Blog de Antonio Javier Roldán sobre adolescencia y educación

Capítulo 1


Sábado, agosto 30th, 2008

El carrusel de las emociones


La tormenta empezó con una tontería. Sandra llevaba más de veinte minutos al teléfono, con su mejor amiga, cuando su madre le dijo que lo dejara ya, que se pusiera a estudiar y que le dijera a sus compañeros que nadie podía llamar hasta las ocho. Al parecer estaba consultando unas dudas sobre lo que entraba en el examen de lengua, pero entre la metáfora y la hipérbole se coló la movida del recreo, y ya se sabe lo que pasa con esas cosas. ¿Qué son esos gritos, tía? Nada, mi madre que está parana y no quiere que hable contigo. Mejor cuelgo y me conecto luego al Messenger.

Sandra se dirige ahora al salón para decirle a su madre que ya ha terminado y que si está ya contenta por haberle hecho quedar mal con su amiga. A mí no me levantes la voz, que soy tu madre y llevas una temporada que no hay quien te aguante, rica. Sandra le dirige una mirada desafiante y se aleja en silencio, dando un portazo del 10 en la escala de Ritcher. ¡Que no me aguanta dice! ¿Qué sabrá ella lo que tengo que aguantar yo cada día? La rabia, que últimamente confunde con la tristeza, da lugar al llanto.

La mochila, repleta de libros, descansa sobre la cama, junto a aquella muñeca de trapo que le recuerda tiempos mejores. ¿Qué fueron de aquellos días en los que se sentía segura, en los que apenas tenía responsabilidades. Cuando era una niña tenía todas sus necesidades satisfechas y era el objeto de los cuidados permanentes de sus padres. Su papel en la familia estaba claro y delimitado: Soy vuestra cachorrita, la alegría de vuestra casa, la que pasa toda la tarde jugando después de hacer diez minutos de caligrafía y la que no tiene que preocuparse de nada, salvo de respirar.

Sandra se acerca al espejo. Sí, la niña queda lejos. Parecía más bonita hace años, una auténtica monada con su pelito rubio. No tenía este enorme culo, ni esos granos, ni debía preocuparse por el dichoso vello. Estoy metida en un cuerpo que no es el mío, mejor dicho, en varios cuerpos, porque cada día me llevo una sorpresa nueva. Soy varias personas encerradas en distintos cuerpos, porque no hay mañana en que no perciba mi mundo de forma diferente pero, claro, eso a mi madre le trae sin cuidado.

En el corcho de las fotos contempla sus recuerdos del colegio, de las vacaciones del pueblo, sus cumpleaños o cuando era un bebé. Por aquel entonces sólo existían dos sentimientos, la alegría y la tristeza. Ahora está dando vueltas en un carrusel de emociones en las que cada minuto que pasa es una incitación a sentir, pero con una advertencia en forma de descomunal señal de “Prohibido dejarse llevar, que eres novata”.

Abraza a su muñeca. Su olor le transporta a la añorada infancia durante unos instantes, procurándole un puerto donde amarrar en la tempestad, pero sabe que volverá a zarpar para probarse a sí misma y buscar su lugar en este mundo imperfecto al que le están invitando los adultos y sus hormonas. Tiene que probarse, saber hasta donde puede llegar, cuáles son los límites y premisas sobre los que construirá su vida, un juego delicado lleno de obstáculos en el que no todos los días desea participar, avanzando por el parchís aguantando que te manden de vuelta a la casilla de salida cada vez que ve cerca la meta.

Mientras ella se autocompadece sobre la cama, Celia, su madre, recoge la ropa del tendedero echando la memoria atrás, añorando a la Sandra niña, pero también su propia juventud. Ya se encuentra en la cuarentena y el progresivo alejamiento de la niñez de su hija le confirma que el tiempo ha pasado y que ha entrado definitivamente en la madurez. Su cuerpo también está cambiando, como el de Sandra, y también su percepción de todo cuanto le rodea. Atesora muchas certezas en su corazón, pero también sabe que existen puertas que a estas alturas serán difíciles de abrir. Sonríe brevemente. Al fin y al cabo ella también está pasando su segunda adolescencia y percibe que sus fuerzas no son las mismas que cuando nació la cría.

Celia deja la ropa seca sobre la cama y se acerca a la “habitación-castillo” de Sandra. Llama a la puerta con delicadeza. Al segundo intento, tras escuchar el esperado ladrido, logra entrar. Como imaginaba la mochila sigue cerrada y ella está tumbada con los ojos hinchados y aferrada a la muñeca. Traga saliva. Cariño, como veo que no estás muy centrada en el estudio, ¿por qué no me acompañas un momento a la farmacia? Así te da el aire y quizás luego te concentres más, ¿no? Sandra siente ganas de mandar esa falsa amabilidad a paseo con un exabrupto de aquí te espero, pero puede más el amor que siente por su madre y el reconocimiento del primer paso que ha dado esta. Aprecia, en la preocupación que siente por ella y en los límites que le pone, ese refugio seguro en su recién estrenada autonomía, algo así como un oasis al que volver cuando se pierda en el desierto o suelte el hilo de la cometa que le permite explorar el mundo al que se está incorporando.

Procura mostrarse orgullosa a pesar de todo, por lo que acepta la invitación asintiendo, pero sin decir una sola palabra y trotando a grandes zancadas hasta el baño para darse un retoque -que tiempos aquellos en los que bastaba con ponerse unas deportivas-. Otro portazo, pero más suave que el anterior. Celia se siente satisfecha, porque imagina que cada vez será más complicado encontrar pequeños lugares de encuentro con su hija.

Cuando las dos adolescentes llevan unos metros caminando por la calle, la más pequeña toma el brazo de la otra y le susurra un tímido “perdona mamá”.

Antonio Javier Roldán

 

Colaboraciones

 

Recuerdos de un profesor jubilado (I): La valla

Los iba a haber inaugurado Franco, pero al final no pudo ir. Los dos centros educativos compartían los patios, la capilla y el salón de actos. Un armazón de metal y plástico servía de protección al pasillo de cemento que unía las dos puertas de entrada, y que habría servido para proteger al Caudillo en su frustrada inauguración. Sólo había un problema, y es que uno era masculino y el otro femenino. En los recreos se encontraban los alumnos de uno con las alumnas del otro en un ambiente alegre y festivo. Media hora para verse en aquel patio común, mientras alguien, en secreto, vigilaba con cuidado sus encuentros.

Un año, después de las vacaciones de verano, nos encontramos con que una valla de mampostería separaba en dos el espacio común, y en ella se abría una puerta con cerrojo y llave que dejaba el paso a la voluntad de quien mandaba. Alguien había decidido que los encuentros deterioraban la moral, o la buena imagen de los centros, o quién sabe por qué previsión de peligros. Algunos profesores impartían clases en ambos centros, y tenían que dar la vuelta por la calle, en lugar de usar el acogedor camino cubierto.

La protesta de los jóvenes fue inmediata. En esos años no era fácil discrepar de la autoridad, por lo que su primer recurso, inútil, fue acudir a los conserjes, tutores y directivos en demanda de explicaciones, pero la obra la había decidido una sola persona, y entonces no se hacían muchas preguntas a la superioridad. Durante todo el curso aparecieron pintadas en la valla, por ambos lados, que a las pocas horas eran tachadas por el eficiente aparato antipintadas, tan activo en los últimos años del Regimen. Siempre se podían adivinar las palabras “represión” “sexual” y “facha”.

La primavera da nuevas energías a la gente joven, y un día de marzo, por sorpresa, como entonces se tenía que hacer, unos extraños corrillos se fueron formando en los dos patios, mientras algún profesor timorato gritaba: “Asamblea ilegal”, “Asamblea ilegal”…y antes de que alguien llamara a la policía, los corros se convirtieron en dos hileras de chicos y chicas, cada uno por un lateral de la valla, cogidos de la mano y gritando con todas su fuerzas: “No a la represión”. A más de un profesor se le saltaron las lágrimas al ver sus caras pálidas llenas de miedo, sus manos cogidas con fuerza, y sus ojos pendientes de la calle para ver si llegaba la “lechera” de la policía. Pero no llegó. Nadie la llamó, y al sonar el timbre cada uno volvió a sus clases, y en sus miradas se transparentaba el espíritu que después traería la democracia. Ningún profesor se atrevió a unirse a ellos. Eran malos tiempos.

Durante el resto del curso la valla fue presentando grietas, agujeros y desprendimientos no casuales, mientras las pintadas nuevas lucían colores, y algún dibujo primaveral entre los textos. En ese trimestre salió el decreto que declaraba mixtos todos los centros, con lo que la valla se fue transformando en ruina histórica, cada vez más deteriorada, hasta que un verano, alguien con sensatez ordenó derribarla. Para entonces habían llegado a mi centro (el masculino) dos niñas gemelas idénticas, primeras alumnas femeninas, que pronto se vieron mimadas y cuidadas por quinientos varones solícitos.

Antonio Roldán Martínez (Web)

Puedes enviar tus reflexiones, poesías o artículos sobre la adolescencia para que se publiquen en “La pavoteca” enviando un correo electrónico.

 

La Pavoteca examina a…

 

Antonio Fraguas (FORGES):

Biografía: Wikipedia

Web: forges.com

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?

A los 12 años.

2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?

Con muchas necesidades y muchos pobres por todas partes.

3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?

En la máquina tecnológica más perfecta jamás creada por el ser humano: el libro.

4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?

Dialogaba con ellos observándoles.

5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?

No mucho, pero era un buen gimnasta, sobre todo con los aparatos.

6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?

Era rara para la época: tuve, quizá, el primer ‘pantalón vaquero’ que hubo en el Madrid de 1951; me lo trajo de Londres mi madrina. En un mundo de niños con pantalones de pana aquello de los vaqueros era rompedor. Por cierto, tenían vueltas de dibujo escocés.

7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?

No, nunca jamás. No sé si ha quedado claro.

8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?

Si, con cierta añoranza: Elvis, Los 5 Latinos, Nat King Coole, El Dúo Dinámico…

9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?

Nos faltaban demasiadas cosas como para llegar a sentirnos incomprendidos.

10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?

El ser humano debe evolucionar en sus principios: la madurez es el estado progresivo del conocimiento. Supongo.

¡Muchas gracias Antonio!

Materiales recomendados

 

Libro: “Adolescencia y trastornos del comer” (Diana Guelar-Rosina Crispo)
A pesar del título, este libro trata de todos los aspectos de la adolescencia con un lenguaje muy claro para padres y educadores, evitando los términos demasido técnicos. Es fácil de encontrar, tanto en bibliotecas como en librerías.

 

Índice

  1. ¿Qué es la adolescencia?
  2. Revolución corporal
  3. Revolución emocional
  4. De padres, hijos y familias
  5. Amor y sexo en la adolescencia
  6. Amigos, modelos, ideales, libertad y sociedad
  7. La alimentación en la adolescencia
  8. Alcohol y drogas
  9. Depresión y suicidio en la adolescencia
  10. Desde la escuela hasta el primer empleo
  11. Cómo y cuándo pedir ayuda: entrenamiento de habilidades y desarrollo de recursos
  12. Esperamos tus sugerencias.


    IMPORTANTE: Cuando pongas un comentario el Blog te pide que sumes dos números para que este sea aceptado y evitar el spam. Por ejemplo: Si pone “Por favor añada 10 y 5” entonces hay que escribir 15. Si haces mal la suma te suspende en matemáticas.


2 Responses to “Capítulo 1”

  1. Sara Ferrer Says:

    Hola, Antonio, soy Sara-Brocelandia.

    Me metí a curiosear tu web y … ¡menuda sorpresa! sólo he leído “el carrusel de las emociones, capítulo 1 de la Pavoteca, y me he quedado alucinada… ¿cómo haces para meterte en el cuerpo, cerebro y sistema emocional de una adolescente (¡chica, para mayor dificultad!)) ¿Tal vez haciendo regresiones…? Ja, ja! Y qué bien escrito..

    Felicitaciones.

    Por curiosidad… Las entrevistas a los personajes conocidos (Forges…), ¿son reales?
    Muy original también la fórmula de “pregunta de matemáticas…”

    Los que hablan del declive de la humanidad desconocen que hay un montón de personas que como tu, ponen su grano de arena para promover un cambio de conciencia.

    Admirable que saques el tiempo y ánimo para mantener tus blog y web al día.

    Gracias.

    Un abrazo,

    Sara.

  2. CapГ­tulo 1 - La Pavoteca Says:

    Felicia Goodall

    I found a great…

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