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Archivo de la Personalidad categoría
El nuevo Olimpo
12. Octubre 2011 por Antonio Javier Roldán.
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El nuevo Olimpo |
Pongámonos en situación. Antigua Grecia. Un adolescente griego se acerca a uno de sus maestros y le pregunta por el sentido de la vida, así, sin anestesia ni nada. El anciano se atusa la barba y le habla a su pupilo de los dioses del Olimpo, una pandilla de tiranos sin ética, caprichosos, lujuriosos y vengativos, que sólo pueden ser calmados con algún que otro sacrificio y o con los cantos de “Zeus bonito, me gusta tu rayito” que calman los divinos egos. El joven asiente ante la explicación, pero se aleja de allí algo apesadumbrado, porque sus dioses no le ofrecen nada más que ser paciente con ellos -¡vaya tropa!- y mentalizarse para darse un garbeo eterno por el inframundo de Hades.
Nuestro adolescente ha dejado de creer en el Olimpo y decide buscar por sí mismo las respuestas que necesita. Se acerca a un puerto y toma una barquita con la que adentrarse en un viaje iniciático por el mar que le llevara a comprender la naturaleza, aprender de las estrellas, dialogar con su alma, escuchar la música de la tierra y reconocerse en el espejo de la humanidad. Su rebeldía ante los dioses le ha transformado en un pensador, en un pequeño filósofo capaz de armonizar la belleza con la geometría y asombrarse de su condición de persona. Si ya se lo decía el otro día Sócrates a los progenitores del interfecto sublevado: “Nuestros jóvenes de hoy en día aman el lujo, tienen pésimos modales y desdeñan la autoridad, muestran muy poco respeto por sus superiores y pierden el tiempo yendo de un lado para otro, y están siempre dispuestos a contradecir a sus padres y tiranizar a sus maestros“.

Una tarde nuestro protagonista se topa con Zeus, que ha bajado a darse un garbeo por el bosque, y de paso “raptar” a alguna ninfa. El dios griego reconoce al insurrecto súbdito e iza con furia uno de sus rayos y, con voz poderosa, se dirige al pequeño rebelde: “si no estás conmigo serás un excluido, un maldito apátrida fuera de nuestra sociedad”. El adolescente gira la cabeza hacia el camino que tiene por delante y le responde: “Mi patria es donde me lleven los pies y mi templo reposa en el corazón“.
Resulta difícil terminar este relato… Lo más lógico es que Zeus le lanzará rayos hasta en el carnet de identidad, pero también me gustaría pensar que el hijo de Rea se quedaría tan descolocado que dejaría escapar a nuestro rebelde. Dejo el final a la imaginación de cada cual.
Siglo XXI. El Olimpo del consumismo y la riqueza material han deslumbrado a los jóvenes desde su infancia, permitiendo que sus vidas sean acomodadas y sencillas. Sólo por el simple hecho de nacer bajo la tutela de tan generosos dioses uno tiene derecho a ropa de marca, nuevas tecnologías -con sus propios dioses mesiánicos-, dinero fácil, comida variada y un sinfín de oportunidades para formarse y gozar de la vida. Hasta que ha llegado el terremoto que derriba el Olimpo, mostrando el cartón piedra, que creiamos mármol, y la purpurina que deslumbraba como el oro. Al igual que en la antigüedad, los dioses caídos ya no merecen nuestro respeto y los jóvenes se sienten traicionados por su comportamiento amoral e indigno, sin darse cuenta de que todos hemos sido cómplices de ese Olimpo con nuestra furia recolectora de las migajas sobrantes en los banquetes divinos.

Algunos desencantados buscan desesperadamente nuevos ídolos a los que seguir y se convierten en presa fácil de ideologías extremistas en las que basta con asumir las directrices marcadas sin abandonar el redil, como suele suceder siempre tras una crisis. Otros no se dan por vencidos, y simplemente otean el horizonte en busca de dioses sustitutos, líderes poseedores de la verdad absoluta, estrellas sociales millonarias y engreídas, o simplemente de un titiritero al que le sobre cuerda para atar nuevas marionetas.
Sin embargo existe un grupo de jóvenes que llevaban tiempo imaginando que otro mundo era posible, y deciden despertar del mal sueño, que siempre han conocido, y se acercan a la orilla para buscar la misma barquita que su ancestro del mar Egeo. Saben que no lo van a tener fácil, que serán señalados por la calle por atreverse a cuestionarse cuanto les rodea y que deberán cargar con ese lastre si desean permanecer dentro del sistema e integrarse en él.
Os confieso que no tengo la valentía suficiente para echarme a navegar, porque aquí en mi palacio, a los pies del viejo Olimpo, se vive de fábula. Débil que es uno. Lo que sí os prometo es pasarme de vez en cuando por vuestro puerto, y si hay que remendar alguna vela resquebrajada por Eolo, pues se hace, que para eso me han entregado una aguja de oro. Me dará vergüenza su resplandor, claro, pero al menos servirá para un zurcido de emergencia.
Seguro que algún vecino de la polis me critica por estar ahí con mi aguja, apoyando a las ovejas negras, en vez de centrarme en hilvanar trajes de seda. Lo asumo, no me importa, me está bien empleado por pertenecer al rebaño.

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Still got the blues for you
8. Febrero 2011 por Antonio Javier Roldán.
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Still got the blues for you |
Siempre cuento a mis alumnos que su profe de matemáticas suspendió la materia que ahora imparte cuando estaba en plena adolescencia. Para algunos es una forma de motivarse cuando la pizarra se llena de signos inexplicables y creen que nunca serán capaces de entender todo aquel compendio de insensateces algebraicas. También les he contado cómo viví la llegada de la droga a mi barrio, o cuáles fueron mis sentimientos cuando me enamoré de verdad por primera vez y cómo he logrado regar ese sentimiento para que todavía hoy perdure. Sin embargo nunca les he hablado de mi analfabetismo emocional cuando mi alma y mi cabeza pugnaban por apropiarse de las sensaciones que se me clavaban como saetas.
Los primeros suspensos llegaban y su frecuencia me inmunizó. Las chicas entraban y salían de mi corazón, tan deprisa que apenas dejaban el aroma incierto de un perfume o un recuerdo en que refugiarme. Avanzaba hacia un mundo injusto y cruel al que no deseaba pertenecer. ¿Cómo explicarles a los demás la inseguridad que se apoderaba de aquel muchacho con cuerpo de hombre y alma de niño? ¿Cómo describir las emociones que me zarandeaban si ni yo mismo era capaz de nombrarlas?
Entonces sucedió… Uno de mis compañeros comenzó a quedarse en clase durante los recreos, aquella media hora de gloriosa libertad emboscada entre las seis horas diarias de clase. Cada día tomaba la tiza y copiaba la letra de una canción de un guitarrista llamado Gary Moore. Al principio no le presté mucha atención, al tratarse de música de rock duro, pero poco a poco me picó la curiosidad, hasta sentarme con mi bocadillo en mano frente a aquellos textos. Todo estaba ahí, mis preocupaciones, anhelos, deseos, frustraciones… ¿Quién era capaz de contar aquellas historias? ¿Un melenudo aporreando la guitarra? Imposible.

Así que una mañana me acerqué a mi compañero con una casete en la mano y le dije que hiciera con ella lo que considerara oportuno, que por fin alguien había sido capaz de describir mis emociones y que necesitaba saber si su música sería capaz de armonizarlas y acompañarme en las largas tardes de estudio y melancolía. Así llegó Gary a mi discoteca.
Y pasó un año, y otro más… Entonces la conocí a ella, la que acaricia mi corazón cada amanecer y lo conforta al caer el día. Juntos escuchamos a Gary Moore, convirtiéndolo en una de esas pequeñas complicidades que conforman el mundo de la pareja.
El domingo seis de febrero supimos que Gary Moore nos había dejado. Yo lo siento como si hubiera perdido a un colega de viaje, a una de esas referencias a las que me agarré cuando mi única certeza consistía en reconocer mis dudas. Mi compañera y yo nos hemos levantado un poco más tristes que ayer, pero temo que días como este serán cada vez más frecuentes. Cosas de la edad…
Así que, gracias por todo Gary, por tus habitaciones vacías en las que tu guitarra lloraba cuando mis lágrimas brotaban secas; por recordarme que allí en los campos de batalla los hombres no siempre mueren por un ideal; y, sobre todo, por descubrirme que mirando a los ojos de ella lo más fácil sería enamorarme.
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Adiós, Woolly
18. Diciembre 2010 por Antonio Javier Roldán.
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Adiós, Woolly |
Tengo que remontarme al año 82 para recordar las únicas clases de música que he recibido en mi vida. Me encontraba cursando primero de bachillerato, el equivalente actual a 3º de secundaria. En mi colegio le otorgaron a una profesora, especialista en ciencias, unas horas de música con treinta y tantos adolescentes furibundos, por aquello de completar jornada, supongo. Yo en su lugar hubiera cogido mis bártulos y le habría dicho a la jefa de estudios aquello de “son todos tuyos, reina”. Pues no. Julia, aquella intrépida docente, tuvo una idea genial que siempre le agradeceré. Nos encargo a sus “pavitos” que trajéramos discos de música moderna para ser escuchados en clase, analizando el estilo al que pertenecían así como la biografía de sus intérpretes. Serrat, Aute, Asia, ACDC, Barón Rojo, Jethro Tull, Spandau Ballet, Led Zeppelin, entre otros, conformaron un mosaico sobre el que construir mi ecléctica discografía actual.

En aquellas gozosas jornadas musicales, descubrí la corriente del rock sinfónico, como resumen de los múltiples sonidos que pinchamos en el equipo de sonido compacto, que los habituales portadores bajaban de la sala de profesores con ilusionada pericia. Por eso, en aquel comienzo de bachillerato, perseguía obsesivamente grupos como Yes, Marillion, Génesis o Pink Floyd. Por aquel entonces anunciaron en televisión la emisión de un concierto de rock sinfónico en la segunda cadena a cargo de Barclay James Harvest. ¿Eran tres grupos o uno solo de nombre extraño? Ni flowers. No me sonaban conocidos, pero me daba igual, yo era un auténtico depredador. Así que me monté un estudio de grabación de la leche… Me sitúo. Dormitorio de mis padres. La tele pequeña en blanco y negro, que usábamos como monitor de nuestro heroico ordenador “Spectrum”, fue sintonizada en el UHF correspondiente. Mi radiocasete marca MBO se colocó frente a la pantalla, con su micrófono monocanal y armado de una cinta de gama baja, regrabada hasta la saciedad. Comienza el programa.

Berlin. A concert for the people”. REC. Adelante…A través de la pantalla, los músicos se movían en un mar de interferencias, como espectros rockeros encerrados en una jaula de Faraday. Y si de fantasmas iba la cosa, la grabación supuso la primera psicofonía sinfónica de la historia, tan tenebrosa que el mismo Iker Jiménez hubiera dado una pasta gansa por ella si la hubiera perpetrado en una casa encantada. Decepción…

Meses más tarde, en la mítica tienda madrileña de Discoplay, rebuscando en el habitual cajón de las ofertas –para las nuevas generaciones aclaro que por aquel entonces la música se prestaba, pero no entre desconocidos-, encontré una casete con el concierto de Barclay James Harvest que un día quise grabar. Calma, Antonio, calma. Debe ser un error del menda que etiqueta. Atrapé la cinta con destreza felina y me acerqué a la caja sudando, envuelto en una capa de terror, porque temía que me dijeran que estaba intentando robar por adquirir un producto mal etiquetado. Son 199 pesetas. Como estas. ¡Adiós! Pies en polvorosa.
Nunca había escuchado una música como aquella. Me atraparon desde la primera canción. No eran el mejor grupo sinfónico, tampoco el más progresivo, ni el más melódico o rockero, pero aglomeraba todas las influencias que estaba recibiendo en aquellos años en una urdimbre de temas muy cercanos a las inquietudes con las que me levantaba cada mañana en mi exploración del mundo adulto.
John Lees hacía llorar a su guitarra por los amores perdidos, el hambre en el mundo o la religión. Les Holroyd abría las puertas al amor correspondido, al intenso final de siglo o a los sueños que a veces se convierten en realidad. Woolly Wolstenholme acariciaba su melotrón dejando que las notas se alejaran de la Tierra y se mecieran por los planetas hasta depositarse delicadamente sobre un libro abierto. Mel Pritchard, desde su batería, atrapaba las tres cometas y sujetaba los hilos para que estas surcaran los cielos, azotadas por el viento o en permanente caída hacia el mar revuelto del corazón de un adolescente que deseaba conocer el mundo sin todavía conocerse a sí mismo. Inicié una frenética búsqueda de sus discos, y pronto asumí que aquel grupo era muy minoritario en España, por lo que cada uno de sus LP´s me costaría varias semanas de ahorro para adquirir en tiendas de coleccionistas.

Pasó mucho tiempo, incluso me casé, y todavía no había logrado reunir toda su música. Veinticinco años más tarde, me enteré de la muerte de Mel, así que me decidí a completar mi querida discografía, encargando por correo el disco que me faltaba. Al mismo tiempo, la revista Rolling Stone publicó una carta que escribí como homenaje al músico desparecido y al grupo que marcó mi juventud.

Aunque Barclay James Harvest se dividió en dos grupos –John&Wooly, Les&Mel-, seguí comprando sus discos en mis viajes al extranjero o por Internet. Hace unos días recibí un correo de Keith y Mónica Domone, que durante años han mantenido unidos e informados a todos los fans del grupo repartidos por el mundo. En él me informaban de que Woolly dejaba temporalmente el grupo por problemas de salud y estrés. Me sonó muy raro. Finalmente el pasado día 13 de diciembre nos dejó.

Hay personas, lugares, melodías o libros, que marcan tu adolescencia ayudando a conformar tu personalidad. Muchas veces he soñado con poder hablar con mis cuatro músicos favoritos y contarles que tenían un seguidor incondicional perdido en un país en el que apenas eran conocidos. En septiembre de 2009 casi lo logro, porque John y Woolly se iban a acercar a España. El primer boleto para el concierto en Denia (Alicante) que los promotores vendieron para ver a la Barclay, fue el mío. Lo prometo, está numerado con el 001. Desafortunadamente la crisis económica hizo que el festival de Denia se suspendiera.

Ya sólo podré asistir a algún evento de John y o Les. Cada uno seguirá con su proyecto recordando aquellas viejas melodías de mi adolescencia y presentando otras nuevas compuestas desde la experiencia de sus sesenta y tantos años. Prometo no rendirme, y buscar algún lugar en Europa en el que toquen, para poder darles las gracias por tantos años de compañía. Así que este post va por vosotros, pero especialmente por Woolly, para que sepas que cuarenta de tus canciones llevan sonando en mi mp3 desde el lunes y que seguirán presentes en mi vida para siempre.
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Verano del 82
10. Noviembre 2010 por Antonio Javier Roldán.
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Verano del 82 |
Mi verano de los trece años transcurría con un “pavo de manual”, alternando los partidos de chapas del Real Betis Balompié, en el que brillaban las patorras de Gordillo, Rincón o Esnaola, con el examen visual de las largas piernas de mi vecina de piscina. Lo normal, vamos. Fichando como niño para lo que me interesaba y sacando pecho de adulto si la ocasión lo merecía, es decir, Jekyll para ganar la Copa de Europa –lo de la Champions League es para yogurines- y Hyde para ti, nena.
Creo recordar que aquella mañana era domingo, quizás porque todo estaba silencioso y tranquilo en la urbanización donde pasaba las vacaciones. Me asomé a la terraza meditando sobre qué personalidad me pondría para salir, por aquello de ir bien conjuntado emocionalmente y tal, cuando entonces te vi. Estabas tirada sobre el césped, brillando de rocío y agotada tras una noche de presumible juerga. Confieso que dudé por un instante, porque estaba seguro de que en unos minutos despertaría del sueño y tú te alejarías de mis dominios.
Sin embargo, mi Hyde me decía que aquello era una aventura más interesante que humillar al Real Madrid en un partido a vida o muerte, por lo que fui a buscar a mi madre y le dije aquella frase para la posteridad: Madre, tengo que partir a una cita con mi destino. Bueno, realmente no fue así, creo recordar que, para no alterarla, lo edulcoré un poco: Mamá hay una cinta de casete tirada en el césped… Que si puedo bajar. Ella me dejó, con ese instinto que tienen las madres para percibir los momentos sublimes de la vida.
Por ti romperé las reglas, guapa –pensé mientras me colaba en el inmaculado césped recordando que el jardinero estaría roncando en su día libre-. Sigilosamente me acerqué al lugar donde reposabas, procurando no ser descubierto. Un perro que pasaba por allí ladró tras reconocer mi instinto innato de cazador. Nada me detendría. Y allí estabas, deseando encontrarte conmigo, junto a un envoltorio gastado de chicles, humillada en tu injusta soledad. Te tomé entre mis manos y dejaste escapar un tenue suspiro antes de presentarte: “Rock´n´Ríos” – Miguel Ríos.
Así que era eso, un disco de rock del tipo ese que hizo la canción de misa del “Himno de la alegría”. Pues vale, pues me alegro, pues eso. Una cosa era acordarse todos los días del árbol genealógico del socorrista de la piscina, que nos machacaba a diario con el “Maquillaje” de Mecano, y otra muy distinta escuchar rock´n´roll, yo, un tierno Jekyll. Nena, te equivocas conmigo, soy un tipo formal, un caballero de los de antes, uno de los que cogen los vinilos de sus padres y no pasa de los Beatles –con reparos-, así que si vienes a pervertirme musicalmente que sepas que vas de cráneo y contra el viento.
Ante mi postura cerrada y mi decisión irrevocable, la pobre cinta tuvo que estrujarse el coco para que la hiciera caso. Lo que ignoraba era que me había topado con un rival muy duro. Como quien no quiere la cosa, empezó a restregarme la canción de misa, el blues ese del músico que va en autobús mirando hacia el sur –andaría desnortado, el pobre-, la balada de una Lucía que de santa tenía poco, y así hasta plantarse delante de mí y soltarme cuatro cosas sobre los peligros de las drogas, la invasión del microchip en nuestros hogares –era una gran pitonisa, la cintita- y recordarme que mi tierra se llamaba Al-Andalus, con sus melodías sensuales y eternas. Ya me tenía medio atrapado en sus garras cuando decidió darme la puntilla final versionando a Burning, Asfalto o Leño, aquellos grupos que mis compañeros, más adelantados en la adolescencia, pintaban en sus carpetas como tatuajes de papel. En aquel momento recordé las palabras de Darth Vader invitando a Luke a pasarse al lado oscuro, y un escalofrío me recorrió por completo.
De esta manera Miguel y su casete me derrotaron, y tras el “Rock´n´Ríos” llegaron nuevos discos con el paso de los años, como aquel que le pedí a mi padre en el año 1984 por mi cumpleaños, “La encrucijada”, que también coincidió con un nuevo paso en mi evolución personal, convirtiéndome en el adolescente perfecto.

Han pasado casi treinta años desde entonces. No conservo aquella cinta, pero si el disco compacto del “Rock´n´Ríos” y el LP de mi cumpleaños. Miguel ha dicho que se jubila, que tiene cuerda para rato, gracias a su dedicación y a cómo ha cuidado su cuerpo, su voz, sus ganas de cambiar el mundo y su ilusión por explorar nuevos caminos, pero que ahora quiere volver a Granada, como ya avisó en una de sus canciones.
Hace poco tuviste la amabilidad de aceptar que te entrevistara para “La pavoteca”, aunque no me atreví a contarte la historia del niño que entrando en la adolescencia se encontró contigo una mañana de verano. Por eso no he dudado en acudir a tu fiesta de jubilación, un concierto que ha servido de homenaje al trabajo bien hecho, al amor por el esfuerzo, la constancia y la coherencia. El adiós de un músico, pero también de un profesor, porque las letras de tus canciones y tu profesionalidad podrían volcarse en un libro de texto para mis alumnos, que se están abriendo a un mundo que no les gusta pero que a la vez les atrae sin remedio.
Permíteme también decirte que seguirás sonando en mi casa y que el otro día disfruté en tu concierto igual que aquel niño del verano del 82, sólo que ahora Darth Vader se ha convertido en un recurrente disfraz de Halloween, las chapas sólo se emplean de atrezzo para “Cuéntame” y mi parejita Jekyll y Hyde se van de juerga y no me avisan. Los muy traidores.
Bye bye, Ríos.
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Expresiones algebraicas
18. Noviembre 2009 por Antonio Javier Roldán.
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Mi personalidad |
Los adolescentes son auténticas máquinas de sentir, pero no siempre son capacers de poner nombre a esas emociones que les envuelven. Siete alumnos de matemáticas de 2º de ESO han intentado exponer su personalidad mediante una expresión algebraica, una fórmula en la que la suma añada, la multiplicación aumente y la potencia eleve sus sentimientos. Pero en esa misma fórmula desean eliminar restando, desterrar emociones dividiento o tratar de extraer el significado de comportamientos que no aprueban mediante una raíz.







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Capítulo 43
29. Mayo 2009 por Antonio Javier Roldán.
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Estoy en crisis |
Mayo de 1985. Aunque la primavera flota en el ambiente y la naturaleza parece despertar de su letargo, Antonio se siente marchito por dentro. Son de esos días en que todo sale mal. Las Ciencias Naturales continúan su inexorable camino hacia el desastre, para disgusto de sus padres; ninguno de sus amigos parece darse cuenta de que está sufriendo porque los hombres, no saben transmitir los mensajes del corazón; su cuerpo está somatizando el estrés y las hormonas; ella está tan perdida como él, pero al menos se resigna a la incertidumbre; su percepción del mundo que le espera le horroriza por la hipocresía, la demolición de la imagen de los adultos y las dudas que agrietan sus creencias; y a su alrededor observa como la moda de los porros va fagocitando a otros jóvenes más perdidos que él, lo cual le crea una enorme preocupación.
Esa tarde ha explotado. No puede más. Resulta inútil sentarse a estudiar si las lágrimas le van a nublar la vista y ahoga la poca fuerza de voluntad que le queda, así que coge su cazadora y decide irse. Les dice a sus padres un escueto “Voy a darme un paseo para relajarme” y les deja con el corazón en un puño mientras le ven alejarse hacia la puerta. Camina sin rumbo lejos de su casa, de su barrio, del entorno donde transcurre su exploración de la sociedad que le aguarda junto a sus iguales, pisando calles desconocidas para adentrarse en su propia esencia. El edificio está cayendo, planta a planta, ladrillo a ladrillo, pero al menos cada vez es más perceptible el desmoronamiento general. Nota el vértigo, el vacío y la angustia de quedarse rodeado de escombros y no poder controlar su adolescencia En su viaje al otro lado del hogar se topa con rostros cuya indeferencia hacia él le descubren que en la gran ciudad nadie cuidará de él salvo las personas que le quieren. Comes o te comen en un parchís sin barreras de protección. Entonces es cuando nota en el bolsillo que un objeto le acompaña en su soledad…
Su familia le está apoyando en ese viaje que debe realizar por sí mismo, en el que el deslumbrante castillo de naipes, que creía firme, ha caído. Aunque sufran por él y teman que su inmadurez le prive de llegar a su destino sano y salvo, han sabido dejarle en el bolsillo una brújula confeccionada pacientemente con los valores y las enseñanzas que conforman unos cimientos resistentes a la crisis. Según cae la tarde, esa brújula iluminará el trayecto hacia su casa.

Como si se tratara de una metamorfosis, Antonio decide dejar tras sus pasos todo el lastre que ha acumulado en los primeros momentos de la adolescencia. No volverá a confundir el enamoramiento con la búsqueda del amor; no permitirá que sus problemas interfieran en sus responsabilidades; escuchará a quien pueda enseñarle, pero también al que quiera compartir con él sus inquietudes; dejará de quejarse por las injusticias, arrimando el hombro para erradicarlas; guardará en el trastero su infancia, pero le quitará el polvo de vez en cuando, porque sin ella su equipaje quedaría vacío.
Según vislumbra el calor del hogar nota como algo está muriendo en él y como la esencia de lo que es se abre paso para comenzar de nuevo. Ya en casa, sus padres le dirán que estaban preocupados por su ausencia, pero apreciarán en su mirada que el viaje no ha sido en balde.
Es de noche y, aunque el cuerpo está agotado, el corazón late tan deprisa que no puede conciliar el sueño. De la silla que hay junto a su cama toma su carpeta de apuntes y el estuche. En cada separador Antonio ha escrito las canciones que le están marcando su adolescencia Scorpions, Bon Jovi, Barclay James Harvest… En uno de los espacios libres dibuja torpemente otra versión libre de una ilustración del dibujante José Luis Cortés, en la que él aparece escuchando el “Empty Rooms” de Gary Moore -su ídolo- y junto a ella narra lo sucedido esa tarde, por si alguna vez necesita recordar su propio compromiso:
En el lugar más oscuro de la ciudad hay una persona cansada de llorar, ahogado por la tristeza camina con rumbo a ningún sitio, porque sabe muy bien que dejará su última herencia al sol para florecer como un hombre nuevo, devolviendo su vida al fuego que nunca debió abandonar. Pero las sombras no lo saben, le observan, viven, pero no lo saben.
Él siente todo el amor del mundo en una sola palabra que le ata para ser libre. El viento susurra su nombre mientras poco a poco se derrumba. La noche está creciendo, cae al fango y otra mentira hiere lo más profundo de su corazón. Sus pies caminan con lentitud, sus ojos buscan el infinito y su voz se pierde en la soledad mientras se abraza a un árbol buscando el último cobijo para caer despacio en sus raíces. Todo es silencio en la ciudad, pero una silueta brillante avanza hacia él. El silencio es paz, la luz amor, pero él permanece quieto, sin calor. Un caballo blanco cabalga alrededor, fijando sus ojos rojos en el alma, se acerca, con arrogancia y demostrando poder.
En un último esfuerzo, sube al caballo y juntos se alejan en la noche en busca de la eternidad. Toda ha terminado, pero tú no te has muerto. Tú no puedes morir nunca. Sin ti no puedo vivir, no existo. Sé que volverás…
Con las primeras luces del alba una paloma busca cobijo junto a una flor. Todo empieza de nuevo.
Leyendo su propio texto, veinticinco años después, Antonio recuerda cada uno de los sentimientos de aquella tarde de primavera, así como el trayecto que siguió en aquel paseo en el que la crisis le sirvió para tomar la determinación de reconstruir su vida desde los cimientos que le regalaron sus padres, abuelos, profesores y demás adultos que le orientaron desde pequeño. Observa la amarillenta carpeta cubierta por imitaciones de Cortés. Le resulta gracioso comprobar como la totalidad de las canciones que anotó, junto a las fotos que pegaba, en los días de la adolescencia, se encuentran ahora en formato mp3 en el disco duro de su ordenador. Selecciona en el reproductor la canción sobre la soledad de Gary Moore, que describía el dibujo, mientras escribe en su blog sobre la adolescencia. Gary Moore ya no hace “heavy metal, sino blues.
Tampoco Antonio decora ya las carpetas -bueno, algunas sí…-, pero al menos disfruta pintando corazones de tiza en las paredes del patio del colegio.
El curso escolar está llegando a su fin. Antonio, que ahora es profesor, intuye que en apenas un mes “sus pavitos” dejarán de ser los mayores dentro del grupo de los pequeños del colegio, para ser los más pequeños de los mayores. Se están despidiendo de la infancia y lo notan. Así que llegará el último día de clase y tendrá que soltar la cuerda para que vuelen solos. Como todos los años les dará algún que otro consejo para no recoger un carro de calabazas en el exigente curso siguiente, pero también les dirá que cuiden sus cimientos, esos que se van configurando desde el nacimiento y que serán una robusta base sobre la que construir sus vidas cuando llegue el momento de levantarse tras una crisis.
Sobre ese sustento de valores, fortalecido por el amor, podrán construir maravillas.
Antonio Javier Roldán
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Colaboraciones |
Empty Rooms
La soledad es tu única amiga.
Un corazón roto que no se puede remendar
Es el precio que pagas.
Es duro comprobar que el amor va envejeciendo.
Los días se hacen largos y las noches frías
Cuando se desvanecen.
Supones que ella cambiará de idea
Pero los días transcurren
Y nunca sabrás porque ella se ha ido.
Ves su cara en la multitud,
Oyes su voz, pero todavía te sientes orgulloso,
Así que te das la vuelta.
Te dices a ti mismo que serás fuerte,
Pero tu corazón te dice
Que esta vez estás equivocado.
Supones que ella cambiará de idea
Pero los días transcurren
Y nunca sabrás porque ella se ha ido.
Habitaciones vacías,
Donde aprendemos a vivir sin amor…
Totalmente solo en una habitación vacía,
La soledad es tu única amiga,
Ella se ha ido y tú estás en el final.
Gary Moore
Puedes enviar tus reflexiones, poesías o artículos sobre la adolescencia para que se publiquen en “La pavoteca” enviando un correo electrónico.
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La Pavoteca examina a… |
Cayetana Guillén Cuervo
Biografía: Wikipedia
Web: Versión Española

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
Tuve una adolescencia relativamente feliz, hasta los 17. Y un calvario emocional hasta los 22 o 23.
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
A contracorriente. Antipática y compleja. Y no muy comprensiva con nosotros.
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
Estudiaba Periodismo y Arte Dramático, y trabajaba. Vivo sola desde los 19 años. No tenía mucho tiempo libre, pero leía, y viajaba todo lo que podía. Leer y viajar. Y si hacía las dos cosas a la vez, mejor.
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
Bastante fluida. Siempre he ido con gente algo mayor que yo, excepto ahora, que me ocurre lo contrario. Con mi familia, esa etapa fue algo más complicada.
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
Sí. Y estaba llena de complejos que me martirizaban. Sufrí mucho con ese tipo de inseguridades.
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
Bastante cañera. Y con un jersey atado eternamente al culo para que no se me viera.
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
No. Lo recibí dentro de mi entorno familiar. Hablo bastante con mis padres, sobre todo con mi padre.
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
Música española de los 80. Desde la más radical, a la más pop. Y la sigo escuchando.
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
Constantemente.
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
Nunca estuve cerca de la Iglesia, pero en esta etapa la distancia se hizo definitiva. Empecé a colaborar con movimientos solidarios que me hacían sentirme útil, a favor de la objeción de conciencia (todavía había servicio militar obligatorio), Green Peace, viajé mucho por la India y colaboré en varias acciones. Y ahí sigo.
¡Muchas gracias, Cayetana!
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Libro: La voz de los adolescentes
Javier Elzo ha realizado numerosos estudios sobre la adolescencia, acercándose al tema desde la afectividad pero también desde el realismo de las estadísticas. En este libro analiza los grandes temas de la adolescencia aportando todos los datos de sus investigaciones, pero dejando al final de cada capítulo que sean los protagonistas los que tomen la palabra y nos narren sus experiencias con las drogas, la sexualidad, la comunicación con los adultos, sus miedos o valores.
“La voz de los adolescentes” nos ayuda a explorar un terreno a veces desconocido para padres y educadores, pero que es una realidad que debemos conocer para ayudarles a realizar el viaje hacia la etapa adulta.
Índice
- Retratos de adolescentes.
- Presente y futuro de la familia española.
- El miedo en los escolares.
- El botellón como paradigma del ocio juvenil.
- Cuando la sexualidad ocupa la escena.
- Los padres en su labor educadora y la voz de sus hijos.
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Capítulo 37
17. Abril 2009 por Antonio Javier Roldán.
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La agresividad |
Cuenta una leyenda que en un hermoso país un día nació un príncipe, tan esperado por el pueblo que la noticia corrió por los caminos, surcando las montañas y navegando entre las atalayas de la costa. Sus padres en palacio no dejaban de recibir las felicitaciones de dignatarios de todo el mundo y en cada jornada llegaban decenas de regalos para el futuro monarca. El niño fue objeto de todos los cuidados inimaginables, fue atendido por los mejores médicos y educado por los profesores más eminentes Toda aquella enorme atención se producía de forma inmediata sin inculcarle el valor de la paciencia, confundiendo el amor con el consentimiento, para que no fuera a convertirse en un rey traumatizado por la palabra “no”.
Si el pequeño quería un caballo nuevo, este sería seleccionado por toda la comarca; si la comida no era de su agrado, se tiraba a los cerdos y se le hacía un plato especial; cuando se aburría de sus juguetes se avisaba al carpintero para que le fabricara uno nuevo. A veces sus deseos no eran cumplidos de inmediato y el príncipe montaba en cólera, alterando el ánimo de su familia y la paz del castillo, por lo que sus gritos y pataletas lograban acelerar el cumplimiento de su voluntad. Los reyes cedían ante la presión de su enfado, una manera cómoda y efectiva de acabar con su ira. Así el príncipe descubrió que en la ausencia de normas y comunicación, la violencia era una buena forma de lograr sus propósitos, por lo que siguió haciendo uso de ella en su juventud.
Sin embargo, su pueblo, el mismo que le encumbró con sus adulaciones, empezó a dejar de amarle, produciendo una frustración personal en el príncipe, que derivó en inseguridad. Así que hizo del amedrentamiento su regla de gobierno para tenerlo todo controlado y hacerse respetar por la fuerza.
Una mañana el primer ministro llegó asustado a palacio. Un emperador tirano se estaba acercando a la frontera para conquistar el país. Los reyes, ya ancianos, delegaron en su hijo la defensa de sus tierras y súbditos, pensando que esa violencia que emanaba desde su infancia al menos supusiera un factor a favor en la guerra. El príncipe miró con desdén a sus padres y les dijo que eran un par de inútiles, que menos mal que estaba él para sacar la espada y guiar a sus ejércitos hacia la victoria. Y así lo hizo…
En el campo de batalla las tropas esperaban enfrentadas una señal de sus líderes para comenzar la contienda. Entonces el emperador mandó un emisario a parlamentar con el príncipe ofreciéndole unirse a él, entregar el país sin necesidad de derramar sangre y acompañarle en la conquista de nuevos territorios. La infancia del emperador había sido muy distinta a la del príncipe, porque él había sufrido unos padres violentos y autoritarios, que trataron de educarle desde el castigo físico y los gritos, aprendiendo así que el triunfo y el poder nacían de la imposición por la fuerza de una idea o un deseo.
El príncipe nunca había tenido normas en su vida, una jerarquía o una persona a la que respetar, por lo que quedó seducido por la autoridad del Emperador aunque su propuesta fuera del todo ilegal y consistiera en someter a pueblos enteros desde la amenaza y la coacción. Así que aceptó su ofrecimiento, porque ambos descubrieron que la violencia les uniría en su afán de conquista.

A veces no nos damos cuenta de que las conductas violentas no surgen en la adolescencia porque sí, sino que se van conformando como estratos desde la permisividad, el consentimiento o -desde el extremo opuesto- la excesiva disciplina o la intolerancia.
Como siempre, es tan difícil lograr el equilibrio, saber acertar…
Si hemos sido permisivos hará falta recuperar el respeto desde la coherencia y la firmeza en consensuar o fijar normas -dependiendo de la edad-; pero si hemos sido unos dictadores, quizás debamos sacar del desván la comunicación y la afectividad. Sea como sea, mejor hoy que mañana.
Antonio Javier Roldán
Puedes enviar tus reflexiones, poesías o artículos sobre la adolescencia para que se publiquen en “La pavoteca” enviando un correo electrónico.
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La Pavoteca examina a… |
Mayte Martínez
Biografía: Wikipedia
Web: Oficial

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
Creo recordar que fue con mi primer ligue, a eso de los 14 años.
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
Como algo novedoso, pero que implicaba más responsabilidad. Te empiezas a percatar de que todo no es tan bonito como lo que hay a tu alrededor y que suceden cosas malas contra las que no puedes luchar.
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
Al vivir en un pueblo pequeño y tranquilo, pasaba mucho tiempo en la calle jugando con mis amigas, haciendo travesuras, excursiones a lugares prohibidos por nuestros padres, leyendo. Poco a poco empecé a utilizar mi tiempo libre en ir a entrenar, y progresivamente dejó de ser tiempo libre…
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
Normal, pero prefería estar con gente de mi edad.
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
Bastante. De pequeña tenía complejo porque era muy delgada. Afortunadamente eso después se volvió a mi favor y me permitió ser atleta, mi pasión. Nos guste o no, vivimos en una sociedad que prima muchas veces la belleza por encima de otros valores mucho más importantes.
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
Casi siempre he vestido de sport, pero prestaba mucha atención a que tanto la ropa como los colores conjuntasen.
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
No. Sabías por lo que oías en la tele y hablabas con las amigas.
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
Me gustaba mucho Heroes del Silencio, Madona, U2. He evolucionado poco musicalmente hablando
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
De vez en cuando.
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
Afortunadamente mis padres me transmitieron una educación en valores, y les estoy muy agradecida. El único cambio que creo que he tenido han sido mis creencias religiosas, no me considero atea, pero casi.
¡Muchas gracias, Mayte!
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Libro: Carta a una hija adolescente
El subtítulo de este libro es “Para ayudar a afrontar los 60 temas más importantes de la vida” porque, aunque está escrito en forma de carta de una madre a su hija, realmente es un libro de texto sobre la materia “Aprender a vivir” para orientar a las familias y a sus hijas en la adolescencia y el tránsito a la edad adulta. En esta carta se habla del amor y de las dificultades que les espera a la adolescente en el camino de la vida, desde el respeto y la mirada inteligente de las emociones.
La mejor reseña para conocer un poco más este libro es comprobar la riqueza del ínidice de temas que trata:
Índice
- Comunicación.
- Pasión.
- ¿Qué hay que hacer para tener exito?
- Verdad y honestidad.
- Tu actitud te convetirá en una triunfadora.
- Cuando quieres gustar.
- Hablemos.
- Modales.
- Ser una adolescente.
- Dios y el mapa que nos fue dado.
- ¿Por qué los valores aportan felicidad?
- Consejos útiles sobre la vida.
- No tienes que ser perfecta.
- Relájate, todo resultará más fácil.
- Muchas facetas de tu personalidad.
- Relaciones.
- Amigos.
- Diferentes tipos de amor.
- Familia.
- Padres.
- Entender a las madres.
- Abuelos.
- Enamorarse, y el amor en sí mismo.
- Cuando él no sabe que existes.
- Cuando tú no le amas.
- Cuando él no te ama.
- Sexualidad.
- Sexo y relaciones sexuales.
- Hacer el amor por primera vez.
- Matrimonio.
- ¿La lectura puede ser un pasatiempo guay?
- Tu cuerpo.
- Ejercicio, la clave para el bienestar.
- Tu mente afecta a tu salud.
- Trabajar más eficientemente, no más duro.
- Ser una líder.
- Temas económicos.
- ¿Cocinar o no cocinar?
- Viajar.
- Animales.
- Deja que la belleza de la naturaleza te llene de energía.
- Música.
- Reflexionar acerca de una profesión.
- Realizar una entrevista.
- Tu felicidad: ¿cómo lo llevas?
- Cuando no consigues lo que quieres.
- Cuando las cosas se ponen difíciles en la escuela.
- Cuando estás enfadada.
- Sobrellevar el cambio.
- Tomar una decisión difícil.
- Cuando has cometido un error.
- Tentación.
- El tabaco, la bebida y las drogas.
- Cuando necesitas ayuda.
- Sentirse sola o estar sola.
- Romper.
- Divorcio.
- Cuando alguien cercano muere.
- Cuando hay un desorden de la alimentación o del ejercicio.
- Si te golpea la tragedia.
- Donde se esconde el peligro.
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