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Cuento de Navidad
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Cuento de Navidad |
Su taxi era el único de la parada y Pedro no tenía mucha confianza en que un día de Navidad, a las 9 de la mañana, alguien solicitara su servicio. Había sorteado en la emisora los días calientes de las fiestas y le había tocado el más parado. Al menos no tendría que aguantar a los colgados de año nuevo. Observó a la brigada de limpieza amontonando los cartones en un camión que recorría la calle desierta. Siempre pringamos los mismos, pensó. Espero unos minutos más y si no me voy al Aeropuerto a echarme unas risas con los colegas. Fue entonces cuando ella golpeó el cristal. -¿Estás libre, tío? Mal empezamos, una cosa es que uno esté de servicio y otra que le traten como a una zapatilla. -No soy tu tío, niña. ¿No ves el cartel de “libre”? Lo de niña no era un menosprecio. Aquella mocosa apenas llegaba a los catorce años. -¡Ah! Vale. Pues me meto. Y se metió.
-¿A dónde?
- Traigo una lista -le acercó un móvil en el que se veía un plano de Madrid cubierto de banderitas.
-¡Coño! ¿No pensarás que esto es un bus turístico? ¿Tienes dinero para pagarme semejante carrera?
-Mi abuela me ha dado 100 euros por Papá Noel.
-No sé niña, con eso podrías hacer muchas cosas en lugar de viajar en taxi. Te comprar un bonobús y haces lo mismo.
-No crea, me sale rentable porque así termino antes. Primero vamos a pasar por casa de Miguel, que es el tipo que ahora le canta a mi vieja, que supongo que estará allí mojando los churros en el chocolate. Él me ha prometido el iPod y ella no sé qué de unos pendientes de Horteralandia que luego me choriceará. Después nos vamos a los barrios bajos a buscar al Javi, el ex de mi madre, que para competir con Miguel no escatimará esfuerzos. Creo que me usa para recordarle a mi madre que aún existe y que todavía sabe aporrear la guitarra con el truño de “La chica de ayer”. Una vez cumplimentado Javi, buscaremos a mi tío José, hermano de mi padre, pero que a veces se siente en la obligación de actuar como tal, porque él siempre dice que alguien tiene que ejercer de figura masculina de autoridad o no sé que memez, y que cada vez que me ve no para de darme la brasa con el temita de las notas y el botellón. ¡Será falso! No sabe ni hacer la o con un canuto y se pega cada lingotazo cuando juega el Madrid que el aroma inunda toda la casa. Además, para colmo soy del Atleti. Después buscaremos a mi padre, que me ha colocado en Nochebuena con mi abuela, sin que lo sepa el juez, claro, para tener vía libre y tirarse a la Natalia, esa guarra a la que duplica la edad y que se empeña en decirme que seremos buenas amigas. Puede estar en la banderita de arriba -señaló la pantalla del móvil- o en la de ese hotel. La chica tiene gustos refinados, y me ha prometido una cazadora de cuero rojo putón muy aparente. Él me dará una tarjeta regalo para que me lo gaste en lo que quiera. También habrá que darle un beso a mi madrina, una tía abuela que me preguntará si tengo novio y si voy a misa. Lo del novio prefiero no contárselo, porque podría entrar en coma diabético, y lo de la misa se me ve en la cara, así que supongo que se interesa por cumplir, ya que aquello de haberme sumergido en la pila bautismal te crea obligaciones y tal. Dejo para el final la visita a mi hermano Carlos. Creo andará durmiendo la mona en el piso que comparte con Pilar, Andrés y Sonia. Lo que no sé es la habitación, porque ya le he pillado con los tres. Me lo jugaré a cara y cruz. De él no espero regalo, pero me lo llevaré a que coma algo decente con la pasta de la abuela, porque estamos a final de mes y ya estará a base de sopa y chóped. ¡Ah! Espero que me quede algo para tu propina, por supuesto.
-Entiendo…
-Pues quemando rueda, que por la tarde he quedado con los colegas.
-Puedes llamarme tío Pedro.
-Pues date por visitado, macho.

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