Archivo de la Personalidad categoría

Expresiones algebraicas

 

Mi personalidad

 

Los adolescentes son auténticas máquinas de sentir, pero no siempre son capacers de poner nombre a esas emociones que les envuelven. Siete alumnos de matemáticas de 2º de ESO han intentado exponer su personalidad mediante una expresión algebraica, una fórmula en la que la suma añada, la multiplicación aumente y la potencia eleve sus sentimientos. Pero en esa misma fórmula desean eliminar restando, desterrar emociones dividiento o tratar de extraer el significado de comportamientos que no aprueban mediante una raíz.







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Capítulo 43

 

Estoy en crisis

 

Mayo de 1985. Aunque la primavera flota en el ambiente y la naturaleza parece despertar de su letargo, Antonio se siente marchito por dentro. Son de esos días en que todo sale mal. Las Ciencias Naturales continúan su inexorable camino hacia el desastre, para disgusto de sus padres; ninguno de sus amigos parece darse cuenta de que está sufriendo porque los hombres, no saben transmitir los mensajes del corazón; su cuerpo está somatizando el estrés y las hormonas; ella está tan perdida como él, pero al menos se resigna a la incertidumbre; su percepción del mundo que le espera le horroriza por la hipocresía, la demolición de la imagen de los adultos y las dudas que agrietan sus creencias; y a su alrededor observa como la moda de los porros va fagocitando a otros jóvenes más perdidos que él, lo cual le crea una enorme preocupación.

Esa tarde ha explotado. No puede más. Resulta inútil sentarse a estudiar si las lágrimas le van a nublar la vista y ahoga la poca fuerza de voluntad que le queda, así que coge su cazadora y decide irse. Les dice a sus padres un escueto “Voy a darme un paseo para relajarme” y les deja con el corazón en un puño mientras le ven alejarse hacia la puerta. Camina sin rumbo lejos de su casa, de su barrio, del entorno donde transcurre su exploración de la sociedad que le aguarda junto a sus iguales, pisando calles desconocidas para adentrarse en su propia esencia. El edificio está cayendo, planta a planta, ladrillo a ladrillo, pero al menos cada vez es más perceptible el desmoronamiento general. Nota el vértigo, el vacío y la angustia de quedarse rodeado de escombros y no poder controlar su adolescencia En su viaje al otro lado del hogar se topa con rostros cuya indeferencia hacia él le descubren que en la gran ciudad nadie cuidará de él salvo las personas que le quieren. Comes o te comen en un parchís sin barreras de protección. Entonces es cuando nota en el bolsillo que un objeto le acompaña en su soledad…

Su familia le está apoyando en ese viaje que debe realizar por sí mismo, en el que el deslumbrante castillo de naipes, que creía firme, ha caído. Aunque sufran por él y teman que su inmadurez le prive de llegar a su destino sano y salvo, han sabido dejarle en el bolsillo una brújula confeccionada pacientemente con los valores y las enseñanzas que conforman unos cimientos resistentes a la crisis. Según cae la tarde, esa brújula iluminará el trayecto hacia su casa.

Como si se tratara de una metamorfosis, Antonio decide dejar tras sus pasos todo el lastre que ha acumulado en los primeros momentos de la adolescencia. No volverá a confundir el enamoramiento con la búsqueda del amor; no permitirá que sus problemas interfieran en sus responsabilidades; escuchará a quien pueda enseñarle, pero también al que quiera compartir con él sus inquietudes; dejará de quejarse por las injusticias, arrimando el hombro para erradicarlas; guardará en el trastero su infancia, pero le quitará el polvo de vez en cuando, porque sin ella su equipaje quedaría vacío.

Según vislumbra el calor del hogar nota como algo está muriendo en él y como la esencia de lo que es se abre paso para comenzar de nuevo. Ya en casa, sus padres le dirán que estaban preocupados por su ausencia, pero apreciarán en su mirada que el viaje no ha sido en balde.

Es de noche y, aunque el cuerpo está agotado, el corazón late tan deprisa que no puede conciliar el sueño. De la silla que hay junto a su cama toma su carpeta de apuntes y el estuche. En cada separador Antonio ha escrito las canciones que le están marcando su adolescencia Scorpions, Bon Jovi, Barclay James Harvest… En uno de los espacios libres dibuja torpemente otra versión libre de una ilustración del dibujante José Luis Cortés, en la que él aparece escuchando el “Empty Rooms” de Gary Moore -su ídolo- y junto a ella narra lo sucedido esa tarde, por si alguna vez necesita recordar su propio compromiso:

En el lugar más oscuro de la ciudad hay una persona cansada de llorar, ahogado por la tristeza camina con rumbo a ningún sitio, porque sabe muy bien que dejará su última herencia al sol para florecer como un hombre nuevo, devolviendo su vida al fuego que nunca debió abandonar. Pero las sombras no lo saben, le observan, viven, pero no lo saben.

Él siente todo el amor del mundo en una sola palabra que le ata para ser libre. El viento susurra su nombre mientras poco a poco se derrumba. La noche está creciendo, cae al fango y otra mentira hiere lo más profundo de su corazón. Sus pies caminan con lentitud, sus ojos buscan el infinito y su voz se pierde en la soledad mientras se abraza a un árbol buscando el último cobijo para caer despacio en sus raíces. Todo es silencio en la ciudad, pero una silueta brillante avanza hacia él. El silencio es paz, la luz amor, pero él permanece quieto, sin calor. Un caballo blanco cabalga alrededor, fijando sus ojos rojos en el alma, se acerca, con arrogancia y demostrando poder.

En un último esfuerzo, sube al caballo y juntos se alejan en la noche en busca de la eternidad. Toda ha terminado, pero tú no te has muerto. Tú no puedes morir nunca. Sin ti no puedo vivir, no existo. Sé que volverás…

Con las primeras luces del alba una paloma busca cobijo junto a una flor. Todo empieza de nuevo.

Leyendo su propio texto, veinticinco años después, Antonio recuerda cada uno de los sentimientos de aquella tarde de primavera, así como el trayecto que siguió en aquel paseo en el que la crisis le sirvió para tomar la determinación de reconstruir su vida desde los cimientos que le regalaron sus padres, abuelos, profesores y demás adultos que le orientaron desde pequeño. Observa la amarillenta carpeta cubierta por imitaciones de Cortés. Le resulta gracioso comprobar como la totalidad de las canciones que anotó, junto a las fotos que pegaba, en los días de la adolescencia, se encuentran ahora en formato mp3 en el disco duro de su ordenador. Selecciona en el reproductor la canción sobre la soledad de Gary Moore, que describía el dibujo, mientras escribe en su blog sobre la adolescencia. Gary Moore ya no hace “heavy metal, sino blues.

Tampoco Antonio decora ya las carpetas -bueno, algunas sí…-, pero al menos disfruta pintando corazones de tiza en las paredes del patio del colegio.

El curso escolar está llegando a su fin. Antonio, que ahora es profesor, intuye que en apenas un mes “sus pavitos” dejarán de ser los mayores dentro del grupo de los pequeños del colegio, para ser los más pequeños de los mayores. Se están despidiendo de la infancia y lo notan. Así que llegará el último día de clase y tendrá que soltar la cuerda para que vuelen solos. Como todos los años les dará algún que otro consejo para no recoger un carro de calabazas en el exigente curso siguiente, pero también les dirá que cuiden sus cimientos, esos que se van configurando desde el nacimiento y que serán una robusta base sobre la que construir sus vidas cuando llegue el momento de levantarse tras una crisis.

Sobre ese sustento de valores, fortalecido por el amor, podrán construir maravillas.

Antonio Javier Roldán

Colaboraciones

Empty Rooms

La soledad es tu única amiga.

Un corazón roto que no se puede remendar
Es el precio que pagas.

 Es duro comprobar que el amor va envejeciendo.
Los días se hacen largos y las noches frías
Cuando se desvanecen.

 Supones que ella cambiará de idea
Pero los días transcurren
Y nunca sabrás porque ella se ha ido.

 Ves su cara en la multitud,
Oyes su voz, pero todavía te sientes orgulloso,
Así que te das la vuelta.

 Te dices a ti mismo que serás fuerte,
Pero tu corazón te dice
Que esta vez estás equivocado.

 Supones que ella cambiará de idea
Pero los días transcurren
Y nunca sabrás porque ella se ha ido.

 Habitaciones vacías,
Donde aprendemos a vivir sin amor…

 Totalmente solo en una habitación vacía,
La soledad es tu única amiga,
Ella se ha ido y tú estás en el final.

Gary Moore


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Cayetana Guillén Cuervo

Biografía: Wikipedia

Web: Versión Española

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?

Tuve una adolescencia relativamente feliz, hasta los 17. Y un calvario emocional hasta los 22 o 23.

2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?

A contracorriente. Antipática y compleja. Y no muy comprensiva con nosotros.

3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?

Estudiaba Periodismo y Arte Dramático, y trabajaba. Vivo sola desde los 19 años. No tenía mucho tiempo libre, pero leía, y viajaba todo lo que podía. Leer y viajar. Y si hacía las dos cosas a la vez, mejor.

4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?

Bastante fluida. Siempre he ido con gente algo mayor que yo, excepto ahora, que me ocurre lo contrario. Con mi familia, esa etapa fue algo más complicada.

5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?

Sí. Y estaba llena de complejos que me martirizaban. Sufrí mucho con ese tipo de inseguridades.

6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?

Bastante cañera. Y con un jersey atado eternamente al culo para que no se me viera.

7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?

No. Lo recibí dentro de mi entorno familiar. Hablo bastante con mis padres, sobre todo con mi padre.

8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?

Música española de los 80. Desde la más radical, a la más pop. Y la sigo escuchando.

9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?

Constantemente.

10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?

Nunca estuve cerca de la Iglesia, pero en esta etapa la distancia se hizo definitiva. Empecé a colaborar con movimientos solidarios que me hacían sentirme útil, a favor de la objeción de conciencia (todavía había servicio militar obligatorio), Green Peace, viajé mucho por la India y colaboré en varias acciones. Y ahí sigo.

¡Muchas gracias, Cayetana!

Materiales recomendados

 

Libro: La voz de los adolescentes

Javier Elzo ha realizado numerosos estudios sobre la adolescencia, acercándose al tema desde la afectividad pero también desde el realismo de las estadísticas. En este libro analiza los grandes temas de la adolescencia aportando todos los datos de sus investigaciones, pero dejando al final de cada capítulo que sean los protagonistas los que tomen la palabra y nos narren sus experiencias con las drogas, la sexualidad, la comunicación con los adultos, sus miedos o valores.

“La voz de los adolescentes” nos ayuda a explorar un terreno a veces desconocido para padres y educadores, pero que es una realidad que debemos conocer para ayudarles a realizar el viaje hacia la etapa adulta.

Índice

  1. Retratos de adolescentes.
  2. Presente y futuro de la familia española.
  3. El miedo en los escolares.
  4. El botellón como paradigma del ocio juvenil.
  5. Cuando la sexualidad ocupa la escena.
  6. Los padres en su labor educadora y la voz de sus hijos.

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Capítulo 37

 

La agresividad

 

Cuenta una leyenda que en un hermoso país un día nació un príncipe, tan esperado por el pueblo que la noticia corrió por los caminos, surcando las montañas y navegando entre las atalayas de la costa. Sus padres en palacio no dejaban de recibir las felicitaciones de dignatarios de todo el mundo y en cada jornada llegaban decenas de regalos para el futuro monarca. El niño fue objeto de todos los cuidados inimaginables, fue atendido por los mejores médicos y educado por los profesores más eminentes Toda aquella enorme atención se producía de forma inmediata sin inculcarle el valor de la paciencia, confundiendo el amor con el consentimiento, para que no fuera a convertirse en un rey traumatizado por la palabra “no”.

Si el pequeño quería un caballo nuevo, este sería seleccionado por toda la comarca; si la comida no era de su agrado, se tiraba a los cerdos y se le hacía un plato especial; cuando se aburría de sus juguetes se avisaba al carpintero para que le fabricara uno nuevo. A veces sus deseos no eran cumplidos de inmediato y el príncipe montaba en cólera, alterando el ánimo de su familia y la paz del castillo, por lo que sus gritos y pataletas lograban acelerar el cumplimiento de su voluntad. Los reyes cedían ante la presión de su enfado, una manera cómoda y efectiva de acabar con su ira. Así el príncipe descubrió que en la ausencia de normas y comunicación, la violencia era una buena forma de lograr sus propósitos, por lo que siguió haciendo uso de ella en su juventud.

Sin embargo, su pueblo, el mismo que le encumbró con sus adulaciones, empezó a dejar de amarle, produciendo una frustración personal en el príncipe, que derivó en inseguridad. Así que hizo del amedrentamiento su regla de gobierno para tenerlo todo controlado y hacerse respetar por la fuerza.

Una mañana el primer ministro llegó asustado a palacio. Un emperador tirano se estaba acercando a la frontera para conquistar el país. Los reyes, ya ancianos, delegaron en su hijo la defensa de sus tierras y súbditos, pensando que esa violencia que emanaba desde su infancia al menos supusiera un factor a favor en la guerra. El príncipe miró con desdén a sus padres y les dijo que eran un par de inútiles, que menos mal que estaba él para sacar la espada y guiar a sus ejércitos hacia la victoria. Y así lo hizo…

En el campo de batalla las tropas esperaban enfrentadas una señal de sus líderes para comenzar la contienda. Entonces el emperador mandó un emisario a parlamentar con el príncipe ofreciéndole unirse a él, entregar el país sin necesidad de derramar sangre y acompañarle en la conquista de nuevos territorios. La infancia del emperador había sido muy distinta a la del príncipe, porque él había sufrido unos padres violentos y autoritarios, que trataron de educarle desde el castigo físico y los gritos, aprendiendo así que el triunfo y el poder nacían de la imposición por la fuerza de una idea o un deseo.

El príncipe nunca había tenido normas en su vida, una jerarquía o una persona a la que respetar, por lo que quedó seducido por la autoridad del Emperador aunque su propuesta fuera del todo ilegal y consistiera en someter a pueblos enteros desde la amenaza y la coacción. Así que aceptó su ofrecimiento, porque ambos descubrieron que la violencia les uniría en su afán de conquista.

A veces no nos damos cuenta de que las conductas violentas no surgen en la adolescencia porque sí, sino que se van conformando como estratos desde la permisividad, el consentimiento o -desde el extremo opuesto- la excesiva disciplina o la intolerancia.

Como siempre, es tan difícil lograr el equilibrio, saber acertar…

Si hemos sido permisivos hará falta recuperar el respeto desde la coherencia y la firmeza en consensuar o fijar normas -dependiendo de la edad-; pero si hemos sido unos dictadores, quizás debamos sacar del desván la comunicación y la afectividad. Sea como sea, mejor hoy que mañana.

Antonio Javier Roldán

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Mayte Martínez

Biografía: Wikipedia

Web: Oficial

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?

Creo recordar que fue con mi primer ligue, a eso de los 14 años.

2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?

Como algo novedoso, pero que implicaba más responsabilidad. Te empiezas a percatar de que todo no es tan bonito como lo que hay a tu alrededor y que suceden cosas malas contra las que no puedes luchar.

3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?

Al vivir en un pueblo pequeño y tranquilo, pasaba mucho tiempo en la calle jugando con mis amigas, haciendo travesuras, excursiones a lugares prohibidos por nuestros padres, leyendo. Poco a poco empecé a utilizar mi tiempo libre en ir a entrenar, y progresivamente dejó de ser tiempo libre…

4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?

Normal, pero prefería estar con gente de mi edad.

5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?

Bastante. De pequeña tenía complejo porque era muy delgada. Afortunadamente eso después se volvió a mi favor y me permitió ser atleta, mi pasión. Nos guste o no, vivimos en una sociedad que prima muchas veces la belleza por encima de otros valores mucho más importantes.

6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?

Casi siempre he vestido de sport, pero prestaba mucha atención a que tanto la ropa como los colores conjuntasen.

7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?

No. Sabías por lo que oías en la tele y hablabas con las amigas.

8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?

Me gustaba mucho Heroes del Silencio, Madona, U2. He evolucionado poco musicalmente hablando

9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?

De vez en cuando.

10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?

Afortunadamente mis padres me transmitieron una educación en valores, y les estoy muy agradecida. El único cambio que creo que he tenido han sido mis creencias religiosas, no me considero atea, pero casi.

¡Muchas gracias, Mayte!


Materiales recomendados

 

Libro: Carta a una hija adolescente

El subtítulo de este libro es “Para ayudar a afrontar los 60 temas más importantes de la vida” porque, aunque está escrito en forma de carta de una madre a su hija, realmente es un libro de texto sobre la materia “Aprender a vivir” para orientar a las familias y a sus hijas en la adolescencia y el tránsito a la edad adulta. En esta carta se habla del amor y de las dificultades que les espera a la adolescente en el camino de la vida, desde el respeto y la mirada inteligente de las emociones.

La mejor reseña para conocer un poco más este libro es comprobar la riqueza del ínidice de temas que trata:

Índice

  1. Comunicación.
  2. Pasión.
  3. ¿Qué hay que hacer para tener exito?
  4. Verdad y honestidad.
  5. Tu actitud te convetirá en una triunfadora.
  6. Cuando quieres gustar.
  7. Hablemos.
  8. Modales.
  9. Ser una adolescente.
  10. Dios y el mapa que nos fue dado.
  11. ¿Por qué los valores aportan felicidad?
  12. Consejos útiles sobre la vida.
  13. No tienes que ser perfecta.
  14. Relájate, todo resultará más fácil.
  15. Muchas facetas de tu personalidad.
  16. Relaciones.
  17. Amigos.
  18. Diferentes tipos de amor.
  19. Familia.
  20. Padres.
  21. Entender a las madres.
  22. Abuelos.
  23. Enamorarse, y el amor en sí mismo.
  24. Cuando él no sabe que existes.
  25. Cuando tú no le amas.
  26. Cuando él no te ama.
  27. Sexualidad.
  28. Sexo y relaciones sexuales.
  29. Hacer el amor por primera vez.
  30. Matrimonio.
  31. ¿La lectura puede ser un pasatiempo guay?
  32. Tu cuerpo.
  33. Ejercicio, la clave para el bienestar.
  34. Tu mente afecta a tu salud.
  35. Trabajar más eficientemente, no más duro.
  36. Ser una líder.
  37. Temas económicos.
  38. ¿Cocinar o no cocinar?
  39. Viajar.
  40. Animales.
  41. Deja que la belleza de la naturaleza te llene de energía.
  42. Música.
  43. Reflexionar acerca de una profesión.
  44. Realizar una entrevista.
  45. Tu felicidad: ¿cómo lo llevas?
  46. Cuando no consigues lo que quieres.
  47. Cuando las cosas se ponen difíciles en la escuela.
  48. Cuando estás enfadada.
  49. Sobrellevar el cambio.
  50. Tomar una decisión difícil.
  51. Cuando has cometido un error.
  52. Tentación.
  53. El tabaco, la bebida y las drogas.
  54. Cuando necesitas ayuda.
  55. Sentirse sola o estar sola.
  56. Romper.
  57. Divorcio.
  58. Cuando alguien cercano muere.
  59. Cuando hay un desorden de la alimentación o del ejercicio.
  60. Si te golpea la tragedia.
  61. Donde se esconde el peligro.

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Capítulo 31

 

La autoestima

 

Este capítulo está dedicado a la memoria de Rafael Fuentes Sánchez. Mi blog trata sobre el descubrimiento de la vida, de ese largo camino que va desde la infancia a la edad adulta. A veces, en ese maravilloso tránsito, nos encontramos con personas cuya presencia constituyen toda una lección para los que tenemos la fortuna de conocerlas. Desde pequeño Rafa me ha mostrado el valor de la amistad, la lealtad y la generosidad, estando siempre presente junto a mi familia en los momentos felices y en los que necesitábamos su cercanía. Si algún día mis alumnos me preguntan qué es la amistad estoy seguro de que él, desde mi memoria, me echará un cable para poder transmitir su significado.

Rafa nos dejó el 4 de marzo de 2009.

¡Gracias por haber hecho de este mundo un lugar mejor!

 

Todo comenzó en clase de mates. Esther salió a la pizarra acordándose del padre del interfecto al que se le ocurrió sacar de un depósito de agua un sexto de su capacidad para luego usar otros 12 litros en regar un jardín, sin olvidarse de rellenar el jodío depósito con un cuarto del total para el día siguiente. ¡Hay gente para todo! El caso es que frente a la pizarra, sumergida en el virtual líquido elemento, ahogada entre signos y denominadores, y nadando contra la corriente de la razón, descubre aterrada que el depósito contiene la sospechosa cantidad de -0,5 litros de agua, lo cual indica que el recipiente protagonista de la historia está más seco que su boca en esos momentos, o bien que semejante vasito no merece ser ascendido al calificativo de depósito, pero sí al de chupito. El profesor aguanta el tipo con profesionalidad, porque en sus años ha visto coches que circulan a 547km/h, padres más jóvenes que sus hijos, conejos de siete patas, carniceros que venden el chóped a precio de caviar o bancos que ofrecen un interés del 342,7%. Tranquilamente le pregunta a Esther sobre la veracidad de su respuesta, a lo cual ella responde que debe ser un deposito pequeñito. La carcajada resuena por toda la clase mientras que Esther regresa a su pupitre para dar paso a Policarpito, el empollón, que en un par de requiebros matemáticos repara el desaguisado con soltura.

El dichoso problemita ha sido la culminación de unos días muy malos. Esther es muy sensible a las críticas, siempre lo ha sido, pero desde que se está abriendo camino a la edad adulta no para de toparse con barreras que le obligan a retroceder a la infancia y a compensarse a sí misma con golosinas, pasando de estudiar o buscando caricias digitales por parte de sus amigas a través de su Facebook -”Hoy estoy triste” “Tía, con lo que tú vales” “Pasa de las mates” “Pues no estás tan gorda” etc.- No sólo son las matemáticas. No. Tampoco se anima a opinar en los debates de clase, no sea que alguien se ría de su forma de pensar. Luego está el tema del cuerpo, que crece de forma inversamente proporcional a los deseos propios -y de los gorilas en celo que la rodean-, mientras que la tonta de Enriqueta parece que ha pasado por el quirófano de lo maciza que está. Tan agobiada se siente que ni duerme ni come bien. La percepción que Esther tiene de sí misma es que es una especie de monstruo deforme, sin habilidades destacables y e incapaz de ser aceptada por la gente que le rodea. No se quiere a sí misma y eso la gente lo nota.

Pero al día siguiente ocurre algo inesperado. Su profesor de matemáticas -el muy…- la saca de nuevo a la pizarra a perpetrar otro problema. El merluzo de Policarpito comienza con las sonrisitas ante el presumible destrozo aritmético que se va a producir, y entonces a Esther se le enciende una especie de chispa que le recorre desde el corazón a la cabeza. Mira a Policarpito con ojos de pantera y se dispone a enfrentarse al problema cual felino enrabietado: “En un corral hay 34 animales entre gallinas y conejos“. Planteo, resolución, solución… ¿19,2 gallinas? Huy que mal rollo, 19 gallinas y una pata suelta en plan vudú. Va a ser que está mal. El profesor le insinúa con suavidad si necesita algo de orientación, pero al observar la expresión feroz de Esther opta por dejarla seguir. Otra vez. Planteo, resolución, solución… ¿7 gallinas? Eso es posible. Veamos la comprobación. ¡Funciona! Deja la tiza en la repisa. Mira al profesor -¡toma!- y regresa al asiento pisando la mochila de Policarpito. Perdona niñito, ha sido sin querer, monín. Cuando acaba la clase el profesor la llama a su mesa: Esther hoy lo has hecho muy bien. Otra en tu lugar se hubiera descompuesto después del mal rato de ayer. Eso demuestra que tienes mucho carácter y que sabrás luchar por las metas que te pongas. Si crees en ti misma, yo también lo haré y lo haremos todos.
.

Es muy probable que haya tenido algo de fortuna en el problema. También sabe que va a tener complicadillo aprobar la evaluación, pero algo es algo. Ha ganado una batalla, que es el primer paso para ganar la guerra. ¡Claro! Quizás se trate de eso. ¿Por qué no? Así que, antes de acostarse, anota en su agenda “Preguntar en clase lo del problema del depósito”.

Cuando va a apagar la luz observa su cara reflejada en el espejo. Hay algo especial en sus ojos, no sabe si son los más bonitos del mundo o un simple par de canicas inexpresivas, pero es evidente que ese rostro que le devuelve el reflejo “tiene ángel” y da la casualidad de que es el suyo y que eso no hay quien lo cambie. Algún día alguien se perderá dentro de esa mirada y descubrirá ese tesoro que ella se empeña en esconder. Susurra un “nena, tú vales mucho” y se pone a soñar con mundo sin matemáticas.

Hoy sí ha sido un buen día.

Antonio Javier Roldán

Colaboraciones

 Querido Diario

Sábado

Querido diario:


Ya me han comprado la ropa. ¡Ha sido mejor de lo esperado! Papá estaba hoy muy contento porque le han pagado unos proyectos que le debían y no le ha importado gastar un poco más de la cuenta. Me han comprado unos vaqueros nuevos, unas deportivas –parecidas a las de Noelia, pero más fashion-, ropa interior, dos jerséis y una camisa vaquera. Es curioso como la ropa nueva te hace más bonita. Antes de cenar me la he puesto y me he mirado en el espejo, como si fuera un pase de modelos, y me he descubierto deslumbrante. No son de marca. Eso es para la gente insegura que tiene necesita muletas para caminar por la vida. Mi única marca es “Kayleigh”, que es de gran calidad y merece toda mi confianza. Está claro que si alguien es mi amiga por mi tipo de ropa es que está más vacía que mi chanchito.

Dice Marta, mi hermana mayor, que yo cuando sea mayor no tendré que maquillarme como ella, porque yo tengo ángel. Creo que me vacila, porque ella es mucho más guapa. Lo curioso ha ocurrido antes de la cena, cuando estaba ante el espejo. Mamá ha entrado, y me ha mirado sonriendo. Yo también la he sonreído, porque me sentía bien. Se ha acercado a mí y me ha dicho: - ¿A qué te sientes hermosa?
- Sí –respondí.
- Eso es porque te quieres. No por la ropa.
- No te entiendo.
- La belleza nace dentro de ti. Si te encuentras bien contigo misma, los demás te verán hermosa. La felicidad se nota y se transmite.
- ¡Anda ya! Más quisiera yo ser como Marta, mamá.
- Mírate al espejo. ¿Qué es lo que más te gusta de tu cara?
- No sé… ¿Los ojos?
- Tú sabrás. Yo creo que todo en ti es especial.
- ¡Claro! Porque soy tu hija.
- No. Fíjate bien. No hay ninguna persona en el mundo que tenga esos ojos, ni esos labios, ni ese rizo de pelo en la frente. Eres única ¿lo ves?
- Pero, ¡mira que orejas!
- Algún día alguien te querrá como eres y amará cada rasgo de tu cara. Ese día te sentirás guapa, como hoy con la ropa nueva.

Cuando se ha ido mi madre me he vuelto a mirar en el espejo y, es verdad, tengo ángel. Lo que descubre una en la adolescencia…

Antonio Javier Roldán

(Fragmento de “El diario de Kayleigh”, en descarga gratuita)

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Gaspar Llamazares

Biografía: Wikipedia

Congreso: Perfil

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?

Es difícil de establecer, es un proceso primero físico y luego psíquico y social que fue de los catorce a los dieciséis en adelante.

2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?

Primero como propia, en mi familia y grupo de amigos, más tarde como ajena cuando la pongo toda en cuestión: la familia, la religión, los valores y el orden social donde se dice una cosa y se hace otra. La sociedad me parecía hipócrita y cerrada.

3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?

Mi obsesión para divertirme, pero también para evadirme de lo que no me gusta, fueron los libros (todos los libros y sobre todo los que me prohibían) el cine y el deporte.

4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?

Con mí familia no era mala, aunque pasé del acuerdo a las brocas a las horas de comer. Con los profesores colaboraba con los de visión abierta y me organizaba frente a los autoritarios o arbitrarios.

5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?

No me gustaba mi aspecto físico .Hacia deporte, pero a sabiendas de que lo mío no tenía remedio.

6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?

Como hijo de profesional y de clase media, entonces se me podría encuadrar entre los normales (un poco tirando a pijo) y más tarde entre los barbudos contestatarios.

7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?

Información directa poca, aunque mi padre era médico .Fueron precisamente los libros de medicina y las novelas prohibidas los que me salvaron de la ignorancia.

8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?

Escuchaba a Leonard Cohen, a los cantautores de protesta españoles (Victor Manuel, Aute, Serrat, Nuberu) y más tarde a Bob Dylan, Radio Futura, Queen. Ahora escucho de todo y también a aquellos.

9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?

Muchas veces: Primero con la crisis religiosa. Luego frente a pósters y maestros y más adelante frente al régimen. De todas manera siempre fui consciente de que los incomprendidos no estábamos solos.

10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?

Un cambio radical: El niño de clase media, tímido y ratón de biblioteca, se enfrenta a lo que no le gustaba y se organizó con otros en el movimiento estudiantil y más tarde en organizaciones políticas.

¡Muchas gracias, Gaspar!

Materiales recomendados

 

Libro:“Decir no a los hijos. 60 respuestas para…”

Tanto en la exploración del mundo adulto en la adolescencia, como el descubrimiento de la vida desde el nacimiento hasta llegar a la emancipación, los hijos  ponen a prueba sus propios límites. Los padres y las madres estarán ahí para dejar claros esos límites para que el tránsito a la madurez ocurra de forma adecuada.

Mª Ángeles Juez nos propone convertir ese “no” en un medio para dar seguridad a los hijos, a base de paciencia, esfuerzo y comunicación, convirtiendo a los padres en un rompeolas que aguanta y protege. Todo un reto dado el desgaste que supone. Para ello nos propone 60 preguntas que abarcan todas las edades, ilustradas con casos reales  seguidos de una respuesta razonada a esas cuestiones.

Índice

  1. Para empezar, qué y cómo.
  2. Los padres lo tienen difícil.
  3. El rompeolas.
  4. Pobrecito, es tan pequeño…
  5. Vivir para consumir.
  6. Importancia de los abuelos.
  7. El niño va al colegio.
  8. Padres ausentes.
  9. Madres superwoman=madres culpables.
  10. Padres ricos, padres pobres.
  11. El hijo llega a la pubertad.
  12. SOS. ¡Aquí está la adolescencia!
  13. ¿Quién les dice “no” a los padres?

COMENTARIOS: Cuando pongas un comentario el Blog te pide que sumes dos números para que este sea aceptado y evitar el spam. Por ejemplo: Si pone “Por favor añada 10 y 5″ entonces hay que escribir 15. Si haces mal la suma te suspende en matemáticas.

Capítulo 25

 

La madurez

 

El Psicólogo Abraham Maslow diseñó una pirámide con cinco necesidades básicas para el ser humano que debería satisfacer para poder realizarse plenamente como persona. De esas cinco, las cuatro primeras pueden ser logradas de forma más completa, mientras que la quinta tiene más relación con la creatividad, la búsqueda del sentido de la vida o el crecimiento personal, por lo que resulta más difícil que se alcancen totalmente. Lo más interesante de este planteamiento es que para trepar por la pirámide hay que cubrir las necesidades de un estrato antes de saltar al siguiente. Hay que tener mucho cuidado con la escalada, porque también es posible bajar, dependiendo de la situación de la persona en cada momento de su vida.

Necesidades fisiológicas: Funciones como la alimentación, el descanso o el mantenimiento del cuerpo son importantes a cualquier edad, pero especialmente en la etapa de la adolescencia durante la cual el cuerpo realiza su mayor desgaste para crecer. En una pirámide, como en cualquier construcción, el primer estrato, formado por los cimientos, es básico en la consolidación de la misma y en su elevación armónica por encima del suelo. En el caso de los jóvenes esos cimientos deben contener una buena dosis de educación en hábitos saludables, alimentación, deporte, vigilancia médica y un adecuado descanso con sus horas de sueño regladas.

Necesidades de seguridad: Posiblemente muchas veces hemos oído en los centros escolares, o en conversaciones entre familias, esa frase típica que dice que los jóvenes de hoy en día tienen muchos derechos y pocas obligaciones. En el fondo esta afirmación recoge una gran verdad, porque no se recuerda un intervalo histórico en el que nuestros adolescentes estuvieran más protegidos en su integridad física y psicológica que en el actual. De hecho nunca los profesores y los padres y madres hemos estado tan fiscalizados como ahora. Si disponen de un gigantesco paraguas y están inmersos en el mundo del bienestar en el que han crecido, y que asumen como normal, comprenderemos el porque se sienten los reyes de la casa. Aunque debemos asegurarles su educación, salud, ambiente familiar o manutención, no debemos olvidar que ellos también son protagonistas de su propia seguridad, colaborando en casa, adquiriendo costumbres que repercutan positivamente en su salud, ejerciendo su papel de estudiantes con responsabilidad, o implicarse en el interés general de una sociedad de la que extraen el jugo y tiran la pulpa por ser poco atractiva. Nuestro propio Código Civil Español, libro I, título VII recoge en varios artículos los derechos, pero también los deberes, de los menores. Es muy interesante comprobar como ellos también tienen obligaciones con su familia.

Necesidades sociales: Si cualquier ser humano siente la necesidad de relacionarse, seguro que cualquier padre o madre suspira al recordar las horas que su hijo o hija pasa en el teléfono o en Messenger. Formar parte de una comunidad, o de una pandilla, es muy importante en esta etapa de socialización. Si además el colectivo al que nos apuntamos fomenta la cultura del esfuerzo, trabajo en equipo y las actividades al aire libre, estaremos ayudando, no solo a la socialización del joven, sino que estaremos reforzando los cimientos de la pirámide, mejorando la motivación en el estudio como medio para alcanzar metas y previniendo otras conductas mucho más pasivas y peligrosas como, por ejemplo, la drogadicción.

Necesidades de estima: En enero de 2009 mis alumnos y alumnas del grupo de teatro estrenaron un musical tras un año y medio de trabajo. Durante muchas semanas estuve con ellos ensayando, corrigiendo defectos, desarrollando las virtudes y colaborando en equipo para volcarlo todo en una tarde presentándose a la comunidad escolar. Cuando el público les despidió con una sonora ovación, los profesores de esta actividad subimos al escenario, para celebrar con ellos el éxito. En ese momento, ocultos a ojos del público, treinta adolescentes entre gritos de júbilo descubrieron que el esfuerzo tiene recompensa cuando decenas de personas les brindaron un aplauso que ya nunca olvidarán. Aunque ellos no sean conscientes inmersos en la euforia, los que fuimos testigos de su emoción y alegría sabemos que su autoestima creció tanto que ahora se sentirán capaces de afrontar nuevas metas y acceder a esa culminación de la pirámide donde ya los sueños se tocarán con la punta de los dedos. La autoestima trae consigo confianza, independencia, libertad, dignidad y felicidad.

Necesidades de autorealización: Desde las alturas, observando los cimientos a nuestros pies, el paisaje es amplio y hermoso. La mochila está llena y el corazón late con fuerza. Es el momento de usar la madurez lograda en los distintos pisos de la pirámide para desarrollar todo el potencial siguiendo una vocación por una profesión, imaginando proyectos relacionados con la creación, gozando de la vida y de nuestro entorno, enfrentando los problemas con las soluciones, amando la verdad como una realidad descubierta, pero a la vez en constante movimiento, relacionándose con la sociedad desde la experiencia y análisis personales, al margen de influencias, usando el humor como forma de aceptación de nuestra propia realidad y gozando de cada minuto del día como si fuera el último que nos queda por vivir.

Mostremos a los adolescentes los planos de nuestras pirámides, para que juzguen y saquen de ellos lo que precisen, proporcionándoles materiales de construcción de primera calidad para que sean los protagonistas de su obra. Entonces observaremos como alrededor de nuestra pirámide comienzan a surgir maravillas que algún día nos cobijarán a nosotros del viento y del frío.

 

Antonio Javier Roldán

Puedes enviar tus reflexiones, poesías o artículos sobre la adolescencia para que se publiquen en “La pavoteca” enviando un correo electrónico.

 

 

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Fernando Sánchez Dragó

Biografía: Wikipedia

Web: Oficial

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?

La adolescencia no tiene fecha de comienzo. Se trata de un proceso ambiguo. No se sabe cuándo empieza.

2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?

Nunca me ha interesado la sociedad, sólo las personas.

3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?

No tengo -ni tenía- tiempo libre. Sólo es libre quien se sale del tiempo.

4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?

A los adultos los veía como “los mayores”: mis enemigos.

5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?

De niño, no. Luego, sí.

6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?

Extravagante. Lo sigo siendo.

7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?

La educación sexual siempre llega fuera del entorno familiar. En cuanto a las drogas, me las apañé solo.

8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?

Casi nunca escucho música. Cuando era niño apenas había tocadiscos.

9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?

Me encanta que no me comprendan. Mis países favoritos son aquéllos en los que su lengua me resulta ininteligible.

10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?

Por supuesto. El sexo se llevó por delante la religión. Los valores éticos no pueden cambiar nunca, porque proceden de la ley natural, que es de nacimiento.

¡Muchas gracias, Fernando!

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Libro: “SOS Adolescentes”

Este libro, de la psicóloga y escritora Ana Isabel Saz-Martín, está basado en el programa de televisión del Canal Cuatro del mismo nombre. En él se recogen las dificultades en las que se ven los padres de hoy en día para educar, y entender también, a sus hijos cuando son adolescentes.

A  lo largo de su lectura encontramos capítulos relacionados con los cambios en el cuerpo y la mente, las distintas maneras de educar que tienen las familias, los problemas de conducta, la información y prevención en los campos de las drogas y la sexualidad, el estudio, la imagen personal, los trastornos de la alimentación y la comunicación.

Pienso que el libro es de gran ayuda como primera lectura sobre la adolescencia, ya que toca todos los temas de forma amena dejándonos pistas para profundizar en aquellos que más nos interesen.

Al final podemos leer una lectura optimista de este etapa y la autora nos recuerda lo maravillosa que es la adolescencia como oportunidad de ver crecer a los jóvenes mientras se sigue creciendo como padre, como madre, como pareja, etc. Desde mi experiencia de profesor que conoce a sus alumnos con 12-13 años y que se reencuentra con ellos más tarde a los 17 años, coincido con Ana Isabel en afirmar que, a pesar de los disgustos y las preocupaciones, esta es una historia que suele acabar bien.

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Capítulo 19

 

La libertad al alcance de la mano

 

Érase una vez un canario que vivía muy ufano en su jaula bajo los cuidados de sus dueños, quienes lo alimentaban a base de alpiste tostado con sabor a miel y topping de chocolate, calentaban con microcalefactor vía USB, hidrataban con agua mineral de Sierra Light, distraían con un columpio ISO-Looping -verificado y testado- e inspiraban con una cadena musical que para sí querría cualquier tunero -de tuning, no de tuna.

Poco a poco nuestro amiguito fue sufriendo los primeros síntomas físicos de su adolescencia, más o menos visibles en su plumaje, y empezó a sentir cierto distanciamiento hacia sus dueños. Ya no eran tan perfectos como cuando se topó con ellos al salir del huevo y le entró el síndrome Calimero. Además, la jaula se le estaba quedando demasiado pequeña para poder moverse a sus anchas.

Total, que un día en el que Doña Pepita iba a cambiarle el agua, le soltó eso de “¡Oye vieja, que si no tienes inconveniente, yo me abro! Que uno ya es mayorcito para estar aquí en este cuartucho de barrotes dándole al piquito para que tú lo flipes con mis sonatas“. A Doña Pepita se le vino abajo el mundo y fue a llamar a Don Pepe. ¡Pepe! Que el canario quiere que le dejemos libre. ¡Ah! Y dice que flipo. Ya le toca mujer. Es ley de vida. Déjale marchar…

Una preciosa mañana de primavera las manos temblorosas de Doña Pepita abrieron la puertecita de la jaula mientras que Don Pepe dejaba la ventana de par en par para facilitarle al canario el vuelo. Adiós Piolín, que te vaya bonito. No olvides escribir y si un día te da por traernos los huevitos para irte al cine con tu periquita, sin problemas.

El canario se lanza por la ventana todo osado. Vértigo, sudor frío, mareo… A los pocos segundos se da cuenta de que la más pequeña corriente en la jaula es un huracán tropical fuera de ella. Tras duros esfuerzos, y un dolor en las alas de aquí te espero, logra estabilizarse. Descansa en un banco y contempla, con una mezcla de alivio y añoranza, su casa. Entonces todo se oscurece. El enorme cabezón de un gato le observa fijamente con ojos golosos. Cuando ya se ve en las fauces del visitante inesperado, logra zafarse en un requiebro involuntario que realiza en plena huida tras golpearse con un árbol. ¡Plonc! Casi se despica.

Una vez recuperado de la impresión, sobre la rama del árbol, comienza a buscar alpiste. Nada. Incluso el agua de los charcos sabe a líquido de frenos. ¡Qué asco! Observa a una paloma llevando una lombriz en el pico mientras que un gorrión porta orgulloso una mosca a medio deglutir. Para su sorpresa el alpiste no crece en los árboles, es más, no hay ni rastro de él. ¿Moscas? ¿Gusanos? ¿Qué tipo de mundo es ese?

La noche va cayendo y lo más similar a un hogar que ha encontrado es una lata de fabada asturiana mohosa y pringosa. Poco a poco se va dando cuenta. Ha confundido libertad con autonomía y todavía no estaba listo para dar el salto. Recuerda con morriña aquel intento frustrado de doña Pepita para que volara por el salón o las veces que ella le contaba lo peligrosa que era la calle. Él pasaba de sermones, le “rayaba” todas aquellas cosas que ahora necesitaría. Así que al día siguiente, helado, hambriento y con el pico mustio regresa a su ventana.

Don Pepe le increpa: La jaula está cerrada, Piolín. ¿No demandabas libertad? Pues, nada. Es que los canarios de hoy en día no sabéis lo que queréis“. Doña Pepita le dice con tono severo: “¿Has vuelto? ¡Te lo dije! No sabes vivir autónomo. Menos mal que aquí siempre tienes una jaula y un cuenco de alpiste. Anda pasa, que si no fuera por nosotros…

Nuestro canario ha vuelto a su rutinaria, aunque segura, vida. Eso sí, se dejó la autoestima en el barrizal.

Cuando el adolescente empieza a cuestionar a los adultos que tiene a su alrededor, significa que está comenzando su lentísima emancipación de los padres, los cuales reconocen estos síntomas con una mezcla de añoranza e ilusión. Poco a poco le irán otorgando libertad a ese adolescente que además está poniendo tierra por medio entre él y ellos. No sólo ven como se inicia su independencia, dolorosa e inevitable, sino que además saben que deben colaborar a que esta se lleve a cabo.

La libertad que debe desarrollar el adolescente es un medio para formarse como persona autónoma, capaz de diseñar y llevar a buen término el proyecto de vida que él haya desarrollado desde su educación académica e integral. Al igual que al canario de la historia, hay que enseñarle el valor de las cosas para que comprenda que el primer peaje por su libertad será el esfuerzo. ¿Qué no mantiene limpia su jaula? Pues menos alpiste. ¿Qué el día que toca práctica de vuelo sin paracaídas por el salón este se niega a mover las alas? Pues le depositamos en el suelo y colocamos la jaula en la azotea. ¿Y si llora y patalea? Ya se le pasará cuando tenga hambre y suplique por un curso de vuelo sin motor en fascículos.

A la voluntad le acompañará una adecuada formación intelectual que le permita analizar su propia vida y su entorno con pocos sesgos ideológicos en la mochila que actúen como lastre, conociendo sus propias emociones y motivaciones, y procurando empatizar y aprender de los demás.

El reconocimiento de lo que está bien o mal, a través de los modelos de vida que ha conocido, que no hayan sido inculcados a la fuerza, le ayudará a configurar, con la voluntad y la formación, unos ejes sobre los que dibujar su proyecto de vida. Tan simple y tan complejo a la vez.

Aquellos que hayan sido protegidos en la infancia, llegarán a la adolescencia cargados de miedos y carentes de herramientas que le ayuden a ejercer su autonomía. Ser adulto es muy complicado. Por eso los padres y profesores tenemos que ir soltando la cuerda poco a poco para que ellos puedan usar esos destellos de libertad y probarse a sí mismos, ensayando su autonomía, sin olvidar que nuestra obligación es vigilar en la sombra que todo se desarrolle adecuadamente.
Dicho de otra manera: Si al pajarito no le liberamos antes en un jardín bajo nuestra atenta mirada, para que vaya entrenando en un lugar acotado y controlado, mucho me temo que no será capaz de sobrevivir el día que le invitemos a ejercer su libertad.

Antonio Javier Roldán

 

 

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Marwan

Space: Marwanmúsica

Web: Oficial

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?

Recuerdo que entre los 11 y 12 años fue cuando comenzó esta etapa para mí. Recuerdo que allí comencé a tener muchos cambios físicos y de personalidad.

2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?

La percibía de un modo muy recortado. La verdad es que siempre fui una persona muy ingenua y, aunque era muy hablador, no emitía ni muchos juicios ni tenía mucha idea sobre la sociedad. Lo que sí recuerdo es que me impresionaban enormemente algunas cosas como cuando descubrí el racismo o el egoísmo de ciertas personas. Yo siempre reaccioné de un modo violento ante ese tipo de cosa. Un error muy grande por mi parte.

3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?

A mí también hubo un momento en que las consolas me atraían mucho y llegué a comprarme revistas de juegos sin haber llegado a tener nunca una consola. De todos modos, lo que más hice en mi adolescencia fue deporte y salir con los amigos. Me pasaba horas y horas jugando al baloncesto y al fútbol. También iba a pescar con mi padre. Algo que me encantaría es haber leído más libros y mira que mi madre insistía en que lo hiciera.

4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?

La verdad es que algunas veces era buena y otras menos porque me imponían. Siempre me sentí impresionado con los adultos desde que era muy pequeño. Con mis padres si me comunicaba mucho, siempre fueron muy buenos y comprensivos conmigo y atendieron a mis problemas con mucho cariño.

5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?

Sí, me importaba mucho mi aspecto físico. En ese momento comienzan a gustarte las primeras chicas y a tener las primeras novias y todos queríamos estar guapos y ser altos por lo que nos repeinábamos.

6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?

Iba siempre repeinadito porque quería estar guapo. Siempre le pedía a mis padres que me compraran unos vaqueros así o asá. No llevaba ninguna estética en especial aunque algunos días llevaba estética rap y otros días me ponía todo arregladito pero nunca una estética en general.

7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?

Sí, en el colegio y en otros lugares. Incluso antes de la adolescencia. Nunca me faltó información al respecto.

8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?

Siempre he escuchado música muy variada. Escuchaba Europe, Bon Jovi, mucho rap, soul americano, pop-rock y muchos cantautores y la verdad es que sigo escuchando de todo y muchas de las cosas que aún escucho son los discos que escuchaba en mi adolescencia.

9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?

Por supuesto que me he sentido un incomprendido. Millones de veces me he sentido incomprendido, insensato, imprudente e inseguro. Con el tiempo es algo que he superado aunque uno siempre tiene algún momento de incomprensión pero dentro de unos límites razonables.

10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?

La madurez viene poco a poco pero sobre todo de los 16 a los 17 noté en mi un cambio muy grande. Vi que comencé a darle una gran importancia a los valores sociales, al compañerismo, a la solidaridad, a la empatía. A mi alrededor veía mucha falta de compañerismo, de amistad verdadera y a mí me afectaba mucho y se empezó a forjar en mí esa búsqueda.

Cuando recibí por correo las respuestas de Marwan para nuestro test, abusando de su cercanía y amabilidad, le pedí permiso para usar una de las canciones de su último disco “Trapecista”. La canción se llama “Adolescente” y la puedes escuchar en el reproductor que está bajo estas líneas.

¡Muchas gracias, Marwan!

 

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Libro: Adolescentes: “Qué Maravilla”

Eva Bach Corbacho (Manresa, 1963) es licenciada en Ciencias de la Educación por la Universidad de Barcelona. Maestra, formadora de formadores y escritora, es especialista en desarrollo personal, inteligencia emocional, comunicación y relaciones interpersonales. Es diplomada en Pedagogía Sistémica por el Institut Gestalt de Barcelona y el CUDEC de México.

Forma parte del equipo de programa “Emociones y Desarrollo Personal del Profesorado” de Departamento de Educación de la Generalitat de Catalunya, así como del grupo de trabajo en Pedagogía Sistémica del ICE de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Actualmente se dedica a la formación permanente de profesorado, padres y adultos en general e imparte también cursos para empresas. Es profesora en varios postgrados universitarios y asesora pedagógica en diversas instituciones y organismos públicos y privados.

Autora de numerosos artículos y de diversos libros: “Sedúcete para seducir“; “Des-edúcate“, “Lo más cerca posible“; “E-mociones: comunicar y educar a través de la red” y “El divorcio que nos une“.

Pero Eva tiene uno de esos títulos que no se entregan en ninguna facultad, el de madre de dos hijos de 18 y 14 años. Ese doble papel de pedagoga y madre le permite acercarse al mundo de los adolescentes de un modo muy afectivo y enfocado desde la inteligencia emocional. Para Eva los objetivos de este libro son:

1- Recuperar los valores esenciales y atemporales que nos transmitieron nuestros mayores.

2- Tranquilizar a los padres y madres de adolescentes, ofrecerles un pequeño y modesto reconstituyente anímico para que no se culpen y se angustien tanto, y sean capaces un poco más capaces de mirar a sis hijos/as con buenos ojos y con esperanza.

3- Ofrecerles una serie de mensajes claros, valientes y con corazón, para educarlos conjugando el amor y la ternura con las normas y los límites.

Como dice Eva al comienzo del libro, los adolescentes a veces son una maravilla y otras veces decimos que “vaya maravilla”. El libro es una invitación a afrontar la adolescencia con afecto y ternura, sin olvidar los límites y la autoridad. También es una lectura tranquilizadora para aquellos padres que tienen adolescentes en casa.

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Capítulo 13

 

Creo en mí

 

Cuentan por ahí una historia de un célebre enólogo que dedicó su vida a crear un vino aterciopelado, muy apreciado en todo el país. Sus amigos decían que su gran secreto era el cariño y la dedicación que ponía en su trabajo, vigilando cada cepa y escuchando a cada empleado. Los envidiosos, aquellos que anhelaban su fama y prestigio, argumentaban que su tierra era la mejor de la comarca y que la calidad de su cosecha era la causante de su éxito.

Según pasaron los años, mientras los premios y reconocimientos seguían llegando, nuestro enólogo fue preparando a su hijo para que algún día tomara las riendas del negocio, porque deseaba disfrutar de su jubilación en el campo paseando por su propiedad. Para ello le buscó una buena facultad de ingeniería agrónoma, desde la que acceder al título de enología, y le pagó un master en administración de empresas. Cumplidos los 65 años, el enólogo llamó a su hijo y le anunció que había llegado el momento de entregarle su legado. Padre e hijo se abrazaron emocionados.

A los pocos días el hijo reunió a los trabajadores y les dictó sus instrucciones para el cuidado de las vides. Después contrató a un compañero de facultad para ponerle al frente de las bodegas, ofreciéndole una prejubilación anticipada al perplejo responsable, que llevaba cuarenta años en el negocio familiar y se sentía con fuerza para otros cuarenta. A una empresa de marketing y diseño le encargó unas nuevas etiquetas para las botellas así como una campaña de publicidad para introducirse en el mercado americano. Y así siguió varios días introduciendo nuevos cambios en la empresa.

Mientras tanto, en el corazón del padre se instalaba un doble sentimiento. Por un lado se sentía orgulloso de la formación y el espíritu emprendedor de su hijo, pero por otro notaba una punzada de dolor al ver como la obra de su vida se iba transformando poco a poco. Con el paso de los años la empresa fue creciendo sin apuros económicos, pero con un nuevo estilo adaptado a los tiempos. Así un día lograron el certificado de calidad y el “Diploma regulador de denominación de origen de la CEE de explotaciones vinícolas con distintivo exportador” -la repera, oiga- para poder lucirlo con orgullo en el logotipo.

Muchas veces a las familias les ocurre como al padre de la historia, que educan a su hijo en unos valores y principios pensando que serán la base de su vida adulta, sin percatarse que el adolescente lo primero que hace al llegar a esa edad es poner a prueba todo lo aprendido en casa y en el colegio, investigando por su cuenta y experimentando sus nuevas ideas, para lo cual no tendrá problemas en arriesgarse y cruzar alguno de esos límites que antes le marcábamos. Al ser un nuevo miembro activo de la sociedad iniciará un viaje personal para conocerse a sí mismo, en el que las características inherentes a su juventud, como el idealismo o la aventura, serán sus compañeras en un viaje durante el que se verá capaz de resolver todos los problemas y contratiempos.

En esta nueva fase de su adolescencia la curiosidad se vuelve más activa, y es un buen momento para ver películas, leer libros e investigar el mundo que le rodea. Esta exploración, unida a los principios aprendidos en la infancia -no olvidemos que en la historia del vino las uvas y la tierra eran las mismas para los dos protagonistas-, será la gran responsable de los cimientos de la persona que se está transformando. Habrá momentos en que el joven se declare creyente y a las pocas semanas sea un ateo convencido. Otras veces nos asustará con comentarios intolerantes o agresivos, para luego volcarse un fin de semana en ayudar a algún colectivo que esté pasando apuros.

A menudo las creencias y el sistema de valores que se está construyendo quedarán mediatizados por la realidad social, porque en el escaparate que le mostramos los adultos contempla un mundo brillante gobernado por el consumismo y la riqueza, en contraposición a la realidad del paro y a la falta de recursos. Por eso no podemos comparar nuestras motivaciones por el estudio con las de las nuevas generaciones. Nosotros buscábamos lograr un nivel de vida mientras que ellos pretenden mantener el que han tenido desde la cuna. Esta misma situación de confort que desean conservar les hace retrasar a veces su propia emancipación o anteponer el placer al sacrificio.

A veces, analizando las creencias y los valores de los adolescentes, podemos caer en la tentación de menospreciarlos, sin darnos cuenta de que son el reflejo de la sociedad que les estamos ofreciendo.

Un día leí en internet unas declaraciones muy interesantes de un célebre intelectual: “Nuestra juventud adora el lujo, es mal educada, burla la autoridad y no tiene el menor respeto por los viejos. Nuestros hijos, hoy son verdaderos tiranos. Ellos no se levantan cuando una persona mayor entra, responden a sus padres y son simplemente malos.”

Duras palabras, a fe mía. Las dijo Sócrates hace 2400 años.

Antonio Javier Roldán

 

Colaboraciones

Recuerdos de un profesor jubilado (V): Los que se quedaron atrás (2ª Parte)

Al comisario del barrio le llamaban el sheriff, tanto era el esfuerzo que se necesitaba para mantener el orden. Cuando me incorporé al instituto me dieron la poco reconfortable noticia de que el centro de enseñanza había sufrido treinta problemas de delincuencia en el curso anterior. Varias bandas juveniles atracaban a nuestro alumnado todos los días, e incluso entraban en los patios al menor descuido. Las profesoras salían a las seis de la tarde cogidas del brazo, sin mirar a nadie, hasta que llegaban a la parada del autobús. Incluso un inspector que se equivocó de puerta de entrada, tuvo que pasar por el centro de una pandilla que estaba allí esperando sus presas.

En los años en que fui directivo, me recibían en la comisaría como a viejo conocido, y me pasaba esperando turno para las denuncias gran parte de mi horario laboral. Conocí a varios inspectores de policía, con los que coincidiría más tarde con motivo de otro tipo de hechos muy tristes que no vienen ahora al caso. Ni las denuncias ni las fugaces detenciones lograban mejorar el ambiente de inseguridad en el que vivíamos. Había que observar la cara escéptica del guardia mientras tecleaba la denuncia: “Y dice usted que han atracado a un alumno…¿dentro o fuera?, porque si es dentro no es cosa nuestra…”

A algunos jefes de pandilla los conocíamos, e incluso alguna vez tuvimos que echarlos del patio. Cambiaban mucho, porque siempre había alguno detenido y otros se buscaban nuevos aires. También sufríamos a otros que eran totalmente anónimos, como los que nos rompían los cristales en los fines de semana. El instituto era muy abierto y luminoso, todo de cristales, y desde detrás de la valla se podía intentar romper algunos con el uso de buenas piedras y aceptable puntería. Gran parte de nuestro presupuesto se iba en reponer roturas, e incluso fuimos incorporando plástico irrompible a la fachada.

¿Por qué lo hacían? No era sólo el placer de romper; hubieran terminado por cansarse. Hablando con nuestros alumnos y con sus padres nos dimos cuenta de que estábamos atendiendo a la primera generación que estudiaba Bachillerato en el barrio. Sus padres no tenían estudios en general. Tampoco entendían lo que era la Enseñanza Media. Creían que sus hijos iban a un colegio que se prolongaba mucho. Aún recuerdo alguno que me decía: “Usted le pega fuerte, que si no, no hay forma de sacar nada de él”.

Los que no estaban con nosotros tenían un porvenir muy distinto. Ya para entonces no era fácil encontrar trabajo sin el título de Graduado Escolar o el Bachillerato, y se podían ver abocados al subempleo. Ellos lo sabían, y también que dentro de nuestro instituto había vecinos suyos, de su misma edad, incluso amigos, que sí estaban estudiando y sí podían ver el futuro con más esperanza. Por eso a veces les entraba el deseo de vengarse, de fastidiar a aquellos privilegiados, que después irían a la Universidad, se prepararían, conocerían mejor la situación política y participarían en el nacimiento de la democracia.

Me inquieta pensar qué será ahora de aquellos pandilleros y de los que con tanta efectividad nos estropeaban las fachadas. Tendrán cincuenta años, serán padres de familia, e incluso puede que alguno ya sea abuelo. ¿Qué recuerdos de su juventud podrán contar a sus hijos? ¿Optarán por callar? ¿Cómo pensarán ahora sobre la sociedad y la política? Es seguro que muchos se habrán hecho con una cultura, o que incluso sean prósperos empresarios, pero creo que cuando piensen en sus años jóvenes les quedará todavía la sensación de que ellos se perdieron algo.

Antonio Roldán Martínez (Web)

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Tamara Rojo

Biografía: Wikipedia

Web: Oficial

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?

Alrededor de los 13 años. Por primera vez me di cuenta que mis decisiones tenían consecuencias a largo plazo, que esto ya era el ensayo para mi vida adulta.

2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?

Distante, totalmente desinteresada por mí y por mis sueños que no veía reflejados en ningún medio de comunicación o entorno social.

3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?

Tenía muy poco tiempo libre pues combinaba el colegio con el aprendizaje de la danza pero lo que siempre me apasionó fue perderme en los libros