Ha accedido a los LA PAVOTECA - Blog de Antonio Javier Roldán sobre la etapa de la adolescencia archivos del weblog de Septiembre, 2008.
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- Cuerpo (10)
- Familia (11)
- Formación (10)
- Personalidad (13)
- Presentación del Blog (5)
- Sociabilidad (13)
- Vídeos (16)
- 18. Diciembre 2011: LA PAVOTECA - "Explorando tu mundo"
- 18. Diciembre 2011: Cuento de Navidad
- 19. Noviembre 2011: ¿No sabes leer?
- 7. Noviembre 2011: El valor de los profesores
- 25. Octubre 2011: La fiesta del semáforo (2ª parte)
- 20. Octubre 2011: La fiesta del semáforo (1ª parte)
- 12. Octubre 2011: El nuevo Olimpo
- 7. Octubre 2011: ¿Dónde estás?
- 20. Mayo 2011: Spanish revolution
- 12. Marzo 2011: El mapa de maslama
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Archivo para Septiembre 2008
Capítulo 8
26. Septiembre 2008 por Antonio Javier Roldán.
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Acéptame tal y como soy |
Laura está leyendo un libro mientras saborea un café en el salón. Después de aguantar a su jefe en la oficina y atender cerca de treinta llamadas de teléfono, se siente como una náufraga en una burbuja de silencio. Hace varias horas que buscaba ese momento de paz y encuentro con ella misma. Sin embargo ese silencio, cómplice de su hastío de la rutina, empieza a dolerle, porque hace apenas un año era impensable cuando su hijo jugaba y metía más ruido que el vagón de la Línea 6 del Metro. Desde que Joaquín ha entrado en la adolescencia una extraña quietud surge de su habitación, tan solo rota por algún estruendo musical ocasional. Al principio acudía a su dormitorio con la excusa de llevarle alguna ropa planchada o preguntarle si había merendado, pero paulatinamente comenzó a notar que no era del todo bien recibida, que su presencia era tomada como una intrusión en su intimidad.
Su hijo se está alejando. Son cosas de la edad, ya se sabe, pero duele. La nueva situación le obliga a asumir que ya no es un niño y que en los próximos años comenzará a despedirse poco a poco del ámbito familiar. También esta nueva etapa le hace reflexionar sobre propio envejecimiento y a veces reconoce que lo paga con Joaquín sin tener él la culpa de su propia evolución. El otro día, en una misma discusión, le dijo que era muy niño para ir a una discoteca y más tarde que ya era un hombre para ser responsable con los estudios y su futuro. Ante tal contradicción él le respondió que lo que pasaba era que no le aceptaba tal y como era, que desde que se había hecho mayor ella ya no le quería igual. ¿Cómo le podía decir su propio hijo que su madre había dejado de quererle?
Durante aquella tarde reflexionó sobre los últimos acontecimientos y recordó algunos de los reproches que le había dicho: “Si sigues comiendo así tendrás más granos“, “No sé cómo puedes aguantar esa música“, “No me hace gracia que salgas los viernes con el chico ese que es repetidor“, “A ver si te pones desorodante, que esta habitación huele que apesta“… Ciertamente echaba de menos a su niño, a ese que había escapado por la ventana un día sin darse cuenta, el mismo que había sido su alegría de vivir y el que cada vez que hablaba provocaba el silencio amoroso de sus padres en la mesa: ¡Ay que cosa más linda! Pero, ¿tú has visto lo pequeño que es y lo que sabe? ¡Qué rico! Ahora cada vez que Joaquín abría la boca podía ser el preludio de una discusión con su padre y de un sofocón más para ella.

Sí, quizás él tuviera algo de razón cuando le dijo que se sentía menos querido. Ella está rechazando el propio cambio de su hijo o el comienzo de la despedida. Aún recuerda cuando se casó. No fue fácil dejar la casa familiar, pero era tanta la felicidad por emprender su nueva vida que no comprendió el nerviosismo y la irritabilidad de los abuelos de Joaquín. Ahora Laura está al otro lado. No cabe duda. Hay que saber cerrar un capítulo y abrir puertas nuevas. Al fin y al cabo el cariño sigue ahí. Está decidido así que deja el café y el libro, que hojeaba sin mostrar atención, y camina decidida al cubil de Joaquín.
¡Hijo! ¿Quieres un Cola-Cao? Su hijo se revuelve de la mesa de estudio como si hubiera entrado una anaconda en su guarida. ¡Ehhhh…! Vale mamá, pero… ¿Le echas una gotita de café? Claro, hijo, pero no mucho que luego te desvelas. El chico vuelve a su posición aliviado. Sólo era eso. Por un momento temía que el tutor hubiera llamado a casa para contar lo de la mala contestación en clase de Mates, o que su padre hubiera investigado las páginas visitadas en Internet o que de nuevo fuera a atacar con su falta de interés por ayudar en casa. Cuando ya ha bajado la guardia, nota una presencia en su cogote que culmina con un beso de su madre en la mejilla que casi le revienta la oreja. ¡Mamá! ¿Qué haces? Soy tu madre, y te beso cuando quiero. ¡Si es que eres lo más bonito de esta casa! Y se va a la cocina a preparar el Cola-Cao.
Joaquín observa perplejo la puerta y se dice a sí mismo: ¡Y luego dicen que el que tiene el pavo soy yo!
Antonio Javier Roldán
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Colaboraciones |
Las creencias dañinas (V): Existe una única forma de comportarse y de hacer las cosas
Todas las personas tenemos un conjunto de metas, normas y actitudes que guían y determinan nuestra conducta. Las tres son consecuencia de lo que consideramos valioso e importante en nuestra vida. Tenemos nuestra propia ética, que vamos construyendo poco a poco, a lo largo de los años. Existen tantas éticas como personas en el mundo. Pero algunas personas creen que existe una forma única, correcta, inflexible e indiscutible de comportarse y de hacer las cosas: su ética. Consideran que sus normas son las correctas, que sus gustos, preferencias y actitudes son los más apropiados y que sus metas y objetivos son los únicos plausibles. Por eso creen que todas las personas tienen que comportarse BIEN, entendiendo por “BIEN” lo que ellas consideran que esta bien. Son personas que frecuentamente utilizan frases tales como “hacer lo correcto”, “comportarse adecuadamente”, “es un comportamiento muy inapropiado”, “no apruebo tu forma de proceder”, “logicamente deberías…”, “ es que no es normal…” o “aquí hay que poner orden”.
La persona que tiene esa creencia:
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Es hipercrítica con los demás, encontrándoles siempre múltiples defectos e infinitos errores.
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Es hipersensible a la crítica, lo que le hace sentirse fácilmente atacada por los demás.
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Tiende a defenderse continuamente de otras personas, siempre adoptando una actitud agresiva.
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Puede presentarse como una persona moralizadora y suele dar lecciones de rectitud e integridad a las demás.
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Tiene una gran rigidez mental, obstinación, racionalidad fría y dificultad para expresar emociones positivas.
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Muestra una actitud intolerante ante la diferencia y la diversidad. Con frecuencia muestra el profundo desprecio que siente hacia filosofías y proyectos de vida distintos a los suyos.
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Resulta una persona autoritaria, despótica y arrogante.
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Siempre está a punto de estallar por cosas de poca importancia: Todo le sienta mal, todo le disgusta, todo le decepciona, nada le satisface…
Siempre están buscando comportamientos en las demás personas que no encajan y les hacen conscientes de su “error,” hacen grandes esfuerzos para demostrar a otras personas que están obligados a comportarse correctamente y que no existe otra posibilidad de hacer las cosas, advierten sobre las desventajas de no hacer lo apropiado y hacen todo lo que pueden para impedir que los demás “se tuerzan”.
Respecto a otras personas desvalorizan sus decisiones y elecciones sobre su vida, rechazan sus criterios y juicios sobre el mundo, desaprueban sus gustos, preferencias y actitudes por no ser los “apropiados”, desprecian sus objetivos y metas por no ser los más “convenientes” y “sensatos”, las reprochan, las censuran y las critican…, por haber roto “el orden natural, lógico y evidente” de las cosas y las invisibilizan, ocultan, estigmatizan, excluyen o discriminan…, por actuar de forma diferente a la suya.
Suelen obligar a los demás a que se comporten como “deben”, por las buenas o por las malas, llegando a obstaculizarlas cuando estás deciden rebelarse contra lo establecido y las castigan con el silencio, la indiferencia, el rechazo, el desprecio… cuando, según ellas, se comportan MAL.
Pero ocurre, que no hay comportamientos intrínsecamente buenos o malos. Las circunstancias y las experiencias vividas pueden llevarnos a actuar de una forma u otra. Además todos en algún momento de nuestra vida quebrantamos los límites y las normas, y eso no nos convierte en personas despreciables, indeseables o malas. Como somos humanos, nos equivocamos. Y siempre podemos encontrar interpretaciones alternativas para explicar las cosas que dicen y hacen otras personas.
Si censuramos y castigamos a todas las personas que cometen un error, tendremos que condenar a todo el mundo… incluso a nosostros mismos. Incluso cuando los comportamientos de otras personas nos parezcan realmente censurables, ¿quién nos ha dicho que siempre tenemos que esperar lo mejor de los demás?
No podemos ser jueces para determinar lo justo y lo correcto de los comportamientos ajenos: ¿Por qué creemos estar siempre en posesión de la verdad?
El libro de gustos y preferencias está en blanco. Cada persona escribimos el nuestro. Cada uno de nosotros establecemos lo que queremos hacer con nuestra vida y en ella. Existen tantas normas, metas y preferencias diferentes como personas hay en el mundo, y eso es lo que nos hace únicos y especiales.
Puedes enviar tus reflexiones, poesías o artículos sobre la adolescencia para que se publiquen en “La pavoteca” enviando un correo electrónico.
Trinidad Nieves Soria López (Psicóloga Clinica)
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La Pavoteca examina a… |
Mercedes Milá
Biografía: Wikipedia
Web: Blog personal

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
No fui consciente, pero supongo que sería alrededor de los los 13-14 años.
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
Aburrida. Sólo cobraba vida cuando me encontraba entre gente de mi edad.
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
Escuchaba mucha música y hablaba con amigas. Leía poco, por desgracia, y la técnica no existía. Hacía menos deporte del que debía y, desde luego, mucho menos del que hago ahora.
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
En clase era más fácil que en casa porque no me daba verguenza comentar y preguntar; con mi madre, que no con mi padre, era muy diferente.
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
Algo, pero no recuerdo que fuera obsesivo.
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
En el colegio llevaba uniforme. Poco se podía añadir aunque siempre encontrábamos detalles para diferenciarnos; forma de llevar los calcetines, el pelo y cosas así.
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
No recuerdo haber recibido información de estas dos materias vitales. Fui a ciegas encontrando lo que necesitaba pero muchas veces me equivocaba. Procuraba abstenerme ante la duda. Ni en el sexo ni con las drogas perdí nunca el control de mí misma; nunca hice lo que no quise hacer. Me hubiera gustado saber más.
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
Los reyes eran los Beatles y los Rolling. Escuchaba a Adamo, Johnny Holliday, Silvie Vartan, Italianos y, en general, música para bailar.
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
Sí pero no di demasiado la lata, creo.
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
No recuerdo la última vez que me confesé y comulgué pero en la adolescencia era creyente. Tuve la suerte de que una monja del colegio nos hablara de un Jesús que poco tenía que ver con el oficial y que se acercaba al de Nazareth que más tarde fue reivindicado por el Concilio Vaticano II. No sufrí de escrúpulos y enseguida entendí lo que era la justicia social. A los 15 años empecé a hacer trabajos sociales que me cambiaron la visión de la vida. A esa edad entendí que el camino para cambiar las cosas injustas pasaba por la política. La libertad no existía y por esa razón se hacía muy atractiva para una adolescente. A los 16 me compré una moto con el dinero que había ahorrado toda mi vida y empecé a leer el periódico. Mis padres dicen que era insistente y muchas veces pesada pero que si se me explicaban los “por qué”, entraba en razones. .
¡Muchas gracias, Mercedes!
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Materiales recomendados |

Web: Protégeles
PROTEGELES es una Asociación sin ánimo de lucro que surge como organización en el año 2002, si bien la Línea de Denuncia Contra la Pornografía Infantil que le da nombre funciona desde octubre de 2001. El trabajo de la Línea de Denuncia PROTEGELES en internet tiene un doble objetivo: Facilitar a la Policía y a la Guardia Civil en mayor número de informaciones verificables, que permitan la eliminación de páginas de pornografía infantil en internet, así como la localización de sus autores; y desarrollar acciones, campañas y trabajos de prevención, con el fin de mejorar la seguridad de los menores en internet. Desde PROTEGELES se ha llevado a cabo diversos Estudios relacionados con las costumbres y seguridad de los menores en internet, todos ellos publicados por el Defensor del Menor, que están permitiendo a su vez la consecución de diversas Campañas preventivas.
En esta web encontramos estudios sobre telefonía móvil, trastornos de la alimentación, los “ciber” y hábitos de los jóvenes por Internet.
Índice
- ¿Qué es Protégeles?
- ¿Qué hacemos?
- Relaciones externas.
- Webs y materiales
IMPORTANTE: Cuando pongas un comentario el Blog te pide que sumes dos números para que este sea aceptado y evitar el spam. Por ejemplo: Si pone “Por favor añada 10 y 5″ entonces hay que escribir 15. Si haces mal la suma te suspende en matemáticas.
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Capítulo 7
20. Septiembre 2008 por Antonio Javier Roldán.
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No hay quien te aguante |
Lunes: Lunes: Andrés se encuentra derramado sobre la cama. Con la mano izquierda realiza un zapping convulsivo con la tele de su cuarto, que heredó cuando la pantalla de plasma entró por la puerta grande en el salón, mientras que con la mano derecha ensaya loopings con el estuche escolar. En esto que entra su madre, que acaba de llegar del trabajo, y le suelta eso de que aquí huele a tigre y que si no tiene nada mejor que hacer que perder el tiempo tirado como un pelele. Él responde que quiere hacer algo, pero que no sabe el qué. Está como abúlico sin motivo, pero con pocas ganas de emprender cualquier simulacro de esfuerzo que le lleve a gastar energías. Como es de esperar su madre le ofrece amablemente un amplio abanico de posibilidades que van desde ordenar el armario, estudiar mates o ir al tinte a por la alfombra. Andrés le indica a su madre que lo del armario no le resulta motivante, que las mates las lleva bien -la teoría con alfileres, los problemas hacen honor a su nombre y las ecuaciones más que despejar la x despejan su camino hacia el desastre- y que lo del tinte no es de su incumbencia. La madre de Andrés cuenta hasta diez para no salir en los periódicos y se va a ponerse cómoda mientras medita una respuesta adecuada.
Martes: Esta vez viene armada hasta los dientes. Entra en la habitación de Andrés montada en un tanque virtual dispuesta a sacarle de su madriguera a bombazo limpio y ponerle en posición de firmes. No le va a dejar ni reaccionar. Buena es ella… Sorpresa. La tele está apagada. El flexo ilumina un cuaderno repleto de signos algebraicos y el interfecto está muy concentrado. ¡Hola mamá! ¿Qué tal en el trabajo? ¿Sabes que ya he entendido lo de quitar paréntesis? Era una chorrada…

Miércoles: De un día para otro el humor de Andrés ha cambiado como por arte de magia. El nuevo mundo de Andrés, que gira entre la evolución de su persona y su interacción con todo lo que le rodea, varía de forma pendular entre dos extremos. Él se esfuerza por buscar el término medio, la zona que equidista entre la euforia y la depresión, entre la fuerza y la desgana o entre la ilusión y la apatía. De medias aritméticas entiende mucho, porque lleva una temporada en la que días antes de las notas tiene que hacer encajes de bolillos para obtener un aprobado, por lo que sabe que para no catear puede visitar el cero y el diez para asentarse, con un suspiro de alivio, en el cinco. Con su estado de ánimo le pasa igual, que para alcanzar el equilibrio tiene que darse un garbeo por los extremos y en esos momentos está más perdido que un pulpo en un garaje.
Por la mañana, cuando va al instituto, se pregunta por sí mismo, por la imagen que estará ofreciendo a los demás, sobre todo a ella, a Sofía, la de 2º E que no veas cómo está. Si el día anterior estuvo plagado de éxitos, ahora teme que la jornada que se le presenta le muestre la cruz de la moneda, por aquello de que el destino ajusta las cuentas a su bola y compensa lo bueno con una jornada de perros. Sería genial que todos los días fueran buenos. Por lo que pueda venir, hoy se nota más metido en sí mismo, a la defensiva, con incertidumbre y mirándose el ombligo. Le importa poco los demás porque se va a refugiar en su coraza y no estará para nadie.
Según entra en el cole, dos colegas le adelantan corriendo por el patio atropellando a todo ser que ose cruzarse en su camino. Uno de los profes que vigila la entrada le comenta a un padre que esos deben tener las hormonas revolucionadas. A él le debe pasar algo así, porque hay actitudes suyas que no reconoce en algunos momentos y a menudo no puede controlar sus impulsos. Pone en el libro de ciencias naturales que la testosterona campa a sus anchas por su cuerpo, para lo bueno y para lo malo. Por lo menos tiene coartada para jugar al Cluedo: Sospecho de la testosterona, en Andrés y usando el pavo. Enseñadme las cartas.
Cuando Andrés llega a casa hace inventario mental de lo sucedido desde que se levantó. Le han preguntado en Sociales y, tras un titubeo inicial, ha sabido situar a Leonardo da Vinci en el Renacimiento, pero ha confundido a “La Gioconda” con “La Guernica” y ha habido sus más y sus menos con la profe. Sofía le ha llamado bestia cuando fue a hacerle cosquillas, pero en el recreo le ha cogido del brazo. En el comedor había lentejas de primero, pero se ha compensado con las natillas del postre. Por la tarde el proyecto de tecnología, un coche a pilas, se ha estampado contra el suelo quedando en siniestro total, pero en Inglés han puesto un DVD de Batman. Así que hoy el equilibrio se ha cumplido y se siente satisfecho al regresar a casa. En el salón su padre está de los nervios porque lleva dos meses dejando el tabaco y está subiéndose por las paredes. Le ha dicho el médico que procuré hacer deporte, porque libera endorfinas que alivian el estrés. Es una buena idea. A lo mejor él también podría aplicarse el cuento y tirarse unas canastas de vez en cuando para ver si las hormonas se escapan con el sudor. Nunca se sabe. El ser humano es tan complejo…
Sin embargo, hay una cosa que relaja a Andrés y que calma su ansiedad, aunque le da vergüenza comentarlo, para que no le llamen nenaza sus colegas. Por las noches escribe un diario en el que enumera los eventos que le han pasado y pone al día su contabilidad emocional. Es divertido comprobar como lo que ayer era negro hoy es blanco, y viceversa. Al final de cada anotación se califica del uno al diez. Hoy se pondrá un seis -aprobado alto- porque, cuando Sofía se ha aferrado a su brazo y ha sentido su proximidad, su cuerpo se ha estremecido de placer. Débil que es uno. ¡Qué le vamos a hacer!
Algún día hará la media de esas notas, pero intuye que aprobará. Aunque sea en la recuperación.
(Por si quieres leer el diario de una adolescente: “El diario de Kayleigh” - Relato en descarga gratuita)
Antonio Javier Roldán
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Colaboraciones |
Las creencias dañinas (IV): El mundo debería ser maravilloso
Hay muchas personas que, ante la vivencia de experiencias negativas en su vida, empiezan a creer que el mundo es un lugar horrible: Impredecible, incontrolable, malévolo, injusto y lleno de peligros y amenazas. Otro tipo de personas sin embargo, aun considerando que existen esos peligros y amenazas, mantienen firmemente la creencia de que el mundo debería ser un lugar maravilloso: Predecible, controlable, benévolo, justo y protector. Entonces, en lugar de intentar controlar los peligros y amenazas, como hacen las primeras, estas personas creen que no hay ninguna posibilidad de control y que la única alternativa es advertir a los demás que no podemos hacer nada para conseguir la felicidad, ya que esta depende de circunstancias externas que están fuera de nuestro control, como por ejemplo la suerte, el destino o la posición de los astros y que no podemos luchar contra lo inevitable.
La persona que tiene esta creencia:
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Mantiene una actitud hostil frente al mundo y contra quienes en él viven: Como el mundo le ha tratado mal, trata mal al mundo.
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Está resentida con la sociedad porque no le ofrece oportunidades.
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Se siente una víctima indefensa, sin recursos ni habilidades ante un mundo cruel y malévolo que, sin embargo, trata bien a los demás.
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Siente la necesidad de quejarse continuamente de lo mal que el mundo le ha tratado, de su mala suerte y de lo injusto de ello.
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Se resiste al cambio. Como piensa que lo que le ocurre es injusto no cree que deba hacer nada para solucionarlo. Espera que las cosas se arreglen solas: El mundo se lo debe.
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Está resignada a su destino. No hace nada por cambiarlo ¿para qué?
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Por las mismas razones no busca alternativas para la resolución de sus problemas: Está pasiva ante la vida. No actúa ni siquiera cuando podría hacerlo.
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Es muy exigente y nada proclive a la negociación y al acuerdo.
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Resulta una chantajista emocional: Hace sentir culpable y responsable a los demás de sus problemas, intentando generar compasión, lástima y pena. Tiene apatía por vivir y por la vida misma.
Algunos de sus comportamientos más frecuentes son: Intentar demostrar a las demás personas que son unas ilusas y unas irresponsables, que son incapaces de ver la realidad tal y como es, o hacerles comprender que no hay posibilidad de resguardarse de los daños y los peligros, quejarse de lo mal que el mundo le ha tratado y de su pésima suerte, manifestar su disconformidad con la injusticia e iniquidad del mundo y hacer un drama continuo de las situaciones vividas. También intentan hacer todo lo posible para que les tengan lastima y compasión, se resisten a cambiar cuando las cosas cambian, o se cierran a toda modificación de conducta posible. De alguna forma sienten que el mundo les debe algo y esperan –sin hacer nada- a que esté les devuelva lo que “les ha quitado”.
Hacer caso omiso a las propuestas y alternativas, evitar las negociaciones y los acuerdos, desafiar a que encuentren una solución a su situación, demostrar a los demás lo desafortunado de sus propuestas, negar a los demás toda mejora evidente de sus circunstancias, probar a los demás que existen agravios comparativos o renegar de sus nuevas circunstancias si las cosas cambian, son también conductas usuales.
Pero ocurre que vivimos en un mundo en constante cambio. Las cosas cambian y nunca pueden ser como antes.
No podemos confundir lo justo con lo que deseamos. La justicia a nivel personal no existe: Existen deseos no derechos. Cuando se exigen los derechos sólo se obtienen frustraciones y desengaños. Podemos plantearnos ¿Qué puedo hacer para que la situación sea diferente?
¿Qué nos hace pensar que otras personas si merecen la situación que estoy viviendo? ¿Estoy siendo yo justa con ellas? Cuando nos planteamos ¿y por qué a mi? la respuesta es sencilla ¿y por qué no a mí?
La gente se cansa de intentar ayudarnos cuando seguimos desafiándoles, retando o negándonos a aceptar propuestas y alternativas. Les alejamos y… ¡luego tiene la culpa el mundo!
El futuro se puede modificar, pero sólo si cambiamos nuestro presente. Y para eso tenemos que ponernos en marcha. En ocasiones no podremos cambiar el mundo, pero podemos cambiar nuestro modo de relacionarnos con él.
Trinidad Nieves Soria López (Psicóloga Clinica)
Puedes enviar tus reflexiones, poesías o artículos sobre la adolescencia para que se publiquen en “La pavoteca” enviando un correo electrónico.
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Luís del Val
Biografía: Wikipedia
Web: http://www.luisdelval.com/

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
Creo que a los once años tuve turbada constancia de la pubertad, pero a los catorce empecé a darme cuenta de mi incomodidad conmigo mismo y con la sociedad..
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
Pertenecía a una familia humilde que vivía en esas casas antiguas donde en el principal, vive el notario; en el primero, el médico; en el segundo, un agente comercial, la portera en el semisótano y, nosotros, en el cuarto piso. Nadie me tuvo que explicar que la sociedad se dividía en clases: yo, cada vez que subía o bajaba la escalera, iba pasando por todo el espectro de la clase media y la proletaria.
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
Jugaba en la calle y leía. Jugábamos al fútbol en plena calle y, cada 15 minutos debíamos dejar el juego, porque pasaba un automóvil. ¡Y nos quejábamos de que había muchos coches! La calle fue mi primera universidad, y mi cátedra de sociología. También leía mucho. Leía incluso en clase, y me expulsaban. Por la noche escuchaba la radio. De ahí viene mi afición al teatro..
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
Escasa. Luego, pasada la adolescencia, siempre tuve amigos mucho mayores que yo..
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
No demasiado. Lo único que me daba envidia eran los chicos altos. Como digo ahora a veces: “yo soy bajito desde la más tierna infancia”..
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
Normalmente teníamos dos trajes: el traje de diario y el de los domingos. Cuando el de los domingos ya estaba impresentable, te compraban otro traje y el traje de los domingos pasaba a ser el traje de diario. Sí recuerdo que mi madre me hacía unos jerseys muy vistosos.
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7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
Las drogas exóticas no existían. Toda mi información sexual la recibía hablando con los otros chicos y en la biblioteca. A los quince años, sin entender la mayoría de las cosas, leí “Psicopatología de la vida cotidiana” y otras obras de Freud. 8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
Los que estaban de moda: El Dúo Dinámico, Los Cinco Latinos, Raphael, Luis Aguilé, Los Brincos, Adamo, Johnny Holliday…
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
No, más bien creo recordar cierta angustia por no entender el mundo y por querer comprenderlo enseguida. No es una etapa feliz. El desconcierto y la desorientación me pesaban.
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
Sí, claro. Tuve una crisis mística a los diez años y pensé seriamente que quizás debería ser sacerdote. Eso lo cambió el nacimiento del apetito sexual, y las curiosidades correspondientes. Luego, creo que de manera bastante madrugadora, sentí conciencia social, cuando me dí cuenta de que la escalera de mi casa era una síntesis de la ciudad.
¡Muchas gracias, Luís!
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Materiales recomendados |

Libro: Conocer y cuidar al adolescente
Libro completísimo, trata todos los temas de forma resumida. Muy completo todo lo relativo a al desarrollo físico, tanto normal como anormal, la maduración sexual y la alimentación correcta. También analiza la sexualidad del adolescente desde un punto de vista cristiano y habla de la homosexualidad. Hay un capítulo dedicado los anticonceptivos y las enfermedades de transmisión sexual. Muy interesante el capítulo dedicado a una alimentación sana y a la pirámide alimenticia. Explica como debe ser la alimentación y la hidratación para un adolescente que practica deporte. Especialmente prácticas las 30 normas básicas para tratar con un adolescente.
Índice
- El proceso de la adolescencia
- La maduración psíquica y social
- La familia del adolescente
- Treinta normas básicas para tratar con el adolescente
- El crecimiento y el desarrollo somático y sexual
- Salud y preocupaciones genitales
- El desarrollo de la sexualidad
- Prevención del embarazo y enfermedades de transmisión sexual
- La alimentación sana
- La obesidad y su prevención
- El deporte adecuado
- El sueño y el insomnio
- El acné
- Los problemas escolares
- El tabaquismo y cómo evitarlo
- La anorexia y la bulimia y cómo prevenirlas
- Las drogas. Conocimientos básicos
- Prevención de la drogadicción
Esperamos tus sugerencias.
IMPORTANTE: Cuando pongas un comentario el Blog te pide que sumes dos números para que este sea aceptado y evitar el spam. Por ejemplo: Si pone “Por favor añada 10 y 5″ entonces hay que escribir 15. Si haces mal la suma te suspende en matemáticas.
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Capítulo 6
16. Septiembre 2008 por Antonio Javier Roldán.
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¡Soy un monstruo! |
Comentaba en el Capítulo 3 (”El despertar”) la ansiedad que percibe el adolescente cuando se descubre dentro de un cuerpo que no es el suyo. La preocupación que siente le hace preguntarse si lo que le está sucediendo es normal, por lo que comienza a observar a los compañeros para establecer comparaciones en las que a menudo puede salir perdiendo. Esa misma actitud de análisis le invita a suponer que el resto de adolescentes también deben estar juzgándole a él, por lo que su zozobra puede ir en aumento. También escribí en el Capítulo 3 la importancia de ser previsores y de informar al joven, con la suficiente antelación, de los cambios que se producirán al llegar el tránsito a la madurez física, tema al cual dedicaré esta aportación.
En el chico la pubertad puede empezar entre los 11 y 12 años con la aparición del vello púbico y se suele prolongar entre cinco y seis años, prácticamente toda la adolescencia. Dos años después del inicio de la pubertad llega la primera polución. Si lo comparamos con las chicas, el ritmo de cambio es más lento y progresivo, lo cual le puede ayudar a asumirlo e incluso sentirse más viril de cara a los demás, otorgándole mayor seguridad. Los síntomas físicos más evidentes son la aparición del vello en pubis y axilas, el cambio de voz, la barba, las mencionadas poluciones, más musculatura y aumento del ancho de los hombros.
La aparición de la pubertad en las chicas puede ser más precoz, entre los 9 y los 13 años, un amplio intervalo que causa crecimiento muy desigual dentro del entorno social de la pandilla o de la clase. El primer síntoma es el inicio de la formación de los senos, lo que se llama el botón mamario. Dos años después la regla hace su entrada por la puerta grande anunciando a bombo y platillo que la portadora de la misma es oficialmente una mujer, lo cual implica culturalmente tantas cosas que compararlo con la primera polución en el chico sería absurdo. La pubertad en la chica se prolonga durante cuatro o cinco años. Los adultos solemos decir que las chicas maduran antes que los chicos, pero también es verdad que su cuerpo determina ese adelantamiento. Los síntomas en ellas son el vello en pubis y axilas, el crecimiento de los senos, el aumento de las curvas y el ensanchamiento de las caderas.
Si le preguntáramos a un adolescente como le gustaría que se sucedieran estos cambios no dudaría en afirmar que todos a las vez, porque habitualmente estos se producen de forma poco armónica, dando una impresión de desgarbamiento inicial o de falta de armonía, lo cual le hace preguntarse ante el espejo si está mutando en un monstruo. Es por eso que estos años la aceptación de los cambios por parte de la familia puede ser de vital importancia, por lo que debemos estar pendientes de él pero sin cometer el error de hacer nuestra su propia ansiedad. Por ejemplo: “¡Hija! Te estás poniendo hecha una foca”, “¡Cariño! No te toques esos granos que pareces una paella”, “Si no te depilas vas a parecer una mona“.
Evidentemente nuestra experiencia como personas que todavía recuerdan su pubertad nos hace desenvainar el machete para abrir camino en la selva y despejársela de problemas a los hijos o alumnos, como si ellos no se hubieran dado cuenta del ensanchamiento de las caderas, la irrupción del acné o del vello en las piernas. Claro que lo saben. ¿No se miran al espejo cada día? Sólo les falta ya que nosotros les señalemos el defecto para hacerles pensar si es tan evidente ese síntoma que tanto les inquieta. Es mejor esperar a que ellos den el primer paso: “Mamá, ¿me dejarías la depilady?“. Entonces es el momento en el que la madre puede ofrecerle su experiencia en maquinillas, ceras y demás instrumentos de tortura, exponiendo sus pros y sus contras, y de paso, ¿por qué no?, recordarle a su hija lo bonito que tiene el pelo, la profundidad de sus ojos o la armonía con la que se están formando sus piernas.

Tan importante es que el cuerpo crezca adecuadamente como el que lo haga la autoestima y la confianza en uno mismo. Los adultos que servimos de referencia en los entornos del adolescente podemos mostrar la otra cara del espejo cuando la que ellos ven está distorsionada por el juicio que se hacen a sí mismos. Y si ellos nos dicen que nosotros somos afortunados con nuestro cuerpo, recordarles que también sobrevivimos a la pubertad y que la historia finalmente acaba bien.
Antonio Javier Roldán
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Las creencias dañinas (III): El mundo es un lugar horrible
Las personas tenemos la creencia básica de que los acontecimientos en nuestro mundo son comprensibles y que tienen un cierto control y orden. Tendemos a creer que estamos protegidas contra las experiencias negativas por ser intrínsecamente “buenas” y que el mundo tiene sentido y significado. También tendemos a pensar que recibimos lo que merecemos y que nos merecemos lo que tenemos. En definitiva que el mundo es justo y protector. Pero la vivencia de acontecimientos indeseables puede hacer que algunas personas empiecen a sentir que son vulnerables y que están desprotegidas, y que el mundo realmente es un lugar horrible: Impredecible, incontrolable, malévolo, injusto y lleno de peligros y amenazas. Cuando esto ocurre, creen que tienen que controlar esos peligros y amenazas, bien eliminando o reduciendo la probabilidad de que ocurran, bien minimizando las implicaciones o consecuencias negativas de los mismos.
La persona que tiene esta creencia dañina:
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Sobrestima la probabilidad de ocurrencia de sucesos potencialmente peligrosos y amenazantes.
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Mantiene sus mecanismos de alerta y estrés permanentemente activados, por eso presenta con alta frecuencia trastornos psicofisiológicos (hipertensión arterial, gastritis, migrañas, infecciones recurrentes…) y graves trastornos de ansiedad.
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Tiene “miedo al medio”, esto es, a todo cuanto le rodea.
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Tiende a “horribilizar”: Convierte situaciones molestas, difíciles y desagradables en situaciones terribles e intolerables, y circunstancias ambiguas en necesariamente catastróficas.
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Tiene un estilo de pensamiento rumiativo: Le da constantemente vueltas a las cosas.
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Muestra una actitud negativa y pesimista de la vida.
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Es indecisa, no tanto por falta de información y alternativas, como por miedo a que pueda resultar peligroso o amenazante.
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Se resiste a los cambios por la misma razón.
Por eso, algunos de los comportamientos más frecuentes ante esos “peligros” son: Anticiparse a los acontecimientos y pensar que va a ocurrir lo peor, reflexionar continuamente sobre los desastres que pueden tener lugar en el futuro, tener alternativas previstas para cada posible situación peligrosa analizada, pensar mucho para encontrar la solución perfecta para cada problema que está por venir, planificar minuciosamente cada pequeño detalle del futuro, analizar pormenorizadamente cada situación que se le puede presentar -por si acaso-, estar siempre listo para actuar, buscar información constantemente que le pueda ayudar en caso de amenaza, vigilar permanentemente su entorno, intentar que en su vida no se produzcan cambios imprevistos e inesperados, evitar o huir de determinadas situaciones amenazantes, intentar estar siempre con alguien que le pueden ayudar en caso de necesidad y, por supuesto, advertir de las amenazas a los demás.
Pero ocurre que todos los esfuerzos previsores pueden resultar inútiles. En la vida existen muchas circunstancias imprevisibles e incontrolables. Además, nuestras preocupaciones pueden dificultar la detección de los peligros y las amenazas y reducen nuestra capacidad real para afrontar eficazmente un verdadero peligro. En muchas ocasiones preocuparse hace que la resolución de la situación sea más difícil.
No existen las soluciones perfectas. Existe la solución más adecuada para un problema en un momento concreto. A veces tendremos que elegir la alternativa menos mala.
Tampoco preocuparse por los demás cambia ni mejora nada. No sirve para proteger ni para evitar que otras personas sufran. Es mucho mejor ocuparse de ellas.
La experiencia demuestra que anticipar sucesos negativos es una profecía que llega a cumplirse y que la inquietud no posee capacidad mágica alguna para hacer desaparecer los peligros. Por otra parte, la huida resulta, en la mayoría de las ocasiones, imposible. Por más que intentemos huir de los acontecimientos que nos dan miedo no podemos escapar del dolor.
No existe mayor riesgo en la vida que no arriesgar nunca nada.
Trinidad Nieves Soria López (Psicóloga Clinica)
Puedes enviar tus reflexiones, poesías o artículos sobre la adolescencia para que se publiquen en “La pavoteca” enviando un correo electrónico.
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La Pavoteca examina a… |
Victorio & Lucchino
Biografía: Wikipedia
1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
José Víctor (Victorio): Fui un niño muy precoz y a los 7 años ya me sentía como un jovencito. José Luís (Lucchino): a los 12 años..
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
J.V.: Al ser tan creativo tenía mi propio mundo, que se parece más al actual que al de entonces. J.L.: Muy reprimida y antigua , no entendía muchas cosas.
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
J.V.: En diseñar y hacer cosas creativas, utilizando la imaginación. J.L.: En crear cosas..
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
J.V.: Muy difícil al ser tan adelantado a los tiempos. J.L.: Fluida, me encantaba hablar con personas mayores..
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
J.V.: Muchísimo. además he tenido una madre que siempre se preocupó de ello. J.L.: Lo justo..
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
J.V.: Avanzada a mis tiempos. J.L.: Rompedora..
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
J.V.: Ninguna, todo lo descubrí por mi mismo. J.L.: Entonces eso sólo se aprendía con los amigos, en el entorno social no había información.
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
J.V.:The Rolling Stones y The Beatles. J.L.: Pink Floyd y The Bee Gees. ¿Los sigue escuchando? J.V.: De vez en cuando y me da nostalgia. J.L.: no.
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
J.V.: Muchas veces. J.L.: Muchas veces, aún me la hago.
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
J.V.: Me han servido de base los valores que he recibido de mis padres y me siguen sirviendo. J.L.: El ser humano es una evolución continua y los calores cambian, pero unos buenos principios son inherentes a la persona siempre..
¡Muchas gracias, José Víctor y José Luís!
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Materiales recomendados |

DVD: El Club de los Poetas Muertos
A una escuela conservadora llega un profesor de literatura que invita a sus alumnos a buscar juntos su lugar en la sociedad, a pensar por sí mismos y a gozar del momento. La poesía puede ser una vía para el autoconocimiento del adolescente en esa etapa en la que, como veremos a lo largo del blog, resulta complicado reconocer los sentimientos. También es un canto a la lealtad y la contabilidad de la vida, donde muchas veces es necesario perder algo para ganar.
Índice
- Menús interactivos
- Acceso directo a escenas
- Album
- Tomas iniciales
- Homenaje a Alan Splet
- Clase magistral de John Sale
- Trailer de cine
- Comentarios en audio
Esperamos tus sugerencias.
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Capítulo 5
14. Septiembre 2008 por Antonio Javier Roldán.
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Es que no estoy motivado |
Limpieza anual. ¡Vaya rollo! -pensó Sofía cuando sus padres le anunciaron que ya tocaba. Cuando arrancaba el zafarrancho aquello era como sumergirse en un mundo inhóspito de polvo y de agotamiento. Para empezar, papá le había ordenado sacar del garaje un viejo escritorio familiar que acumulaba polvo con sus puertas pegadas a la pared. Si lo sacas al jardín, los tesoros que encuentres son para ti. ¡Genial! Pues nada a por él.
Sofía se puso la ropa de trabajo y se dirigió ilusionada hacia la mole de madera. Vamos, que puedes, tía… ¡Ufff! Este muerto no hay quien lo mueva. ¡Qué gracioso es papá, que manda cosas imposibles! Lo volveré a intentar. Nada. Cuanto más cansada peor. ¡Papá! No puedo moverlo. ¡Claro que puedes! Si lo logras te compro el disco de “Operación Market”. En ese momento Sofía ya acumula dos motivos para pelearse con el escritorio, su propia búsqueda y posterior descubrimiento de su contenido -que no olvidemos que es para ella- y un disco como aliciente extra. A lo mejor el padre pudiera haber caído en la tentación de ofrecer sólo el disco, la recompensa material, pero pensó que el mejor premio residía en la curiosidad satisfecha como inicio de nuevos caminos.
Papá, que no hay manera. ¿Me ayudas? Hija, si te ayudo a mover un mueble al final habré sido yo el que lo haya sacado fuera y no tú. Mejor te enseño a manejar la polea, la cuerda y la carretilla. Cuando Sofía ha comprendido el manejo de las herramientas, visualiza el problema como un proyecto, encauzando su fuerza y ganas de forma ordenada, para no perder más tiempo. El escritorio se ha movido. Es un paso. Su primera victoria. Está tan contenta que casi ha olvidado el incentivo del disco. Ese mueble sale a la calle como ella se llama Sofía.
El escritorio descansa en el jardín entre una nube de polvo. Sofía abre sus puertas con prevención por sus posibles inquilinos con patitas. Dentro de él encuentra unos viejos libros de su abuelo, una cámara de fotos de los años cuarenta y unos papeles de la guerra. Con cariño toma sus trofeos. Leerá los libros, buscará en Internet como era la fotografía anterior a la era digital y prestará un poco más de atención en clase cuando le hablen de la Guerra Civil. ¿El disco? Lo ha olvidado. Quizás para su cumple.

Estar motivado significa tener motivos y estos pueden estar relacionados con el conocimiento personal o con los bienes materiales. Animar a un adolescente a estudiar colocándole una videoconsola en el horizonte sólo puede servir en determinados casos y de forma excepcional. Es más gratificante, de cara al futuro, promover su curiosidad y animarle a que nunca se rinda y luche por sus objetivos. Sin embargo, no siempre basta con las palabras de aliento. Si no le entregamos las herramientas y le enseñamos a manejarlas, acabará por rendirse ante la imposibilidad de alcanzar su meta. Sabemos que el alumno se resiste a trabajar las técnicas de estudio, porque las percibe como un retraso en la ejecución de las tareas diarias, pero debemos mostrarle que son las herramientas las que le permitirán mover el mueble.
Para aumentar la motivación por el estudio es muy importante que el propio profesor enseñe la polea antes que el escritorio y que su propia presencia y actitud ayuden a ese aprendizaje no siendo ni muy tirano ni muy blando, al igual que el objetivo a alcanzar no debe ser ni imposible ni demasiado asequible, sino acorde con sus posibilidades y ganas de saber. De todas formas el adolescente debe comprender que en su avanzar hacia el mundo adulto descubrirá que no todo en la vida es divertido ni agradable -madrugar, pagar la hipoteca, trabajar, tener poco tiempo libre…-, por lo que tampoco debe esperar que el colegio sea una fiesta continua de audiovisuales, juegos, libros con poco texto y asignaturas simpáticas. Sería trasmitirle una idea falsa de lo que le espera de mayor. Siempre el término medio nos da el equilibrio.
Antiguamente un joven estudiaba para tener trabajo, aspirar a una mayor riqueza y formar una familia. Hoy en día esas metas han variado considerablemente. Es cierto que el objetivo de alcanzar un buen estatus social y tener pareja siguen entre sus prioridades, pero resulta que en los últimos años los adolescentes perciben que viven muy bien, con sus necesidades cubiertas a nivel básico y de ocio, por lo que piensan en la etapa adulta como un entorno hostil que le puede privar de sus privilegios. ¿Por qué no divertirse ahora que puede, tanto en la escuela como en casa? Ya comenté en un capítulo anterior que la percepción del tiempo para el adolescente nos es como la nuestra.
Por eso pienso que aquello que se decía antes de “estudia para ser algo en la vida” suele caer ahora en saco roto. Quizás sea mejor fomentar la curiosidad y el afán de superación entregando carretillas y poleas, y dejar que el poso de la adolescencia y la ilusión por lograr autonomía buscada hagan el resto.
Antonio Javier Roldán
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Las creencias dañinas (II): No soy lo suficientemente valiosa como persona
Cuando hablamos de autoestima nos estamos refiriendo al valor que nos damos como personas. Todas somos únicas, diferentes, irrepetibles e insustituibles, y en eso radica nuestro valor. Independientemente de nuestra apariencia, de las cosas que hagamos, de las personas que conozcamos, de las hazañas y éxitos que logremos, de los bienes que acumulemos o de los lujos o riquezas que consigamos…, todas las personas somos importantes, interesantes y especiales, y merecemos ser apreciadas, reconocidas y respetadas.
Pero algunas personas sienten que no tienen el suficiente valor. Están convencidas de que son incompetentes para afrontar con éxito los retos y desafíos de la vida y se desaprueban y rechazan continuamente a sí mismas, sintiéndose mal por ser como son. Cuando esto ocurre, creen básicamente tres cosas: que necesitan a otras personas “más fuertes” en quienes confiar y, por lo tanto, sienten que dependen de ellas; que necesitan el amor y la aprobación de todas las personas que les rodean; y que tienen que evitar, por encima de todo, que los demás descubran su nulo valor.
En consecuencia una persona sin autoestima:
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Tiene un deseo por complacer y satisfacer a todo el mundo, tan perjudicial como inútil.
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Siente que vive constantemente usando una máscara o representando un papel, como una impostora que espera, tarde o temprano, ser descubierta.
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Es hipersensible a la crítica, lo que la hace sentirse fácilmente cuestionada y atacada por los demás.
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Tiende a defenderse continuamente, bien adoptando una actitud agresiva intentando demostrar que son otros los equivocados, procurando desbancar sus argumentos, probando que se tiene razón, desconfiando de los motivos de los demás o dudando siempre de su sinceridad, o bien adoptando una actitud pasiva aceptando la crítica, buscando justificaciones o excusas, culpabilizando a otros, ocultando la verdad o mintiendo, o permitiendo que se invadan los límites personales.
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Muestra un alto grado de perfeccionismo o autoexigencia para hacer todo sin fallos, lo cual fácilmente la conduce al desmoronamiento emocional cuando las cosas no salen con la perfección exigida, esto es, siempre.
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Es indecisa, no tanto por falta de información y alternativas, como por miedo a equivocarse y fracasar como persona.
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Se resiste a los cambios por la misma razón.
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Siente que su autoeficacia personal es inexistente.
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Se critica de manera dura y excesiva, lo que la lleva a sentirse insatisfecha consigo misma.
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Responde con suspicacia o incredulidad ante los halagos, reconocimientos o cumplidos.
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Tiene continuos sentimientos de culpabilidad: Se acusa por conductas que no siempre son objetivamente censurables, exagerando la magnitud de sus errores y lamentándose por ellos indefinidamente, sin llegar a asumirlos nunca.
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Depende afectiva y emocionalmente de los demás. No tiene libertad, autonomía ni control sobre su propia vida.
Por eso algunos de los comportamientos más frecuentes hacia las demás personas son: Hacer todo lo posible para agradar, obtener el cumplido y el halago continuo, evitar las críticas, responder siempre a sus peticiones y demandas, cumplir sus expectativas y deseos, esforzarse en resultar útil, necesaria e imprescindible, estar siempre disponible, disimular sus sentimientos, sus emociones, sus deseos, su dolor…, preocuparse constantemente por sus problemas, intentar tener la respuesta perfecta para cada persona y en cada ocasión, huir de los conflictos y las confrontaciones, evitar mostrar desacuerdos de cualquier índole, dar más credibilidad a los criterios y juicios de los demás que a los suyos propios y confirmar todo previamente con ellos. Además siempre procuran conseguir todo lo que se proponen y obtener éxitos y logros en su vida (belleza, talento, éxito profesional, capacidad económica…), evitan cometer errores y equivocaciones, esquivan los fallos y eluden todo fracaso posible, ocultan sus debilidades, defectos y limitaciones, siendo extremadamente cuidadosas con todos los detalles y pormenores, evitan que en su vida se produzcan cambios imprevistos e inesperados, rechazan riesgos y experiencias nuevas, rehuyen retos y desafíos, o limitan sus opciones, posibilidades, metas y objetivos.
Lograr lo anterior es imposible: Pensemos lo que pensemos, sintamos lo que sintamos y hagamos lo que hagamos, siempre habrá personas que no estén de acuerdo porque es imposible contentar y satisfacer a todos a la vez. Los desacuerdos, conflictos y confrontaciones forman parte de la vida.
En ocasiones, por querer resultar útil y necesarias, las personas podemos acabar siendo utilizadas y manipuladas. Los demás pueden ser un espejo en el que mirarse, pero en ocasiones pueden resultar reflejos distorsionados.
Además, la perfección no existe, todo puede mejorarse siempre. Cometer errores y fracasos es una parte intrínseca de la vida. Los adolescentes, en su etapa de exploración y medida de sus límites, deberían saber que no hay posibilidad de aprender y avanzar sin equivocarse: Si no corremos el riesgo de hacer una cosa mal, tampoco podremos saber que somos capaces de hacerla bien.
Trinidad Nieves Soria López (Psicóloga Clinica)
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Javier Urra
Web: Oficial

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
13 años.
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
Como un reto.
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
En leer, en jugar al football, en montar en bicicleta..
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
Amplia: era (y soy) hijo único.
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
Sí. Pero más tener buenos amigos..
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
Pelo largo. Gafas Rayban. Pantalón Levis-strauss..
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
No.
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
Mike Oldfield; Serrat; Los Brincos. Sí.
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
No
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
Interioricé más y me preocupé más por la religión..













