Ha accedido a los LA PAVOTECA - Blog de Antonio Javier Roldán sobre la etapa de la adolescencia archivos del weblog de Marzo, 2009.
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- Afectividad (8)
- Cuerpo (8)
- Familia (8)
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- Personalidad (9)
- Presentación del Blog (4)
- Sociabilidad (8)
- Vídeos (16)
- 30. Mayo 2010: LA PAVOTECA - "Explorando tu mundo"
- 30. Mayo 2010: La escalera
- 29. Mayo 2010: Danzando en el círculo de las hadas
- 18. Abril 2010: El día del libro
- 26. Marzo 2010: Una flor en primavera
- 21. Marzo 2010: ¡Qué sabrán las chicas!
- 10. Marzo 2010: Soy
- 8. Marzo 2010: La cueva del senet
- 3. Marzo 2010: La isla del tesoro
- 21. Febrero 2010: Mariposas en el corazón
Archivo para Marzo 2009
Capítulo 34
27. Marzo 2009 por Antonio Javier Roldán.
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Prefiero estar sola |
Sofía llegó nueva al instituto hace unos meses. Debido a su timidez, recuerda aquel día como uno de los peores de su vida…
Desde pequeña ha sido etiquetada por su familia y amigas como “tímida”, por lo que lleva mucho tiempo cargando con el estereotipo. En primaria su profesora la elogiaba en público por lo calladita que era y lo bien que se portaba, sin imaginarse que ese buen comportamiento, que reforzaba con sus halagos, enmascaraba un problema de relación con los demás alumnos. Cuando llegaba una visita a casa se escondía en su habitación mientras que su madre decía aquello de “si es que es muy tímida, la pobrecita“. Sin embargo en el hogar mostraba su fuerte carácter con frecuencia.
En el patio las compañeras le pusieron el nombre de la sombra, porque nunca hablaba y siempre iba acompañada de su única mejor amiga, una chica muy desenvuelta que procuraba proteger y ayudar a Sofía en sus relaciones con las demás, asumiendo a veces papeles que no le correspondían, como preguntar las dudas de Sofía en clase o arreglar conflictos con otras chicas. Lo más curioso es que Sofía perdía gran parte de su timidez ante los desconocidos, pareciendo incluso descarada en sus formas.
Con la llegada de la adolescencia, etapa durante la cual muchas inseguridades se agudizan empezó a sentirse peor. Palpitaciones, sudores, nauseas… Ella deseaba abrirse socialmente, tener más amigas, ser popular, poder gustarle a Alfredo, pero cada vez que lo intentaba se bloqueaba, hablando a trompicones, gesticulando en exceso, observando sin actuar o colocándose en un segundo plano. Generalmente procuraba evitar situaciones sociales en las que pudiera sentirse evaluada por los demás.
El primer día en el nuevo centro se puso mala al levantarse. Se veía incapaz de enfrentarse a un entorno hostil en el que no conocía a nadie. Es cierto que más de la mitad de sus nuevos compañeros estaban como ella, asustados y expectantes, pero según pasaban los días, y las pandillas se iban formando, ella continuaba aislada, deseando que sonora el timbre para escapar al entorno seguro de su habitación, un lugar donde no sería juzgada y en el que era aceptada sin condiciones por sus padres.

A menudo una timidez en la infancia puede derivar en una fobia social en la adolescencia y edad adulta. Por eso es tan importante poder trabajar este problema desde la familia y el colegio, o acudiendo a un especialista.
Sofía debería hacer el esfuerzo de preguntar las dudas de clase a sus profesores -aunque las primeras veces se ponga como un tomate-, expresar a sus amigas sus gustos y preferencias -¿Vemos esta película? Esa serie es un rollo. Mi color favorito es el verde-, afrontar la vida con sentido del humor de forma que las bromas y la simpatía fluyan en ambos sentidos -los tímidos a veces son el blanco de burlas a las que hay que aprender a responder con ingenio sin que parezca que nos afectan-, mirarse al espejo exterior e interior -para descubrir las grandes virtudes que tiene y asumir los defectos- y, sobre todo, no preocuparse por lo que piensen los demás. Nadie es perfecto, pero juntos, somos como los engranajes de una máquina social que funciona al ritmo de la amistad, afectividad o un interés común, por lo que todos, con nuestros puntos fuertes y debilidades, somos complementarios y necesarios para que todo siga adelante.
Los adultos podemos mostrarle nuestra confianza en ella y sus posibilidades, para ir alcanzando pequeñas metas que fomenten su buena imagen de sí misma, pero, si no lo logra, explicarle las enseñanzas que obtendrá del fracaso para estimularla para que haga un segundo intento. Como he dicho en otros artículos, nuestro ejemplo es vital. Si nos movemos en la vida de forma alegre, sin ocultar nuestros sentimientos o errores, reconociendo la necesidad de relacionarnos para aspirar a cualquier meta en la vida, estaremos plantando una semilla en la personalidad de Sofía. Por otro lado, no es bueno que le recordemos cada dos por tres que es tímida, de manera directa o indirecta, ni que la coloquemos en “situaciones de choque” similar a la de lanzar un niño a la piscina para que aprenda a nadar a base de patalear para no ahogarse. No. La inmersión en el agua debe ser progresiva y podemos usar a alguna amiga o familiar que sirva de flotador en las incursiones en situaciones sociales que la estresan. Para ello será muy importante dialogar con ella para conocer sus miedos y a las personas en las que podemos confiar para ayudarla a dar las primeras brazadas en la zona que cubre.
Y llegará un día en la que ella se quiera más a sí misma y que los demás lo perciban. Entonces, a lo mejor, Alfredo se fija en ella y le dice esas palabras que justifican toda una vida y que equilibrarán la autoestima con la confianza y la esperanza con la realidad.
Antonio Javier Roldán
Puedes enviar tus reflexiones, poesías o artículos sobre la adolescencia para que se publiquen en “La pavoteca” enviando un correo electrónico.
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La Pavoteca examina a… |
Elvira Lindo
Biografía: Wikipedia
Web: Oficial

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
Yo creo que a los 12 años, más o menos, cuando me vino la menstruación.
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
No pensé mucho en la sociedad, creo, hasta los quince años o así. La percibía injusta, desigual, pero estaba muy influída por mis hermanos mayores y el ambiente muy politizado que me rodeaba. En cuestiones personales, me sentía muy atrapada, no encajaba en la idea de adolescente que le hubiera gustado a mi madre, era mucho más rebelde.
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
A mí me encantaba estar en la calle. Gastarme el poco dinero que tenía en comprarme un perrito caliente o una tostada en una cafetería de mi barrio, ir a alguna fiesta. Me gustaba estar con mis amigos. Cuando estaba sola, leía.
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
Con algunos era bastante fluída, sobre todo, si confíaban en mí y me concedían cierta importancia; si el adulto era brusco o autoritario, me asustaba y me sentía muy insegura.
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
Sí, me importaba mucho mi aspecto físico y estaba llena de complejos.
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
Vaqueros, camisas anchas, zapatillas. Como todas las niñas. No quería sobresalir.
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
No, no recibí ningún tipo de información, al contrario, cualquier conversación que afectara a eso, en mi casa, era reprimida. Aprendí por mi cuenta. Del sexo, como cualquiera de mis amigas; en cuanto a las drogas, cuando yo tenía quince años estaban por todas partes en mi barrio.
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
Me gustaban mucho los cantautores y también el rock and roll. Algunas cosas me siguen gustando, sí, en cambio, otras, no me explico cómo me pudieron gustar.
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
Sí, sentí muchas veces que en casa no me entendían y que tampoco mis amigas podían entender ciertas fantasías mías, sobre todo, las relacionadas con la literatura.
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
Dejé de ir a misa, aunque yo no había tenido una educación religiosa (iba a misa de niña porque quería), empecé a pensar en la igualdad social, en política, en afiliarme a un partido. Lo hice a los quince años.
¡Muchas gracias, Elvira!
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Materiales recomendados |

Libro: ¿Mi hijo es tímido?
Este libro nos acerca a un mundo que, por su propia naturaleza, a veces se nos presenta esquivo e inaccesible. A través de sus páginas comprenderemos el origen de la timidez desde el nacimiento hasta la adolescencia y como esta puede desembocar en una fobia social si no se trabaja a tiempo.
Como ya hemos visto en este capítulo a veces la timidez obedece a un estado de adaptación a una nueva situación, pero que se convierte en un problema cuando se alarga en el tiempo. Por eso en el libro explican algunas soluciones a la timidez, especialmente en la primera fase de la vida que coincide con la infancia y la adolescencia. En el libro encontramos ideas, pautas, estrategias de prevención para orientar a los padres y profesores para que puedan ayudar a los más jóvenes a superar ese sentimiento de baja autoestima y sensación constante de ser evaluados socialmente. Para ello nos ofrecen multitud de ejemplos prácticos, actividades lúdicas, pasatiempos y ejercicios de autocomprobación.
Índice
- ¿Qué significa ser un niño tímido?
- ¿Qué le pasa al niño y al joven tímido?
- ¿Por qué se es tímido?
- ¿Qué consecuencias y pronóstico tiene ser un niño tímido?
- ¿Qué se puede hacer?, ¿cómo puede ayudar a su hijo tímido?
COMENTARIOS: Cuando pongas un comentario el Blog te pide que sumes dos números para que este sea aceptado y evitar el spam. Por ejemplo: Si pone “Por favor añada 10 y 5″ entonces hay que escribir 15. Si haces mal la suma te suspende en matemáticas.
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Capítulo 33
20. Marzo 2009 por Antonio Javier Roldán.
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Educando en la afectividad |
Adoro a mis pavitos. Sí, ni estoy loco ni sufro el llamado Síndrome de Estocolmo. Lo afirmo libremente, sin recibir ningún tipo de coacción ni amenaza. Sé que tengo la suerte de decirles adiós todos los días cuando suena el timbre a las 17:15 horas, y perderme sus contradicciones y contraindicaciones fuera del colegio -juego con ventaja-, pero las horas que comparto con ellos para mí son una gozada. Así que cuando les hablo de ecuaciones de segundo grado, parábolas, polinomios y demás monstruosidades, procuro que se sientan motivados usando el cariño, el humor, el reforzamiento y la cercanía. Desde que introduje esa afectividad en mis clases he logrado reducir el fracaso escolar a la mitad y, lo que es más importante, enriquecerme como persona gracias a todo lo que ellos me aportan.
La afectividad debe fluir en ambos sentidos. Te respeto porque te quiero; todo lo tuyo me importa; tus problemas son mis problemas; etc. Así que si suspendes matemáticas es una cuestión que nos concierne a los dos, y juntos debemos afrontarlo y trabajar en equipo. Si entre mis alumnos y yo logramos un clima de felicidad, confianza, respeto, constancia, esfuerzo, cariño, cercanía, les estaré enseñando algo mucho más valioso que el Teorema de Pitágoras, porque les estaré educando en las emociones. Seguro que alguien me dice que los adolescentes sólo sienten con la videoconsola o el Messenger, y que a veces parecen tan egoístas que no ven más allá de su nariz. Pues disiento, no estoy de acuerdo. Son auténticas máquinas de sentir, que ríen y lloran, sumergidas en una vorágine de sensaciones capaces de transformar su personalidad en poco tiempo, actuando como esponjas cuando se trata de interpretar los latidos de su corazón. Pero, ¿son capaces de poner nombre a esas emociones? Los adultos que tenemos que actuar como referentes en el mundo de los adolescentes tenemos que abrir una ventana que permita contemplar nuestras propias emociones -sí, queridos alumnos, yo estoy enamorado…- para que ellos sepan reconocerlas y hacerlas suyas. Las palabras que no se sustentan en la coherencia se las lleva el viento de la falta de credibilidad.
¿Cuántas veces hemos escuchado a un adolescente decir eso de “estoy hecho un lío y ni yo mismo me entiendo”? En ese momento podemos entablar con él un diálogo para ayudarle a precisar lo que siente entregándole como herramienta el vocabulario de las emociones que quizás no enseñamos en clase de mates. No basta un “estoy por ti” si lo que realmente quiere expresar es que quiere a alguien, o puede evitar eso de “no me gustas” si lo que enmascaran esas palabras es que “ni siquiera sé si me gusto a mí misma como para pensar en ti“. Por eso no debemos sentir pudor a la hora de mostrar nuestras emociones en público ante los jóvenes, porque necesitan esa referencia tanto, o más, que la académica.
Partiendo de esa premisa es inútil hablar de la prevención del consumo de drogas -ellos saben de sobra que son nocivas, no paramos de decírselo- sin analizar el motivo que lleva a su uso, como esas carencias sociales, falta de autoestima, presión del grupo o hastío ante un ocio inexistente. De igual manera no se puede afrontar una educación afectivo-sexual como si fuera un manual de fontanería o un croquis de Ikea, porque de manuales de instrucciones e ilustraciones deslumbrantes está Internet lleno, pero de respeto, equilibrio entre generosidad y búsqueda del placer, comunicación, construcción de un mundo de pareja íntimo, autoconocimiento en el espejo del otro, etc, poco enseña el ágora del siglo XXI.

Así que la gran noticia en el desarrollo afectivo de un adolescente no es tanto su madurez física, sino la emocional, esa maravillosa urdimbre que anuda los sentimientos con la sexualidad y que los adultos debemos mostrarles para que en el día de mañana sepan disfrutar plenamente del amor.
Una vez, tratando estos temas en clase, un alumno me confesaba que sus padres le habían dejado un libro de la biblioteca del barrio sobre sexualidad. Lo estuvo hojeando durante toda la tarde y a la noche se lo devolvió a sus paders algo decepcionado, diciéndoles que aquel tocho se parecía al manual de instrucciones de su discman -reproductor de discos-, porque explicaba como se manejaba el aparato, pero no enseñaba a sentir y gozar de la música que reproducía.
Es curioso… A veces son ellos los que nos enseñan emociones a nosotros. Por eso cada vez que entro en un aula lo primero que hago es abrir las orejas antes que la boca. Vale la pena.
Recomendación: Aunque ya lo dije en el capítulo 28 de este blog, para aquellos educadores o padres interesados en educación afectiva-sexual recomiendo el libro coordinado por Eva Bach “Lo más cerca posible. Bases para una educación afectiva y sexual sana”.
Antonio Javier Roldán
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Colaboraciones |
La urdimbre afectiva
Hay que situarse en el contexto de mi historia. Unos cuarenta y dos adolescentes furibundos de 15 años en el año 1984 metidos en un aula de dibujo, esperando que una psicóloga desconocida nos iluminara por los ignotos caminos de la sexualidad. La ponente en cuestión estaba imponente. La mitad éramos varones, y el resto compañeras de clase y de sueños, cuya madurez física y mental nos sacaba más de un curso de ventaja a nosotros, pobres portadores de hormonas desbocadas.
Pues en este ambiente, en el que más de una profesional se achantaría, lo primero que nos pidió a toda la concurrencia fue un concurso de sinónimos de la palabra “pene”, así en frío, con un par de ovarios, sin anestesia ni nada. A eso se le llama ser una valiente. La sorpresa inicial duró un minuto. Una vez lanzada la primera propuesta, aquello se transformó en una especie de taberna portuaria en la que nuestras amigas de género opuesto pugnaron por retomar la senda adulta a base de preguntas que nos abrumaron por nuestra ignorancia. Ya se sabe lo que se puede encontrar uno en una revista para chicas. Ellas con la revista “Vale” y nosotros con la “Heavy Metal” y el “Mortadelo”.
Así que, angustiados por la superioridad de las contrarias, pusimos orejas de burro gachas y en posición de escucha, dispuestos a que todas las mujeres, incluida nuestra im-ponente, nos sacaran de la ignorancia más vergonzosa. Nuestro único manual hasta la fecha, era el clásico diccionario Sopena de bolsillo, cuyas definiciones fisiológicas se convertían en citas filosóficas destinadas a ser debatidas en profundidad por nuestros cerebros en ebullición.
Quizás la charla nos decepcionó, porque en algunos casos la dinámica y los contenidos eran similares al que usaría un vendedor de multipropiedad. Todo ventajas, cláusulas abusivas y sonrisa Profiden ante al mundo de posibilidades que se nos abría por el simple hecho de ser ya hombrecitos y mujercitas. Pero faltaba algo, algo que ella no nos contaba y que era el pegamento capaz de das sentido a cada una de las extrañas piezas del puzzle. Para esa generación, espectadora de una televisión que todavía mantenía la vocación educadora, crecida entre el amor de Pancho y Bea, el machismo de Koji Kabuto hacia Sayaca, la ternura de Melody –película de Alan Parker sobre el amor de dos adolescentes que TVE nos puso dos sábados por la mañana- o las lecciones morales de Fama, no era difícil hilvanar la información recibida en clase con las implicaciones de la afectividad de la que fuimos testigos.

En junio imparto mis charlas anuales en el colegio sobre sexualidad y afectividad. Cada año encuentro a las familias más motivadas con esta aventura fin de curso en la que me embarco como despedida de la tutoría. Quizás los padres de mi generación recuerdan su adolescencia como una travesía a través del desierto de la desinformación, en la que la mayoría de ellos creció en un ambiente afectivo muy sano, que no se podía complementar en su colegio con una formación sexual adecuada. Eran otros tiempos. Buenos o malos, pero distintos.
Ahora resulta que a sus hijos les ocurre lo contrario. Poseen tanta información que mi pobre diccionario Sopena produciría ataques de risa compulsiva. Sería como comparar un ábaco con una PDA. El problema es que esa inmensa cantidad de conocimientos no forman la urdimbre necesaria con la educación afectiva. Los padres lo saben, y por eso coinciden conmigo en que este cursillo fin de curso se lo imparta el tutor en colaboración con ellos mismos desde casa. Es muy importante que la persona que te explique estos temas tenga un vínculo de cariño y respeto mutuo con los que te escuchan, para que no todo sean cuestiones prácticas, láminas fisiológicas o manuales de instrucciones. La coherencia en tus actos, el cariño que les muestras a diario y la credibilidad con la que afirmas que el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos, son unos buenos cimientos para empezar.
Siempre que recopilo los correos electrónicos de las familias en las que me transmiten los apartados en los que desean que haga hincapié, les suelo avisar de un grave defecto que tengo a la hora de afrontar esta semana, y es que me cuesta separar la sexualidad del amor. Sé que más de un especialista en la materia me diría que este lastre me impide ser un buen orientador para mis alumnos. Lo sé y lo admito. Nadie es perfecto. Pero a pesar de esta tara, soy de los que creen que es preferible escuchar al corazón a leer lo que nos cuentan por Internet.
Así que si me corazón me susurra las palabras ternura, respeto, escucha, unión, identidad, placer, relación, atracción y diversión, entremezcladas con los clásicos términos que mis alumnos conocen desde que se despertó en ellos la curiosidad por el sexo, espero que ninguno me llame anticuado por no seguir los dictados del prime-time televisivo o de los mensajes publicitarios que asocian el consumo de bienes materiales con la sexualidad.
Antonio Javier Roldán
(Publicado en “Corazones de tiza en las paredes del patio”)
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La Pavoteca examina a… |
Ana Isabel Saz
Programa: S.O.S. Adolescentes
Web: Oficial

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
Pronto físicamente, demasiado pronto emocionalmente.
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
Estaba deseando poder entender el mundo de los adultos. Había muchas cosas que hacer, que pensar, que sentir…
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
En mi familia, deseando cada minuto crecer, hacerme médico y curar la enfermedad de mi madre. También amigas y amigos, mucha conversación, escribir, música y lectura.
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
Abierta, sabiendo los límites, pero con la posibilidad de hablar con libertad y de poder expresar. Por esa época era puro fuego con lo que pensaba y con como lo expresaba.
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
Me gustaba sentirme bien conmigo. Eso me hacía mostrarme segura ante los demás.
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
Me gustaba y me quería, o al menos eso decía…
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
Muy reducida.
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
Influencias de la música que se escuchaba en casa, de mi hermano y descubrimientos propios. Lo cierto es que escuchaba y sigo escuchando casi de todo. Ráphael, Paloma San Basilio, Mocedades; Whitesnake, Dream Theather, Bon Jovi; El Último de la fila, Mecano, Madonna… Sigo teniendo un oído abierto, aunque hay estilos con los que no logro conectar…
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
Sentí en algún momento que la vida era terriblemente cruel…
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
Muchos cambios, muchas preguntas, muchas dudas. Algunas cuestiones las he resuelto, otras no hay manera…
¡Muchas gracias, Ana Isabel!
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Materiales recomendados |

DVD: Cinema Paradiso
Salvatore Di Vita es un director de cine de éxito, a punto de estrenar una película a finales de los años ochenta. Al regresar a casa, tras una dura jornada de trabajo, recibe la noticia de la muerte de Alfredo, un viejo amigo de su pueblo natal en Sicilia. Durante toda la noche recordará la ausencia de su padre -desaparecido en la guerra- y a Alfredo, proyeccionista del cine de su pueblo, que ejerció a la vez de mentor y figura paterna. También Salvatore fue el hijo que Alfredo no pudo tener.
Es una película sobre la vocación por una profesión, de la que ya hablamos en el capítulo 11, pero también sobre el amor, los sentimientos, el tiempo y la añoranza, el tránsito de la niñez a la adolescencia y la memoria que nos acompaña durante toda la vida y que conforma lo que somos.
Existen dos versiones. La llamada “Montaje del director” tiene 43´ extra y aclara algunos interrogantes de la historia, pero no añade belleza a esta película ya de por sí mágica.
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Capítulo 32
13. Marzo 2009 por Antonio Javier Roldán.
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Las familias helicóptero |
En aquellos tiempos en los que cualquier adulto, por el simple hecho de serlo, representaba una figura de autoridad en la calle, la familia o en el colegio, el maestro era para nosotros una referencia respetada y considerada. Si el maestro te castigaba o llamaba la atención no quedaba otra que asumirlo, estuviese en lo correcto o no. Es más, en casa el apoyo al docente era pleno y absoluto, por lo menos de cara al alumno. Hoy en día el maestro ha pasado de ser una “fuerza viva” de la sociedad, a una figura desprestigiada: “Los profesores tienen muchas vacaciones”, “No saben entender a mi hijo”, “Sus clases no son motivantes”, etc. Si a este fenómeno le unimos la entrada de los centros de enseñanza en los modelos de calidad, importados de otros sectores empresariales, no es raro que algunas familias puedan sentirse clientes de un colegio o instituto.
Dicen que el cliente siempre tiene la razón y que si no recibe los servicios deseados siempre puede pedir el libro de reclamaciones -esto es verídico, lo prometo-. Por eso en Estados Unidos se ha enunciado el modelo de “helicopter parenting” (Padres helicóptero) para aquellos padres que planean sus hijos y que caen en picado cuando detectan el más mínimo problema, convirtiéndolos niños y adolescentes reforzados en sus conductas y protegidos en una burbuja que no existirá cuando salgan sin protección a la selva que les aguarda en la sociedad actual. La Doctora Cary Anderson, doctora en Educación de la Universidad Saint Joseph de Filadelfia, ha clasificado a estos padres en “helicópteros de combate” -reaccionan ante la menor sospecha de ataque a sus hijos-, “helicóptero de tráfico” -pone límites al hijo y le deja que siga su camino mientras cumpla las normas- y el “helicóptero de rescate” -se mantienen distante y sólo actúa en caso de necesidad-.
Los helicópteros de combate rompen el triángulo alumno-familia-profesor, creando situaciones de tensión y fomentando futuros jóvenes consentidos, conscientes de sus derechos y no de sus obligaciones, incapaces de defenderse por sí mismos o de resolver un problema de forma adecuada con inteligencia emocional. Los de rescate parecen que otorgan mucha libertad a sus hijos -”la que no tuvimos nosotros”- y procuran no molestar durante el proceso educativo, acudiendo, prestos y diligentes, al escenario de cualquier eventualidad para luego volver al acuartelamiento hasta la próxima alarma. Estas patrullas podrían parecer muy diligentes, pero se muestran poco eficaces en el día a día y se ven obligados a tomar medidas drásticas dada la gravedad del accidente que deben atender.
Los helicópteros de tráfico tienen una labor poco gratificante. Se pasan el día vigilando en la sombra, allí en el cielo donde nadie los percibe, realizando controles rutinarios, coordinándose con las patrullas de tierra y sufriendo cuando observan una “pirula” desde el aire. Ellos delimitan la velocidad, señalan las curvas peligrosas, realizan hábiles desvíos en caso de obras y observan constantemente que el tráfico discurra con normalidad. Es un trabajo de hormiguita, casi invisible, pero que permite a los vehículos buscar su propia ruta con seguridad, sabiendo que existen unos límites que deben respetar y que en caso de percance siempre llegará el helicóptero para situarse en el arcén y ayudarles con la eventualidad.

Cuando un alumno destaca por su madurez emocional, coherencia, ganas de crecer, esfuerzo y respeto hacia su entorno, miro hacia el cielo y percibo la diminuta sombra del helicóptero de tráfico observándonos en la lejanía, analizando el ir y venir de los coches, recogiendo datos, procesándolos y obrando en consecuencia. Entonces es cuando miro a los ojos a mi alumno y me imagino, con ilusión, como será de mayor. Podrá tener más o menos suerte en la vida, pero estoy seguro de que será una gran persona.
Para entonces el helicóptero de tráfico habrá descendido para descansar y contemplar con orgullo el flamante automóvil que se mueve con soltura por el mundo. De vez en cuando tendrá que retomar su misión para parchear algún desajuste, pero es consciente de que lo de ser padres es para toda la vida. No le dolerá tomar altura de nuevo.
Admiro profundamente a esos padres y a esas madres helicópeto (…de tráfico).
Antonio Javier Roldán
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Colaboraciones |
El marsupilami en su jaula
Para aquellos que nunca hayan leído el cómic de Spirou, les diré que el marsupilami es una extraña especie, encontrada por Spirou y Fantasio en una selva amazónica, llamada marsupilami. En un principio, por cuestiones que no vienen al caso –ver “Spirou y los herederos”-, el marsupilami es transportado a Europa y expuesto en un parque zoológico, pero tiempo después el simpático animalito retorna felizmente a su hábitat para proseguir con su vida en libertad.
¿Qué hubiera pasado si esta curiosa criatura se hubiera quedado en su jaula?
A nivel de nutrición, el animalito viviría rodeado de todo tipo de golosinas sin dar un palo al agua. ¡Jolines! Todo el mundo pendiente de mí, doy cuatro saltitos y me tiran cacahuetes, por no hablar de las cestas de moras de mis cuidadores. Por mi cara bonita tengo todo lo necesario. ¡Esto es vida! El pringao del ciervo está medio aburrido en su chabolo porque no mola tanto. La culpa es suya. Haber nacido tan mono como menda.
Si el pobre bichito se constipara, un gabinete médico le colmaría de atenciones, le sonaría la nariz cada quince minutos y le pondría vacunas hasta para las vacas locas. Se le trasladaría a la jaula de invierno y se colocaría el termostato del aire acondicionado a la temperatura que el ordenador ha recreado en el simulador de Marsupilamis-Life. Por favor, que no sude, que duerma con funda nórdica y que se la administre la leche con Omega-4, vitaminas variadas y un refuerzo de calcio y de hierro colado.
En el caso remoto de que alguien le lanzara un cacahuete y le rozara una oreja, el presunto homicida frustrado, se enfrentaría a cargos muy graves, por haber perpetrado una agresión a una especie en desarrollo, con ánimo de imposibilitar el sentido del oído con consecuencias irreversibles para el animalico en su principal receptor de halagos, provocando un estrés postraumático de grado 7 en la escala ISO-Marsupi-2007 según el certificado de calidad del zoológico que normaliza el uso de mascotas.
Una vez al día, la estrella del parque sería conducida al adiestrador, que con paciencia infinita procuraría adoctrinar a su pupilo en la vida salvaje que le espera fuera de su prisión dorada, porque nunca se sabe lo que puede pasar en el futuro. Si el irresponsable adiestrador osara regañar al marsupilami por lanzarle objetos, llamarle domador de pulgas o por corregir su inapetencia por los conocimientos, posiblemente los dueños del negocio le dirían que no se propase con él, que la culpa es suya por no motivarle. ¡Pero oiga! ¿Cómo es usted tan duro con el pobrecito? ¿No ve que le va a traumatizar? El cliente siempre tiene la razón y si no pide el libro de reclamaciones, así que ojito.
Pero lo que no sabe nuestra feliz criatura es que un día, un camión se colocará frente a su home-sweet-home y de él surgirá una diminuta caja con un nuevo cachorrillo de piel de leopardo y rabo serpenteante. ¡Anda! –pensará en un principio- Me traen a un amiguito. Pasadas las horas, el nuevo inquilino tomará posesión de la jaula y el que hasta ahora era el rey de la casa, sin saber porqué, se verá liberado en la selva. Es que ya te tocaba, chiquitín. No me guardes rencor. Es ley de vida y ya va siendo hora de que te busques las lentejas y te encuentres una hembra como debe ser. La jaula no es eterna. Se acabó el chollo, así, sin anestesia ni nada. Échale un par salvo que seas ovíparo.
De repente el protagonista de la historia descubre con horror que de barrotes para afuera la naturaleza es implacable, que o comes o te comen, que las heridas te las lames y las limpias con un poco de barro, que aquel adiestrador que le complicaba la vida llevaba razón y observa que no existe nadie parecido a él en tu nuevo mundo. No encuentra ningún hueco para refugiarse, el alimento escasea, debe merendarse más de una fruta podrida y la noche es más fría sin el calor de su celda.
Entonces regresará airado a pedir explicaciones a sus cuidadores, rogará al adiestrador que le regale un trocito de alguna de aquellas lecciones que no escuchó y se compadecerá del nuevo cachorrito que ahora ocupa su lugar.
Que no te pase nada, novato
(Dedicado a los admirables y valientes poseedores de un marsupilami, que tienen el coraje de ayudarle a crecer sano y fuerte sin ayuda de jaulas.)
Antonio J. Roldán (Publicado en “La máscara del bufón” en 2008)
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Lorenzo Silva
Biografía: Wikipedia
Web: Oficial

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
Diría que a los 12, en lo que entonces era sexto de EGB. Al menos, ahí me recuerdo con las primeras zozobras que hoy consideraría típicamente “adolescentes”.
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
Estrecha. A los cinco años me había leído las aventuras de Lawrence de Arabia y a los seis “La isla del tesoro”. En comparación, la España de los 70, vivida desde un barrio de la periferia madrileña, no era demasiado apasionante… Es verdad que se estaba aprobando una nueva constitución, que no es un acontecimiento que carezca de relevancia, pero para mí era todo parte del mismo rollo oficial. En el cole me obligaron a hacer un trabajo sobre ella lo mismo que sobre la muerte de Franco o la proclamación del Rey.
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
A los doce, en leer, vagabundear e inventarme historias. Algo veía la tele y algo iba al cine. Con quince años toqué mi primer ordenador, un Apple II en el instituto. Y desde entonces no he dejado de trastear entre ellos, así que algo comparto con los adolescentes de hoy.
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
Buena, con mis padres siempre me he llevado bien, me han respetado y apoyado y no sentí nunca que debieran hacer más de lo que hacían. Yo también procuré cumplir con las que entonces eran mis responsabilidades. Quizá por esa época medí un poco las fuerzas con mi padre. Pero luego firmamos un armisticio. Y hasta hoy.
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
Claro, fue entonces cuando empecé realmente a peinarme, y a fijarme en qué llevaba puesto. Pero vamos, dentro de un orden. Con esta fachada, cualquier obsesión excesiva habría sido vana.
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
Como ahora. No demasiado elegante ni demasiado desastrada. Más bien sobria. Iba de azul, gris y negro, pero no en plan gótico. Siempre he repudiado los excesos. Me gusta ser invisible.
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
Sí, en el cole nos dijeron algo. En fin, una cosa muy naif. Recuerdo que una chica preguntó si con un beso en la boca se podía quedar embarazada. Con 14 años… En fin, qué tiempos.
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
Bastante clásica (Corelli, Pergolesi, Bach, Chaikovski, Mahler), bastante pop sinfónica (Pink Floyd, Supertramp, Electric Light Orchestra), bastante techno (Soft Cell, Yazoo, OMD, Depeche Mode), bastante heavy (Judas Priest, Black Sabbath, Iron Maiden), bastante de cantautores (Serrat, Paco Ibáñez, Silvio Rodríguez) y hasta (de eso estoy menos orgulloso) Mecano. O sea, de todo y por su orden. O desorden. Y sí, sigo así, pero sumando lo nuevo, desde Rammstein y Extremoduro a Albert Pla pasando por Amy Winehouse o Russian Red.
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
A menudo, sobre todo cuando escribía. Pero en honor a la verdad hay que decir que entonces yo escribía bastante raro.
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
No. Seguí (y sigo) creyendo lo que me inculcaron de pequeño. Respeta a los demás como a ti mismo. No seas mezquino. Intenta servir de algo a tus semejantes. Sé verdadero.
¡Muchas gracias, Lorenzo!
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Materiales recomendados |

Web: Protege a tus hijos
Esta web de Microsoft es una buena introducción a la prevención de los peligros de Internet en las familias con niños, mediante tres vídeos y una guía que se puede descargar de forma gratuita en formato pdf.
En un primer vídeo los padres pueden conocer hábitos de navegación y comunicación segura a través de la red. Otro vídeo, enfocado a los niños, sirve para que los pequeños internautas descubran buenos hábitos, y un tercero nos enseña a manejar un software de Microsoft, que se puede descarga en la misma web, que actúa como programa-canguro, es decir, que limita el acceso a ciertos contenidos y deja en manos de los padres la autorización a que un contacto sea agregado en el Messenger.
Para no pecar de “helicóptero de combate”, pienso que una medida como el programa-canguro debe ir siempre precedida de una prevención mediante la lectura conjunta, por parte de toda la familia, de la guía.
COMENTARIOS: Cuando pongas un comentario el Blog te pide que sumes dos números para que este sea aceptado y evitar el spam. Por ejemplo: Si pone “Por favor añada 10 y 5″ entonces hay que escribir 15. Si haces mal la suma te suspende en matemáticas.
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Capítulo 31
6. Marzo 2009 por Antonio Javier Roldán.
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La autoestima |
Este capítulo está dedicado a la memoria de Rafael Fuentes Sánchez. Mi blog trata sobre el descubrimiento de la vida, de ese largo camino que va desde la infancia a la edad adulta. A veces, en ese maravilloso tránsito, nos encontramos con personas cuya presencia constituyen toda una lección para los que tenemos la fortuna de conocerlas. Desde pequeño Rafa me ha mostrado el valor de la amistad, la lealtad y la generosidad, estando siempre presente junto a mi familia en los momentos felices y en los que necesitábamos su cercanía. Si algún día mis alumnos me preguntan qué es la amistad estoy seguro de que él, desde mi memoria, me echará un cable para poder transmitir su significado.
Rafa nos dejó el 4 de marzo de 2009.
¡Gracias por haber hecho de este mundo un lugar mejor!
Todo comenzó en clase de mates. Esther salió a la pizarra acordándose del padre del interfecto al que se le ocurrió sacar de un depósito de agua un sexto de su capacidad para luego usar otros 12 litros en regar un jardín, sin olvidarse de rellenar el jodío depósito con un cuarto del total para el día siguiente. ¡Hay gente para todo! El caso es que frente a la pizarra, sumergida en el virtual líquido elemento, ahogada entre signos y denominadores, y nadando contra la corriente de la razón, descubre aterrada que el depósito contiene la sospechosa cantidad de -0,5 litros de agua, lo cual indica que el recipiente protagonista de la historia está más seco que su boca en esos momentos, o bien que semejante vasito no merece ser ascendido al calificativo de depósito, pero sí al de chupito. El profesor aguanta el tipo con profesionalidad, porque en sus años ha visto coches que circulan a 547km/h, padres más jóvenes que sus hijos, conejos de siete patas, carniceros que venden el chóped a precio de caviar o bancos que ofrecen un interés del 342,7%. Tranquilamente le pregunta a Esther sobre la veracidad de su respuesta, a lo cual ella responde que debe ser un deposito pequeñito. La carcajada resuena por toda la clase mientras que Esther regresa a su pupitre para dar paso a Policarpito, el empollón, que en un par de requiebros matemáticos repara el desaguisado con soltura.
El dichoso problemita ha sido la culminación de unos días muy malos. Esther es muy sensible a las críticas, siempre lo ha sido, pero desde que se está abriendo camino a la edad adulta no para de toparse con barreras que le obligan a retroceder a la infancia y a compensarse a sí misma con golosinas, pasando de estudiar o buscando caricias digitales por parte de sus amigas a través de su Facebook -”Hoy estoy triste” “Tía, con lo que tú vales” “Pasa de las mates” “Pues no estás tan gorda” etc.- No sólo son las matemáticas. No. Tampoco se anima a opinar en los debates de clase, no sea que alguien se ría de su forma de pensar. Luego está el tema del cuerpo, que crece de forma inversamente proporcional a los deseos propios -y de los gorilas en celo que la rodean-, mientras que la tonta de Enriqueta parece que ha pasado por el quirófano de lo maciza que está. Tan agobiada se siente que ni duerme ni come bien. La percepción que Esther tiene de sí misma es que es una especie de monstruo deforme, sin habilidades destacables y e incapaz de ser aceptada por la gente que le rodea. No se quiere a sí misma y eso la gente lo nota.
Pero al día siguiente ocurre algo inesperado. Su profesor de matemáticas -el muy…- la saca de nuevo a la pizarra a perpetrar otro problema. El merluzo de Policarpito comienza con las sonrisitas ante el presumible destrozo aritmético que se va a producir, y entonces a Esther se le enciende una especie de chispa que le recorre desde el corazón a la cabeza. Mira a Policarpito con ojos de pantera y se dispone a enfrentarse al problema cual felino enrabietado: “En un corral hay 34 animales entre gallinas y conejos“. Planteo, resolución, solución… ¿19,2 gallinas? Huy que mal rollo, 19 gallinas y una pata suelta en plan vudú. Va a ser que está mal. El profesor le insinúa con suavidad si necesita algo de orientación, pero al observar la expresión feroz de Esther opta por dejarla seguir. Otra vez. Planteo, resolución, solución… ¿7 gallinas? Eso es posible. Veamos la comprobación. ¡Funciona! Deja la tiza en la repisa. Mira al profesor -¡toma!- y regresa al asiento pisando la mochila de Policarpito. Perdona niñito, ha sido sin querer, monín. Cuando acaba la clase el profesor la llama a su mesa: Esther hoy lo has hecho muy bien. Otra en tu lugar se hubiera descompuesto después del mal rato de ayer. Eso demuestra que tienes mucho carácter y que sabrás luchar por las metas que te pongas. Si crees en ti misma, yo también lo haré y lo haremos todos.
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Es muy probable que haya tenido algo de fortuna en el problema. También sabe que va a tener complicadillo aprobar la evaluación, pero algo es algo. Ha ganado una batalla, que es el primer paso para ganar la guerra. ¡Claro! Quizás se trate de eso. ¿Por qué no? Así que, antes de acostarse, anota en su agenda “Preguntar en clase lo del problema del depósito”.
Cuando va a apagar la luz observa su cara reflejada en el espejo. Hay algo especial en sus ojos, no sabe si son los más bonitos del mundo o un simple par de canicas inexpresivas, pero es evidente que ese rostro que le devuelve el reflejo “tiene ángel” y da la casualidad de que es el suyo y que eso no hay quien lo cambie. Algún día alguien se perderá dentro de esa mirada y descubrirá ese tesoro que ella se empeña en esconder. Susurra un “nena, tú vales mucho” y se pone a soñar con mundo sin matemáticas.
Hoy sí ha sido un buen día.
Antonio Javier Roldán
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Colaboraciones |
Querido Diario
Sábado
Querido diario:
Ya me han comprado la ropa. ¡Ha sido mejor de lo esperado! Papá estaba hoy muy contento porque le han pagado unos proyectos que le debían y no le ha importado gastar un poco más de la cuenta. Me han comprado unos vaqueros nuevos, unas deportivas –parecidas a las de Noelia, pero más fashion-, ropa interior, dos jerséis y una camisa vaquera. Es curioso como la ropa nueva te hace más bonita. Antes de cenar me la he puesto y me he mirado en el espejo, como si fuera un pase de modelos, y me he descubierto deslumbrante. No son de marca. Eso es para la gente insegura que tiene necesita muletas para caminar por la vida. Mi única marca es “Kayleigh”, que es de gran calidad y merece toda mi confianza. Está claro que si alguien es mi amiga por mi tipo de ropa es que está más vacía que mi chanchito.
Dice Marta, mi hermana mayor, que yo cuando sea mayor no tendré que maquillarme como ella, porque yo tengo ángel. Creo que me vacila, porque ella es mucho más guapa. Lo curioso ha ocurrido antes de la cena, cuando estaba ante el espejo. Mamá ha entrado, y me ha mirado sonriendo. Yo también la he sonreído, porque me sentía bien. Se ha acercado a mí y me ha dicho: - ¿A qué te sientes hermosa?
- Sí –respondí.
- Eso es porque te quieres. No por la ropa.
- No te entiendo.
- La belleza nace dentro de ti. Si te encuentras bien contigo misma, los demás te verán hermosa. La felicidad se nota y se transmite.
- ¡Anda ya! Más quisiera yo ser como Marta, mamá.
- Mírate al espejo. ¿Qué es lo que más te gusta de tu cara?
- No sé… ¿Los ojos?
- Tú sabrás. Yo creo que todo en ti es especial.
- ¡Claro! Porque soy tu hija.
- No. Fíjate bien. No hay ninguna persona en el mundo que tenga esos ojos, ni esos labios, ni ese rizo de pelo en la frente. Eres única ¿lo ves?
- Pero, ¡mira que orejas!
- Algún día alguien te querrá como eres y amará cada rasgo de tu cara. Ese día te sentirás guapa, como hoy con la ropa nueva.
Cuando se ha ido mi madre me he vuelto a mirar en el espejo y, es verdad, tengo ángel. Lo que descubre una en la adolescencia…
Antonio Javier Roldán
(Fragmento de “El diario de Kayleigh”, en descarga gratuita)
Puedes enviar tus reflexiones, poesías o artículos sobre la adolescencia para que se publiquen en “La pavoteca” enviando un correo electrónico.
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La Pavoteca examina a… |
Gaspar Llamazares
Biografía: Wikipedia
Congreso: Perfil

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
Es difícil de establecer, es un proceso primero físico y luego psíquico y social que fue de los catorce a los dieciséis en adelante.
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
Primero como propia, en mi familia y grupo de amigos, más tarde como ajena cuando la pongo toda en cuestión: la familia, la religión, los valores y el orden social donde se dice una cosa y se hace otra. La sociedad me parecía hipócrita y cerrada.
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
Mi obsesión para divertirme, pero también para evadirme de lo que no me gusta, fueron los libros (todos los libros y sobre todo los que me prohibían) el cine y el deporte.
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
Con mí familia no era mala, aunque pasé del acuerdo a las brocas a las horas de comer. Con los profesores colaboraba con los de visión abierta y me organizaba frente a los autoritarios o arbitrarios.
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
No me gustaba mi aspecto físico .Hacia deporte, pero a sabiendas de que lo mío no tenía remedio.
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
Como hijo de profesional y de clase media, entonces se me podría encuadrar entre los normales (un poco tirando a pijo) y más tarde entre los barbudos contestatarios.
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
Información directa poca, aunque mi padre era médico .Fueron precisamente los libros de medicina y las novelas prohibidas los que me salvaron de la ignorancia.
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
Escuchaba a Leonard Cohen, a los cantautores de protesta españoles (Victor Manuel, Aute, Serrat, Nuberu) y más tarde a Bob Dylan, Radio Futura, Queen. Ahora escucho de todo y también a aquellos.
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
Muchas veces: Primero con la crisis religiosa. Luego frente a pósters y maestros y más adelante frente al régimen. De todas manera siempre fui consciente de que los incomprendidos no estábamos solos.
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
Un cambio radical: El niño de clase media, tímido y ratón de biblioteca, se enfrenta a lo que no le gustaba y se organizó con otros en el movimiento estudiantil y más tarde en organizaciones políticas.
¡Muchas gracias, Gaspar!
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Libro:“Decir no a los hijos. 60 respuestas para…”
Tanto en la exploración del mundo adulto en la adolescencia, como el descubrimiento de la vida desde el nacimiento hasta llegar a la emancipación, los hijos ponen a prueba sus propios límites. Los padres y las madres estarán ahí para dejar claros esos límites para que el tránsito a la madurez ocurra de forma adecuada.
Mª Ángeles Juez nos propone convertir ese “no” en un medio para dar seguridad a los hijos, a base de paciencia, esfuerzo y comunicación, convirtiendo a los padres en un rompeolas que aguanta y protege. Todo un reto dado el desgaste que supone. Para ello nos propone 60 preguntas que abarcan todas las edades, ilustradas con casos reales seguidos de una respuesta razonada a esas cuestiones.
Índice
- Para empezar, qué y cómo.
- Los padres lo tienen difícil.
- El rompeolas.
- Pobrecito, es tan pequeño…
- Vivir para consumir.
- Importancia de los abuelos.
- El niño va al colegio.
- Padres ausentes.
- Madres superwoman=madres culpables.
- Padres ricos, padres pobres.
- El hijo llega a la pubertad.
- SOS. ¡Aquí está la adolescencia!
- ¿Quién les dice “no” a los padres?
COMENTARIOS: Cuando pongas un comentario el Blog te pide que sumes dos números para que este sea aceptado y evitar el spam. Por ejemplo: Si pone “Por favor añada 10 y 5″ entonces hay que escribir 15. Si haces mal la suma te suspende en matemáticas.
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