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- 18. Diciembre 2011: Cuento de Navidad
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- 7. Noviembre 2011: El valor de los profesores
- 25. Octubre 2011: La fiesta del semáforo (2ª parte)
- 20. Octubre 2011: La fiesta del semáforo (1ª parte)
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Cuento de Navidad
18. Diciembre 2011 por Antonio Javier Roldán.
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Cuento de Navidad |
Su taxi era el único de la parada y Pedro no tenía mucha confianza en que un día de Navidad, a las 9 de la mañana, alguien solicitara su servicio. Había sorteado en la emisora los días calientes de las fiestas y le había tocado el más parado. Al menos no tendría que aguantar a los colgados de año nuevo. Observó a la brigada de limpieza amontonando los cartones en un camión que recorría la calle desierta. Siempre pringamos los mismos, pensó. Espero unos minutos más y si no me voy al Aeropuerto a echarme unas risas con los colegas. Fue entonces cuando ella golpeó el cristal. -¿Estás libre, tío? Mal empezamos, una cosa es que uno esté de servicio y otra que le traten como a una zapatilla. -No soy tu tío, niña. ¿No ves el cartel de “libre”? Lo de niña no era un menosprecio. Aquella mocosa apenas llegaba a los catorce años. -¡Ah! Vale. Pues me meto. Y se metió.
-¿A dónde?
- Traigo una lista -le acercó un móvil en el que se veía un plano de Madrid cubierto de banderitas.
-¡Coño! ¿No pensarás que esto es un bus turístico? ¿Tienes dinero para pagarme semejante carrera?
-Mi abuela me ha dado 100 euros por Papá Noel.
-No sé niña, con eso podrías hacer muchas cosas en lugar de viajar en taxi. Te comprar un bonobús y haces lo mismo.
-No crea, me sale rentable porque así termino antes. Primero vamos a pasar por casa de Miguel, que es el tipo que ahora le canta a mi vieja, que supongo que estará allí mojando los churros en el chocolate. Él me ha prometido el iPod y ella no sé qué de unos pendientes de Horteralandia que luego me choriceará. Después nos vamos a los barrios bajos a buscar al Javi, el ex de mi madre, que para competir con Miguel no escatimará esfuerzos. Creo que me usa para recordarle a mi madre que aún existe y que todavía sabe aporrear la guitarra con el truño de “La chica de ayer”. Una vez cumplimentado Javi, buscaremos a mi tío José, hermano de mi padre, pero que a veces se siente en la obligación de actuar como tal, porque él siempre dice que alguien tiene que ejercer de figura masculina de autoridad o no sé que memez, y que cada vez que me ve no para de darme la brasa con el temita de las notas y el botellón. ¡Será falso! No sabe ni hacer la o con un canuto y se pega cada lingotazo cuando juega el Madrid que el aroma inunda toda la casa. Además, para colmo soy del Atleti. Después buscaremos a mi padre, que me ha colocado en Nochebuena con mi abuela, sin que lo sepa el juez, claro, para tener vía libre y tirarse a la Natalia, esa guarra a la que duplica la edad y que se empeña en decirme que seremos buenas amigas. Puede estar en la banderita de arriba -señaló la pantalla del móvil- o en la de ese hotel. La chica tiene gustos refinados, y me ha prometido una cazadora de cuero rojo putón muy aparente. Él me dará una tarjeta regalo para que me lo gaste en lo que quiera. También habrá que darle un beso a mi madrina, una tía abuela que me preguntará si tengo novio y si voy a misa. Lo del novio prefiero no contárselo, porque podría entrar en coma diabético, y lo de la misa se me ve en la cara, así que supongo que se interesa por cumplir, ya que aquello de haberme sumergido en la pila bautismal te crea obligaciones y tal. Dejo para el final la visita a mi hermano Carlos. Creo andará durmiendo la mona en el piso que comparte con Pilar, Andrés y Sonia. Lo que no sé es la habitación, porque ya le he pillado con los tres. Me lo jugaré a cara y cruz. De él no espero regalo, pero me lo llevaré a que coma algo decente con la pasta de la abuela, porque estamos a final de mes y ya estará a base de sopa y chóped. ¡Ah! Espero que me quede algo para tu propina, por supuesto.
-Entiendo…
-Pues quemando rueda, que por la tarde he quedado con los colegas.
-Puedes llamarme tío Pedro.
-Pues date por visitado, macho.

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La fiesta del semáforo (2ª parte)
25. Octubre 2011 por Antonio Javier Roldán.
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La fiesta del semáforo (2ª parte) |
Como ya adelanté en mi anterior reflexión, resulta muy cómodo culpar a los adolescentes por esa carrera en la que queman etapas a ritmo de semáforo quemando ruedas, cuando hemos sido los adultos los que hemos permitido esta sociedad del “todo vale”, sin pararnos a pensar sobre la educación afectiva y sexual que estamos inculcando a los más jóvenes, de forma explícita o implícita mediante la publicidad, la cultura del ocio y los medios de comunicación. El otro día, por ejemplo, buscaba con mi tutoría nombres de personas famosas que destacasen también por sus valores humanos y, curiosamente, entre los hombres sonaron más los deportistas (fuerza, competición, músculo, triunfo…) y entre las mujeres actrices y cantantes (belleza, atracción…). Ahí tenemos una primera pista. No hemos avanzado tanto como creemos y todavía hoy encontramos chicas que se valoran a sí mismas en función de la atracción provocada en sus compañeros, por lo que es frecuente que algunas de ellas empiecen a temprana edad a maquillarse y vestirse como sus hermanas mayores. Hoy, más que nunca, se fomentan la perfección del cuerpo y unos cánones de belleza imposibles, que incluso pueden derivar en trastornos de la alimentación.
Los adultos de referencia también usamos el semáforo cuando tratamos el tema de la afectividad y sexualidad, especialmente desde la familia, porque el vínculo es mucho más profundo que con los profesores. Por colores, se podrían identificar tres tipos de actitudes:
Color rojo:
- La sexualidad se afronta como un problema, considerándose algo prohibido y negativo, causando que algunos jóvenes se enfrenten a los cambios de su cuerpo en la pubertad de forma conflictiva.
- Se niega el placer, colocándolo en un segundo plano, como una consecuencia de la sexualidad, no como un fin. Como me explicó un día un sacerdote católico, en un curso para profesores, “Dios nos ha hecho seres capaces de sentir placer. Sin embargo, admitimos con naturalidad ese placer al contemplar una puesta de sol (vista), una sinfonía de Beethoven música (oído), el estallido de la primavera (olfato), el sabor de una manzana (gusto) o la suavidad de un tejido (tacto), pero nos parece negativo armonizarlos todos en las relaciones sexuales“.
- Los genitales pasan a ser una parte vergonzosa, que no debe ser expuesta salvo en tratados de medicina. Recuerdo que mi compañera de vida me contó alguna vez que en su colegio les obligaban a pegar las hojas de los temas de reproducción en los libros de ciencias .
- Se argumenta con leyendas e información sesgada, que refuerce el rechazo o el miedo por parte del adolescente.
Color verde:
- Tu cuerpo es tuyo y puedes hacer con él lo que quieras, y cuando quieras, siempre y cuando exista mutuo acuerdo.
- No existe un proceso ni se armoniza la relación sexual con un mínimo de proyecto de pareja. Se saltan etapas muy deprisa y suele caerse en la rutina y el hastío.
- “Mi hijo ya es mayor. Le daré un preservativo y un libro para que esté informado“. Si es niña, “ten cuidado y no te quedes embarazada, que existe la píldora del día después“. Esto es equivalente a entregarle las llaves del coche y un manual de autoescuela para que se lo estudie en los ratos libres.
- Vive lo que yo no pude vivir. ¡Qué suerte, con tanta libertad que hay ahora! Si algún día quieres traerte a casa a la periquita, no hay problema (si es hija en vez de hijo, cambia el discurso, por supuesto).
- “Mi hijo ya es mayor. Le daré un preservativo y un libro para que esté informado“. Si es niña, “ten cuidado y no te quedes embarazada, que existe la píldora del día después“. Esto es equivalente a entregarle las llaves del coche y un manual de autoescuela para que se lo estudie en los ratos libres.
Color amarillo:
- La sexualidad es identidad, reproducción, placer, amor, unión, relación, ternura… Se vive toda la vida, desde la infancia hasta la vejez, cada etapa de forma coherente al crecimiento del cuerpo y a la madurez personal o de la pareja.
- Los adultos les enseñamos a descubrir la libertad emocional, a trabajar la autoestima, a ser sensibles, a saber escuchar y a respetarse a uno mismo y a los demás. Por supuesto, también informamos de los aspectos fisiológicos.
- Les demostraremos que con una caricia se puede consolar, que un abrazo no es “para nenas” o que un beso puede decir más cosas que una decena de SMS.
- Y, por supuesto, les recordaremos que el órgano más determinante en nuestra sexualidad es el propio cerebro. Ahí pondrán cara de sorpresa y se mirarán por debajo del ombligo decepcionados, porque todavía confunden sexualidad con genitalidad. Tiempo, al tiempo.
Durante más de diez años he trabajado este tema en mi tutoría de 2º de ESO y debo reconocer que la inmensa mayoría de las familias de mis alumnos me animaron a seguir la luz amarilla. De trescientas familias consultadas en este tiempo, no habré tenido más de dos o tres bombillas no amarillas, lo cual es un esperanzador síntoma para el futuro. Ojalá algún día podamos retirar todos los semáforos y cruzar con tranquilidad el paso de peatones.
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La fiesta del semáforo (1ª parte)
20. Octubre 2011 por Antonio Javier Roldán.
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La fiesta del semáforo (1ª parte) |
Si es que tenía que pasar… Tanto usar los emoticonos en internet que había que exportar la idea a la vida real. Que si “toy triste”, que si “toy felí”, que si “toy alucinao”, “que si no toy”, etc. Francamente me esperaba otra cosa, algo más fashion como llevar un móvil colgado del cuello mostrando en la pantalla una carita amarilla, que gesticulara según los parámetros enviados por el cuerpo. Pues no, ¡vaya decepción! Cuales visionarios del futuro, los empresarios de las discotecas light han logrado algo muy simple, barato y sin recurrir a su departamento I+D situado tras la barra del bar.
Pero antes, por si acaso alguien anda despistado, debo aclarar que una discoteca light es una “sesión infantil” para adolescentes entre los 14 y los 17 años, en la que la única diferencia con la hora de los mayores es que no hay alcohol. ¿Sólo eso?, pensará algún incauto. Pues sí, sólo eso, porque las niñas van vestidas como mujeres -fatales-; existen gogos menores de edad que bailan por 100 euros; algunos niños reparten flyers -propaganda- por los colegios a cambio de una gratificación o privilegios; se puede gozar con fiestas tan sugerentes como la de la espuma; disponen de asientos vips e incluso palcos para poner a fulanita a caer de un burro, eso sí, suave y peludo como si fuera de algodón. Al menos son buenas para la crisis, porque no hay que menospreciar la caja que hacen las tiendas y supermercados cercanos cuando entra el amigo mayor, asume su papel de barman, y reparte las botellitas a la salida a sus “niños”. Claro, es que con el tumulto de la entrada los pobres gorilas no van a empezar a manosear menores para buscar alcohol, no vaya a ser que los denuncien por tocamientos simiescos, que todo tiene un límite.
Una vez situados en el contexto de la historia, voy a explicar cuál ha sido el nuevo invento. Se llama la fiesta del semáforo. La dinámica es muy sencilla. Compras la entrada, con tu DNI auténtico o el de tu hermana -todo queda en familia, nena-, y con ella te dan derecho a un par de consumiciones -ojo a los suplementos- y a una pegatina, que puede ser de tres colores: rojo, amarillo o verde. Si entras con el rojo, mal rollito, indica que tienes novio/a, así que si quieres darte un muerdo con tu cariñito/a, genial; pero si no está en la fiesta ya puedes prepararte para sujetar velas o dedicarte a cantar eso de “Amo a Laura, pero esperaré hasta el matrimonio…”. Si vas de amarillo, reparte números para aguantar a todos los/as plastas de la sala, porque eso indica que estás indeciso/a y que con un poco de labia seguro que te convencen para tener algún encuentro en la primera fase. Luego se pide la dirección del Tuenti y se sigue jugando a los semaforitos hasta que te pille la Guardia Civil por saltarte un rojo y te quedes un mes sin disfrazarte de hombre/mujer.

Ahora vamos a por el verde… Un momento, que me ponga cómodo… Ya.
Pegatina verde. Esto indica que no le haces asco a nada, así que esto parece la salida del Gran Premio de Montecarlo. Calles estrechas, mucha competencia y el que se ponga el primero sube al pódium. La tarde es larga, y siempre hay alguna descalificación, por lo que otros coches van subiendo posiciones. De vez en cuando surge el hastío pero, tranqui tronco/a, que el director de la carrera manda al coche escoba y le dice al DJ que recuerde a los participantes lo de las pegatinas. Termina la carrera… ¡Reparto de premios! De camino a casa unos miran el reloj inquietos y otros el chupetón ámbar o verde(s). Mientras los aburridos rojos chatean, vía Blackberry, con la pareja que está castigada en casa: ¡oye! Que me he puesto la pegatina roja por ti, para que veas que no te olvido, ¿vale?. ¿De verdad? ¡Qué romántico! Eso es que me quieres. ¿Perdona? No te rayes, que sólo somos “follamigos”. ¡Ah! Perdón.
Y en esa estamos. La sexualidad y la afectividad usadas como un artículo de consumo más, y con el aliciente del 3D, no como esas web de internet que se visitan cuando tus padres te dejan sólo ante el peligro, donde tienes una carta de platos de lo más apetitosa y en autoservicio, para que te pongas lo que quieras hasta saciarte.

Intento recordar la primera vez que fui a una discoteca y puedo prometer, y prometo, que fue con al menos 17 años, y mi ilusión era bailar o, al menos, moverme de forma sincopada sin pisar a nadie. Así que ahora miro a mis alumnos y siento tristeza, porque están corriendo demasiado a su edad y no parece que quieran dejar nada para más adelante.
Nuestros adolescentes han nacido en la época de la burbuja económica y desde pequeños han sido tan consumidores como nosotros. Decenas de juguetes, ordenador, buena ropa, viajes… ¿Para qué estudiar, si ya lo tengo todo? ¿Por qué esperar a ser mayor de edad, si puedo disfrutar de mi cuerpo ahora?
Mucho me temo que la culpa es nuestra. En algo hemos fallado. Quizás hemos tenido miedo de poner límites a una generación nacida en plena madurez de nuestra democracia. No queríamos ser tiranos ni parecer carcas, así que ¿por qué no permitir que nuestros adolescentes quemen etapas antes de tiempo? Hemos dejado en sus manos un coche de gama alta y ahora pretendemos que a su edad no tengan accidentes. Así que ahora toca curar las heridas, explicarles lo de la abejita y la flor y, por supuesto, quitarles las llaves del bólido. Pero eso lo dejo para el próximo episodio, ya que, como hay que decirle a nuestros “pavitos”, hay que aprender a esperar.
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Capítulo 44
5. Junio 2009 por Antonio Javier Roldán.
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El último juguete |
Con la llegada de la primavera una amenaza se cierne sobre todos los hogares. ¿El impuesto de Hacienda? ¿La revisión de la hipoteca? ¿Los programas de televisión de zapping? ¡No! Algo mucho peor, una pesadilla inevitable y necesaria: El cambio de la ropa de invierno a verano. Por todas las habitaciones las pilas de ropa forman columnas inestables de prendas dispuestas a ser clasificadas, planchadas o lavadas. Los habitantes de la casa se deslizan entre abrigos y bañadores -que se observan con curiosidad- procurando no desfallecer ante tan ardua tarea. Mientras, los más pequeños realizan cacerías de polillas oportunistas que aprovechan el descontrol y la ventilación para okupar -sí, con “k”- algún bolsillito con buenas vistas y calefacción central para depositar a la prole. ¿Cómo será una polilla adolescente?
En casa se Amelia la operación está llegando a su fin. Ahora le toca a su hijo Alberto poner algo de su parte: ¡Hijo! Ahora que estoy cambiando los armarios, ¿por qué no haces limpieza de trastos? Alberto levanta una ceja -está con la videoconsola- a modo de asentimiento, lo cual traducido al castellano significa que “te he escuchado, coloco tu sugerencia en la lista de asuntos a estudiar y en breve -tras la partida- me reuniré conmigo mismo para concretar una respuesta que no me involucre demasiado, pero que a la vez zanje el tema para que no me des la paliza“. Pasados tres días Alberto entra en la cocina a buscar una bolsa de basura para tirar algunas cosas. Tras un estruendo y una avalancha de pantalones -que estaban recién planchados-, nuestro aventurero regresa con una bolsa repleta de residuos. ¡Gracias hijo!
Amelia abre la bolsa con cierta prevención, porque en su interior habita un calcetín acartonado que debió caer por detrás del armario después de un partido de baloncesto. Por los efluvios que emana, posiblemente el susodicho ha actuado de repelente de polillas durante los últimos días… Entre una colección de extraños objetos, entre los que hay desde un libro de matemáticas repleto de graffitis hasta un móvil desechado, llama la atención un muñequito de Spiderman. El muñequito en sí no es gran cosa, pero resulta que hasta un par de años antes era la posesión más preciada de Alberto. No era un juguete más, era “el juguete”, aquel que rescataría en un incendio a costa de su propio pellejo. Amelia está perpleja. ¡Alberto, hijo! ¿Vas a tirar también a tu hombre araña? Alberto levanta su comunicativa ceja y mira a su madre con curiosidad. Pero mamá, si eso es de críos, por favor, ¡qué cosas tienes! Amelia nota una caricia helada en el ánimo. No puede ser… Casi podría asegurar que aquel trozo de plástico había absorbido parte del alma de su hijo. Dejarlo en la basura es como reciclar un pedacito de la felicidad que se ha vivido en la que ahora es la leonera de la casa. Así que le pasa un paño y lo guarda en un cajón para llevarlo al trastero cuando acabe la limpieza. Quince años después su hijo le colmará de besos cuando descubra a su arácnido amigo mientras ayuda a su padre a pintar el trastero, pero eso Alberto ni se lo imagina hoy en día.

Ha llegado el momento de afrontar que Alberto está renunciando a la infancia. Le toca y es necesario. Es un momento especialmente duro para la familia, porque ahora deben darle autonomía para que sepa explorar el mundo de los adultos, provocando un cambio en el papel de los padres que no siempre es sencillo de asumir. En la infancia el niño depende por completo de sus padres, que procuran protegerle de cualquier peligro, anticipándose a cualquier eventualidad y afrontando por él cualquier problema. Pero al llegar a la adolescencia, los padres deben guardar, junto al Spiderman, esa red de protección que habían tejido, para que su hijo no resultara herido por las caídas que produce la vida, para sustituirla por una preciosa parcela en la sociedad adulta donde el recién llegado tendrá que ejercer -y aprender- a ser autónomo. Esa parcela, más o menos amplia, estará rodeada por una valla conformada por los límites que sus padres le van a marcar. Serán menos límites que en la infancia, pero más claros e infranqueables que los de antes. Los padres controlarán la evolución de su cachorrito por la parcela con unos prismáticos hechos de confianza, diálogo y valores. Durante la vida en la parcela, los padres verán como su hijo tropieza y se cae, y más de una vez tendrán que saltar la cerca para echarle una mano y regresar al puesto de vigía, por aquello de no agobiar y dejarle crecer. Si el adolescente respeta los límites y va evolucionando como persona, los padres ampliarán el terreno en el que se mueve a base de quitar algunos de los límites; pero si este no afronta su libertad con responsabilidad y muestra síntomas de una “agorafóbica falta de autonomía”, no quedará más remedio que estrechar los márgenes de movimiento.
Se trata de una etapa especialmente crítica para la familia. Su hijo ya no les necesita como antes -eso piensa él hasta que tiene un problema- y los padres van a recibir muy pocas alegrías, siendo muchos los días que aguarden, con el corazón en un puño, la llegada de su hijo a casa -discotecas, notas, problemas amorosos, alcohol, crisis, etc.
Si en el terreno de su autonomía reina una excesiva libertad, el adolescente se sentirá indefenso, como un náufrago en un inmenso mar en que se ahogará si no tendemos un chaleco salvavidas. Sin embargo, con límites, aprenderá a moverse de forma segura en las coordenadas que se le ha marcado.

¿Cómo confeccionamos los límites? Pienso que la propia seguridad física y psicológica del adolescente es la que nos debería dictar las normas que necesita:
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“Mamá, me voy a teñir el pelo de verde fosforito”. Cuando los compañeros se rían de él o tenga problemas para entrar en una discoteca, será el mismo el que descubra que se ha equivocado. ¿Para qué decírselo? Que lo descubra él…
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“Papi, me voy a una fiesta de Nochevieja en un local del barrio”. Aquí la mezcla de alcohol, noche, coches, local desconocido, implica una situación de riesgo que debe ser valorada y analizada. Posiblemente requiera iniciar un diálogo sobre lo peligroso de la situación y, si hiciera falta, llegar a la prohibición. Entre el presumible enfado en casa y las posibles consecuencias de la fiesta, la elección parece estar clara.
Durante la adolescencia es especialmente importante la coherencia entre nuestras palabras y acciones. Si el joven comete errores, estos no pueden traducirse en una pérdida de cariño, sino de privilegios. Al igual que en el tema de las amistades y las malas influencias, debemos centrar la crítica en las conductas, no en las personas. También es importante que comprenda que los adultos nos hemos equivocado con su edad y, lo que es más importante, aún lo seguimos haciendo. Nuestra vida es consecuencia de nuestros aciertos, pero también de los errores que nos hacen mejorar.
Así que en esta nueva etapa de cambios, los padres sufren su propia adolescencia porque también ellos necesitan adaptarse a una situación en la que su vigilancia en la sombra será larga, pero soñando con muchas futuras alegrías. El día que Alberto descubra a Spiderman en el trastero, recordará con sus padres los felices instantes de la infancia y la paciencia que sus padres tuvieron en la adolescencia, cuando conformaron una parcelita en la que él aprendió a lo que significa la libertad responsable.
Seguro que el día del reencuentro con Spiderman tendrá muchas cosas que contarle a su último juguete.
(Hace años escribí un relato sobre este tema. Está disponible en descarga gratuita: “Una nariz en mi oreja”)
Antonio Javier Roldán
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Colaboraciones |
Celebración de la primavera
Querida vida:
Desde que era un diminuto brote, me has visto crecer buscando la luz en esta naturaleza, tan bella a la vista pero tan dura cuando buscas tu hueco en ella. Son tantas las preguntas que me hago, que desearía envejecer de repente para descubrir tu secreto, y luego volver a mi juventud sin la incertidumbre del mañana. Dicen las flores de pétalos quebradizos que tu misterio es conocerte día a día, pero siento mucho respeto a tu transcurrir. Algunos días muestro la corola con tanta ilusión que, por unos instantes, me siento la reina de las flores, pero son frecuentes las mañanas que las gotas de rocío me recorren como si fueran las lágrimas de mi corazón.
Es curioso… Cuando apenas brotaba del suelo, sólo sabía llorar por las tristezas, pero ahora mis sentimientos de emoción y alegría también me solidarizan con las gotas de la mañana. ¿Serán mis colores bonitos? ¿Estará mi tallo creciendo fuerte? ¿Podrán los vientos vencer mi ánimo? A veces me siento tan insegura… Miro al sol, pero también quisiera ser un giraluna. Dicen mis mayores que hay que recibir el calor, buscar mi sustento y fortalecer mis tejidos, pero también tengo derecho a soñar y admirar la noche, la cuna donde se mecen mis ilusiones.
Ojala, querida vida, no existan manos que quieran contarme o arrancarme del suelo. Todas bebemos de la misma tierra y todas tenemos derecho a conocerte. ¿Me oyes, vida? Quiero devorarte, quiero disfrutarte en plenitud, hacer de cada uno de mis actos una ofrenda a ti y envejecer sin que nadie pueda decirme que no he vivido. No dejes que mi existencia sea baldía, que mi guía sea el amor y la búsqueda de la verdadera belleza. ¿Verdad que es eso lo que quieres de mí? Puedes secar mis actitudes negativas, eliminar el barro que me quema por dentro, podar mis malos sentimientos y hacer de mí una diminuta fuente más.
Aunque tengo mucho miedo a equivocarme, creo adivinar entre los árboles que nos protegen que quizás vivir consista en repartir algo de vida a todos los que están a mi alrededor. Tan sencillo y tan complicado a la vez. ¿Cómo atreverme a saciar la sed a mis compañeras si en los días calurosos soy yo la que querría recorrer el río hasta caer en el mar y fundirme en la inmensidad? A pesar de mis dudas, aquí me tienes, vida, dispuesta a ser parte de ti hasta que mis restos abonen la tierra para ser nutriente de esperanza y futuro.
Me entrego a ti, haciendo de mi pequeña existencia una vocación constante de amor, regando el aire con mi fragancia y vistosidad para que mi presencia sea bendición de todo aquel que te busque entre la oscuridad y el desamparo. Desde hoy, seré todo cuanto que sea capaz de dar a los demás, con el amor por bandera en un mar de sueños.
Firmado: Una flor en primavera.
Antonio Javier Roldán
Puedes enviar tus reflexiones, poesías o artículos sobre la adolescencia para que se publiquen en “La pavoteca” enviando un correo electrónico.
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La Pavoteca examina a… |
Javier Elzo
Biografía: Wikipedia
Artículo: Premio Eusko Ikaskuntxa 2009

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
Muy pronto. Digamos que a los 9 o 10 años. Fui un pre-adolescente precoz.
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
Dura. Nací el 42 y se mascaba la posguerra en el País Vasco. Era muy independiente e, incluso en casa, tenía problemas de acomodo. Soy hermano mayor y mis padres (mi padre sobretodo) querían lo mejor para mí, claro, pero necesité llegar a la edad adulta para comprenderlo.
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
Jugaba mucho al fútbol y, aunque menos, a la pelota. También haciamos guerras los de un barrio de mi pueblo (yo era del barrio de la estación de Beasain) contra los de otro barrio. El pueblo entero era el campo de batalla, con predilección por el huerto del párroco, de cuyos árboles frutales dábamos buena cuenta.
Cuando la “batalla” había terminado ibamos todos, los de los dos barrios “en guerra”, a tomarnos unos vinos con gaseosa.
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
Complicada. Era muy respondón.
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
Era extremadamente delgado. De hecho en mi cuadrilla me llamaban “txipirón” ( o, Txipi, como todavía me llaman) pues era alto y delgado. Las chicas se ponían detrás de la portería (yo jugaba al fútbol de portero) y además de llamarme “txipiron” y “canilla” (por mis piernas) me tiraban piedrecitas. No tenía éxito con las chicas. Lo llevé mal.
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
Tenía baja autoestima de mi imagen, por lo que acabo de relatar. Nunca me ha preocupado la ropa, con tal de que sea cómoda. La ropa esta hecha para el hombre y no el hombre para la ropa.
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
De educación sexual nada de nada. Una vez apareció una francesita en el pueblo y todos fantaseábamos con ella que, displicente, se fué con uno del pueblo de al lado. En mi cuadrilla, algunos, no lo hemos superado.
Entonces no había drogas. Fumábamos cigarrillos y artobisarra (palitos de maiz con los que nos hacíamos cigarrillos infumables). Fumábamos a escondidas, en el monte o en el váter en casa. Cuando escucho en los aviones las mentiras y amenazas que nos cuentan, en este sociedad del control y represión desde el 11 de septiembre de 2001, para no fumar en el vater, me viene sistematicamente a la mente los (escasos) cigarrillos que fumé de crio.
Entonces el alcohol no era droga. En casa me daban Quina San Clemente para ver si engordaba y me robustecía.
Yo pasaba el clarete que mi abuelo compraba en La Rioja a las botellas y a veces, el clarete desviaba su viaje y me fortalecía. Pero en toda mi vida me habré emborrachado menos veces que dedos tiene una mano.
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
Ademas de la música autóctona, muy pronto, por razones que no sé dar, me enganché a lo que se llama musica clásica. Hoy soy adicto a Bach, Beethoven, Bruckner, Mozart, Schubert, Wagner….No podría vivir sin ellos. Habiéndoles ya superado en edad me pregunto si aún tengo derecho a vivir.
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
¡Vaya que sí!. Es que además de respondon, siempre he sido complicado y un pelín vanidoso. ¡Ay!
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
Desde que tengo uso de razón la pregunta religiosa me ha acompañado con fuerza. Nacido en un ambiente muy católico todavía hoy mi pregunta no es tanto si creo o no creo en Dios (a lo que contestaría que sí en una encuesta) sino en qué Dios creo o, mejor, qué pongo detrás de la palabra “Dios” en quien digo creer (o querer creer).
¡Muchas gracias, Javier!
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Materiales recomendados |

Web: Educar Bien
En esta web, del Grupo Editorial V, encontramos diversas secciones de interés con un lenguaje claro y unos contenidos que abarcan desde el inicio de la infancia hasta el final de la adolescencia. Cuenta con foros, consultorio, artículos sobre educación, alimentación, psicología o salud.
En la web disponemos de cuatro blogs de especialistas en los que un psiquiatra, un psicólogo, una pedagoga y un especialista en educación tratan diversos temas. Algunos de los temas tratados están ampliados en la sección de “A fondo”, con una colección de artículos.
Resulta muy curiosa la entrada a recetas para niños, donde se demuestra que la cocina sana y atractiva para los más jóvenes es posible. Habrá que probar la fruta con chocolate que nos sugieren…
La pena es que la web parece paralizada desde hace un año. Aún así los contenidos accesibles a fecha de hoy son muy atractivos.
COMENTARIOS: Cuando pongas un comentario el Blog te pide que sumes dos números para que este sea aceptado y evitar el spam. Por ejemplo: Si pone “Por favor añada 10 y 5″ entonces hay que escribir 15. Si haces mal la suma te suspende en matemáticas.
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Capítulo 38
24. Abril 2009 por Antonio Javier Roldán.
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¿Sabes qué hora es? |
La noche según Matías: Matías todavía recuerda sus juergas allá por los años ochenta. Salía con los colegas a “cazar” a cualquier chica que se les pusiera por delante, montados en sus “Vespinos” -sin llevar casco- y con el puntito cogido. La noche era especial, porque las calles de Madrid hervían de bares de copas y discotecas, y no había ninguna ley contra el botellón o el tabaco. Todavía se pregunta cómo es posible que no tuviera ningún accidente ni se metiera en líos. Por eso sabe de lo que habla…
Cuando su Anita, con los 15 años recién cumplidos, le dijo aquello de que quería ir a la discoteca light -que eso de “light” debe ser porque hace adelgazar a los padres- y se colocó entre él y el partido de la “Liga de Champiñones” que daban por la tele, el reflujo del aperitivo que se estaba tomando pugnó por escapar por cualquiera de sus orificios. Miró fijamente a su niña -porque es su niña, faltaría más- y le dijo aquello de ¿Qué tú quieres ir a donde? Tú no sabes lo peligrosa que es la noche y lo que le puede pasar a una muj… una niña como tú. ¿Estamos? Hay mucha droga suelta y mucho espabilado, que yo sé de qué está hecho el paño. Tú no vas a discotecas hasta que cumplas los 16. En mis tiempos…
La noche según Ana: Desde que era pequeña la noche le ha fascinado porque la asocia a momentos mágicos, como el fin de año, las fiestas del pueblo, las escenas de amor en las películas, los sueños y las hadas flotando en el ambiente… Pero ahora que es mayor sabe que es el momento del día en el que los adultos abandonan las calles y ellos toman el poder. Todo lo interesante en su círculo social transcurre cuando se va el sol. Necesita explorar, probarse a sí misma en ese terreno nocturno, atrayente y peligroso a la vez, en el que fluyen las emociones y la diversión es la única premisa segura.
Sus padres no hacen más que cortarle las alas como si fuera a cometer un disparate. Ni que fuera tonta…
La noche según Carmen: La madre de Carmen esperaba de un momento a otro el tener que afrontar este problema. Anita ya es mayor y ya toca ir soltando cuerda para que disponga de tiempo libre sin ellos. Es duro notar que cada vez su hija es más autónoma y que se está haciendo mayor. Como ella misma, que ya ha superado los cuarenta. El otro día se fijo en Ana cuando regresaba por la calle del colegio y descubrió que aquella persona, que caminaba por la calle ajena a su mirada, era ya toda una mujer y que ya disfrutaba de su pequeño mundo al margen de la familia.
Gran parte de los recuerdos más bellos que atesora Carmen sucedieron por la noche. Aunque comprende esa afición de los jóvenes por la nocturnidad, también le atemoriza la pérdida de horas de sueño, el descenso del rendimiento escolar, las drogas y el alcohol, la visión del sexo de las nuevas generaciones o el poco control en los entornos de las discotecas.

El acuerdo: Matías y Carmen van a llegar a un acuerdo con Ana. Van darle la oportunidad de demostrarles que es capaz de disfrutar de su ocio social con responsabilidad, pero dentro de un terreno acotado en el que pueda moverse con seguridad:
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Sinceridad y comunicación: Debe fluir en los dos sentidos. Si los padres cometen el error de atosigarla con preguntas sobre el dónde, cómo y con quién, es posible que, como buena adolescente, se cierre en banda. Es mejor preguntar primero sobre lo bien que se lo ha pasado y lo que ha disfrutado, luego ya nos meteremos en cuestiones más “logísticas”.
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Normas: Habrá que fijar un horario que no altere su descanso ni el de toda la familia, así como un compromiso de actitud responsable ante las eventualidades que le puedan surgir, porque en los momentos complicados será donde demuestre su madurez y autonomía para moverse en ese entorno social alejado de la familia.
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Pandilla: Si no censuran su pandilla y logran que la información sobre sus amistades pueda circular con normalidad, les será más fácil evaluar el entorno en el que se mueve. En ese sentido tienen que ejercer un control en la sombra, que se note lo justo para que Ana sepa que sus padres están preparados para intervenir si lo necesita -eso tranquiliza en la exploración que ella va a emprender-. Para ello resultaría muy útil que todas las familias de los amigos se conozcan e intercambien información. No hay nada como celebrar una “fiesta del pijama” en casa para poder contactar con otros padres y conocer más de cerca a las personas del entorno de Ana.
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Dar ejemplo: ¿No salen Carmen y Matías por la noche? Pues toca dar ejemplo. “¡Ringggg! ¡Hija, somos nosotros! Que nos hemos entretenido un poco al salir del cine y llegaremos un poco más tarde. Tienes la cena en la nevera“. “¿Sabes Ana? Nos ha gustado mucho la película. Fuimos con Pilar y Pepe al cine Goya y lo pasamos genial. Luego tomamos algo en el Mesón del Queso… Por cierto, es un sitio muy agradable…“
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Ajustar a la edad: No sé debe correr. Entre la salida con la familia al campo y la primera discoteca hay pasos intermedios que cubrir, como ir sola al colegio, visitar a los abuelos en autobús, quedarse a dormir en casa de una amiga, hacer unas compras con pandilla, etc. En cada una de esas mini-pruebas podrá demostrar su capacidad para salir airosa respondiendo a cualquier dificultad. Así Carmen y Matías conocerán más a Ana y sabrán que está preparada para afrontar nuevas situaciones por si misma.
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Saber decir “no”: Habrá circunstancias inadmisibles en las que la propia seguridad de Ana estará en juego. En ese caso tendrán que ser firmes, aunque le expliquen sus motivos, por el deber que tienen como padres de velar por ella.
Y llega el día… Quizás Ana venga tan contenta de su primera discoteca que no repare en la cara de preocupación de sus padres. Matías y Carmen han pasado toda la tarde-noche en silencio, inmersos en sus quehaceres, pero con la mente puesta en Ana. “Ahora estará en el metro“, “Seguro que ya está dentro de la discoteca“, “Por la hora que es debe estar a punto de llamar“… Por fin se escucha un ruido de llaves y un portazo. ¡Buenas noches hija! Así me gusta, puntualita. ¿Te lo has pasado bien? ¡Mucho, mamá! Ya te contaré… ¡Hasta mañana!
Ana dormirá como un tronco, víctima del agotamiento físico y las emociones vividas. Será un sueño profundo y reparador, pero nada comparable con el de Carmen y Matías, que caerán como fardos en la cama, como si una apisonadora les hubiera pasado por encima. ¡Buenas noches, cariño! ¡Qué descanses! ¿Sabes una cosa? No, ¿qué? La semana que viene Ana acaba los exámenes y tiene una fiesta especial. Ya… Bueno, pero quedan todavía siete días. Eso sí… Pues a disfrutar de las noches que faltan. ¡Hasta mañana!
Antonio Javier Roldán
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Jordi Sierra i Fabra
Biografía: Oficial
Web: Oficial

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
En tiempos de Franco, dictadura, viviendo en un hogar ciertamente humilde, con pocos recursos, trabajando desde los 16 años… Yo creo que tarde. Tarde y mal. Más o menos con 14 años empecé a sentirme mejor, pero hasta casi los 17 fui un crío que cambió de golpe con el primer amor.
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
Gris. Blanca, negra y gris. Yo comprendía que sucedía algo, pero no sabía muy bien que. Mi padre hizo la guerra, la perdió, jamás me contó nada. Me pedía que no levantara la cabeza, que obedeciera siempre. Pero no sonsiguió traspasarme su miedo, siempre fui un rebelde, al menos mentalmente. Quería ser escritor, novelista, viajero, romántico, y no me lo pusieron fácil.
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
Primero leer y sólo leer. Después escribir y sólo escribir más seguir leyemdo. Bueno, también jugaba al fútbol.
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
No existía.
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
Siempre tuve complejo de feo, y por ser tartamudo… Eso era bastante fuerte. Superé la tartamudez ya con 18 años, cuando dejó de importarme y aprendí a reírme de mi mismo. Luego llegué a ser locutor de radio con mi propio programa de rock.
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
De lo más normal y vulgar, no tenía dinero para ir a tiendas pijas. Tampoco había culto a la imagen. Vestíamos y ya está. Iba a trabajar (lo hice hasta mi emancipación a los 22 años para dirigir revistas de música) con traje y corbata.
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
¿Qué? ¿Es una broma? La chica que me inició en el sexo fue mi vecina, tres años mayor que yo. Ella me contó hasta de donde salían los niños.
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
Viví en un erial hasta que con 16 años aparecieron los Beatles. “Twist and shout” me cambió la vida. Ahí empezó mi pasión rockera, que aún sigue. Tengo 30.000 discos y claro que sigo escuchando de todo, pasado y presente. El rock es la banda sonora de mi vida.
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
¿Alguna vez? Nadie me comprendió nunca. Mi padre me prohibió escribir (”Te morirás de hambre, eso no da para comer, estudia, estudia”), en la escuela me ponían ceros en lengua por tener fantasía y ser diferente. Y los mayores me pegaban por ser “un tartaja”. Fue “maravilloso”.
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
Sí. Dejé de creer, de ir a misa, de todo. Basé mi vida en la confianza en mi mismo como principio y final.
¡Muchas gracias, Jordi!
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Web: Puleva Salud
En esta web avalada por asociaciones médicas y diversos premios en la que podemos encontrar muchos temas de salud desarrollados por edades. En concreto, en el campo de la adolescencia tenemos nutrición, problemas del acné, acoso escolar, los cambios, psicología, drogas y alcohol, violencia, primeras salidas o rebeldía.
También cuenta con una serie de vídeos sobre el cuerpo humano y tablas de ejercicios físicos para distintas situaciones.
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Capítulo 32
13. Marzo 2009 por Antonio Javier Roldán.
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Las familias helicóptero |
En aquellos tiempos en los que cualquier adulto, por el simple hecho de serlo, representaba una figura de autoridad en la calle, la familia o en el colegio, el maestro era para nosotros una referencia respetada y considerada. Si el maestro te castigaba o llamaba la atención no quedaba otra que asumirlo, estuviese en lo correcto o no. Es más, en casa el apoyo al docente era pleno y absoluto, por lo menos de cara al alumno. Hoy en día el maestro ha pasado de ser una “fuerza viva” de la sociedad, a una figura desprestigiada: “Los profesores tienen muchas vacaciones”, “No saben entender a mi hijo”, “Sus clases no son motivantes”, etc. Si a este fenómeno le unimos la entrada de los centros de enseñanza en los modelos de calidad, importados de otros sectores empresariales, no es raro que algunas familias puedan sentirse clientes de un colegio o instituto.
Dicen que el cliente siempre tiene la razón y que si no recibe los servicios deseados siempre puede pedir el libro de reclamaciones -esto es verídico, lo prometo-. Por eso en Estados Unidos se ha enunciado el modelo de “helicopter parenting” (Padres helicóptero) para aquellos padres que planean sus hijos y que caen en picado cuando detectan el más mínimo problema, convirtiéndolos niños y adolescentes reforzados en sus conductas y protegidos en una burbuja que no existirá cuando salgan sin protección a la selva que les aguarda en la sociedad actual. La Doctora Cary Anderson, doctora en Educación de la Universidad Saint Joseph de Filadelfia, ha clasificado a estos padres en “helicópteros de combate” -reaccionan ante la menor sospecha de ataque a sus hijos-, “helicóptero de tráfico” -pone límites al hijo y le deja que siga su camino mientras cumpla las normas- y el “helicóptero de rescate” -se mantienen distante y sólo actúa en caso de necesidad-.
Los helicópteros de combate rompen el triángulo alumno-familia-profesor, creando situaciones de tensión y fomentando futuros jóvenes consentidos, conscientes de sus derechos y no de sus obligaciones, incapaces de defenderse por sí mismos o de resolver un problema de forma adecuada con inteligencia emocional. Los de rescate parecen que otorgan mucha libertad a sus hijos -”la que no tuvimos nosotros”- y procuran no molestar durante el proceso educativo, acudiendo, prestos y diligentes, al escenario de cualquier eventualidad para luego volver al acuartelamiento hasta la próxima alarma. Estas patrullas podrían parecer muy diligentes, pero se muestran poco eficaces en el día a día y se ven obligados a tomar medidas drásticas dada la gravedad del accidente que deben atender.
Los helicópteros de tráfico tienen una labor poco gratificante. Se pasan el día vigilando en la sombra, allí en el cielo donde nadie los percibe, realizando controles rutinarios, coordinándose con las patrullas de tierra y sufriendo cuando observan una “pirula” desde el aire. Ellos delimitan la velocidad, señalan las curvas peligrosas, realizan hábiles desvíos en caso de obras y observan constantemente que el tráfico discurra con normalidad. Es un trabajo de hormiguita, casi invisible, pero que permite a los vehículos buscar su propia ruta con seguridad, sabiendo que existen unos límites que deben respetar y que en caso de percance siempre llegará el helicóptero para situarse en el arcén y ayudarles con la eventualidad.

Cuando un alumno destaca por su madurez emocional, coherencia, ganas de crecer, esfuerzo y respeto hacia su entorno, miro hacia el cielo y percibo la diminuta sombra del helicóptero de tráfico observándonos en la lejanía, analizando el ir y venir de los coches, recogiendo datos, procesándolos y obrando en consecuencia. Entonces es cuando miro a los ojos a mi alumno y me imagino, con ilusión, como será de mayor. Podrá tener más o menos suerte en la vida, pero estoy seguro de que será una gran persona.
Para entonces el helicóptero de tráfico habrá descendido para descansar y contemplar con orgullo el flamante automóvil que se mueve con soltura por el mundo. De vez en cuando tendrá que retomar su misión para parchear algún desajuste, pero es consciente de que lo de ser padres es para toda la vida. No le dolerá tomar altura de nuevo.
Admiro profundamente a esos padres y a esas madres helicópeto (…de tráfico).
Antonio Javier Roldán
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Colaboraciones |
El marsupilami en su jaula
Para aquellos que nunca hayan leído el cómic de Spirou, les diré que el marsupilami es una extraña especie, encontrada por Spirou y Fantasio en una selva amazónica, llamada marsupilami. En un principio, por cuestiones que no vienen al caso –ver “Spirou y los herederos”-, el marsupilami es transportado a Europa y expuesto en un parque zoológico, pero tiempo después el simpático animalito retorna felizmente a su hábitat para proseguir con su vida en libertad.
¿Qué hubiera pasado si esta curiosa criatura se hubiera quedado en su jaula?
A nivel de nutrición, el animalito viviría rodeado de todo tipo de golosinas sin dar un palo al agua. ¡Jolines! Todo el mundo pendiente de mí, doy cuatro saltitos y me tiran cacahuetes, por no hablar de las cestas de moras de mis cuidadores. Por mi cara bonita tengo todo lo necesario. ¡Esto es vida! El pringao del ciervo está medio aburrido en su chabolo porque no mola tanto. La culpa es suya. Haber nacido tan mono como menda.
Si el pobre bichito se constipara, un gabinete médico le colmaría de atenciones, le sonaría la nariz cada quince minutos y le pondría vacunas hasta para las vacas locas. Se le trasladaría a la jaula de invierno y se colocaría el termostato del aire acondicionado a la temperatura que el ordenador ha recreado en el simulador de Marsupilamis-Life. Por favor, que no sude, que duerma con funda nórdica y que se la administre la leche con Omega-4, vitaminas variadas y un refuerzo de calcio y de hierro colado.
En el caso remoto de que alguien le lanzara un cacahuete y le rozara una oreja, el presunto homicida frustrado, se enfrentaría a cargos muy graves, por haber perpetrado una agresión a una especie en desarrollo, con ánimo de imposibilitar el sentido del oído con consecuencias irreversibles para el animalico en su principal receptor de halagos, provocando un estrés postraumático de grado 7 en la escala ISO-Marsupi-2007 según el certificado de calidad del zoológico que normaliza el uso de mascotas.
Una vez al día, la estrella del parque sería conducida al adiestrador, que con paciencia infinita procuraría adoctrinar a su pupilo en la vida salvaje que le espera fuera de su prisión dorada, porque nunca se sabe lo que puede pasar en el futuro. Si el irresponsable adiestrador osara regañar al marsupilami por lanzarle objetos, llamarle domador de pulgas o por corregir su inapetencia por los conocimientos, posiblemente los dueños del negocio le dirían que no se propase con él, que la culpa es suya por no motivarle. ¡Pero oiga! ¿Cómo es usted tan duro con el pobrecito? ¿No ve que le va a traumatizar? El cliente siempre tiene la razón y si no pide el libro de reclamaciones, así que ojito.
Pero lo que no sabe nuestra feliz criatura es que un día, un camión se colocará frente a su home-sweet-home y de él surgirá una diminuta caja con un nuevo cachorrillo de piel de leopardo y rabo serpenteante. ¡Anda! –pensará en un principio- Me traen a un amiguito. Pasadas las horas, el nuevo inquilino tomará posesión de la jaula y el que hasta ahora era el rey de la casa, sin saber porqué, se verá liberado en la selva. Es que ya te tocaba, chiquitín. No me guardes rencor. Es ley de vida y ya va siendo hora de que te busques las lentejas y te encuentres una hembra como debe ser. La jaula no es eterna. Se acabó el chollo, así, sin anestesia ni nada. Échale un par salvo que seas ovíparo.
De repente el protagonista de la historia descubre con horror que de barrotes para afuera la naturaleza es implacable, que o comes o te comen, que las heridas te las lames y las limpias con un poco de barro, que aquel adiestrador que le complicaba la vida llevaba razón y observa que no existe nadie parecido a él en tu nuevo mundo. No encuentra ningún hueco para refugiarse, el alimento escasea, debe merendarse más de una fruta podrida y la noche es más fría sin el calor de su celda.
Entonces regresará airado a pedir explicaciones a sus cuidadores, rogará al adiestrador que le regale un trocito de alguna de aquellas lecciones que no escuchó y se compadecerá del nuevo cachorrito que ahora ocupa su lugar.
Que no te pase nada, novato
(Dedicado a los admirables y valientes poseedores de un marsupilami, que tienen el coraje de ayudarle a crecer sano y fuerte sin ayuda de jaulas.)
Antonio J. Roldán (Publicado en “La máscara del bufón” en 2008)
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Lorenzo Silva
Biografía: Wikipedia
Web: Oficial

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
Diría que a los 12, en lo que entonces era sexto de EGB. Al menos, ahí me recuerdo con las primeras zozobras que hoy consideraría típicamente “adolescentes”.
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
Estrecha. A los cinco años me había leído las aventuras de Lawrence de Arabia y a los seis “La isla del tesoro”. En comparación, la España de los 70, vivida desde un barrio de la periferia madrileña, no era demasiado apasionante… Es verdad que se estaba aprobando una nueva constitución, que no es un acontecimiento que carezca de relevancia, pero para mí era todo parte del mismo rollo oficial. En el cole me obligaron a hacer un trabajo sobre ella lo mismo que sobre la muerte de Franco o la proclamación del Rey.
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
A los doce, en leer, vagabundear e inventarme historias. Algo veía la tele y algo iba al cine. Con quince años toqué mi primer ordenador, un Apple II en el instituto. Y desde entonces no he dejado de trastear entre ellos, así que algo comparto con los adolescentes de hoy.
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
Buena, con mis padres siempre me he llevado bien, me han respetado y apoyado y no sentí nunca que debieran hacer más de lo que hacían. Yo también procuré cumplir con las que entonces eran mis responsabilidades. Quizá por esa época medí un poco las fuerzas con mi padre. Pero luego firmamos un armisticio. Y hasta hoy.
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
Claro, fue entonces cuando empecé realmente a peinarme, y a fijarme en qué llevaba puesto. Pero vamos, dentro de un orden. Con esta fachada, cualquier obsesión excesiva habría sido vana.
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
Como ahora. No demasiado elegante ni demasiado desastrada. Más bien sobria. Iba de azul, gris y negro, pero no en plan gótico. Siempre he repudiado los excesos. Me gusta ser invisible.
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
Sí, en el cole nos dijeron algo. En fin, una cosa muy naif. Recuerdo que una chica preguntó si con un beso en la boca se podía quedar embarazada. Con 14 años… En fin, qué tiempos.
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
Bastante clásica (Corelli, Pergolesi, Bach, Chaikovski, Mahler), bastante pop sinfónica (Pink Floyd, Supertramp, Electric Light Orchestra), bastante techno (Soft Cell, Yazoo, OMD, Depeche Mode), bastante heavy (Judas Priest, Black Sabbath, Iron Maiden), bastante de cantautores (Serrat, Paco Ibáñez, Silvio Rodríguez) y hasta (de eso estoy menos orgulloso) Mecano. O sea, de todo y por su orden. O desorden. Y sí, sigo así, pero sumando lo nuevo, desde Rammstein y Extremoduro a Albert Pla pasando por Amy Winehouse o Russian Red.
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
A menudo, sobre todo cuando escribía. Pero en honor a la verdad hay que decir que entonces yo escribía bastante raro.
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
No. Seguí (y sigo) creyendo lo que me inculcaron de pequeño. Respeta a los demás como a ti mismo. No seas mezquino. Intenta servir de algo a tus semejantes. Sé verdadero.
¡Muchas gracias, Lorenzo!
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Web: Protege a tus hijos
Esta web de Microsoft es una buena introducción a la prevención de los peligros de Internet en las familias con niños, mediante tres vídeos y una guía que se puede descargar de forma gratuita en formato pdf.
En un primer vídeo los padres pueden conocer hábitos de navegación y comunicación segura a través de la red. Otro vídeo, enfocado a los niños, sirve para que los pequeños internautas descubran buenos hábitos, y un tercero nos enseña a manejar un software de Microsoft, que se puede descarga en la misma web, que actúa como programa-canguro, es decir, que limita el acceso a ciertos contenidos y deja en manos de los padres la autorización a que un contacto sea agregado en el Messenger.
Para no pecar de “helicóptero de combate”, pienso que una medida como el programa-canguro debe ir siempre precedida de una prevención mediante la lectura conjunta, por parte de toda la familia, de la guía.
COMENTARIOS: Cuando pongas un comentario el Blog te pide que sumes dos números para que este sea aceptado y evitar el spam. Por ejemplo: Si pone “Por favor añada 10 y 5″ entonces hay que escribir 15. Si haces mal la suma te suspende en matemáticas.
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Capítulo 26
30. Enero 2009 por Antonio Javier Roldán.
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Esto no es un hotel |
Aunque siempre he preferido viajar pateándome los destinos por mi cuenta, estas Navidades aproveché mi incursión en un nuevo continente para apuntarme a uno de esos paquetes organizados en el que la mayor parte de las actividades se desarrollan en un grupo dirigido por un guía de la agencia. Ha sido una experiencia distinta, pero interesante. El caso es que en el seno del grupo era habitual comentar las excelencias o las faltas de atención en los hoteles que cada viajero había escogido para cada etapa del viaje. Me resultó muy curioso comprobar en mis compañeros las distintas reacciones ante un mal servicio de un hotel e incluso la percepción de la calidad en los detalles cotidianos. Lo que para algunos era una anécdota para otros podía suponer un grave contratiempo. No es lo mismo visitar un país como cliente que hacerlo como turista. El cliente acude a cada evento con su carpetita de la agencia para comprobar las medidas de la cama, las calorías del menú programado o el confort del autobús, mientras que el turista exige sus derechos como consumidor permitiendo un margen de error en los servicios recibidos, compensado con la riqueza de las experiencias vividas en el país de destino.
Curiosamente, nuestros adolescentes se comportan en casa como si fueran los clientes de un hotel, pero no de uno cualquiera, sino de un establecimiento de lujo en el que ellos ocupan la suite presidencial. Al principio, durante la infancia, los pequeños de la casa hacen honor al apodo de “reyes de la casa”, siendo el centro de los desvelos y atenciones de la familia. Digamos que tienen las necesidades básicas del huésped de una pensión, pero reciben las atenciones de un marqués. Al llegar a la juventud sucede todo lo contrario. Van a casa a dormir y comer, por lo que son tratados como en una pensión, mientras que ellos demandan un hotel “high quality”.
Durante la adolescencia parece ser que se logra el equilibrio por ambas partes: El aparthotel. Es decir, el adolescente tiene su castillito en su habitación, con intimidad y decorado a su gusto, pero con todos los servicios de habitación garantizados. Este estatus de aparthotel suele ser bastante injusto hacia los padres. La familia es responsable de la manutención, trato con el colegio, vigilancia de su salud, financiación de la ropa que el cliente escoge, y todo con una sonrisa por delante para no traumatizarle por aquello de que el cliente siempre tiene la razón. Eso sí, que los gerentes del aparthotel no se metan en la vida del cliente ni le pasen factura en forma de responsabilidad, colaboración en las tareas o cumplimiento del régimen disciplinario establecido por el hotelero, porque puede pedir el libro de reclamaciones y toparse con algún juez despistado que le admita a trámite la protesta.

¿A qué es difícil imaginar que un camarero le pida ayuda a los clientes para servir la cena? Pues así se sienten muchos adolescentes cuando se les invitan a colaborar en casa. Les extraña enormemente, porque los encargados últimos de la casa son sus padres. Ellos buscan la autonomía en el reino de la calle, donde tirar un papel al suelo, poner la música a todo volumen o usar el móvil sin control, difícilmente tendrá consecuencias inmediatas. Cuando llegan a casa deben respetar las normas familiares, procurando a la vez fortalecer los lazos afectivos, y asumir una serie de responsabilidades que no siempre son atractivas. Así que su primer instinto es refugiarse en su habitación, en esa especie de aparthotel donde nunca falta la ropa limpia o una conexión a la ADSL. La huida a su guarida no hace más que reforzar las dudas de los padres sobre su hijo. ¿Por qué nos da la espalda? ¿Por qué se encierra en sí mismo? ¿Qué está ocultando? La desconfianza de los padres va en aumento y con ella la presión de la que huye el propio inquilino.
Luego está el tema de la calificación de la categoría del hotel. Pues fulanito vive en un hotel en el que se puede regresar hasta las doce. Y Menganito dispone de videoconsola los días laborables. A Zutanita la dejan bajar a la discoteca, etc. Por eso suele ser efectivo realizar ofertas de promoción en las que invitar a nuevos clientes, cercanos al inquilino de la suite, para que las comparaciones fluyan en ambos sentidos creando situaciones y momentos de encuentro muy interesantes para ambas partes.
Si un joven ha vivido toda su vida en un hotel cuesta hacerle aterrizar y pedirle que colabore en las tareas domésticas de casa, pero si desde pequeño se la ha enseñado a que el mantenimiento del hogar es una labor compartida, dependiendo de la disponibilidad de cada miembro, entonces será más entendida la invitación a asumir nuevas responsabilidades que le ayudarán a entrar en el mundo de los adultos con sus ventajas e inconvenientes.
El día en el que el gerente del hotel llama a la puerta de la suite presidencial e informa al inquilino del fin de las vacaciones, porque ya tiene edad suficiente, profesión y vivienda -aunque sea bajo un puente-, nuestro protagonista sentirá agorafobia ante la contemplación de tan amplio abanico de deberes en detrimento de sus derechos. Digamos que se le acabó el chollo y no está preparado para sufrir en el nuevo mundo que le fagocita sin remedio.
Aquellos jóvenes que han participado de las tareas del hogar desde niños y que han sido invitados a asumir pequeños cargos en casa y en el colegio, sabrán penetrar en la selva y sobrevivir a ese duro proceso que les llevará a ser los protagonistas de su libertad.
Antonio Javier Roldán
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Javier Sádaba
Biografía: Wikipedia
Web: U.A.M.

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
Creo que muy pronto. Si tengo que poner una fecha, entre los diez y los doce años.
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
“Sub specie aeternitatis”!; es decir, estática, inamovible, como si estuviera dada para siempre.
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
Casi todo en jugar el fútbol. Y en leer y releer un par de libros que llegué a aprender de memoria. Y música, mucha música.
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
Bastante normal. Creo que les caía simpático. Un poco repipi pero simpático.
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
Sí. Porque era muy delgado. Por eso, hacía gimnasia todos los días.
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
Me importaba muy poco la ropa y todo lo que tuviera que ver con mi imagen (si exceptuamos mi delgadez y llevar el pelo ordenado, dado lo rizado que lo tenía).
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
Prácticamente ninguna, ni dentro ni fuera.
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
La música me entusiasmó desde el principio. Los coros y las zarzuelas, sobre todo. Y los sigo oyendo hoy, solo que acompañados de música clásica.
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
Por supuesto. Uno, a estas edades, se cree el ombligo del mundo. De modo especial, me sentía incomprendido en mi idea de la religión, que era excesivamente personal
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
Superficialmente no, aunque se fue fraguando la incredulidad respecto a lo que me habían enseñado y que se centraba en una rígida educación cristiana.
¡Muchas gracias, Javier!
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Web: Stop Drogas
En esta web encontramos información de las características y riesgos de cada una de las drogas que están presentes en nuestra sociedad. También disponemos de pistas para detectar a sus consumidores y la posibilidad de conocer la legislación sobre aspectos legales de las drogas.
Como ya sucedía en la web hermana de Protégeles existe una Línea de Denuncia anónima contra las drogas. En ella es posible facilita cualquier información al respecto con la seguridad de que se realizará la investigación y la denuncia correspondiente gracias a la colaboración con la Guarcia Civil y el Cuerpo Nacional de Policía.
Al final de la web hay un banner donde podemos pinchar para acceder a una material con buenos consejos para dejar de fumar que ya se ha distribuido en jornadas de prevención en algunos centros educativos.
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