundidad de sus ojos o la armonía con la que se están formando sus piernas.

Tan importante es que el cuerpo crezca adecuadamente como el que lo haga la autoestima y la confianza en uno mismo. Los adultos que servimos de referencia en los entornos del adolescente podemos mostrar la otra cara del espejo cuando la que ellos ven está distorsionada por el juicio que se hacen a sí mismos. Y si ellos nos dicen que nosotros somos afortunados con nuestro cuerpo, recordarles que también sobrevivimos a la pubertad y que la historia finalmente acaba bien.
Antonio Javier Roldán
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Colaboraciones |
Las creencias dañinas (III): El mundo es un lugar horrible
Las personas tenemos la creencia básica de que los acontecimientos en nuestro mundo son comprensibles y que tienen un cierto control y orden. Tendemos a creer que estamos protegidas contra las experiencias negativas por ser intrínsecamente “buenas” y que el mundo tiene sentido y significado. También tendemos a pensar que recibimos lo que merecemos y que nos merecemos lo que tenemos. En definitiva que el mundo es justo y protector. Pero la vivencia de acontecimientos indeseables puede hacer que algunas personas empiecen a sentir que son vulnerables y que están desprotegidas, y que el mundo realmente es un lugar horrible: Impredecible, incontrolable, malévolo, injusto y lleno de peligros y amenazas. Cuando esto ocurre, creen que tienen que controlar esos peligros y amenazas, bien eliminando o reduciendo la probabilidad de que ocurran, bien minimizando las implicaciones o consecuencias negativas de los mismos.
La persona que tiene esta creencia dañina:
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Sobrestima la probabilidad de ocurrencia de sucesos potencialmente peligrosos y amenazantes.
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Mantiene sus mecanismos de alerta y estrés permanentemente activados, por eso presenta con alta frecuencia trastornos psicofisiológicos (hipertensión arterial, gastritis, migrañas, infecciones recurrentes…) y graves trastornos de ansiedad.
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Tiene “miedo al medio”, esto es, a todo cuanto le rodea.
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Tiende a “horribilizar”: Convierte situaciones molestas, difíciles y desagradables en situaciones terribles e intolerables, y circunstancias ambiguas en necesariamente catastróficas.
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Tiene un estilo de pensamiento rumiativo: Le da constantemente vueltas a las cosas.
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Muestra una actitud negativa y pesimista de la vida.
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Es indecisa, no tanto por falta de información y alternativas, como por miedo a que pueda resultar peligroso o amenazante.
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Se resiste a los cambios por la misma razón.
Por eso, algunos de los comportamientos más frecuentes ante esos “peligros” son: Anticiparse a los acontecimientos y pensar que va a ocurrir lo peor, reflexionar continuamente sobre los desastres que pueden tener lugar en el futuro, tener alternativas previstas para cada posible situación peligrosa analizada, pensar mucho para encontrar la solución perfecta para cada problema que está por venir, planificar minuciosamente cada pequeño detalle del futuro, analizar pormenorizadamente cada situación que se le puede presentar -por si acaso-, estar siempre listo para actuar, buscar información constantemente que le pueda ayudar en caso de amenaza, vigilar permanentemente su entorno, intentar que en su vida no se produzcan cambios imprevistos e inesperados, evitar o huir de determinadas situaciones amenazantes, intentar estar siempre con alguien que le pueden ayudar en caso de necesidad y, por supuesto, advertir de las amenazas a los demás.
Pero ocurre que todos los esfuerzos previsores pueden resultar inútiles. En la vida existen muchas circunstancias imprevisibles e incontrolables. Además, nuestras preocupaciones pueden dificultar la detección de los peligros y las amenazas y reducen nuestra capacidad real para afrontar eficazmente un verdadero peligro. En muchas ocasiones preocuparse hace que la resolución de la situación sea más difícil.
No existen las soluciones perfectas. Existe la solución más adecuada para un problema en un momento concreto. A veces tendremos que elegir la alternativa menos mala.
Tampoco preocuparse por los demás cambia ni mejora nada. No sirve para proteger ni para evitar que otras personas sufran. Es mucho mejor ocuparse de ellas.
La experiencia demuestra que anticipar sucesos negativos es una profecía que llega a cumplirse y que la inquietud no posee capacidad mágica alguna para hacer desaparecer los peligros. Por otra parte, la huida resulta, en la mayoría de las ocasiones, imposible. Por más que intentemos huir de los acontecimientos que nos dan miedo no podemos escapar del dolor.
No existe mayor riesgo en la vida que no arriesgar nunca nada.
Trinidad Nieves Soria López (Psicóloga Clinica)
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Victorio & Lucchino
Biografía: Wikipedia
1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
José Víctor (Victorio): Fui un niño muy precoz y a los 7 años ya me sentía como un jovencito. José Luís (Lucchino): a los 12 años..
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
J.V.: Al ser tan creativo tenía mi propio mundo, que se parece más al actual que al de entonces. J.L.: Muy reprimida y antigua , no entendía muchas cosas.
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
J.V.: En diseñar y hacer cosas creativas, utilizando la imaginación. J.L.: En crear cosas..
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
J.V.: Muy difícil al ser tan adelantado a los tiempos. J.L.: Fluida, me encantaba hablar con personas mayores..
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
J.V.: Muchísimo. además he tenido una madre que siempre se preocupó de ello. J.L.: Lo justo..
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
J.V.: Avanzada a mis tiempos. J.L.: Rompedora..
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
J.V.: Ninguna, todo lo descubrí por mi mismo. J.L.: Entonces eso sólo se aprendía con los amigos, en el entorno social no había información.
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
J.V.:The Rolling Stones y The Beatles. J.L.: Pink Floyd y The Bee Gees. ¿Los sigue escuchando? J.V.: De vez en cuando y me da nostalgia. J.L.: no.
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
J.V.: Muchas veces. J.L.: Muchas veces, aún me la hago.
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
J.V.: Me han servido de base los valores que he recibido de mis padres y me siguen sirviendo. J.L.: El ser humano es una evolución continua y los calores cambian, pero unos buenos principios son inherentes a la persona siempre..
¡Muchas gracias, José Víctor y José Luís!
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DVD: El Club de los Poetas Muertos
A una escuela conservadora llega un profesor de literatura que invita a sus alumnos a buscar juntos su lugar en la sociedad, a pensar por sí mismos y a gozar del momento. La poesía puede ser una vía para el autoconocimiento del adolescente en esa etapa en la que, como veremos a lo largo del blog, resulta complicado reconocer los sentimientos. También es un canto a la lealtad y la contabilidad de la vida, donde muchas veces es necesario perder algo para ganar.
Índice
- Menús interactivos
- Acceso directo a escenas
- Album
- Tomas iniciales
- Homenaje a Alan Splet
- Clase magistral de John Sale
- Trailer de cine
- Comentarios en audio
Esperamos tus sugerencias.
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