Ha accedido a los LA PAVOTECA - Blog de Antonio Javier Roldán sobre la etapa de la adolescencia archivos del weblog de Octubre, 2008.
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- Afectividad (8)
- Cuerpo (8)
- Familia (8)
- Formación (8)
- Personalidad (9)
- Presentación del Blog (4)
- Sociabilidad (8)
- Vídeos (16)
- 30. Mayo 2010: LA PAVOTECA - "Explorando tu mundo"
- 30. Mayo 2010: La escalera
- 29. Mayo 2010: Danzando en el círculo de las hadas
- 18. Abril 2010: El día del libro
- 26. Marzo 2010: Una flor en primavera
- 21. Marzo 2010: ¡Qué sabrán las chicas!
- 10. Marzo 2010: Soy
- 8. Marzo 2010: La cueva del senet
- 3. Marzo 2010: La isla del tesoro
- 21. Febrero 2010: Mariposas en el corazón
Archivo para Octubre 2008
Capítulo 13
31. Octubre 2008 por Antonio Javier Roldán.
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Creo en mí |
Cuentan por ahí una historia de un célebre enólogo que dedicó su vida a crear un vino aterciopelado, muy apreciado en todo el país. Sus amigos decían que su gran secreto era el cariño y la dedicación que ponía en su trabajo, vigilando cada cepa y escuchando a cada empleado. Los envidiosos, aquellos que anhelaban su fama y prestigio, argumentaban que su tierra era la mejor de la comarca y que la calidad de su cosecha era la causante de su éxito.
Según pasaron los años, mientras los premios y reconocimientos seguían llegando, nuestro enólogo fue preparando a su hijo para que algún día tomara las riendas del negocio, porque deseaba disfrutar de su jubilación en el campo paseando por su propiedad. Para ello le buscó una buena facultad de ingeniería agrónoma, desde la que acceder al título de enología, y le pagó un master en administración de empresas. Cumplidos los 65 años, el enólogo llamó a su hijo y le anunció que había llegado el momento de entregarle su legado. Padre e hijo se abrazaron emocionados.
A los pocos días el hijo reunió a los trabajadores y les dictó sus instrucciones para el cuidado de las vides. Después contrató a un compañero de facultad para ponerle al frente de las bodegas, ofreciéndole una prejubilación anticipada al perplejo responsable, que llevaba cuarenta años en el negocio familiar y se sentía con fuerza para otros cuarenta. A una empresa de marketing y diseño le encargó unas nuevas etiquetas para las botellas así como una campaña de publicidad para introducirse en el mercado americano. Y así siguió varios días introduciendo nuevos cambios en la empresa.
Mientras tanto, en el corazón del padre se instalaba un doble sentimiento. Por un lado se sentía orgulloso de la formación y el espíritu emprendedor de su hijo, pero por otro notaba una punzada de dolor al ver como la obra de su vida se iba transformando poco a poco. Con el paso de los años la empresa fue creciendo sin apuros económicos, pero con un nuevo estilo adaptado a los tiempos. Así un día lograron el certificado de calidad y el “Diploma regulador de denominación de origen de la CEE de explotaciones vinícolas con distintivo exportador” -la repera, oiga- para poder lucirlo con orgullo en el logotipo.

Muchas veces a las familias les ocurre como al padre de la historia, que educan a su hijo en unos valores y principios pensando que serán la base de su vida adulta, sin percatarse que el adolescente lo primero que hace al llegar a esa edad es poner a prueba todo lo aprendido en casa y en el colegio, investigando por su cuenta y experimentando sus nuevas ideas, para lo cual no tendrá problemas en arriesgarse y cruzar alguno de esos límites que antes le marcábamos. Al ser un nuevo miembro activo de la sociedad iniciará un viaje personal para conocerse a sí mismo, en el que las características inherentes a su juventud, como el idealismo o la aventura, serán sus compañeras en un viaje durante el que se verá capaz de resolver todos los problemas y contratiempos.
En esta nueva fase de su adolescencia la curiosidad se vuelve más activa, y es un buen momento para ver películas, leer libros e investigar el mundo que le rodea. Esta exploración, unida a los principios aprendidos en la infancia -no olvidemos que en la historia del vino las uvas y la tierra eran las mismas para los dos protagonistas-, será la gran responsable de los cimientos de la persona que se está transformando. Habrá momentos en que el joven se declare creyente y a las pocas semanas sea un ateo convencido. Otras veces nos asustará con comentarios intolerantes o agresivos, para luego volcarse un fin de semana en ayudar a algún colectivo que esté pasando apuros.
A menudo las creencias y el sistema de valores que se está construyendo quedarán mediatizados por la realidad social, porque en el escaparate que le mostramos los adultos contempla un mundo brillante gobernado por el consumismo y la riqueza, en contraposición a la realidad del paro y a la falta de recursos. Por eso no podemos comparar nuestras motivaciones por el estudio con las de las nuevas generaciones. Nosotros buscábamos lograr un nivel de vida mientras que ellos pretenden mantener el que han tenido desde la cuna. Esta misma situación de confort que desean conservar les hace retrasar a veces su propia emancipación o anteponer el placer al sacrificio.
A veces, analizando las creencias y los valores de los adolescentes, podemos caer en la tentación de menospreciarlos, sin darnos cuenta de que son el reflejo de la sociedad que les estamos ofreciendo.
Un día leí en internet unas declaraciones muy interesantes de un célebre intelectual: “Nuestra juventud adora el lujo, es mal educada, burla la autoridad y no tiene el menor respeto por los viejos. Nuestros hijos, hoy son verdaderos tiranos. Ellos no se levantan cuando una persona mayor entra, responden a sus padres y son simplemente malos.”
Duras palabras, a fe mía. Las dijo Sócrates hace 2400 años.
Antonio Javier Roldán
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Colaboraciones |
Recuerdos de un profesor jubilado (V): Los que se quedaron atrás (2ª Parte)
Al comisario del barrio le llamaban el sheriff, tanto era el esfuerzo que se necesitaba para mantener el orden. Cuando me incorporé al instituto me dieron la poco reconfortable noticia de que el centro de enseñanza había sufrido treinta problemas de delincuencia en el curso anterior. Varias bandas juveniles atracaban a nuestro alumnado todos los días, e incluso entraban en los patios al menor descuido. Las profesoras salían a las seis de la tarde cogidas del brazo, sin mirar a nadie, hasta que llegaban a la parada del autobús. Incluso un inspector que se equivocó de puerta de entrada, tuvo que pasar por el centro de una pandilla que estaba allí esperando sus presas.
En los años en que fui directivo, me recibían en la comisaría como a viejo conocido, y me pasaba esperando turno para las denuncias gran parte de mi horario laboral. Conocí a varios inspectores de policía, con los que coincidiría más tarde con motivo de otro tipo de hechos muy tristes que no vienen ahora al caso. Ni las denuncias ni las fugaces detenciones lograban mejorar el ambiente de inseguridad en el que vivíamos. Había que observar la cara escéptica del guardia mientras tecleaba la denuncia: “Y dice usted que han atracado a un alumno…¿dentro o fuera?, porque si es dentro no es cosa nuestra…”
A algunos jefes de pandilla los conocíamos, e incluso alguna vez tuvimos que echarlos del patio. Cambiaban mucho, porque siempre había alguno detenido y otros se buscaban nuevos aires. También sufríamos a otros que eran totalmente anónimos, como los que nos rompían los cristales en los fines de semana. El instituto era muy abierto y luminoso, todo de cristales, y desde detrás de la valla se podía intentar romper algunos con el uso de buenas piedras y aceptable puntería. Gran parte de nuestro presupuesto se iba en reponer roturas, e incluso fuimos incorporando plástico irrompible a la fachada.
¿Por qué lo hacían? No era sólo el placer de romper; hubieran terminado por cansarse. Hablando con nuestros alumnos y con sus padres nos dimos cuenta de que estábamos atendiendo a la primera generación que estudiaba Bachillerato en el barrio. Sus padres no tenían estudios en general. Tampoco entendían lo que era la Enseñanza Media. Creían que sus hijos iban a un colegio que se prolongaba mucho. Aún recuerdo alguno que me decía: “Usted le pega fuerte, que si no, no hay forma de sacar nada de él”.
Los que no estaban con nosotros tenían un porvenir muy distinto. Ya para entonces no era fácil encontrar trabajo sin el título de Graduado Escolar o el Bachillerato, y se podían ver abocados al subempleo. Ellos lo sabían, y también que dentro de nuestro instituto había vecinos suyos, de su misma edad, incluso amigos, que sí estaban estudiando y sí podían ver el futuro con más esperanza. Por eso a veces les entraba el deseo de vengarse, de fastidiar a aquellos privilegiados, que después irían a la Universidad, se prepararían, conocerían mejor la situación política y participarían en el nacimiento de la democracia.
Me inquieta pensar qué será ahora de aquellos pandilleros y de los que con tanta efectividad nos estropeaban las fachadas. Tendrán cincuenta años, serán padres de familia, e incluso puede que alguno ya sea abuelo. ¿Qué recuerdos de su juventud podrán contar a sus hijos? ¿Optarán por callar? ¿Cómo pensarán ahora sobre la sociedad y la política? Es seguro que muchos se habrán hecho con una cultura, o que incluso sean prósperos empresarios, pero creo que cuando piensen en sus años jóvenes les quedará todavía la sensación de que ellos se perdieron algo.
Antonio Roldán Martínez (Web)
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Tamara Rojo
Biografía: Wikipedia
Web: Oficial

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
Alrededor de los 13 años. Por primera vez me di cuenta que mis decisiones tenían consecuencias a largo plazo, que esto ya era el ensayo para mi vida adulta.
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
Distante, totalmente desinteresada por mí y por mis sueños que no veía reflejados en ningún medio de comunicación o entorno social.
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
Tenía muy poco tiempo libre pues combinaba el colegio con el aprendizaje de la danza pero lo que siempre me apasionó fue perderme en los libros .
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
En general buena. Soy hija única y se me incluyó en reuniones y cenas de adultos desde que nací.
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
Exageradamente, probablemente como consecuencia de mirarme al espejo 6 horas al día con el único propósito de la autocrítica.
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
Bastante confusa. Me dejaba influenciar por actrices y cantantes de pop pero, a la vez, yo era muy naif y asexuada.
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
Ninguna.
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
Michael Jackson, Mecano, Duncan Dun, Héroes del Silencio… sólo les escucho cuando me entra morriña.
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
Constantemente. Era demasiado intensa, con una misión única, lo que hacía complicado el sentirme identificada con el resto de los adolescentes fuera del mundo de la danza y, dentro, estaba además muy politizada por mi entorno familiar. Total un lío.
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
No hubo cambios en mis valores o principios pero sí me di cuenta de que no debía airearlos a los cuatro vientos y que mucha gente no tenia por que compartirlos.
¡Muchas gracias, Tamara!
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Libro: “Sexo con sentido”
La sexualidad asalta a los chicos y a las chicas en el proceso de crecimiento que los lleva desde la adolescencia hasta la juventud. Es el momento de la consolidación de la identidad sexual, de las primeras vivencias y manifestaciones eróticas, en un principio autosatisfactorias y más tarde en relación con otros. Pero también es el momento de la incertidumbre, no sólo por la inexperiencia sino también por la multitud de mensajes contradictorios que reciben.
El libro ofrece información clara sobre los diversos procesos que acompañan al despertar sexual desde un enfoque positivo, defendiendo la sexualidad con sentido como instrumento para que los jóvenes tomen decisiones oportunas, aprendan a conocerse mejor, se reconcilien con su cuerpo en desarrollo y eviten exponerse a riesgos que pueden ser evitados.
En él encontramos capítulos sobre las etapas, el cuerpo, los anticonceptivos, los problemas sexuales, el embarazo, los abusos, las enfermedades, o una descripción sobre las consultas de ginecología y urología, entre otros temas.
Índice
- Sexualidad en positivo.
- La virginidad y otras gaitas
- ¡Mi cuerpo no se entera!
- Tú el tuyo y yo el mío.
- ¿Lo que me pasa es normal?
- ¡Quiero ser madre!
- ¡No puede ser verdad!
- ¡No se lo que paso!
- ¿Qué pinto yo en todo esto.
- ¡Quiérete, quiérele!
- ¿Por qué a mi?
- Soy algo diferente ¿y que?
- ¿Qué me van a hacer?
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Capítulo 12
24. Octubre 2008 por Antonio Javier Roldán.
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Las drogas (I): La puerta sin llave |
Entrar en la adolescencia es una experiencia similar a pasear por el interior de un hotel. Uno camina por un pasillo enmoquetado, rodeado de puertas a ambos lados, sabiendo que algunas de ellas serán confortables, las menos esconderán secretos apasionantes, otras ocultarán la ropa sucia y siempre habrá una suite de lujo que estará al alcance de unos pocos privilegiados. El secreto para disfrutar de la estancia es venir preparado con el mayor número de llaves posible, que nos permita explorar el mundo de los adultos con seguridad y amplitud de oportunidades.
Sin embargo a menudo el adolescente acude al hotel con pocas llaves o ninguna, convirtiendo su caminar por la alfombra roja en una ruta en la que cada habitación aparece como un escaparate al que no puede acceder. Es entonces cuando suple sus carencias buscando aquellas puertas que estén abiertas por descuido o porque no guardan nada de valor.

Estos jóvenes que buscan la opción más fácil se reconocen por:
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No tienen un equilibrio entre la vida social y la familiar, por lo que intentan abrir la puerta sin tener la llave adecuada.
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Se han cansado de esperar a la llave que pidieron en recepción y que no acaba de llegar a sus manos. Son impacientes y buscan resultados y sensaciones inmediatas.
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Deciden seguir a otros huéspedes que optaron por entrar en la habitación sin llave, porque la presión del grupo les ha obligado a no quedarse solos en el pasillo.
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El abanico de posibles opciones les agobia y no se sienten capaces de tomar las riendas de sus vidas y pelear por conseguir su llave.
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Han aprendido en casa que al menor síntoma de dolor hay que acudir a los analgésicos o antidepresivos, así que ¿por qué no salir por la puerta abierta y eludir el dolor y el esfuerzo?
Mientras la puerta abierta sigue invitando a algunos adolescentes, otros observan con atención la llave que esperaban desde hace tiempo. Saben que ha llegado el momento de acercarse a la cerradura y enfrentarse a su destino. Son personas con notas aceptables o buenas, que desde pequeñas no se han dejado arrastrar por su grupo, que han sabido preservar su individualidad y derecho a decir “No”, que han comprendido que las mejores habitaciones se logran a base de esfuerzo, que han sabido dar armonía a su cuerpo gracias al deporte, que han forjado su llave desde la familia y el colegio a partir del diálogo, las normas, la coherencia y el afecto, y que desde que tienen uso de razón han emprendido su propio proyecto de vida desde la responsabilidad y los sueños que pretendían alcanzar.
A veces, cuando los adultos caminamos por el pasillo y vemos el trajín de puertas que se abren y cierran, descubrimos que alguien echa un vistazo por la que carece de llave y nos llevamos las manos a la cabeza como si fuera una salida de emergencia que solo se puede abrir en un sentido. No. Afortunadamente todas las puertas tienen bisagras. El huésped equivocado puede regresar al pasillo y continuar la búsqueda en el lugar en el que la dejó. Puede ser interesante hablarle de las drogas como esa máscara que tapa otras carencias personales, así como de las consecuencias sociales derivadas de su uso y abuso. Podemos sentarnos con él en la cafetería del hotel con tiempo por delante, para que nos cuente su vida, sin juzgarle con severidad ni expulsarle por la puerta de servicio. Sería bueno que le demostráramos nuestra confianza para que sea él mismo el que se enfrente al dolor y a la responsabilidad, porque es inútil contarle que el tabaco mata o que el alcohol te convierte en un muñeco, sin curar las heridas que le llevan a su consumo.
Por eso creo que la solución no es poner un biombo delante de la puerta abierta con el cartel de “Peligro”, sino vigilar la forja de las llaves para que estas no tengan muescas o esquirlas que las conviertan en trozos de metal inútiles.
Las puertas fáciles abundaron durante el inicio de mi adolescencia. Creo que tuve la suerte de no percatarme de ellas, porque mis profesores y mi familia se preocuparon por enseñarme que debía ignorarlas, pero sí pude contemplar el doloroso espectáculo de los jóvenes que regresaban después de visitarlas. Muchos días compartí con ellos partidos de baloncesto, tardes de sol en el parque e incluso pupitre. Sentí mucha rabia cuando les veía hundirse en aquel mundo, al igual que rencor hacia aquellos que les enseñaban la puerta abierta y que además se lucraban con ello.
Antonio Javier Roldán
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Colaboraciones |
Recuerdos de un profesor jubilado (IV): Los que se quedaron atrás (1ª Parte)
Ahora resulta que todo el mundo hizo algo por el advenimiento de la democracia. Nadie quiere confesar que quizás estaba preparando oposiciones, como un eminente político, o que le dio miedo, o que no comprendió nada. No, siempre decimos que todos teníamos conciencia de lo que había que hacer y lo hicimos, y presumimos de haber pertenecido a una generación clave en la historia de España. Pero hubo mucha gente marginada del proceso, que siguió trabajando de sol a sol sin enterarse de que vivía años históricos. Estoy recordando a una parte de la juventud rural.
Durante los años sesenta fui maestro rural. Era un pueblo de dos mil habitantes, de los que menos de la mitad vivían en el núcleo urbano, y el resto dispersos por el campo hasta distancias de siete u ocho kilómetros. Mientras se celebraba el Concilio Vaticano II, comenzaban a cantar los Beatles o estallaba el Mayo del 68, mis alumnos sólo sabían de sementeras, escardas, olivares, burros y gallinas, y mucho, por cierto. Yo fui durante seis años su maestro de letras y cuentas, pero su alumno en distinguir flores, saber cazar zorzales o cómo aparejar un burro. Formábamos una comunidad educativa muy original, de la que quizás escriba en otra ocasión.
El Instituto más cercano a la aldea distaba más de veinte kilómetros, y eso era mucho entonces. La Universidad era inalcanzable. Sólo los ricos podían enviar a sus hijos a las de Sevilla o Granada. Los estudios de mis alumnos se acababan, con suerte, cuando se aprendía a leer, escribir y algo de cuentas. Algunos lo dejaban antes. Después sólo quedaba tirar del burro o coger aceituna, y seguir haciéndolo el resto de su vida. Algunos padres emigraban, dejando sus hijos en nuestras manos, pero la mayoría estaban atados a un trozo de olivar o a la voluntad del señorito.
Entre el cura y los maestros formamos una especie de academia gratuita, en la que ayudábamos a quienes quisieran a prepararse para el Bachillerato y Magisterio, pero no muchos respondieron. De las niñas sólo dos o tres, porque sus padres las destinaban a las tareas domésticas en cuanto tenían doce años, o a trabajar envolviendo polvorones a diez kilómetros del pueblo. De los niños sólo logramos formar a un maestro, y que algunos aprobaran dos cursos de Bachillerato, pero pronto los veíamos tirando del burro o con las manos heladas de coger aceituna en invierno.
Murió Franco, se inició la Democracia y se aprobó la Constitución, pero ellos siguieron atados al trozo de huerto, a escuálidos olivos o a un salario mínimo. Es muy difícil saber cómo va España si has de pasar de campaña en campaña agrícola ofreciendo la fuerza de tus brazos o sacando un rendimiento de supervivencia de un pequeño terreno. Y un buen día, ya en los ochenta, se presentaron gentes hablando en nombre de la Junta de Andalucía, y mis antiguos alumnos tuvieron que comenzar a entender qué era eso de las Autonomías, y a pensar si habrían cambiado de amos.
Antonio Roldán Martínez (Web)
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Manuel Toharia
Biografía: Wikipedia
Web: Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
No tengo ni idea. Supongo que la adolescencia se inicia cuando uno pierde la ingenuidad infantil para plantearse temas mucho más adultos, con la angustia que ello supone por la falta de preparación para ello. Quizá, en mi caso, fue cuando dejé de estar enamorado de las niñas de mi cole de manera absolutamente angelical y comencé a mirarles las piernas o el pecho…
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2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
Como una terrible incógnita, llena de enemigos reales o imaginarios, a los que no sabía cómo enfrentarme. Muy pronto descubrí que la única ayuda que podía recibir consistía en plantearme a mí mismo preguntas concretas y buscar las respuestas menos inadecuadas.
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
A los once años comencé a tocar el piano, a los trece la guitarra. Ésta era mucho más versátil porque la podía llevar conmigo a las excursiones por el campo. Y servía para ligar mucho más fácilmente. Nunca necesité, pues, a la electrónica. Me bastaba mi propio rollo verbal, y de vez en cuando una cancioncilla de Brassens o de Atahualpa Yupanqui...
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
Muy fluida, pero en idiomas distintos. Lo único en común era el concepto de autoridad: los adultos mandan, los adolescentes obedecen… o hacen como que obedecen. Es lo menos problemático.
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
Muchísimo. Siempre pensé que tenía la cabeza pequeña y cara de crío. Un horror. Y eso que entonces aun no me estaba quedando calvo. Eso fue mucho después, y por fortuna me pilló ya entrenado a las lides del aspecto físico indeseable.
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
Jamás pensé en ello. Toda mi vida infantil y juvenil quedó marcada por ser el segundo de la familia, a sólo un año de distancia de mi hermano el mayor. Solía heredar sus cosas. Y de más mayor, uno se compraba lo que se podía, que no era mucho, en época de carestía económica global en el país (nací en 1944 por si alguien no lo sabe, cuando se lanzó el Sputnik yo tenía 13 años).
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
Jamás. Lo del sexo era sencillamente pecado mortal. y las drogas nadie sabía lo que era, aunque mucha gente fumaba y no pocos bebían alcohol en exceso. Pero eso era socialmente aceptable.
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
Desde pequeñito, quizá por culpa de mi padre, yo he sido asquerosamente intelectual. Me gustaba mucho la música clásica, muchísimo Chopin -Nocturnos, mmmm.- y Beethoven -el segundo tiempo del Concierto nº3 sigue siendo insuperable-, y también Schumann y Falla, y sobre todo admiraba a Bach. Pero también me gustaban Renato Carosone, y Brassens, y los Beatles, y Neil Sedaka, y Brel, y Domenico Modugno, y Paul Anka… Muy ecléctico todo…
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
Probablemente siempre. Y no sólo de joven. Por eso quizá hablo y escribo tanto, con la esperanza, seguramente vana, de que alguna vez me entenderán. Y ya tengo 64 años… No sé, no sé.
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
Pues bastantes. Quizá el cambio esencial es que comprendí que me habían timado con eso de dios, y todo lo que de esa idea se deduce en términos socioreligiosos. Desde que me hice adolescente hubo en el mundo un creyente menos y un escéptico más.
¡Muchas gracias, Manuel!
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DVD: “Mentes peligrosas”
Una profesora, y ex-marine, Louanne Johnson acepta un empleo a tiempo completo en un instituto de Los Ángeles para impartir literatura a una clase de estudiantes con talento pero con problemas sociales. Rápidamente se da cuenta de la necesidad de captar su atención para poder ayudarles o renunciar a un trabajo que le interesa. En lugar de ganarse su confianza con la disciplina, aprendida en el ejército, opta por sembrar el afecto profundizando en sus vidas.
Aunque el guionista utiliza algún tópico en este tipo de cine, la película nos muestra una propuesta arriesgada y valiente, consistente en lograr el respeto a partir del compromiso personal y el afecto hacia los jóvenes, tema que ya hemos desarrollado en este blog. También nos recuerda que la paciencia es una premisa inludible para lograr los objetivos y que si estos son ambiciosos al final lograremos alguna de las metas.
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Capítulo 11
17. Octubre 2008 por Antonio Javier Roldán.
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De mayor quiero ser… |
En otros tiempos la vocación por una profesión podía quedar solapada por la realidad familiar, por lo que la opción del estudio no siempre era factible en la economía del hogar. Hoy en día los jóvenes tienen sus necesidades primordiales y de ocio bien cubiertas, incluso de forma holgada, por lo que les resulta chocante que les animemos a labrarse un porvenir si están plenos en su presente. Sin embargo mantienen la misma ilusión por emanciparse y ser felices en la vida adulta que teníamos nosotros. Por eso yo siempre les digo que gracias a los estudios pude elegir mi profesión y que ahora vengo al colegio a disfrutar y que… ¡Además me pagan por ello! También les suelo decir que ya son mayores para escoger uno de los dos caminos que se abren ante ellos. El primer camino resulta atractivo a corto plazo y consiste en ser totalmente libre en la juventud para luego ser esclavo de un trabajo que no les gusta durante cuarenta años. El segundo camino les obligará a someterse a planes de estudio, sacrificio y responsabilidad al principio, pero podrán disfrutar de su libertad durante la etapa adulta. La elección está ahí, frente a ellos, en un momento en el que el camino fácil aparece repleto de atractivos ante sus ojos.
Hay quien dice que la vida laboral de un profesor es monótona, predecible y repetitiva. A los que afirman tal cosa les invitaría a una excursión -a cargo de “La Pavoteca”, paga la casa- a una clase de ESO en algún centro escolar de los etiquetados como conflictivos, para que se empape de monotonía. También se comenta que los docentes somos afortunados por disponer de largas vacaciones, lo cual no deja de ser cierto, pero habría que añadir que gran parte de esos días libres los usamos en preparar las materias o actualizarnos con las últimas novedades. Sin ir más lejos, en mi caso, siendo licenciado en matemáticas, he tenido que enseñar, con más o menos fortuna, química, biología, geología, electrónica o carpintería. Me he peleado con taladros, sierras de calar, equipos informáticos, cuadros eléctricos, decorados de teatro y pistolas termo-fusibles. Desde que soy tutor me he visto obligado a ponerme al día en drogas, sexualidad, psicología básica, técnicas de estudio, autoestima, resolución de conflictos, alimentación, ecología y alguna noción de terapia familiar. A nivel burocrático, me he empapado con dificultad de las legislaciones de educación con sus inevitables programas y currículos, navego con soltura -entre huracanes- por el reglamento de régimen interior, y sé aplicar los protocolos para las entrevistas con las familias. ¡Ah! Y no debo olvidar que todos estos conocimientos tengo que llevarlos a la práctica de forma que sean motivantes, por lo que debo explotar algunos recursos del Club de la Comedia para no perder a mi estimado público.
Cuando echo la vista atrás me doy cuenta de que gran parte de ese bagaje que necesito en mi profesión, surgió de pequeñas puertas que se abrieron en mi infancia. A algunos juguetes como el Mecano, el Tente o el Electro-L les debo el haber sobrevivido diez años al taller de tecnología en la ESO. Los discos que mis padres dejaron en mis manos me ensañaron a ser ecléctico en materia musical y me ayudaron a autoeducarme emocionalmente durante la adolescencia y a comprender mejor la cultura actual de mis alumnos. Los viejos programas de mano de películas clásicas, con los que me distraía en casa de mis abuelos, me hicieron amar el cine, y desde el cine salté a la literatura, motivo por el cual ahora me animo a escribir estas líneas. Mi padre puso en mis manos el primer ordenador que entró en nuestras casas, el mítico Spectrum, que fue la semilla que ha permitido que ahora enseñe informática a mis alumnos. Pero la influencia más importante, la base sobre la que sustento mi vida, son los valores que me mostraron mis padres con sus palabras y, sobre todo, con sus hechos. Cuando alguna familia me agracede mi labor como tutor pienso en ellos porque sé que lo que me han enseñado ni venía ni en los manuales ni lo encontré en la facultad.

Por eso desde aquí animo a las familias a que abran muchas pequeñas puertas a sus hijos, aun sabiendo que un alto porcentaje de ellas se almacenarán en el trastero en forma de colección de sellos, enciclopedia de los animales, uniforme de hockey, maqueta de avión o fascículos de minerales, porque en un futuro no muy lejano la vocación aparecerá minutos después de recibir la nota de la PAU (Selectividad para los no iniciados) a partir del equipaje de nuestra memoria y de nuestras expectativas para el futuro.
Como decía en un artículo de mi blog “Corazones de tiza en las paredes del patio”, las pequeñas cuerdecitas que dejemos atadas durante la tempestad habrán sobrevivido cuando vuelva el buen tiempo.
Antonio Javier Roldán
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Colaboraciones |
Homenajes a nuestros padres
Durante la adolescencia se inicia un lento alejamiento de la vida familiar que culmina con la emancipación. Para los padres la juventud de sus hijos está repleta de signos que les indican el paso del tiempo y que, de alguna manera, les recuerda que su labor educativa está llegando a su fin. Sin embargo, este papel afectivo, educador, confortante y generoso de los padres acompañará a sus hijos a lo largo de la vida, conviertiendo sus figuras en un faro que les alumbrará incluso en la noche más cerrada. Por eso, en este capítulo, he reservado este hueco para rendirles un sincero homenaje desde el corazón de sus hijos.
Mi abuelo, Antonio Roldán Manjón Cabeza, poeta lucentino, dedicó estos versos a su madre en su libro “A la luz de los velones” (1956):
A MI QUERIDA MADRE
Si Dios quisiera que por darte vida
la mía por la tuya se cambiara,
para que libremente se escapara
¡con qué placer me causaría una herida!
Me dejaste por Dios, madre querida,
haciendo que en tu ausencia más te amara.
Jamás olvidaré de aquella cara
en que tanta bondad quedó prendada.
Tú te fuiste del mundo sin dolores
quedando al fin tu corazón inerte
después de repartir tantos amores.
Yo un consuelo sentí, cuando al perderte,
supe que Dios también quiere las flores
y que manda por ellas con la muerte.
Araceli, que ahora disfruta de su primera nieta, nos muestra su añoranza por sus padres ya ausentes:
AÑORANZA
Evoco vuestro rostro tan querido
con rasgos de entrega confiada;
la misma que yo siento al recordaros
con un amor
aún presente en vuestra huella.
Con vosotros aprendí lo que es vejez,
cómo se vive desde dentro.
Unidos caminamos junto a ella
con sólo la fuerza del amor
que es, quizá, la mayor fuerza.
Ahora vuestros cuerpos son ceniza,
polvo fundido con la tierra;
polvo que aún siento entre mis manos
siempre que añoro su presencia.
Vuestra imagen me visita con ternura;
vuestra voz
música grabada en mi recuerdo,
iluminando las vivencias
de tantos años de tenernos.
Paula Pina Arrieta cursa 2º de ESO. Se encuentra en ese punto intermedio, entre la infancia y la juventud, en el que más que nunca necesitará la paciendia, el amor y la compañía de sus padres. Ha escrito esta carta:
CARTA A TODOS LOS PADRES
Queridos padres:
En esta etapa tan difícil, la adolescencia, os escribo para daros gracias por…
Gracias por traernos al mundo.
Gracias por estar con nosotros siempre cuando os necesitamos.
Gracias por aguantar nuestras malas contestaciones.
Gracias por educarnos correctamente.
Gracias por hacernos ver la vida de distintas maneras.
Gracias por llevarnos a un buen colegio.
Gracias por darnos tantas oportunidades.
Gracias por querernos tanto siempre.
Gracias por darnos una casa digna.
Gracias por darnos todo lo que hemos querido y mucho más.
Gracias por estas cosas y por otras muchas más. Y lo sentimos si no os hemos respetado como os merecíais. Esperamos hacer nosotros lo mismo más adelante.
Espero que si alguien lee esta carta, piense en todo lo que han hecho nuestros padres y madres por nosotros.
Gracias, Papá y Mamá.
También Javier Sánchez Ávila, de 13 años, quiere aprovechar el inicio del curso para decirles a sus padres lo importantes que son para él. Les ha dedicado esta carta:
QUERIDOS PAPÁ Y MAMÁ
Queridos padres:
Ahora, que tengo 13 años quiero dedicaros esta carta.
Papá:
TE QUIERO. Se que nunca te lo he dicho, pero siempre pienso en ti. Me has enseñado lo que es la vida. Cuando estoy triste, tú me alegras el día con bromas. Me has enseñado desde pequeño a llamarte papá. Has estado en los momentos difíciles siempre a mi lado. Tus enfados conmigo siempre han sido para bien.
Mamá:
TE QUIERO. Porque siempre estás conmigo en lo bueno y en lo malo. Me has llevado contigo desde pequeño a todos los lados para conocer más lugares. Sé lo que has sufrido conmigo. Ya como soy adolescente, no puedo hacer lo mismo que de pequeño. Me has enseñado a llamarte mamá.
Todo lo que sé os lo debo a vosotros. Gracias por todo, siempre estaréis en mi corazón.
Con cariño vuestro hijo.
Puedes enviar tus reflexiones, poesías o artículos sobre la adolescencia para que se publiquen en “La pavoteca” enviando un correo electrónico.
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La Pavoteca examina a… |
Joaquín Leguina
Biografía: Wikipedia
Web: Blog personal

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
A los 13 años.
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
Orden y desconcierto.
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
Lecturas, fútbol y atletismo.
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
Mala.
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
Nada.
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
Los trajes me los escogían… y algunos eran los de mi padre dados la vuelta.
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
Pues no. Y la única droga que se conocía era el Anís del Mono.
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
Ópera, zarzuela, boleros y tangos… sigo fiel.
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
Sí, y sigo sintiéndolo.
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
Esos cambios se produjeron lentamente.
¡Muchas gracias, Joaquín!
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Materiales recomendados |

Web: “Sólo hijos”
Solohijos.com es un portal dirigido a padres y madres orientado a informar, aclarar ideas imprecisas, rectificar creencias erróneas, ofrecer consejos prácticos, proponer actividades lúdicas y abrir un espacio común de diálogo para todas aquellas personas interesadas. El material se encuentra clasificado por edades en seis intervalos, entre los 0 y los 17 años, siempre con un índice común que expongo al final de la reseña. El último segmento, que está enlazado aquí, corresponde a la adolescencia, entre los 13 y los 17 años.
Cada entrada del índice está repleta de artículos, y cada uno de ellos tiene tres enlaces, a su resumen, a los consejos prácticos sobre el contenido tratado y a otros artículos de temas similares. La lectura de los mismos resulta muy amena y clara.
Índice
- Ámbito escolar
- Comportamiento
- Crecimiento
- Discapacidades
- Emotividad
- Familia
- Hábitos
- Inteligencia
- Salud
- Tiempo libre
- Valores
IMPORTANTE: Cuando pongas un comentario el Blog te pide que sumes dos números para que este sea aceptado y evitar el spam. Por ejemplo: Si pone “Por favor añada 10 y 5″ entonces hay que escribir 15. Si haces mal la suma te suspende en matemáticas.
Publicado en Formación | 4 comentarios »
Capítulo 10
10. Octubre 2008 por Antonio Javier Roldán.
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¿Quién es ese chico con el que vas? |
Estos días, en los que me entrevisto con las familias de mis alumnos, escucho con alegría como me hablan de las amistades de sus hijos, de esas relaciones que han durado desde que entraron en el colegio y que con el tiempo se han extendido a los propios padres, creando unos entornos en los que los niños crecen socialmente bajo el amparo de unos adultos que, casi sin darse cuenta, están trabajando en equipo. Muchos de estos vínculos perdurarán a lo largo de la vida, tanto entre los niños como entre sus mayores.
Cuando comienza la adolescencia, y con ella la iniciación del camino a través del mundo adulto, muchos jóvenes empiezan a buscar nuevos compañeros de viaje con los que compartir las inquietudes que produce esta nueva aventura. En algunos casos, si los amigos de toda la vida se encuentran en el mismo nivel de descubrimiento de la realidad adulta, manteniendo sus intereses unidos al afecto de los años, logran consolidar, e incluso intensificar, esa relación. Sin embargo, si no existe armonía entre el cariño y las necesidades de la edad, la propia exploración social llevará a los adolescentes a buscar nuevas compañías con las que transitar por el laberinto que les acerca a la madurez.
Los nuevos amigos que surgen en la adolescencia pueden significar una fuente de conflictos. Por un lado en la propia pandilla, cuando algunos de sus miembros se ven de repente abandonados o apartados por sus compañeros de juegos de toda la vida. Por otro, los padres ven de repente como el entorno seguro en el que se movía su hijo ha pasado a ser incierto y desconocido. Como además esas nuevas compañías suelen ser personas con la adolescencia más adelantada que los antiguos amigos, los padres temen que sus hijos puedan caer en problemas que antes eran fácilmente controlables porque no existían en el grupo anterior, como las drogas, el desinterés académico o el rechazo a los valores trabajados en la infancia.
Mientras tanto nuestro “explorador” nota que sus nuevos compis de correrías no son del agrado ni de su familia, ni de sus antiguos amigos, ni de sus profesores. Ese rechazo lo percibe como algo propio, porque al fin y al cabo estamos criticando su elección y sus nuevas costumbres. Además, en esta fase los adultos podemos pasar de ser una referencia a ser unos administradores de libertad que nunca entendemos nada, por lo que cuanto más se le diga que no vaya con una persona, que objetivamente es una mala influencia, más atractiva le parecerá. No olvidemos que aquellos jóvenes que ya tienen escarceos con los aspectos más atrayentes del mundo adulto (libertad de horarios, edad para consumir tabaco y alcohol, relaciones sexuales, autonomía…) resultan ser los más populares, por parecer más experimentados a ojos de los demás miembros del grupo, y ejercen como los líderes de la nueva pandilla.

Cuando los adultos percibimos una actitud o un hábito achacados a una de las nuevas amistades que nos parece poco recomendable para el menor, quizás sea más conveniente hablar y razonar sobre el comportamiento en sí, centrándonos en los hábitos nocivos del amigo, no en su persona. En estas edades, criticar a un colega equivale a hacerlo a un padre o a una madre en la infancia, lo cual produce dolor. Por ejemplo, si hemos visto a un compañero de nuestro alumno o hijo fumando en la calle, podemos debatir sobre los efectos nocivos del tabaco más que sobre el propio fumador enfocando la conversación hacia sus consecuencias. Así le entregamos al adolescente las armas necesarias para defenderse en el entorno social que él ha elegido. En el caso de que estas charlas preventivas no surjan efecto, y entremos en situaciones de riesgo, podemos plantearnos nuevas medidas. No olvidemos que la frontera entre la imposición o la negociación se encuentra en la integridad física o psicológica de la persona.
Cuando la información no nos llega con fluidez siempre nos queda la opción del Caballo de Troya, que consiste en dejar la casa abierta para merendolas (Coca-Cola con cafeína y azúcar, por si no están estimulados), estudio en grupo (Véase “tertulia”), fiestas (en toda batalla hay bajas, incluyendo la porcelana de la Tía Enriqueta), juegos en el PC (¿Esta el ordenador en garantía?) o una peli en DVD (Lograremos el silencio, pero si la película la eligen ellos y los padres asoman por el salón, serán los anfitriones los que tendrán insomnio esa noche). En esas reuniones los padres se sentarán cual Dr. Félix Rodríguez de la Fuente a observar las “especies” que habitan en el entorno de su cachorro. Seguro que tendrán material de sobra para crear unos completos cuadernos de campo de fauna y flora.
Antonio Javier Roldán
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Colaboraciones |
Asignaturas para padres
Nuestros hijos ya han vuelto al colegio, a la formación profesional o a la universidad. Este año me he visto sorprendido con la exigencia a los padres de cursar asignaturas propias y específicas. Sin ellas -me dicen- será imposible que mis hijos se desarrollen emocional e intelectualmente. Estoy alarmado. Ahora resulta que el que tengo que formarme soy yo. El aprovechamiento y desarrollo de mis hijos -me aseguran- depende de mí, de mi mujer y del entorno familiar, además de la concurrencia de su esfuerzo.
Me limitaré, para no alargarme, a espigar algunos párrafos de los libros de texto que nos tocará estudiar y ejercitar. Veamos:
Libro del amor:
- El elemento determinante para educar bien a los hijos es que sus padres se quieran y les quieran.
- El otro día, al reprochar a mi hijo de 14 años el bajón que habían dado sus notas, me espetó este comentario que me dejó frío: ¿Tú crees que, cuando os veo a mamá y a ti en el plan que estáis, puedo sentarme a estudiar?
- Deja de preocuparte tanto por tus hijos y preocúpate un poco más de resolver tus diferencias con el otro cónyuge. Ese es el mayor bien que podemos hacer a los hijos.
- Muchos padres tienen miopía aguda para ver los problemas de sus hijos. No reparan, por ejemplo, en el daño que ellos mismos les producen con sus discusiones o malos ejemplos.
- El matrimonio no puede reñir, ni en broma, delante de los hijos.
- Querer a los hijos es mucho más que darles un capricho. Es también saberse tragar esa supuesta injusticia del otro cónyuge para no herir a los hijos, que no tienen culpa de nada. Ellos son los únicos inocentes y los que más caro pagan las consecuencias de las peleas entre sus padres.
Libro del tiempo:
- ¿Sabemos dar al otro y a nuestros hijos algo de nuestro tiempo? ¿Estamos dispuestos a reservar unos minutos al día, unas horas a la semana, para dedicarlas a los nuestros? ¿Sabes lo que es compensar la exigua cantidad con tiempos de calidad?
- Nos escudamos en las prisas de nuestra época para pasar por nuestra familia como fantasmas. Sin embargo, siempre sacamos tiempo para aquello que verdaderamente nos interesa: ese viaje, esa visita, ese partido, ese programa… Por no citar las evasiones indecentes de algunos.
- Un niño de 10 años preguntó a su padre cuánto le pagaban en su trabajo por una hora. El padre, con ganas de quitárselo de encima, le contestó que 50 euros. A la noche siguiente, cuando el padre llegó a casa y se sentó ante el televisor, el chavalillo se le acercó y le dio 25 euros en monedas, todos sus ahorros. Ante la cara de sorpresa del padre, el niño susurró tímidamente: es por media hora de conversación conmigo.
Libro del respeto:
- Si, por desgracia, la llama del amor se ha debilitado, no traspases nunca, nunca (ni siquiera circunstancialmente) la frontera del respeto, ni con actos, ni con palabras, ni con omisiones. El respeto es la base de cualquier convivencia y relación humana. Debemos respeto, incluso, a los animales, a las plantas, a la naturaleza entera. ¿Se lo vas a negar a tu cónyuge o a tu hijo?
- Muchas rupturas traumáticas tienen por causa el derrumbe previo del respeto.
- El respeto a personas y cosas es la mínima aportación a la educación de tus hijos.
- Algunas “buenas familias” no se explican por qué sus hijos se extravían. La causa está, muchas veces, en la falta de respeto en el ambiente familiar.
- Procura no aplicar castigos físicos a tus hijos. Pero, si las circunstancias te obligan a ello, nunca les golpees o amenaces en el rostro, es el lugar del máximo respeto.
Libro del sexo:
- La relación sexual entre los esposos es la expresión máxima de unidad y afecto que puede darse entre dos seres humanos. No la degrades.
- No confundas relación sexual con excitación genital. La primera es entrega y comunicación entre dos personas con profunda unidad y vínculos afectivos. La segunda es un mero desahogo fisiológico. No conviertas a tu pareja en una cloaca o en mero placebo. Como mínimo, respeto. Caminad el sendero gozoso de la comunicación profunda y la entrega mutua. No prostituyáis vuestro matrimonio.
- Las expresiones de amor delante de los hijos les hacen bien, pero nunca deben tener contenido sexual. (Ya sabes, ciertos besos y abrazos, manos sinuosas, gestos íntimos, palabras picantes, chistes verdes, etc.). Las legítimas y preciosas expresiones sexuales de vuestro amor deben quedar en la intimidad. Desarrollaremos en el curso los efectos nocivos de los comportamientos imprudentes en este terreno.
- Explicad a vuestros hijos, en el momento oportuno y paulatinamente, los secretos del sexo. No esperéis a que se lo cuenten otros. Contestad con naturalidad a sus preguntas en la extensión y profundidad adecuadas a su edad.
Hay otras asignaturas con sus respectivos libros, que sólo puedo citar por falta de espacio: - La gestión de tensiones y conflictos. - La cirugía traumática en el matrimonio. - El cuerpo y la educación.
Este año los padres vamos a tener que hincar los codos y aplicarnos de lo lindo. Algún día os contaré.
Puedes enviar tus reflexiones, poesías o artículos sobre la adolescencia para que se publiquen en “La pavoteca” enviando un correo electrónico.
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Guillermo Fesser
Biografía: Wikipedia
Web: Gomaespuma

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
Fue en verano. De pronto me sentí diferente, como si me separar del núcleo familiar y me convirtiera en una unidad independiente. Creo que tenía 12 años. Quizás 13..
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
La mitad, la que desconocía, me parecía maravillosa: la noche, las fiestas, beber, fumar, viajar, ir de camping con amigos… La otra mitad, la conocida, padres dando órdenes, me parecía retrograda pero estaba seguro de poder cambiarla en el futuro.
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
En lo mismo, pero como no había muñequitos que lo hicieran por mí, tenía que hacer las aventuras yo mismo así que, por ejemplo, en verano o los fines de semana en la sierra, nos tirábamos por una cañada dentro del neumático abandonado de un tractor… Cabreábamos a una cabra para que nos envistiera y tratábamos de esquivarla, construímos cabañas con cañas y ramas para hacer un escondrijo en el que hacer fiestas secretas, salíamos de excursión en bicicleta… En Madrid jugábamos a la Vuelta Ciclista con las chapas o nos metíamos en el cuarto de la calefacción de la casa de un amigo que era portero y hacíamos guerras con soldados de plástico por encima de las montañas de carbón de encina. El ejercito que perdía era condenado a derretirse en el fuego de la caldera.
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
No muy buena. Había dos mundos: el de los pequeños y el de los adultos. No se cruzaba la raya.
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?










