Está visitando los archivos de la categoría Sociabilidad.
- Afectividad (8)
- Cuerpo (8)
- Familia (8)
- Formación (8)
- Personalidad (9)
- Presentación del Blog (3)
- Sociabilidad (8)
- Vídeos (12)
- 10. Marzo 2010: LA PAVOTECA - "Explorando tu mundo"
- 10. Marzo 2010: Soy
- 8. Marzo 2010: La cueva del senet
- 3. Marzo 2010: La isla del tesoro
- 21. Febrero 2010: Mariposas en el corazón
- 10. Febrero 2010: El niño del balón
- 22. Enero 2010: La puerta sin llave
- 4. Enero 2010: El pirata
- 18. Diciembre 2009: Cuando era invencible
- 5. Diciembre 2009: El carrusel de las emociones
Archivo de la Sociabilidad categoría
Capítulo 46
19. Junio 2009 por Antonio Javier Roldán.
|
Si no estás, no eres |
En el tránsito a la edad adulta la pandilla o grupo social se convierte en un escenario en el que ensayar los papeles y comportamientos que se tendrán en un futuro, como paso previo entre la familia y el mundo que espera fuera del hogar. Como ocurre en la calle, las relaciones interpersonales estarán delimitadas por el rol de cada uno de sus miembros. Probablemente existirá una clase dirigente, unos miembros aceptados de pleno derecho, algunos cuya presencia simplemente es tolerada por alguna característica interesante y, en la base, los excluidos. ¿No se parece sospechosamente a la organización de los adultos? Desgraciadamente a menudo actuamos como malos modelos…
Durante la primera infancia las amistades vienen marcadas por el entorno de los padres y las decisiones que estos toman respecto a las compañías de sus hijos. La elección de un colegio, el parque donde jugar, las familias con las que intensificar lazos o los invitados a un cumpleaños, necesariamente conformarán el primer núcleo en el que se realizará la socialización del niño. Al comienzo de la adolescencia, coincidiendo con el aumento de las responsabilidades, el inicio de la autonomía y un incremento de las horas de convivencia con las personas de la misma edad e intereses, se fomentará la pertenencia a colectivos deportivos, escolares, asociativos, etc.
Aquellos jóvenes que entran en esta etapa de la mano férrea de sus padres, amarrados al hogar y con poca capacidad de decisión en su propia vida, tendrán bastantes problemas a la hora de emprender su socialización en el grupo de iguales, porque se enfrentarán a la doble tarea de aflojar la cuerda con la que son sujetados por su familia y de manejarse en su nueva realidad, en la que deberán usar toda su experiencia vital para desenvolverse en la generación de nuevas relaciones y en las crisis que surjan. Si estos jóvenes llegan al grupo con poco bagaje de habilidades y personalidad, ocuparán el estrato más bajo en la jerarquía y serán los primeros en someterse a la presión de los demás y cometer imprudencias para ser aceptados e ir escalando posiciones lo más rápidamente posible.
Pisa o te pisan… Apenas se deja un rinconcito para la solidaridad, la tolerancia o la diversidad. La responsabilidad que tenemos los adultos en esta visión del mundo daría para otro capítulo.

O estás o no estás… Pertenecer a un colectivo es importante para el adolescente porque le proporciona la seguridad de estar con la mayoría. Es mucho más fácil formar parte del rebaño que escapar y seguir tu propio camino. Por otra parte, tampoco es deseable elegir la soledad, porque la socialización es un aspecto de la vida que se necesitará en el futuro. A veces hay que hacer alguna concesión para poder ser uno más en la pandilla, siempre y cuando no pongamos en peligro la integridad física o psicológica. Hace falta mucha personalidad, que no todos los jóvenes tienen, para saber mantener el criterio propio ante una situación de riesgo o no deseada. Dentro del grupo existen comportamientos gregarios de los que hay que saber apartarse, como el botellón, la marginalidad o la falta de respeto a los excluidos del colectivo.
La brújula social que se necesita para guiarse por la selva de las relaciones personales debe empezar a construirse desde la guardería o la educación infantil, para poder calibrarla de modo óptimo en la adolescencia y, posteriormente, en la madurez. Cuando el adolescente se mueve con soltura en su primer entorno social, sabrá aprovechar las ventajas de formar parte de él a la vez que sortea las situaciones no deseadas con asertividad e inteligencia. Es posible ser individuo dentro del rebaño.
Hoy en día las nuevas tecnologías están creando nuevos foros virtuales en los que no estar supone un nuevo rasgo de marginalidad para muchos adolescentes. Hablamos de las redes sociales como Tuenti o Facebook, pero también de los chats como el Messenger. Cuando la tarde va cayendo muchos de nuestros jóvenes se reúnen en esa gran plaza que es Internet en el que la falta de moderadores o guardianes provoca cierta impunidad y libertad muy atrayente para las personas más jóvenes. A mi juicio existen dos grandes inconvenientes en estas reuniones virtuales. El primero es la ausencia de entrenamiento en habilidades sociales reales, cara a cara, interactuando con el cuerpo, los gestos o la entonación de la voz. Se corre el riesgo de dominar el lenguaje SMS o de los emoticonos y luego resultar incapaz de transmitir emociones frente a otra personas. El problema que veo consiste en el mal uso de estas tecnologías para asumir falsas personalidades, apropiarse de fotografías para fines poco deseables -ver el vídeo al final del texto- o acercarse al territorio del delito por la ausencia de seguridad y vigilancia que sí existen en la sociedad de carne y hueso. Desgraciadamente, muchas familias se encuentran más temerosas a que sus hijos se muevan por discotecas, parques o centros comerciales, a que se queden seguros en casa frente a la pantalla.
Como siempre, en el equilibrio está la respuesta.
Antonio Javier Roldán
|
Colaboraciones |
A lo largo de estos meses hemos tratado la importancia de los adultos como modelo de comportamiento desde la infancia para aprender a vivir, conocer nuestros límites y explorar el mundo que nos espera tras la adolescencia. En esa labor callada, repleta de coherencia y pequeños detalles, los padres ocupan un papel privilegiado. Tras ellos son muchos los adultos que nos acompañan en ese tránsito hacia la madurez. En los últimos años muchas de aquellas personas que han estado presentes en mi vida, desde que tengo uso de razón, pasando por el segundo día más feliz de mi vida, que fue mi boda (el día más importante fue en el que te conocí, cariño…), hasta hoy, están desapareciendo poco a poco. Ahora, por mi edad y profesión, siento que les debo a todos ellos el saber continuar su vocación por enseñar esa gran lección que es “aprender a vivir”. Os echo de menos a todos, pero quiero que sepáis que conservo todo lo que me regalasteis y que prometo ponerlo a disposición de “mis pavitos” para que sean pequeñas cuerdecitas en la tempestad.
El siguiente texto y la poesía que me ha mandado Leli, están dedicados a vosotros, con todo nuestro cariño y añoranza.
Cuerdecitas en la tempestad
Dice la leyenda que un jardín se asomaba en un valle protegido por dos montañas que regaban la comarca con su agua y la resguardaban de los malos vientos. Tan bonito era, que un jardinero fue llamado para convertirlo en un nuevo paraíso, una oasis sumergido entre campos de labranza y explotaciones ganaderas. Flores, parterres esculpidos, fuentes y estanques con nenúfares eran la admiración de todos los habitantes del valle. El jardinero se esmeraba bajo la atenta mirada de las montañas, que suspiraban de orgullo ante el prodigio obrado por la naturaleza y el hombre. ¿Sería posible encontrar un paraje semejante? Seguro que no, pensaban. Es irrepetible y único.
Cuentan los más ancianos del lugar, los que presenciaron toda la historia desde el comienzo, que una mañana unas nubes llegaron del norte con la panza negra y que descargaron todo su granizo sobre el jardín, aplastando cada uno de los brotes y embarrizando la tierra fértil. Pasadas las nubes, un terremoto surgió de las entrañas del suelo desquebrajando las paredes de las fuentes y estanques, y sepultando algunas de las flores más hermosas. Las montañas, desoladas, contemplaban como todo el amor puesto en el empeño de crear un nuevo Edén en el valle, se tornaba inútil ante la furia de la naturaleza.
El Jardinero se veía incapaz de tapar las vías de agua, replantar las raíces y limpiar la materia muerta que ahogaba la tierra. Afortunadamente, contaba con la entrega incondicional de las montañas para reflotar la belleza perdida. Si permanecían unidos quedaría esperanza. Tras el agua llegó la sequía que agrietó el suelo y atrajo a los insectos necesitados de alimento y savia. Aunque la situación se tornaba desesperada por días, el jardinero no cesaba en su empeño. Sabía de qué estaban hechas aquellas plantas, confiaba en el sol y seguía recibiendo el cobijo de las montañas.
Cuando las fuerzas se iban agotando y el viento aullaba entre las hojas, el jardinero cayó agotado y se quedó inmerso en un largo sueño. Mientras descansaba, los injertos que había colocado en los tallos rotos y los esquejes replantados en suelo sano, comenzaron a brotar tímidamente. El agua que hasta entonces había discurrido sin cauce, encontró los nuevos diques del jardinero. Las flores que sobrevivieron, agitadas por el aliento de las cumbres, esparcían su polen en terreno esponjoso. Suavemente, como una nana, un murmullo surgió del jardín, el cual se desperezaba de su letargo. Los aires del sur mecieron sus árboles, el agua que recogía ladera abajo regó los arroyos y bandadas de pájaros bajaron a despertar al jardinero. Este, envuelto en sus nuevos sueños, apenas recordaba su jardín maravilloso que el canto de aquellas aves le evocaban.
Se levantó despacio, se asomó a contemplar lo que quedaba de su trabajo y comprobó sorprendido a la primavera en plenitud. Respiró profundamente para empaparse del aroma de aquellas flores y bebió del manantial que tiempo atrás había reconducido. Recorrió los caminos acariciando las hojas fuertes y verdes, gozando del aleteo de las mariposas que se cruzaban ante sus ojos, como si la magia se hubiera detenido definitivamente para encontrar su hogar en aquel valle. Entonces, vio una pequeña cuerda atada a un injerto de rosa enorme, bañada por el rocío de la mañana cuyas lágrimas brillaban como estrellas. Aquel tosco nudo le resultaba muy familiar. Imposible imaginar que aquel frágil cordel que ató en mitad de la tempestad, hubiera sobrevivido a las inclemencias del tiempo mejor que los diques de cemento o los tutores de madera.
El jardinero se despidió del jardín y de las montañas lleno de felicidad, dejando tras de sí las pesadas herramientas y los planos del paraíso, llevando por equipaje solamente una pequeña bolsa repleta de cuerdecitas con las que plantar más injertos de rosa por el mundo.
Antonio Javier Roldán
(Publicado en “Corazones de tiza en las paredes del patio”)

Soy…
(A tantos compañeros de viaje que me han precedido,
dejando sus huellas intactas,
y a los que aún me dan fuerza en el camino.)
Hoy,
mirándome en el espejo,
de mi realidad,
he abierto las vidrieras
que me forjan,
y me he reconocido en
el alma
de tantas coexistencias habitadas.
Soy barro
modelado por afectividades
vividas, escritas en el aire:
pulsos, esfuerzos,
convivencias superadas
labradas en la sorpresa,
el descubrimiento conmovido
del otro.
Soy carácter
limado por grandezas
y miserias compartidas;
certezas en equilibrio,
caminos andados
y desandados en compañía.
Pisadas,
huellas inseguras
buscando una meta
que no existe;
descubriendo
que la vida es un andar.
.
Soy calidoscopio
fraguado
en hombros amigos;
vidrio fundido en crisol de
acogida
alumbrando mis sombras.
Por eso,
cuando traspaso ausencias
intactas
me hieren sus cristales.
Soy un poco
de todos cuantos amo y amé.
Soy todos, soy una:
Soy gente.

Leli (Junio 2009)
Puedes enviar tus reflexiones, poesías o artículos sobre la adolescencia para que se publiquen en “La pavoteca” enviando un correo electrónico.
|
Materiales recomendados |

Libro: Los padres no se divorcian de sus hijos
El autor, Paulino Castells, nos explica en este libro que una separación de pareja no supone un alejamiento de la paternidad responsable. Como expone al comienzo del libro, una pareja con hijos está conectada por dos cables, el del amor y el de la paternidad. Cuando se rompe el primero hay que evitar que cortocircuite al segundo.
A lo largo del libro se habla de los cambios que sufren todos los protagonistas, los problemas de custodia, las nuevas parejas, los errores más frecuentes e incluso estrategias para comunicarles las noticias a los hijos. Todo está encaminado en conservar intacto ese cable de la paternidad.
Es muy interesante poder ponerse en el lugar de los hijos conociendo sus sentimientos de abandono, tristeza o soledad, así como las consecuencias que traen consigo.
Al final del libro se nos explican algunos de los trastornos o síndromes que pueden derivarse de una separación. En el mismo capítulo Paulino Castells nos habla de la función liberadora del perdón en cualquier ámbito de la vida, como elemento liberador y constructivo.
Índice
- La decisión de separarnos está tomada.
- Hay que decírselo a los hijos.
- Conozcamos sus reacciones.
- Sus respuestas según edad y sexo.
- Cambios en los padres por la separación.
- También cambian los hijos.
- Juicios, custodias y visitas.
- Conclusiones terapéuticas.
COMENTARIOS: Cuando pongas un comentario el Blog te pide que sumes dos números para que este sea aceptado y evitar el spam. Por ejemplo: Si pone “Por favor añada 10 y 5″ entonces hay que escribir 15. Si haces mal la suma te suspende en matemáticas.
Publicado en Sociabilidad | Ningún comentario »
Capítulo 40
8. Mayo 2009 por Antonio Javier Roldán.
|
Quedamos donde siempre |
Muchas veces hemos comentado, a lo largo de este blog, que durante la adolescencia hay una tendencia a alejarse del entorno familiar para poder explorar el mundo de los adultos en un camino de ida y vuelta que llevará de nuevo al punto de partida. El cuestionamiento de los adolescentes por el mundo de sus mayores curiosamente les lleva a desear formar parte del mismo, pero llevando consigo sus propias reglas y valores. La situación que se produce es similar a la de esa familia que le regala un coche a su hijo, por acabar el bachillerato, y lo primero que hace él es tunearlo, pintarlo a su modo y añadirle todos los extras que indiquen su personalidad. De igual manera el adolescente no renuncia a las ventajas de la sociedad que le aguarda tras la puerta de la infancia, pero procura adaptarla a su personalidad. Esa adaptación incluye su propio entorno social.
El entorno social de un adolescente está formado por sus amigos, una pandilla que en algunos casos puede llegar a considerar como un verdadero hogar que le aporte el reforzamiento, el diálogo, y la afectividad que cree no encontrar en casa. Cuando el adolescente deja la tierra firme que le ofrecen sus padres, y se pone a nadar a mar abierto, encuentra en el grupo de amigos la isla del tesoro. En el seno de la pandilla hay pocas normas, tiene libertad para expresarse y comparte inquietudes con iguales que sufren sus mismos problemas y que desean lo mismo que él. La familia pasa a un segundo plano y ahora los amigos lo son todo. La relación con este nuevo núcleo, casi familiar, se realizará en el entorno del colegio, en la calle y a través de las nuevas tecnologías. Poseen su propio lenguaje, sus reglas -basadas en valores compartidos y asumidos por la mayoría- e incluso su propio hogar, ese lugar donde quedan para contarse como les ha ido el día y relacionarse.
Recuerdo un cómic que leí de niño llamado “La pandilla compra un terreno” (¡Gracias Esther por traducirme la página incluida en este post!) en el que un heterogéneo grupo de preadolescentes luchaban por adquirir un pequeño solar con un autobús abandonado en el que se reunían y pasaban su vida. Junto a ellos compartía la aventura el viejo mayordomo de uno de los niños, que ejercía como abuelo, y un vagabundo, cuyo papel se asemejaba al de los adultos de referencia -o amigos de mayor edad- fuera del entorno familiar. Cada uno de los protagonistas usaba sus habilidades para ganar algo de dinero para alcanzar la meta soñada, haciendo de ese pequeño trabajo un motivo de autoestima en el seno del grupo. Frente a ellos otra pandilla, “Los Caimanes”, ejercían de matones, mostrando la otra cara de las asociaciones que realizan algunos jóvenes en torno a una idea, en este caso la violencia -tema tratado en el capítulo 37.

Un banco del parque, unas escaleras, un ciber o un patio se pueden transforman fácilmente en un hogar improvisado donde hacer vida de pandilla y crecer socialmente: “Nuestro banco”, “Nuestro patio”, etc. Aquella historia del cómic iba más allá del deseo de compra del propio terreno, porque ellos realizaban una incursión en el mundo de la responsabilidad de los mayores para conseguir reunir la cantidad de dinero necesaria, transformando esos objetivos en un ritual de acercamiento a la sociedad, mediante el esfuerzo y el trabajo en equipo.
Cuando los padres deben competir con “la otra familia”, descubrirán que las ventajas más visibles del grupo de amigos, como la ausencia de responsabilidades, las relaciones con el sexo contrario, la concurrencia de intereses o el encuentro generacional, superan con creces a las que ofrece el hogar a la mirada interesada de sus hijos. De este modo los padres pueden sentirse desplazados por los amigos, a los que pueden acusar de ser los causantes del desapego y las nuevas costumbres que muestra el hijo, la tan nombrada frase de “va con malas compañías” (Ver Capítulo 10). Para el hijo, la crítica hacia sus amistades duele tanto como si en la infancia alguien insultara a su querida madre.
Dentro de esta nueva familia adoptiva también encontraremos algunos roles que podrían estar presentes en casa, como la figura del líder, la persona que escucha, el solucionador de problemas, el hermano mayor, etc. Este paralelismo entre las dos familias nos abre un nuevo campo de problemas como el no recibir la atención esperada, las separaciones o el maltrato.
Sin embargo, la parte menos reconfortante de la vida, como planchar, estudiar o realizar gestiones, sigue unida a sus padres, por lo que estos perciben que su hijo sólo les hace caso en temas prácticos relativos a sus necesidades. Papá… ¿Qué quieres, hijo? Necesito más pasta… Si el padre le dice que ya está bien de soltar guita “by the face”, entonces es tachado de egoísta; pero si el chaval le pide pasta a sus amigos y estos le tachan de gorrón, seguro que asume el límite que sus colegas le han marcado como algo justo y necesario. Esa disparidad de criterios a la hora de valorar las actitudes de las dos familias es difícil de entender por los padres, cuando además están unidos a su hijo por vínculos que deberían ser más fuertes que la propia amistad.

De la misma manera que los adolescentes abandonan parcialmente el cobijo de su familia para formar parte del grupo social que han elegido, también obrarán de igual manera con la pandilla cuando encuentren a su pareja y decidan crear con ella un nuevo mundo en el que los dos primeros entornos en los que han crecido servirán de base para la construcción de esta nueva, y maravillosa, realidad. En ese momento de madurez la familia, las amistades y la pareja, configurarán juntos en el entorno afectivo de la persona, pero hasta que ese estado se alcance, a los padres deberán construir pequeños caminos y lugares comunces para que permanezca fuerte el vínculo con sus hijos, aunque este se reduzca temporalmente.
Hace falta mucho amor para aceptar este alejamiento, pero como me gusta comentar con las familias de mis alumnos, según vayan soltando la cuerda llegará un momento en el que esta no sea necesaria y serán los propios hijos los que reconozcan el camino de vuelta a casa, sin necesidad de sendas marcadas, guiados por las semillas afectivas que sus padres sembraron un día en un terreno que parecía baldío en plena edad el pavo, pero absorbió las enseñanzas como una esponja para brotar en el inicio de la madurez.
Antonio Javier Roldán
|
Colaboraciones |
Carta de despedida
(Como todos los años por estas fechas, los alumnos mayores de mi colegio se despiden de la comunidad escolar en el transcurso de las fiestas. Este discurso marca el final de su adolescencia y la entrada en el mundo adulto que descubrirán en la universidad. Una de estas alumnas, Carlotta Coisals, me ha prestado el discurso que hizo en nombre de sus compañeros para todos nosotros.)
Se nos acaba el colegio, chicos. Esta es nuestra misa de despedida estas son nuestras últimas fiestas, y esta noche será nuestra última gala. A pesar de que desde septiembre podía olerse este momento, la idea de separarse de un lugar al que acudes día tras día desde 1996, impone, claro que impone.
Este es uno de los grandes momentos de nuestra vida. Nos toca madurar, ser adultos, enfrentarnos a algo nuevo y desconocido. Yo soy de las que piensa que nada está escrito, que cada uno es responsable y creador de su propio destino; y probablemente eso haga aún más emocionante este momento. ¿Acaso no tenéis vosotros curiosidad de vuestro futuro? ¿No tenéis curiosidad de vosotros mismos? Este lapso, este punto de inflexión que precede a nuestra vida universitaria, me inunda la mente de sueños. Creo que ahora es tiempo de jugar y soñar con lo que nos gustaría hacer en la vida, por mucho que se salga de las preferencias convencionales; de hacer una larga lista de propósitos y de proyectos y de verdad tratar de cumplirlos. De tomar las riendas, de responsabilizarnos, y de ser lo suficientemente valientes como para hacer de nuestro futuro algo que realmente valga la pena vivir.
Han sido unos años estupendos… Hay que reconocer que ha sido genial ser niño. Vamos a tener muy buen recuerdo de este lugar, donde hemos crecido, donde hemos adquirido la mayor parte de nuestra personalidad, donde nos hemos convertido en personitas mayores. Pero por favor no olvidéis, que estas personitas que en mayo se despedirán definitivamente, muertas de miedo, curiosidad y ganas, os van a llevar siempre en el corazón.
Carlotta Cosials (2º de Bachillerato)
Puedes enviar tus reflexiones, poesías o artículos sobre la adolescencia para que se publiquen en “La pavoteca” enviando un correo electrónico.
|
La Pavoteca examina a… |
Carmen Caffarel
Biografía: Wikipedia
Web: Instituto Cervantes 
1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
No lo recuerdo demasiado, pero supongo que hacia los 14 años, mas o menos.
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
Desconcertante y a veces muy incomprensible, no encontraba respuestas a muchas de las preguntas que me hacía, no entendía porque había tantas diferencias, tantas incomprensiones….
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
En ir al cine, lo que entonces se llamaban guateques, es decir oír música, bailar y charlar en casa de algunos de los amigos de la pandilla, también en pasear e ir de excursión. Es importante destacar que en esa época no había ni siquiera televisión en muchos hogares. En fín otra época pero yo me lo pasaba estupendamente.
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
Bastante escasa, yo no tuve demasiados problemas con mis padres que eran abiertos y comprensibles, pero desde luego había muchos temas que no se abordaban y que si lo he hecho con mis hijos. Con el resto de adultos, sobre todo en el colegio, la comunicación era nula.
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
A mi particularmente no me importaba demasiado, pero si me acuerdo que a mis amigas les importaba mucho e incluso era una fuente de complejos y discusiones con sus madres.
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
Está muy relacionada con la anterior, en cualquier caso yo no tenía muchas opciones, la ropa me la hacía mi madre o la heredaba de mis primas y hasta bastante mayorcita, donde la economía familiar debió ser mejor, no pude elegirla.
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
JAMAS y dentro del entorno familiar bastante poco
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
Sobre todo cantautores, Serrat, Víctor Manuel, Jarcha….música francesa y los Beatles (mis ídolos), a todos estos los sigo escuchando, otros, supongo que grupos o cantantes de moda, se me han olvidado
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
Alguna vez no, muchísimas veces durante toda la adolescencia creí que nadie, salvo mis amigas, me entendían
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
No, las convicciones éticas han sido siempre las mismas con la evolución lógica que da la edad. Siempre he agradecido a mis padres que me inculcaran determinados valores y principios éticos que me han acompañado a lo largo de toda mi vida.
¡Muchas gracias, Carmen!
|
Materiales recomendados |

LIbro: La edad del pavo
Este libro me lo regalaron hace unos años y creo que fue el primero que leí sobre la adolescencia. Toca prácticamente todos los temas más relevantes de la edad del pavo, como se puede ver en el índice. La autora, Alejandra Vallejo-Nágera, se nos muestra el punto de vista de ambas partes, adolescentes y padres, usando a menudo la escenificación de diálogos - que nos harán esbozar una amplia sonrisa-, usando un lenguaje asequible y claro.
Especialmente considero interesante su visión sobre la mejor manera de afrontar el diálogo con el adolescente -con algunas estrategias útiles-, la sexualidad y el grupo de amigos, temática de este capítulo 40 de La Pavoteca.
Índice
- ¡Auxilio, un adolescente!
- ¿Cuándo empieza esta tortura? ¿Hasta cuándo tendremos que sufrirla?
- Hablar con el adolescente.
- El adolescente y sus problemas.
- “¡Sstoy fashion!” Gustos y preferencias.
- La tiranía del cuerpo.
- “El sexo me interesa mucho, pero mis padres no lo saben”.
- Cómo hablar de sexo durante la pubertad y la adolescencia media.
- Las relaciones sexuales en la adolescencia tardía.
- El grupo de amigos.
- El colegio.
- Drogas y alcohol.
- Violenci, bandas y conducta antisocial.
- Depresión y suicidio.
- Fin de la edad del pavo.
- Diccionario.
COMENTARIOS: Cuando pongas un comentario el Blog te pide que sumes dos números para que este sea aceptado y evitar el spam. Por ejemplo: Si pone “Por favor añada 10 y 5″ entonces hay que escribir 15. Si haces mal la suma te suspende en matemáticas.
Publicado en Sociabilidad | Ningún comentario »
Capítulo 34
27. Marzo 2009 por Antonio Javier Roldán.
|
Prefiero estar sola |
Sofía llegó nueva al instituto hace unos meses. Debido a su timidez, recuerda aquel día como uno de los peores de su vida…
Desde pequeña ha sido etiquetada por su familia y amigas como “tímida”, por lo que lleva mucho tiempo cargando con el estereotipo. En primaria su profesora la elogiaba en público por lo calladita que era y lo bien que se portaba, sin imaginarse que ese buen comportamiento, que reforzaba con sus halagos, enmascaraba un problema de relación con los demás alumnos. Cuando llegaba una visita a casa se escondía en su habitación mientras que su madre decía aquello de “si es que es muy tímida, la pobrecita“. Sin embargo en el hogar mostraba su fuerte carácter con frecuencia.
En el patio las compañeras le pusieron el nombre de la sombra, porque nunca hablaba y siempre iba acompañada de su única mejor amiga, una chica muy desenvuelta que procuraba proteger y ayudar a Sofía en sus relaciones con las demás, asumiendo a veces papeles que no le correspondían, como preguntar las dudas de Sofía en clase o arreglar conflictos con otras chicas. Lo más curioso es que Sofía perdía gran parte de su timidez ante los desconocidos, pareciendo incluso descarada en sus formas.
Con la llegada de la adolescencia, etapa durante la cual muchas inseguridades se agudizan empezó a sentirse peor. Palpitaciones, sudores, nauseas… Ella deseaba abrirse socialmente, tener más amigas, ser popular, poder gustarle a Alfredo, pero cada vez que lo intentaba se bloqueaba, hablando a trompicones, gesticulando en exceso, observando sin actuar o colocándose en un segundo plano. Generalmente procuraba evitar situaciones sociales en las que pudiera sentirse evaluada por los demás.
El primer día en el nuevo centro se puso mala al levantarse. Se veía incapaz de enfrentarse a un entorno hostil en el que no conocía a nadie. Es cierto que más de la mitad de sus nuevos compañeros estaban como ella, asustados y expectantes, pero según pasaban los días, y las pandillas se iban formando, ella continuaba aislada, deseando que sonora el timbre para escapar al entorno seguro de su habitación, un lugar donde no sería juzgada y en el que era aceptada sin condiciones por sus padres.

A menudo una timidez en la infancia puede derivar en una fobia social en la adolescencia y edad adulta. Por eso es tan importante poder trabajar este problema desde la familia y el colegio, o acudiendo a un especialista.
Sofía debería hacer el esfuerzo de preguntar las dudas de clase a sus profesores -aunque las primeras veces se ponga como un tomate-, expresar a sus amigas sus gustos y preferencias -¿Vemos esta película? Esa serie es un rollo. Mi color favorito es el verde-, afrontar la vida con sentido del humor de forma que las bromas y la simpatía fluyan en ambos sentidos -los tímidos a veces son el blanco de burlas a las que hay que aprender a responder con ingenio sin que parezca que nos afectan-, mirarse al espejo exterior e interior -para descubrir las grandes virtudes que tiene y asumir los defectos- y, sobre todo, no preocuparse por lo que piensen los demás. Nadie es perfecto, pero juntos, somos como los engranajes de una máquina social que funciona al ritmo de la amistad, afectividad o un interés común, por lo que todos, con nuestros puntos fuertes y debilidades, somos complementarios y necesarios para que todo siga adelante.
Los adultos podemos mostrarle nuestra confianza en ella y sus posibilidades, para ir alcanzando pequeñas metas que fomenten su buena imagen de sí misma, pero, si no lo logra, explicarle las enseñanzas que obtendrá del fracaso para estimularla para que haga un segundo intento. Como he dicho en otros artículos, nuestro ejemplo es vital. Si nos movemos en la vida de forma alegre, sin ocultar nuestros sentimientos o errores, reconociendo la necesidad de relacionarnos para aspirar a cualquier meta en la vida, estaremos plantando una semilla en la personalidad de Sofía. Por otro lado, no es bueno que le recordemos cada dos por tres que es tímida, de manera directa o indirecta, ni que la coloquemos en “situaciones de choque” similar a la de lanzar un niño a la piscina para que aprenda a nadar a base de patalear para no ahogarse. No. La inmersión en el agua debe ser progresiva y podemos usar a alguna amiga o familiar que sirva de flotador en las incursiones en situaciones sociales que la estresan. Para ello será muy importante dialogar con ella para conocer sus miedos y a las personas en las que podemos confiar para ayudarla a dar las primeras brazadas en la zona que cubre.
Y llegará un día en la que ella se quiera más a sí misma y que los demás lo perciban. Entonces, a lo mejor, Alfredo se fija en ella y le dice esas palabras que justifican toda una vida y que equilibrarán la autoestima con la confianza y la esperanza con la realidad.
Antonio Javier Roldán
Puedes enviar tus reflexiones, poesías o artículos sobre la adolescencia para que se publiquen en “La pavoteca” enviando un correo electrónico.
|
La Pavoteca examina a… |
Elvira Lindo
Biografía: Wikipedia
Web: Oficial

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
Yo creo que a los 12 años, más o menos, cuando me vino la menstruación.
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
No pensé mucho en la sociedad, creo, hasta los quince años o así. La percibía injusta, desigual, pero estaba muy influída por mis hermanos mayores y el ambiente muy politizado que me rodeaba. En cuestiones personales, me sentía muy atrapada, no encajaba en la idea de adolescente que le hubiera gustado a mi madre, era mucho más rebelde.
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
A mí me encantaba estar en la calle. Gastarme el poco dinero que tenía en comprarme un perrito caliente o una tostada en una cafetería de mi barrio, ir a alguna fiesta. Me gustaba estar con mis amigos. Cuando estaba sola, leía.
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
Con algunos era bastante fluída, sobre todo, si confíaban en mí y me concedían cierta importancia; si el adulto era brusco o autoritario, me asustaba y me sentía muy insegura.
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
Sí, me importaba mucho mi aspecto físico y estaba llena de complejos.
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
Vaqueros, camisas anchas, zapatillas. Como todas las niñas. No quería sobresalir.
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
No, no recibí ningún tipo de información, al contrario, cualquier conversación que afectara a eso, en mi casa, era reprimida. Aprendí por mi cuenta. Del sexo, como cualquiera de mis amigas; en cuanto a las drogas, cuando yo tenía quince años estaban por todas partes en mi barrio.
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
Me gustaban mucho los cantautores y también el rock and roll. Algunas cosas me siguen gustando, sí, en cambio, otras, no me explico cómo me pudieron gustar.
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
Sí, sentí muchas veces que en casa no me entendían y que tampoco mis amigas podían entender ciertas fantasías mías, sobre todo, las relacionadas con la literatura.
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
Dejé de ir a misa, aunque yo no había tenido una educación religiosa (iba a misa de niña porque quería), empecé a pensar en la igualdad social, en política, en afiliarme a un partido. Lo hice a los quince años.
¡Muchas gracias, Elvira!
|
Materiales recomendados |

Libro: ¿Mi hijo es tímido?
Este libro nos acerca a un mundo que, por su propia naturaleza, a veces se nos presenta esquivo e inaccesible. A través de sus páginas comprenderemos el origen de la timidez desde el nacimiento hasta la adolescencia y como esta puede desembocar en una fobia social si no se trabaja a tiempo.
Como ya hemos visto en este capítulo a veces la timidez obedece a un estado de adaptación a una nueva situación, pero que se convierte en un problema cuando se alarga en el tiempo. Por eso en el libro explican algunas soluciones a la timidez, especialmente en la primera fase de la vida que coincide con la infancia y la adolescencia. En el libro encontramos ideas, pautas, estrategias de prevención para orientar a los padres y profesores para que puedan ayudar a los más jóvenes a superar ese sentimiento de baja autoestima y sensación constante de ser evaluados socialmente. Para ello nos ofrecen multitud de ejemplos prácticos, actividades lúdicas, pasatiempos y ejercicios de autocomprobación.
Índice
- ¿Qué significa ser un niño tímido?
- ¿Qué le pasa al niño y al joven tímido?
- ¿Por qué se es tímido?
- ¿Qué consecuencias y pronóstico tiene ser un niño tímido?
- ¿Qué se puede hacer?, ¿cómo puede ayudar a su hijo tímido?
COMENTARIOS: Cuando pongas un comentario el Blog te pide que sumes dos números para que este sea aceptado y evitar el spam. Por ejemplo: Si pone “Por favor añada 10 y 5″ entonces hay que escribir 15. Si haces mal la suma te suspende en matemáticas.
Publicado en Sociabilidad | Ningún comentario »
Capítulo 28
13. Febrero 2009 por Antonio Javier Roldán.
|
Por fin tengo vida social |
Uno de los aspectos más relevantes de la llegada de la adolescencia es el nacimiento de nuevos entornos sociales fuera de la familia, a menudo en el seno del colegio y pero a veces en ámbitos menos seguros, lo cual suele provocar graves equivocaciones fruto de la inexperiencia o la falta de conocimiento.
Cuando yo era adolescente nuestra vida social giraba en torno a la calle, aquella hermosa selva en la que nos internábamos llenos de las ansías de exploración propias de la edad, fijando algunos lugares como campamento base para reunirnos, hablar, picar algo o ver pasar a las chicas -que existir existían, como decía la leyenda-. A menudo dejábamos el campamento y realizábamos alguna incursión en zonas seguras, es decir, sin droga, “navajeros” -mítico término de los ochenta- y a cierta distancia del domicilio familiar, por aquello de la emancipación. Digamos que teníamos un plano más o menos fiable en el que las arenas movedizas, las anacondas y las tribus caníbales estaban bien marcadas.
Dentro de esa pequeña sociedad, concéntrica a la de los adultos, ensayábamos nuestros comportamientos, nos probábamos a nosotros mismos, resolvíamos conflictos y nos enamorábamos. Resumiendo, íbamos creciendo como personas.
También ahora nuestros adolescentes se sumergen en la jungla, como hicimos nosotros, pero, como todas las generaciones, añadiendo su propio estilo al juego. Esta es la lista de novedades:
-
La jungla está repleta de trampas sin señalizar.
-
Todo el mundo va disfrazado y dice ser quien no es.
-
Los paseantes por la jungla se topan a derecha e izquierda con carteles publicitarios -en efecto, querido lector, la sociedad de consumo llega a todos sitios- en el cada paseante muestra fotos suyas en pose insinuante, acompañadas por información privada, datos de contacto y pistas para que cualquier extraño pueda conocer a más paseantes de tu entorno.
Hablamos de la redes sociales de Internet, por supuesto.
Cuando alguien se da de alta en una de estas redes debe aceptar un pliego de condiciones, como en cualquier otra web o software, pero con la particularidad de ceder la información y los derechos de las imágenes a los dueños de esa selva, asumiendo que podrán ser utilizados para cualquier finalidad porque ya no les pertenecen. Es decir, que cuando una niña de 13 años cuelga su foto de la playa, se la está regalando a una empresa visitada por desconocidos para que hagan con ella lo que quieran. Seguro que ahora alguien alarmado corre a borrar sus fotos. Es inútil. En el contrato de aceptación de condiciones hemos autorizado al rey de la selva a guardar copias.
Además, la responsabilidad de lo que el usuario haga en su espacio es cosa suya, pero por otro lado está renunciando a los derechos comerciales del material que cuelgue en la web Es decir, que si alguien publica una foto de su viaje al Caribe y posteriormente quiere vender esa foto para ilustrar un catálogo de viajes, no podría hacerlo. Los derechos son de Tarzán. Chita es el sorprendido usuario.
Por muchas contraseñas y apariencia de bunker que transmitan estas redes, nunca sabes quien estará viendo tus fotos y datos, porque la privacidad no está garantizada. ¿No entran los hackers en el Pentágono? En el cuento de “Los tres cerditos” una red social es como la casita de paja. En el caso de denunciar un mal uso del espacio, hoy en día en Internet es casi imposible borrar cualquier rastro de tu paso por la red. Si tecleamos nuestro propio nombre entre comillas en el Google evocaremos nuestras visitas a foros, blogs u cualquier lugar por el que paseamos, y quizás nos llevemos alguna sorpresa desagradable.
Pues en esta nueva jungla, en el que desaprensivos se hacen pasar por nuevos Brad Pitt, las faltas de respeto y la usurpación de identidad ocurren impunemente y los menores cuelgan sus fotos más atrevidas para lograr un éxito fácil en esta nueva cultura de la inmediatez, del “hoy y el ahora”, es el ambiente inhóspito y peligroso en el que casi la totalidad de los adolescentes que navegan por Internet, sin vigilancia de sus padres, se citan cada día. Aunque visto desde fuera parezca increíble, desgraciadamente todavía quedan muchos ordenadores y televisores en los dormitorios de nuestros adolescentes, en vez de estar en un lugar público del hogar donde poder controlar su uso. Es, literalmente, como permitir entrar un extraño en la habitación del adolescente. Ni más, ni menos.

Como profesor, en lo que va de curso, cada vez me llegan más comentarios de faltas de respeto, abusos, decepciones y malas intenciones, que afectan a mis alumnos, en un mundo virtual en el que los centros educativos no tienen atribuciones para actuar y los padres se topan con un una cultura que no conocieron de niños y en el que siempre van con retraso respecto a la voracidad tecnológica de sus hijos.
Cuando los docentes y las familias, a pesar de las advertencias que les hacemos a los jóvenes sobre su indefensión en las redes sociales, se topan con la anaconda en la selva, son pocos los recursos de los que disponemos. Afortunadamente están todos centralizados en Protégeles, una línea de denuncia y una fuente de información sobre estos abusos. También ahora es posible controlar el acceso de los adolescentes a Internet mediante un nuevo servicio de Microsoft llamado Protege a tus hijos del que hablaremos otro día en la sección de recomendaciones.
Para aquellas familias que suspira aliviadas al comprobar que su hijo o hija apenas sale de casa, evitando la calle y sus contraindicaciones, decirles que por el cable del teléfono se les está colando un enemigo tan desconocido como peligroso. Y lo que es más importante, las relaciones a través de una pantalla no fomentan las habilidades sociales, la comunicación del cuerpo o las transmisiones de emociones más allá de las caritas felices y mensajes con politonos.
Antonio Javier Roldán
|
Colaboraciones |
El extraño
AÑO 1978: Pascualita tiene 14 años. Vive con sus padres en un piso de clase media en un barrio de Madrid. Tiene una habitación para ella sola, donde su mundo está formado por algún póster del Súper-Pop, muñecos, libros y un radio-casete harto de reproducir el primer trabajo de Los Pecos. También le gustan los tebeos, por lo que ha mandado una carta para encontrar amigos a la revista Zipi-Zape.
¡Ringgg! Una tarde llaman a la puerta de su casa. Su padre se encuentra con un señor frente a él que se presenta como un hombre de 30 años que ha leído el anuncio de Pascualita para conocer gente y que se ha sentido atraído por la foto de la chica. El padre le deja pasar, le ofrece un café e indica al desconocido donde está el dormitorio de su hija. Luego se sienta a leer el periódico. ¡Cariño! -grita la madre desde la cocina- ¿Quién era? Papá le responde que un tipo con barba que quiere ser amigo de Pascualita. ¡Ah vale! -dice la madre muy tranquila desde la lejanía- ¿Sabes si se quedará a cenar?
Pasa el rato y el padre se asoma al dormitorio de la chica. Perdón por interrumpir, es que me pregunta mamá si a este fulano le gusta la tortilla de patatas. ¡Jo papá! No molestes, que rompes mi intimidad. Lo siento hija, pero es que mira la hora que es. Seguro que el caballero tiene hambre. Por mí no se moleste señor, que estoy muy bien aquí con su niña. Pues nada. Si no te importa vamos cenando. Y usted, cuando se vaya procure no dar portazo.
AÑO 2008: Pascualita tiene 14 años. Vive con sus padres en un piso de clase media en un barrio de Madrid. Tiene una habitación para ella sola, donde su mundo está formado por un tocador repleto de bisutería, un armario con ropa de marca, cajas de dvd´s con películas que se ha descargado, una videoconsola y un ordenador de última generación. Le encanta navegar por Internet, por lo que ha colgado fotos suyas ligeramente insinuantes en su blog personal, junto a sus datos personales.
¡Pinggg! Tiene usted un mensaje. Una tarde recibe un correo en el Messenger. Su padre se encuentra en el salón viendo un partido de la Liga de Champiñones. El mensaje está firmado por Brad, sugerente nick de un chaval de 16 años tras el que se esconde un maromo del doble de edad entrado en carnes que ha leído el blog fotográfico de Pascualita (¿”Fotolog”? ¿”Hi5″? ¿”Tuenti”? ¿”Spaces”? ¿”Facebook”?) y que se ha sentido “motivado” por las fotos de la nena. El padre colocó la ADSL hace tiempo, sin instalar ningún “software canguro” que controle las páginas que visita su niñita, por lo que vive todo ufano sin saber que un adulto está conociendo el dormitorio de su hija vía webcam. ¡Cariño! -grita la madre desde la cocina- ¿Qué hace la niña? Papá le responde que está con el ordenador. ¡Ah vale! -dice la madre muy tranquila desde la lejanía- ¿Sabes si cenará con nosotros?
Pasa el rato y el padre se asoma al dormitorio de la chica. Perdón por interrumpir, es que me pregunta mamá si te apetece una tortilla de patatas. ¡Jo papá! No molestes, que rompes mi intimidad. Lo siento hija, pero es que mira la hora que es. Seguro que tienes hambre. Pero papá, no voy a dejar esto a medias. Pues nada. Si no te importa vamos empezando sin ti. Y cuando acabes apaga el ordenador, que luego se queda ahí con el burrito ese bajando pelis y la electricidad cuesta.

CONCLUSIÓN: Se pide al perspicaz lector que adivine en pocos segundos cuál de las dos escenas narradas anteriormente es irreal, así que le ruego que marque la opción correcta:
Opción a) La primera es irreal, además de esperpéntica, porque cualquier padre con dos dedos de frente le haría una cara nueva al interfecto que llama a la puerta.
Opción b) La segunda es absurda, porque ningún menor de edad navega solo por Internet y mucho menos se crea su propio espacio personal para ser visitado.
Bien. Queda planteado el test. Le dejo 10 segundos para escoger. ¡Tiempo! Tic, tac… ¿Qué tal? ¿Cómo va el ejercicio?… Tic, tac… ¿Tiene ya la respuesta? ¿Sí? ¡Muy bien! Veamos….:
Si ha respondido “a”: ¡Buena elección! Sólo espero que si usted es padre o madre no se deje llevar por la violencia ante la aparición del individuo en cuestión y piense que ese señor que viene a visitar a su hija tiene derecho a una reinserción adecuada, permisos de finde, reducción por penas por no abusar de niños en la cárcel (¿?), preservación de su intimidad y pensión completa durante 10 años a costa de sus impuestos. Por eso debe usted plantearse el no guiarse por su instinto sacando el trabuco del abuelo y apuntar directamente al segundo cerebro del amiguito de su hija, porque a resultas del evento usted le acompañaría a la chirona y no molaría.
Si ha respondido “b”: ¿Irreal? Permítame que me machaque la caja torácica de la risa. Es usted una persona con muy buena fe, pero algo inocentona. Le puedo asegurar, como profe de informática de adolescentes, que usted y yo sólo somos conscientes del 30% de lo que hacen los cachorritos cuando entran en la boca del lobo. Si en su caso es el afortunado poseedor de un hijo con terminal conectado a Internet junto a la cama, le aconsejaría que visitara la web http://www.safenet2.com/sp/index.php para ponerse al día de lo que se lleva y las medidas a tomar.
Si no sabe por donde empezar a movilizarse, yo le aconsejaría colocar el Caballo de Troya ese de los cables en el salón, a tiro de su mirada. Puede ocurrir que su hijo le espete a la cara algo relativo a sus derechos y será entonces cuando -por la boca muere el pez- le pueda usted explicar cuántos de esos derechos, que él reivindica, se está jugando por navegar por la web sin carné, sin cinturón de seguridad y usando como airbag un globo de cumpleaños de los Lunnis.
Antonio J. Roldán (Publicado en “La máscara del bufón” en 2008)
Puedes enviar tus reflexiones, poesías o artículos sobre la adolescencia para que se publiquen en “La pavoteca” enviando un correo electrónico.
|
La Pavoteca examina a… |
Luis Antonio de Villena
Biografía: Wikipedia
Web: Oficial

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
A las matemáticas elementales como es lógico me inicié muy de niño ( 3 o 4 años) pero la verdad es que nunca fueron mi plato favorito. Recuerdo -yo tendría mis propios defectos- profesores muy severos en esa materia. De uno (ya en el Bachillerato) hablé en el libro de memorias “Mi colegio” (Editorial Península, Barcelona, 2006).
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
De niño la sociedad eran sólo mi familia, mis amigos y mis vecinos. Los profesores hablaban poco o nada de la sociedad. En el bachillerato -sobre todo en su segunda mitad- empecé a darme cuenta de la “rareza” que mi país representaba en Europa. Me dí cuenta con vago desagrado del franquismo. Aunque los profesores evitaban el tema no hallé a ningún franquista furibundo. Para apartarme del franquismo (o eso creía yo) hacia los 15 años me hice monárquico donjuanista. No duró mucho, pero a mí me parecía antifranquismo. Y en enero de 1968 fui de los que acudió a Barajas a dar la bienvenida a la vieja reina Victoria Eugenia, que de hecho venía -fugazmente- al bautizo del hoy príncipe de Asturias.
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
Cuando yo era adolescente , la electrónica no existía como diversión, a no ser un “scalextric” con coches de carreras. A mí eso me gustaba poco. Yo jugaba con juegos tradicionales (especialmente soldados romanos) leía,al principio tebeos luego libros, iba al cine, y algo veía la televisión, sobre todo películas o series tipo “western”. Temo que esto ha cambiado mucho y aún no sabemos si para mejor o para peor.
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
Los adultos se comunicaban poco y mal con niños y adolescentes. Procuraban (a veces exageradamente) que les tuviéramos respeto e incluso miedo. La disciplina y la corrección eran rígidas. Mis primeros momentos de comunicación casi adulta los tuve con compañeros amigos al final del Bachillerato. Con los adultos había una suerte de barrera…
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
Mi aspecto físico me importaba, sobre todo el cómo vestir (a partir de bastante muchachito) pero la llamada “educación física” me resultaba bruta y no me gustaba nada,
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
Ya he dicho que a partir de los 14 o 15 años procuraba vestirme del modo más singular permitido (estaba prohibido llevar el pelo largo) y trataba de copiar a los románticos y estetas ingleses del XIX. Me tenían por “raro”.
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
En el entorno familiar sólo muy indirectamente se aludía al sexo y eso siendo yo ya adolescente. En el colegio nos explicaron (sobre los 14 o 15 años) cómo se hacían los niños y todo -además de ultracatólico- parecía tan frío y falto de amor, que el tema del sexo lo ventilabas y aprendías, mal, entre tus amigos. Nunca se habló de drogas. Aún no se consideraban problema. Nuestra información sexual era absurda, inhumama y calamitosa. Un horror.
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
En la adolescencia escuchaba la música ligera de la época. Me empezó a gustar Aute y los Beatles. Además oía, de cuando en cuando, música clásica. En mi época adolescente no podíamos ir a discotecas. Eso llegó más tarde.
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
Tanto como que no me comprendían no. Pero sentí que muchos adultos y en especial los curas católicos me quedaban lejos, muy lejos. A los 16 años (al final del Bachillerato) me consideraba religioso pero no católico.
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
El final de la adolescencia ( o del colegio) como vengo de decir me hizo más liberal y más libre. Estaba harto de una educación basada en las prohibiciones. Faltaba una asignatura, muy de mi generación: liberarse de tanto candado.
¡Muchas gracias, Luis Antonio!
|
Materiales recomendados |

Este libro está escrito por profesionales de la educación y la psicoterapia, coordinados por Eva Bach Corbacho, a partir de sus conocimientos y experiencias.
Como dicen los autores, “el objetivo último de la educación sexual no tiene que ser nunca adquirir conocimientos, sino que estos lleguen a ser racional y emocionalmente significativos para la persona y puedan ser integrados a partir de una vivencia constructiva y equilibradora”.
Los padres y profesores que nos enfrentamos a este tema a menudo, hemos sido educados en los extremos de la represión o el “todo vale”, sin darnos cuenta que unos conocimientos fuera de la urdimbre de la afectividad y las emociones no bastan para lograr una educación sexual y afectiva plena.
Desde esta obra se nos invita a cambiar nuestra manera de afrontar el tema, desde la cercanía, el diálogo, la educación de las emociones, la claridad y el respeto. Todo un reto el que nos propone este maravilloso libro.
Índice
- Nada surge de la nada
- Una proposición decente
- Dejémonos de cuentos chinos
- Mitos, mentiras y confusiones
- Algo más que juegos prohibidos
- Tan cerca, y a veces tan lejos
- Hablar de sexo en casa
- Aprender a mirar con los ojos
- Cuanto más auténticos, mejor
- Síntesis de las encuestas a otros padres
- Aprender a enseñar sexualidad
- La adolescencia o las emociones nuevas
- Comprender y enseñar sexualidad
- La voz de los jóvenes
- Qué hacer y qué decir en la práctica
- De vuelta al principio
COMENTARIOS: Cuando pongas un comentario el Blog te pide que sumes dos números para que este sea aceptado y evitar el spam. Por ejemplo: Si pone “Por favor añada 10 y 5″ entonces hay que escribir 15. Si haces mal la suma te suspende en matemáticas.
Publicado en Sociabilidad | 1 comentario »
Capítulo 22
3. Enero 2009 por Antonio Javier Roldán.
|
Me gustaría ser como él |
Ya hemos comentado en otras ocasiones (Capítulos 2 y 16) el papel que tienen los límites del adolescente como frontera para poder explorar el mundo adulto bajo la atenta mirada de los mayores. Sin embargo, esa búsqueda no sólo se dirige a descubrir esa sociedad que está esperando ahí fuera, sino que realmente se trata de una inmersión en la propia personalidad, una aventura para conocerse a sí mismo a través del ensayo y del error. A veces, en el mundo supuestamente maduro, asociamos la palabra error a fracaso o a falta de competencia, sin recordar que el aprendizaje a veces nace a partir de él. Cuando en mis clases de matemáticas corregimos una actividad en la pizarra suelo preguntar a mis alumnos cuántos de ellos la han resuelto correctamente, pero también les pido que digan en público los errores cometidos, porque así los tendrán presentes en el futuro.
A veces, cuando el joven se adentra en esa búsqueda personal y no le agrada lo que ve, o percibe que tras la imagen del espejo se encuentra una espesura difícil de atravesar, busca modelos conocidos que le parezcan más seguros que ponerse a prueba. Dichas personas son como un disfraz que usa para sentirse más cómodo y realizar el viaje en compañía de ellas. Si esos modelos de comportamiento tienen éxito social y parecen dirigir su vida con maestría, la experiencia de seguir sus pasos será similar a encontrar el mapa de un oasis en medio del desierto.
Durante estas semanas en “La Pavoteca”, diversas personalidades procedentes del mundo de la cultura, el deporte o los medios de comunicación, nos han contado con sencillez su experiencia en la adolescencia para que fuera de utilidad a mis alumnos. El objetivo de esta experiencia es demostrarles, a los que se miran en ellos, que esos rostros conocidos tuvieron una edad del pavo con todas sus letras y similar a la de cualquier adolescente. Si ellos han logrado gran parte de sus sueños publicando en periódicos o editoriales, bailando en los grandes escenarios o cantando ante miles de personas, es señal de que, aunque la imagen del espejo nos parezca distorsionada en el abandono de la infancia, al final la historia puede acabar bien si perseveramos en nuestras ilusiones con una gran dosis de esfuerzo. Ese es el gran regalo que Forges, Miguel Ríos, Rosa Montero, Luís del Val, Mercedes Milá, José Manuel Calderón, Javier Urra, José Luís Alonso de Santos, Guillermo Fesser, Ángel Nieto, Marwan, Pablo Motos, José Andrea, Victorio&Lucchino, Víctor Ullate, Rosa Regás, Manuel Toharia, Joaquín Leguina, Tamara Rojo, José Ramón Lucas, Manel Fontdevila o Natalia Verbeke (hay más invitados esperando para futuros capítulos) me han hecho para este blog. A todos ellos les reconozco una enorme inteligencia emocional para comprender su papel en esta historia y, por supuesto, una gran disponibilidad y generosidad para asomarse a este pequeño proyecto.

Las personas en las que se busca una identificación pueden ser más o menos célebres, pero también pueden proceder del entorno próximo, como un pariente mayor, un profesor o un compañero de un curso superior. No importa que a esas edades se huya de los adultos como regla, si la persona admirada es un reflejo de lo que se quiere llegar a ser. Por eso los profesores o cualquier adulto que trabaja con jóvenes, necesitamos ser extremadamente cuidadosos con los tesoros que a menudo nos dejan en forma de depósito esos corazones que buscan referencias para guiarse. Secretos, anhelos, preocupaciones, tristezas o esperanzas, pasan a nuestro lado de forma casi temblorosa, y debemos darles cobijo con responsabilidad y coherencia, aunque seamos estaciones de paso en el camino de huida de la familia que finalmente lleva de regreso al punto de partida en un hermoso círculo: Papá, mamá me alejo de vosotros para encontraros de nuevo.

En estos días de Navidad vemos en el noticiario como esas mismas personas que contaban su adolescencia en este espacio, firman autógrafos con paciencia infinita, visitan hospitales o dan muestra pública de su solidaridad, quizás sin imaginarse que están actuando como educadores y que forman parte de ese círculo de iniciación que comentaba antes.
A veces el adolescente sólo se fija en ellos para cogerles prestado el papel de ganador, porque en su día a día los estudios van mal, hay problemas personales o en casa y en el sorteo de la vida lleva pocas papeletas. ¡Hemos ganado la Copa de Europa! Pero si tú no jugabas… Ya, pero es mi equipo. En ese caso los rasgos humanos de la persona admirada pueden pasar a un segundo plano. Por eso se agradece tanto que los deportistas que triunfan minimicen su hazaña en comparación a los valores como el esfuerzo, la generosidad, el espíritu de equipo.
También es importante que todos los adultos del entorno de estos jóvenes, profesores y familias incluidos, prediquemos con el ejemplo llevando a la práctica nuestras palabras. No fumes, no bebas, trabaja, sé tolerante, haz deporte, lee más, no seas materialista. Ser padre, madre, educador u orientador nos obliga a chequear nuestra personalidad y comportamiento casi a diario, porque debemos ser un ejemplo de coherencia para que nuestra labor dé sus frutos.
Decía el cantautor Marwan en su “Examen de La Pavoteca“, que al llegar a los 16 o 17 años “comencé a darle una gran importancia a los valores sociales, al compañerismo, a la solidaridad, a la empatía. A mi alrededor veía mucha falta de compañerismo, de amistad verdadera y a mi me afectaba mucho y se empezó a forjar en mi esa búsqueda“. Así que ahora me hago una pregunta. Si el adolescente se encuentra sumergido en esa maravillosa búsqueda que recordaba Marwan, recorriendo un círculo que le llevará de vuelta a casa con las alforjas bien repletas, ¿no somos los adultos los que a veces necesitamos seguir el modelo del adolescente para refrescar nuestra acomodada existencia?
Antonio Javier Roldán
|
Colaboraciones |
Yousara
Amanece pronto en el sur de Marruecos, antes en las chabolas donde es difícil entablar relación con el sueño, ya que la incomodidad y el olor a salitre y basura lo inunda todo.
Yousara aún no abre los ojos, intenta seguir con el sueño inconsciente de una niña de 12 años. Sueña ser una artista, cantante atractiva que fascina por su voz y sale en esa tele tan inalcanzable. Sueña comer en bonitos restaurantes, bañarse todos los días y resaltar sus huesos con fastuosos sharis o vestidos occidentales.
Es la noche cuando vive intensamente lo anhelado y el espíritu se esfuerza por revitalizar lo que la mente mantiene alejado.
Cerca ,una mano áspera y oscura penetra debajo de la tela mugrienta que hace las veces de sábana en dirección a la pierna de Yousara.
Es la mano de su padrastro, gran holgazán patriarca de la casa, que vive al amparo de su segunda mujer y cinco hijos.
Yousara despierta y aterriza sus ojos en el techo de hojalata gris, mientras aguanta como tantas mañanas el peso de ser la hermana mayor.
Levanta el alba y comienza la guerra. Lucha por hacer olvidar lo que el espíritu demanda.
Son las seis y media y ya se oye bullicio fuera. Yousara salta por encima de sus hermanos pequeños, todavía inconscientes sobre las mantas en un amasijo de brazos y piernas delgadas y secas.
Su madre mantiene la mirada perdida mientras hace el té recalentado y planea cocer unos puñados de arroz para comer.Utopía del poco arroz para cada día. Del sueño de justicia e igualdad.
Yousara se viste con ropa heredada, licra en desuso que cae insulsa en un cuerpo lánguido y reseco. Toma un té y después de besar a su madre sale a la calle a buscarse la vida.
Pasa la cuesta de barro, saluda a sus amigas que aún van al colegio. Pronto sale al paseo, se limpia las chanclas con un trozo de plástico, de los muchos que abundan por las aceras.
Al pasar, mira por encima del pañuelo que le cubre la cara a ese balcón de la casa de Mimoun , tan bonita a sus ojos, aunque sufre como una tortura el desaliento de ser invisible para un hombre con posibles, que se casará con alguna niña de buena familia del pueblo.
Camina deprisa como si se salvase así de su propio destino. Mientras, las gaviotas asolan la playa, llena de basura y algunos jóvenes recibiendo la ducha diaria. Ella mira el paisaje apreciando la belleza del color entre las bolsas de basura.
Llega a la plaza del pescado .Los marineros han llegado de faenar con sus pequeños barcos parcheados de grasa y miseria.
Los pescados descansan en cajones, en plásticos o en el mismo suelo en puestos improvisados, con charcos de sangre y mugre.
Yousara busca trabajar para las extranjeras turistas ayudando a llevar su compra.
Pronto llega una camioneta. Sale un hombre y una mujer con tacones. Yousara les sigue hasta el mercado sin poder quitar sus ojos de unos zapatos tan fascinantes para ella.
El olor a perfume la embriaga y siente una honda envidia mientras cierra sus ojos un momento para paladear una sensación tan onírica.
La pareja hace las compras. Dejan las bolsas sobre el suelo. Pronto aparecen varios niños a ofrecer sus servicios. Yousara trata de adelantarse y se avalanza para hablarles. La señora la mira y ella se estremece por su olor y su bonito vestido.
Reacciona y pide llevarles las bolsas. El hombre accede y la carga con varias bolsas en cada mano.
Les sigue hasta la camioneta, mirando al suelo, tal y como la han enseñado, sin poder remediar seguir mirando los zapatos de la señora.
Al llegar, ayuda a cargarlas en la parte trasera y el hombre le da 10 dirham, mientras habla por un móvil.
Yousara mira a la mujer, buscando despedirse de sus zapatos, pero ella ya se ha montado.
Pronto arrancan y se alejan dejando una nube de humo en la cara de Yousara.
La mañana ha empezado bien. Yousara piensa en desayunar pescado frito, y llevarles también a sus hermanos.
Después de comer un poco regresa al mercado y casi sin pensar trabaja como una autómata cargando bolsas en coches a varios turistas.
Después, al medio día ,acude al callejón del barrio viejo. Allí se encuentra con Mohamed y sus compañeros,fieles amigos de la vida relajada que surge del uso de la marihuana y el pegamento.
Pasan el día observando cómo pasa la vida, buscando el momento o la persona q les ayude a lanzarse al vacío de encontrar una vida vendida como mejor, pero con la pasividad propia de la resignación.
Sin casi hablar Yousara recibe su ración de invitada. Sus amigos tirados en el suelo mantienen su sonrisa inconsciente y Yousara se acurruca entre ellos y se siente liberada de la consciencia.
Pasan las horas sin darse cuenta y al atardecer Yousara se incorpora de su somnolencia. Decide volver a casa, ya que es tarde para intentar comer en el centro de beneficencia.
Sin despedirse de sus amigos se aleja vagando por el barrio viejo.
Llaman a la oración. Los hombres acuden a las Mezquitas. El sonido de la llamada la acuna mientras se mueve entre el gentío y los turistas.
Vaga su alma por las calles que la inocente naturaleza le dio para vivir. Se siente volátil como una pluma y fuerte como un hombre.
Acude Mimoun a su mente como una imagen sagrada del mismo Alá. Se recrea en él como quien encuentra consuelo en un icono irreal al que no llegará nunca.
Llega a la casa y da el dinero a su madre, guardando unas monedas en una lata para cuando decida dar el paso.
Sus hermanos la zarandean y ella se deja caer en una manta mientras ellos la besan y juegan.
Se queda adormecida mientras ve a su padrastro arrodillado rezando en la habitación de al lado.
Oye a lo lejos la recriminación de su madre por no haber llevado a sus hermanos a los baños públicos o no haber ayudado a lavar la ropa en los calderos.
Se va a la cama y se abraza a la almohada dando paso de nuevo a los sueños conscientes de lo inalcanzable.
Al día siguiente volverá a sobrevivir en fangos, intentando sacar la cabeza para poder decir: hoy mereció la pena.
Ana Raquel Álvarez de Castro
(Raquel es profesora de educación infantil y estuvo en el verano de 2008 trabajando como voluntaria en África. Su relato es fruto de aquella experiencia)
Meninos da rua
Naciste sobre un sucio trapo en tu casa, una favela de Brasil
Naciste con la cruz del pobre a la espalda, con un cartón como cojín
Naciste y te bautizaron con hambre y te apellidaron miseria
Naciste y estrenaste vida sin padre, naciste esa fue tu sentencia
Creciste viviendo la droga en la plaza, el pegamento no dio tregua
Creciste descalzo aunque era en el alma donde te salían las durezas
Creciste sin más profesor que la calle, sin más ley que la de la fuerza
Creciste y te quedó tres tallas grande lo que sucedía en la acera
Tus sueños tenían forma de balón
Vigila tus pasos pues vendrá el escuadrón
Niño vagabundo es carne de cañón, Meninos da rua
Tus sueños tenían forma de balón
Vigila tus pasos pues vendrá el escuadrón
Niño vagabundo es carne de cañón, Meninos da rua
Meninos da rua
Viviste teniendo sólo una alegría, el mundial que ganó Brasil
Viviste creyendo que el destino en la vida sólo consistía en morir
Viviste con la palabra precintada, no te fiabas ni de ti
Viviste no dejando que te pisaran, golpeaste por no recibir
Tus sueños tenían forma de balón
Vigila tus pasos pues vendrá el escuadrón
Niño vagabundo es carne de cañón, Meninos da rua
Tus sueños tenían forma de balón
Vigila tus pasos pues vendrá el escuadrón
Niño vagabundo es carne de cañón, Meninos da rua
Meninos da rua
Moriste a esa hora en que los gallos hacían de despertador
Moriste y en el suelo dejaste un charco de sangre que a nadie importó
Moriste como un niño viejo que andaba jugando a nada y perdió
Moriste y nadie te echó en falta porque otro menino nació
Tus sueños tenían forma de balón
Pero se pincho el día en que llegó el escuadrón
Niño vagabundo fue carne de cañón, Meninos da rua
Tus sueños tenían forma de balón
Pero se pincho el día en que llegó el escuadrón
Niño vagabundo fue carne de cañón, Meninos da rua
Meninos da rua
Naceu em um pano sujo na sua casa numa favela do Brasil
Naceu com a cruz dos pobres nas costas, com um papelâo como berço
Naceu e te batizarâo com fome e teu sobre nome miseria
Naceu e estranhou uma vida sem pai, naceu essa foi sua sentença
Teus sonhos tinhamde forma de balâo.
Mais furo o dia que chegou o escadrao.
Menino vagabundo foi carne de pistola, meninos de rua
Tus sueños tenían forma de balón
Pero se pincho el día en que llegó el escuadrón
Niño vagabundo fue carne de cañón, Meninos da rua
Marwan
Puedes enviar tus reflexiones, poesías o artículos sobre la adolescencia para que se publiquen en “La pavoteca” enviando un correo electrónico.
|
La Pavoteca examina a… |
Natalia Verbeke
Biografía: Wikipedia
Web: Oficial

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
Creo que fue a los 11 años.
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
Fue una época muy rara para mí ya que cambié de país, de Argentina a España, y a pesar de hablar el mismo idioma la gente era distinta, sobre todo bajo la mirada triste de una niña que había tenido que dejar todos sus afectos a 14000 kilometros. Pero había un poco de todo, gente con dinero, sin dinero, buenos, malos…
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
Era, y soy, una apasionada de la lectura, ¡devoro los libros! ¡Me encanta leer! También hacía ballet, tres horas al día, cuando salía de clase.
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
Muy buena la verdad, con mis padres he podido hablar siempre de todo lo que me preocupaba, además, debido al ballet, siempre me he movido en un mundo de adultos.
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
Lo normal, siempre he sido muy coqueta y me encantaba maquillarme y hacerme peinados divertidos, ahora no tanto porque forma parte de mi trabajo y a veces se convierte en una obligación.
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
¡Un cuadro! Siempre me ha gustado mucho la moda, así que me ponía aquello que se llevaba aunque estuviera un poco ridícula, ¡la verdad! Esos Levi´s blancos con un polo eran un despropósito. Luego pasé a mi etapa gótica y más tarde al “neo-hippie”.
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
No es que se sentaran y me explicaran absolutamente todo pero, como he comentado antes, ningún tema ha sido tabú en mi casa por lo tanto cualquier pregunta era sabiamente contestada.
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
El grupo que ha marcado mi vida ha sido U2 y por supuesto que ¡sigo siendo fan! Madonna también ha estado ahí y sigue, también escuchaba mucho jazz, ¡me encanta!
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
Muchísimas veces, es algo natural en la adolescencia.
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
Tengo una mentalidad mucho más abierta que antes y no juzgo tanto las cosas. Soy mucho más tolerante.
¡Muchas gracias, Natalia!
|
Materiales recomendados |
Libro: Carta a un adolescente
El objetivo de este libro del psiquiatra italiano Vittorino Andreoli es servir de ayuda para afrontar los problemas que pueden aparecer en la adolescencia. Según él mismo dice “Es una carta para adolescentes que los padres y madres no pueden dejar de leer, porque de este modo descubrirán cuáles son las verdaderas necesidades de esta edad, que a menudo no comprenden o interpretan de manera errónea”.
En el libro se habla de las emociones y sentimientos como “antídoto a todas las inseguridades y miedos de la adolescencia”, el vínculo emocional entre padres e hijos, la autonomía, el cuerpo y las drogas.
Como en cualquier carta, siempre encontraremos pasajes más impregnados por las creencias del autor. A mí personalmente me ha gustado mucho el concepto del tiempo para el adolescente, su papel en la sociedad, la importancia del grupo y la llegada del amor.
COMENTARIOS: Cuando pongas un comentario el Blog te pide que sumes dos números para que este sea aceptado y evitar el spam. Por ejemplo: Si pone “Por favor añada 10 y 5″ entonces hay que escribir 15. Si haces mal la suma te suspende en matemáticas.
Publicado en Sociabilidad | Ningún comentario »
Capítulo 16
21. Noviembre 2008 por Antonio Javier Roldán.
|
Estoy harto de las normas |
Un adolescente sin normas es como un espléndido piso que no tuviera tabiques, es decir, un amplio espacio con poca funcionalidad. Los tabiques nos delimitan cada una de las habitaciones otorgándonos cierta libertad para decorarlas dentro de los límites marcados por el propio uso. Pero además de tabiques son necesarias las puertas, las ventanas –para airearnos de vez en cuando- y los muros de carga, vigas y pilares que realizan la función de dar forma y soportar todo el peso.
La educación y la familia pertenecen a la estructura, resistente pero a la vez algo flexible para soportar las tensiones y los malos vientos. Los tabiques se construyen a partir de normas que señalan las directrices de actuación dentro del espacio propio. Sin embargo, en la etapa de la adolescencia los protagonistas discuten sobre la distribución de la vivienda personal que le hemos construido los adultos porque es habitual a su edad cuestionar e intentar mover los límites que hemos levantado usando ladrillo y cemento, sin saber que ellos mismos se sienten protegidos y queridos cuando la familia les muestra las fronteras que no deberían cruzar. Evidentemente las normas irán evolucionando con el paso del tiempo y no son las mismas para un preadolescente que para un universitario. ¿No reformamos nuestra propia casa pasados unos años?
Al llegar a la adolescencia, momento en el que ya no vale el “porque yo lo digo” o “no hay nada que hablar”, es interesante negociar –no confundir con regatear- con el adolescente esos límites y normas que deberá cumplir en lo sucesivo, sin caer en la trampa de convertirnos en una máquina expendedora de privilegios. Tan negociables son los derechos como los propios deberes. ¿Por qué no hacer una lista con las tareas domésticas con las que puede colaborar?
A partir de los 15 o 16 años surgirán los conflictos relacionados con las discotecas o los horarios de recogida en casa. “A Fulanita la dejan hasta las once”, “Pues los padres de Menganito si le dejan ir a la discoteca”, “¡Vaya familia que me ha tocado!”, etc. Aunque la frontera de la negociación está en la integridad física o psicológica del protagonista, conviene dialogar también estos temas más espinosos, explicando con sinceridad los riesgos que motivan estas restricciones horarias y de asistencia a determinados lugares, si no las cumplen. El problema es que el excesivo proteccionismo hacia los niños les está privando de la vivencia de la enfermedad y de la muerte, por lo que en el fondo se sienten indestructibles e invulnerables.

En el caso de fuerza mayor, como la pérdida de un autobús (excusa clásica), deben saber que hay que avisar a casa, una norma de convivencia básica. Así se les está educando en la autonomía y responsabilidad, tarea que debe iniciarse desde la infancia. Para esto sí sirven los móviles y no para gastarse un pastón en politonos.
Hoy en día la calle es más peligrosa que hace veinte años, y hace veinte años más que hace cuarenta. Los jóvenes lo saben y lo perciben. Por eso en el fondo agradecen estos límites como una prueba más del amor de sus padres por ellos, ya que le otorgan seguridad y tranquilidad en su exploración del mundo adulto.
Una vez consensuadas las normas y explicadas aquellas que precisan de menos diálogo –“Lo siento hijo, hasta que seas mayor debo cuidar de ti”- llega el momento de vigilar su cumplimiento. En esta tarea es muy útil el reforzamiento del buen comportamiento y de las responsabilidades cumplidas, no solamente con buenas palabras como “Enhorabuena” o “¡Gracias!”, sino también con una mayor implicación del joven en la elaboración de sus propias normas, lo cual le resultará muy motivante en su camino hacia la madurez.
En el caso de que no cumpla las normas no se puede ceder, porque si lo hacemos volverá a cuestionar cualquier límite que le pongamos en el futuro. En ese caso podemos explicarle que quizás no ha sabido moverse en las coordenadas que le hemos puesto -o se ha puesto-, por lo que el estrechamiento de las cotas de libertad –castigo- lo apreciará como parte del aprendizaje para lograr sus objetivos en un futuro.
Un adolescente sin normas o límites se sentirá inadaptado y marginado en una sociedad en la que la tolerancia y la convivencia nos obligan a seguir unas determinadas reglas de juego. Por eso es tan importante que el pájaro vaya abandonando poco a poco el nido y se enfrente al mundo que le espera ahí fuera, conociendo y conociéndose, siempre dentro del marco de referencia y seguridad que le ofrecen los adultos a los que está unido afectivamente.
Antonio Javier Roldán
|
Colaboraciones |
Poemas transitivos
Poesía absurda
Abrazar estrellas como niños.
Mirar niños como flores.
Oler flores como perfumes.
Derramar perfumes como lágrimas.
Secar lágrimas como heridas.
Mª del Carmen Martín Palacios (13 años)

Poema a la vida misma
Hacer amistades como historias.
Contar historias como trabajos.
Dar trabajos como acciones.
Realizar acciones como sentimientos.
Tener sentimientos como vidas.
Vivir vidas como alegrías.
Recibir alegrías como regalos.
Regalar regalos como canciones.
Escuchar canciones como disparos.
Ver disparos como tristezas.
Sentir tristezas como guerras.
Vencer guerras como muertes.
Alejandro Sánchez Rodríguez (13 años)

Lo maravilloso y absurdo de un mundo ideal
Volar mariposas como ángeles.
Brillar ángeles como estrellas.
Contar estrellas como números.
Unir números como manos.
Leer manos como cuentos.
Viajar cuentos como mundos.
Descubrir mundos como laberintos.
Descifrar laberintos como códigos.
Juntar códigos como pinzas.
Ver pinzas como nubes.
Recorrer nubes como calles.
Nadar calles como mares.
Sentir mares como vientos.
Mover vientos como arenas.
Encontrar arenas como recuerdos.
Soñar recuerdos como príncipes.
Imaginar príncipes como princesas.
Nuria González Muñoz (13 años)

Puedes enviar tus reflexiones, poesías o artículos sobre la adolescencia para que se publiquen en “La pavoteca” enviando un correo electrónico.
|
La Pavoteca examina a… |
Pablo Motos
Biografía: Wikipedia
Web: El Hormiguero

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
A los 13 años.
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
Estaba convencido de que en general eran todos unos merluzos aburridos que me contaban cosas que no me interesaban y por otro lado tenía la necesidad continua de retar a mis padres y hacer lo contrario de lo que me dijesen, supongo que era víctima de mis propias hormonas.
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
Básicamente hacía el gamberro. Es un milagro que esté vivo porque alguna vez me pasé más de la cuenta… pero se pasa y luego te das cuenta de que tus padres no son tus enemigos, y que hacer el bestia tiene consecuencias chungas.
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
Tenía poca, pero me hice muy amigo de un profesor que me entendió, y le quería mucho. Creo que tenía la capacidad de escuchar sin juzgar todo lo que hacía y eso me hacía sentirme bien.
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
Tenía complejo por mis pecas y porque a mis amigos les salían pelos por el cuerpo y a mí no. Por lo demás todavía no sabía que era bajito.
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
Creo que tenía una gran capacidad para ponerme ropa con colores que no combinaban entre sí. Después pasé a vestirme como mi grupo favorito de la época. Llevaba el pelo de punta y me pintaba los ojos. Todavía recuerdo la mirada de conejo de mi padre cuando me veía sentarme a la mesa a comer.
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
Ninguna, venía un cualquiera, te daba algo y lo probabas… Pero no era tan químico como ahora. Y la diferencia es grande, no es lo mismo la marihuana que el cristal… No me gustan nada las drogas. Tengo un par de amigos muertos por su culpa y otros tres o cuatro que ya no recuperarán su vida jamás.
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
Me gustaba Pink Floyd, los Thopmson Twins, Sof Cell, Yelow, los Rolling, New Music From a to b, Shakatak, J.J. Cale y tambien Jean Michel Jarre, The Bee Gees, Paco de Lucía, el Camarón, los Daf, en fin, la lista es interminable. Y en cuanto si los sigo escuchando, pues a la mayoría no, ahora me gusta investigar con gente como Shainko, Arto Tuncboyaciyan, Paolo Conte, Carmen Paris, Albert Pla o Diego Carrasco.
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
Por supuesto. Cuando piensas solo en ti te sientes muy desdichado y piensas que el mundo es muy injusto porque las cosas no son como a ti te da la gana. Esto te hace estar en guerra con todo el mundo menos con quien te da la razón, es decir, tus amigos. Pero eso es estar fuera de la realidad. Cuando pasa el tiempo aprendes a esforzarte por escuchar y comprender a los demás. Si no aprendes eso es imposible ser feliz y estar tranquilo.
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
Hubo un cambio absoluto un buen día que un amigo mío se mató en un coche y a otro lo metieron en la cárcel. Me alegro mucho de aquel cambio porque si no yo ahora no estaría donde estoy.
¡Muchas gracias, Pablo!
|
Materiales recomendados |

Libro: “Aprende a estudiar”
A veces los libros sobre técnicas de estudio están cargados de una nomenclatura al alcance de unos pocos entendidos en la materia. Otras veces nos ocurre lo contrario, que parecen orientados sólo a los alumnos y alumnas, por lo que tanto la maquetación como el contenido de tan asequible podría perder algo de rigor. En el caso de este libro de Concepción Fernández Rodríguez, concentra en doscientas páginas las distintas fases del estudio, con su problemática y estategias de forma amena y clara para familias, profesores y alumnos, usando un lenguaje claro y ejemplos prácticos.
Cuando escogí este libro para recomendarlo en el blog, hice una preselección entre ocho, y este me pareció el más completo para trabajarlo en un ambiente familiar o escolar.











