Ha accedido a los LA PAVOTECA - Blog de Antonio Javier Roldán sobre la etapa de la adolescencia archivos del weblog de Junio, 2009.
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- 30. Mayo 2010: La escalera
- 29. Mayo 2010: Danzando en el círculo de las hadas
- 18. Abril 2010: El día del libro
- 26. Marzo 2010: Una flor en primavera
- 21. Marzo 2010: ¡Qué sabrán las chicas!
- 10. Marzo 2010: Soy
- 8. Marzo 2010: La cueva del senet
- 3. Marzo 2010: La isla del tesoro
- 21. Febrero 2010: Mariposas en el corazón
Archivo para Junio 2009
Capítulo 48
26. Junio 2009 por Antonio Javier Roldán.
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El pavito feo |
Nota del autor: Este texto es una adaptación actualizada del cuento de Hans Christian Andersen “El patito feo”.
Cubierto por el sol tibio de septiembre, el patio del colegio se iba llenando de adolescentes nerviosos dispuestos a iniciar sus estudios de secundaria. Frente a ellos se levantaban majestuosas las paredes del mítico edificio de los mayores, un lugar extraño, con aulas específicas, tutorías oscuras y orlas amarillentas. Junto a la puerta de acceso una tutora pasaba lista para reunir a su nueva clase. Ya era lo hora de entrar, pero más de la mitad de los alumnos andaban saludándose ignorando por completo a la persona que iba a dirigir sus estudios en los próximos meses. Paciencia, no debo gasta toda mi voz el primer día.
Por fin la tutora logró formar una fila, más o menos marcial, con los componentes de su clase, que le miraban con ojos expectantes para calibrar los puntos fuertes y débiles del enemigo a batir. Parecían polluelos recién salidos del cascarón, pero con buenos espolones.
-¡Vamos, en silencio, todos a clase! -dijo la profesora, y todos a seguirle por el pasillo y la escalera, hasta llegar al aula.
-¡Oh, qué hermosa es esta clase! -dijeron los alumnos asombrados por los enormes pupitres, la pantalla y el proyector, el armario de la biblioteca y la corchera que cubría una pared entera.
-¿Les asombra esta clase?-preguntó la profesora-. Pues aún les falta por conocer las aulas de música, tecnología y plástica. ¡En fin! ¡Silencio todos! ¿Falta alguien? Vamos con retraso -Y fue a sentarse a su mesa.
- ¡Profesora! ¡Falta Gumersindo!
- Ya verá usted como llega tarde.
- Siempre lo hace…
- ¡Silencio! Si desean hablar levanten la mano -se levantan doce manos-. A ver, la chica de azul…
- Gumersindo no se suele enterar de nada. Tiene problemas…, ji, ji…
- ¿De qué se ríe señorita? Ya hablaremos usted y yo…
Cuando la tutora se encontraba leyendo las normas de secundaria, alguien llamó a la puerta. Era Gumersindo.
- Esto… ¿Es aquí? -rechufla general.
- ¿Es usted Gumersindo?
- Sí… -le faltó decir “eso creo
La profesora observó a Gumersindo. Era bajito, muy bajito. Tenía el pelo despeinado y un extraño tupé que se asemejaba al de Tintín. Tenía toda la pinta de estar perdido en el colegio, pero también en la vida.
Al día siguiente comenzó la clase. La profesora les dictó unas operaciones con número enteros por aquello de repasar lo olvidado en el verano, es decir, el noventa por ciento de lo aprendido el curso anterior. Todos los alumnos realizaron las operaciones con diligencia. También Gumersindo lo hacía, pero saltándose los pasos y eliminando cualquier atisbo de orden en su cuaderno. Cuando salió a la pizarra todo parecía indicar que lo había hecho bien pero no había forma de entender como lo había resuelto. La tutora lo miró con curiosidad y llamó al siguiente alumno.
En el recreo, los alumnos más veteranos observaban atentamente a los novatos, entre muecas de desdén -hacia los chicos- y sonrisas -hacia las chicas-. Al llegar Gumersindo con un bocadillo más grande que él, empezaron las burlas. ¿Este tío no es de primaria? ¿De dónde ha salido este enano con esa peluca? ¡Qué fuerte, parece un hobbit de El Señor de los Anillos!
La tutora escuchó los comentarios desagradables hacia Gumersindo y se encaró con los mayores. ¡Dejadle en paz! ¿Os recuerdo como erais vosotros en primero? Ojalá hubieseis sido la mitad de buena persona que él -y le pasó el brazo a su alumno para llevarle con los demás compañeros. No olvides que quien crece más tarde, crece más. Ya lo verás.
El balón estaba en juego. Gumersindo no era un as en el baloncesto y con su estatura sólo podía jugar de base, pero no era demasiado habilidoso, por lo que le colocaban en una esquina por si había que evitar que el balón saliera fuera por allí. Cuando en un rebote le llegaba la pelota se emocionaba, le entraban los nervios y lanzaba un castañazo contra la canasta que solía acabar en la cabeza de alguien, provocando las risas y los chascarrillos de los compañeros. ¡Es un inútil! ¡Debería jugar al baloncesto en un campo de golf! ¡Si me llega a dar con el balón, le parto la cara!
Gumersindo se sentía muy triste. La llegada de la secundaria y la adolescencia iba a significar un empeoramiento de su soledad y abatimiento. En las semanas siguientes, sus compañeros fueron dejando el balón para buscar otro tipo de esferas más femeninas… Algunas chicas ignoraban a Gumersindo y otras le trataban casi como una mascota, provocando casi más dolor que el propio desdén. Así que se alejó de allí para buscar algún rincón en el patio donde llorar a escondidas.
Estaba sentado junto a un árbol cuando se le acercó un chaval de otro grupo. ¡Oye tío! Te veo muy chungo. ¿Quieres jugar con nosotros a los Pokemon? Es muy divertido. Os lo agradezco mucho, sois muy amables, pero ya no tengo edad para esos juegos. Otra vez será…
Luego dos alumnos de 2º se dirigieron a él. Pequeñín, tenemos que colarnos en el comedor a ver si pillamos unas chocolatinas. ¿Te importaría preguntarle algo a la profesora que vigila? Tienes pinta de ser un friki y seguro que se fían de ti. Luego repartimos. ¿Qué dices? No, gracias por contar conmigo, pero ese tipo de cosas no van conmigo. Tú mismo, pringao, se lo ofreceremos a otro con más huevos. A los diez minutos Gumersindo vio a los dos chicos y a la profesora camino de dirección.
Como hacia mucho calor, Gumersindo se fue a la máquina de las bebidas, bajo cuya sombra descansaban un chico vestido con pulseras de clavos y una amiga disfrazada como de vampiro. Mientras sacaba el refresco de la máquina observó atentamente a los extraños alumnos. El de las greñas le dijo: ¡Eh tío! Sólo los niñitos beben naranjada. Por cierto, me gusta tu pelo… ¿Has probado a dejártelo largo? No, nunca. Pues te quedaría alucinante. Ella le dijo: De todas formas dile a tu mamá que deje vestirte en tiendas para bebés, que ya eres mayorcito. ¿No? Gumersindo se fue de allí ahogando sus penas en zumo de naranja. Tampoco su imagen encajaba con nadie.
Con el paso de los meses, el “tema Gumersindo” dejó de ser interesante para los demás, procurando cierta paz en su vida diaria y logrando mejorar sus relaciones con los compañeros. No se podía hablar de una amistad, pero sí de un respeto hacia él y una mayor comprensión, gracias a la labor del delegado y de la tutora. Y así llegó el verano… Gumersindo consiguió aprobar todo, aunque con una recomendación de la junta de evaluación sobre procurar el orden en sus trabajos. Durante los meses de vacaciones nuestro protagonista se reencontró con su pandilla de toda la vida en el pueblo y pasó unos inolvidables días montando en bicicleta, nadando en el río y jugando en la plaza. Tan atareado estaba que no se miró al espejo….

El primer día del nuevo curso llegó tarde, como siempre. Tampoco encontró el aula a la primera y llegó el último. Al entrar en la clase de segundo todos le miraron con la boca abierta. Gumersindo había crecido, había fortalecido sus músculos con el deporte del verano y su clásico tupé ladeado era ahora un signo de modernidad y rebeldía de lo más fashion. A la compañera que más se había burlado de él, se le cayó el estuche al suelo. El silencio era sepulcral. ¿Se puede? -preguntó tímidamente- ¡Claro pasa! Tú debes ser Gumersindo. La tutora del año pasado me ha hablado muy bien de ti.
Entonces, desde el fondo de la clase se empezaron a escuchar silbidos y exclamaciones de júbilo: Tío, ¿qué has comido este verano? ¡No puedes ser tú! ¡Guaaaaaapo! ¡Pareces Pau Gasol!
Su tutora de primero tuvo razón cuando le dijo que quien crece más tarde, crece más. Pero lo más importante no era su cambio físico, no. Aquel verano Gumersindo, con la ayuda de la gente que le quería, había aprendido a quererse a sí mismo tal y como era, a aceptar su cuerpo, bajo o alto, grueso o delgado, rubio o moreno, con o sin granos, y eso es algo que se vislumbra desde fuera, que se adivina en las palabra y gestos. Ese había sido su gran error. ¿Cómo le iba a querer la gente si no se quería a sí mismo?
Al realizar su entrada triunfal la expresión de su cara decía: “Nene, tú vales mucho“.
Antonio Javier Roldán
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Colaboraciones |
Nueces con lazo
Querida/o amiga/o:
Sé que no me conoces personalmente, pero creo saber algo de ti, ya que paso muchas horas al día con gente como tú. Muchos de ellos dejaron el colegio hace años y ahora son mujeres y hombres sanos y felices. Te cuento esto para que sepas que al final la historia puede acabar bien. Todo depende de ti.
A lo mejor nunca te has parado a pensar que en España hay casi tres millones de jóvenes de tu edad, que sienten lo mismo que tú, deseando ser agradables a los demás, queriendo gustar y ser el centro de atención de las pandillas. En esa carrera por ser más que el otro, por gustarle a ese chico o chica que no me mira en el patio o simplemente por destacar, buscas cualquier pista para alcanzar el éxito.
¿Te imaginas a un vendedor de frutos secos que le pusiera un lazo a las nueces para demostrar que el fruto está en buen estado? Eso haces muchas veces cuando te importa cuidar más tu cuerpo hacia fuera que hacia el alma, o cuando tu éxito social depende de la compra de una determinada marca de ropa. ¿Sabías que el presupuesto que los jóvenes gastan con tu edad para adquirir ropa de marca oscila entre 36 Euros y 160 Euros al mes mientras que hay niños en el mundo que mueren cada día de hambre por no tener un euro al día?
La marca no es sólo un logotipo, es una promesa que te hace un fabricante a través de la publicidad, prometiendo que tendrás éxito en la vida, que serás popular, que ganarás dinero, que dispondrás de lujos o que llegarás a ser como las estrellas que salen por televisión. Te están vendiendo un mundo falso y vacío, en el que todo reluce y brilla y en el que no hay sitio para los que no se unan a esa marca.
Tú ahora estás creciendo, quizás tu cuerpo con más velocidad que tu cabeza - suele pasar, don´t worry-, por lo que eres presa fácil de ese mundo de espejismos en el que el dinero, los cuerpos Danone y el éxito fácil aparecen como única posibilidad de tu futuro. No te dejes engañar. Crece, vive la vida, disfruta de cada momento, sueña con un mundo mejor, ama sin límites y goza de la libertad. Pero hazlo desde el corazón, desde tu interior, desde el fondo de tu alma.
Si eres una mujer, no te dejes embaucar por los que dicen que tu rol supremo es estar atractiva. Ellos sólo quieren limitar tus horizontes porque no es rentable que la mujer compita en igualdad de condiciones. Dale la vuelta al mundo, pon el patriarcado patas arriba y entrégale al mundo eso que necesita y que a menudo ocultas bajo la tiranía de la imagen.
Si eres un hombre, entrena la fortaleza de los sentimientos, no la de tus brazos. No hagas caso de los que dicen que las emociones son para ellas. Llora, comparte, ama sin miedo, y descubrirás que eres más libre que antes. Ámate a ti mismo por lo que eres, pero también por lo que no eres.
Mírate al espejo y sonríe ante esos ojos tan bonitos que tienes, pero también ante ese grano que te ha salido y que demuestra que eres mayor. Haz que hasta el más pequeño de tus defectos sea atractivo. Entonces te darás cuenta de que lo más maravilloso de ti no es la cáscara de la nuez, es el fruto.
Así que no pierdas el tiempo en ponerte los pantalones caídos para que vean la marca del tanga o los calzoncillos que escondes debajo. Sólo presume de la marca de tu corazón, y recuerda que la única belleza que crece con los años está en tu interior.
(Publicado en “Corazones de tiza en las paredes del patio”)
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Materiales recomendados |

Web: Yo crezco
En la web Yocrezco.com encontramos artículos muy variados sobre cualquier tema que nos interese relacionado con la educación y el paso de la infancia a la edad adulta. Están escritos por psicólogos en su mayoría, pero también por una abogada y escritora (también habla como madre). Cada artículo está asignado a una de las más de setenta categorías, facilitando el poder consultar los temas que más nos interesen. También hay una clasificación por edades.
Los artículos pueden ser puntuados y comentados, por lo que cuenta con un Top para ver los artículos más valorados. Además usan un lenguaje cercano para todo el mundo, con concrección y muy claros.
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Capítulo 47
23. Junio 2009 por Antonio Javier Roldán.
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La moneda |
Sucedió en las Navidades de 1981. Yo acababa de cumplir los catorce años y me disponía a entrar en la adolescencia por la puerta grande, sin anestesia y más desorientado que un pulpo en un garaje. Por aquel entonces acababa de terminar 8º de EGB -lo que ahora se llama 2º de ESO- y aún estaba asimilando mis cambios hormonales, la presencia de chicas en el aula de mi nuevo colegio, el alto nivel de exigencia de las nuevas materias y mi desgana por dejar atrás los enormes beneficios de ser un niño feliz. Así que convencí a un colega para pasar un día en Juvenalia, una entrañable feria orientada a la infancia y a la juventud, con eventos culturales y lúdicos, juegos, exposiciones y toneladas de pegatinas para llevarse a casa,. Allí lo mismo te montabas en un coche de bomberos que probabas un juego de Spectrum. Pues en ese lugar estaba tan motivado y excitado con mi reforzamiento infantil cuando vi una fila de personas que aguardaban pacientemente frente al stand de la Fábrica de Moneda, en la que una interesante máquina acuñadora fabricaba unas monedas conmemorativas de la feria. Así que allí me pongo…Tío, que eso es para críos, no me jodas. Ya, pero es que yo colecciono monedas. Eso no es una moneda, tiene el mismo valor que una chapa de Barón Rojo. Bueno, pero yo quiero una. Tú mismo, pero yo te espero donde los paracas. Vale, no tardo nada.

Fue un buen ratito, pero al final conseguí mi moneda de Juvenalia 82. Cabezón que es uno. No era una moneda cualquiera… Para empezar no se podía comprar nada con ella, mal asunto si eres una moneda, supongo… Sin embargo llevarla en el bolsillo me recordaba que la ilusión por las pequeñas cosas, tan propia de mi infancia, seguía ahí entre mis concentrados de hormonas, mis contradicciones y mis contraindicaciones. Estaba convencido de que ese pedacito de metal contenía gran parte de mis sueños de niño y que, de alguna manera, me traería suerte por ser algo mágica. Como me encontraba en plena hecatombe académica -se habían conjurado mi pubertad con el choque con el bachillerato- empecé a llevar la monedita a los exámenes dentro del monedero discretamente.
Para un estudiante acostumbrado a las buenas notas, los primeros suspensos supusieron un duro golpe para mi autoestima. Siempre cuento a mis alumnos que su profe de matemáticas llegó a suspender la asignatura, lo cual ahora me está ayudando a ejercer mejor mi labor. Analizando mi caso con la distancia de los años, el diagnostico resulta muy claro: Adolescente con miedo a dejar la infancia y con más cuerpo que madurez. Por aquel entonces me sentía fracasado por no cumplir con mi deber y hacer sufrir a mi familia. En tales circunstancias me parecía más fácil solicitar la ayuda de la magia de una monedita que vender mi alma. Casi podría asegurar que el aprobado en la primera evaluación de latín en 2º curso sólo pudo ser culpa de ella. Luego tuve que empollarme el rosa rosae en el verano en el que comenzó mi despegue de la niñez, pero esa es otra historia, porque para esa aventura no habría moneda que me ayudara.
Ahora que mis alumnos se enfrentan a los exámenes finales observo con atención los muchos amuletos, bolígrafos de la suerte, estampitas o ropa -que con los días se va acartonando- que les acompañan para darles suerte y llegar a las vacaciones libres para exprimir su adolescencia sin libracos. Como hacía yo, también ellos buscan en los objetos cotidianos los asideros donde buscar la seguridad que creen haber perdido, por su falta de fe en sí mismos o la baja percepción de sus posibilidades. Los amuletos contienen el poso de la infancia feliz en la que la responsabilidad, la ansiedad o el fracaso andan todavía muy lejanos.
El otro día me encontré a una persona que me reconocía que se sentía incapaz de aprobar mis exámenes, porque llevaba nueves meses trabajando las matemáticas y se había topado al final con la infranqueable geometría. La falta de resultados a corto plazo había causado su desánimo. Podía haberse limitado a entregar el examen en blanco, pero prefirió compartir conmigo su sentimiento de derrota, quizás esperando de mí una última receta para estudiar su “latín particular”. Tras un largo curso explicando a mis alumnos como afrontar las mates, me di cuenta de que ya no me quedaba nada que decirle, salvo darle algo de confianza ante el último esfuerzo. Al día siguiente le entregué mi moneda de Juvenalia y le conté su historia. Llegué con esta persona a un acuerdo. Si conservaba la moneda hasta el día del examen sería porque iba a estudiar agotando el resto de sus fuerzas e iba a luchar hasta el último momento por su objetivo; pero en el caso de que no deseara pelear contra su desesperanza, la materia y un servidor, dispondría de dos horas para devolverme la moneda. Esperé durante el recreo que alguien llamara a la puerta de mi aula, deseando que nadie lo hiciera. Y así fue… Transcurrida la semana, el día del examen, rellenó varias hojas con esos horrores algebraicos que nos deleitan a los matemáticos y me entregó la moneda cuando terminó.
Es curioso. El curso más duro de mi vida, aquel en el que tanto me jugaba, el previo al acceso a la universidad, lo recuerdo como el más sereno de mi adolescencia. Había sufrido tanto en los años anteriores que llegué más curtido de lo que imaginaba al momento decisivo. Los errores cometidos en el momento álgido de mi adolescencia me habían enseñado a tener paciencia, a reconocer el esfuerzo como único camino hacia el éxito, a levantarme cuando me tiraban a la lona, aunque fuera por tercera vez. Si estás en el fondo del abismo sólo tienes dos salidas, quedarte en el fondo o idear como escapar de ahí. ¿Cómo iba a imaginar que esa misma tenacidad que me habían inculcado los fracasos anteriores me haría sobrevivir a la carrera de matemáticas? Aquel año ya no llevé la moneda conmigo. No la abandoné de forma intencionada, como se deja a un lado el primer peluche o los pantalones cortos de vestir. Lo que pasó fue que simplemente mi autoestima se estaba construyendo desde mi espíritu de recuperación nacido de la adversidad.

Los suspensos de mi adolescencia y los que vendrían en los estudios universitarios fueron necesarios para forjar mi personalidad adulta. Por aquel entonces me dolieron, pero ahora hasta los aprecio. El fracaso es el primer paso hacia el éxito, porque la vida es una sucesión de puertas que se cierran para abrir otras, con pequeñas derrotas que cimentan futuras victorias y repleta de descensos por un barranco cuya energía potencial se transformará en movimiento para continuar caminando.
¿Cómo explicarle en unos minutos a la persona que confío en mi pobre moneda toda esta lección si a mí me llevó diez años comprenderla? Fue más fácil prestarle mi moneda y que ese pequeño trocito de metal le diera un último soplo anímico para lograr el triunfo. Ojalá cuando acabe los exámenes tenga un ratito para leer mi blog y vaya entendiendo poco a poco que la única barrera que nos impide ser libres está en uno mismo y que las vendas más opacas son las que te tejes con las falsas creencias que uno esparce por su autoestima.
Por cierto. La persona a la que presté mi amuleto aprobó el examen holgadamente. Al final va a resultar verdad que mi moneda es mágica…
En el caso de que se corra la voz por el colegio a partir de esta historia, ruego a mis futuros alumnos que no me atosiguen en el próximo mes de junio para comprarme la moneda ni me compren un jamón como soborno para que se la preste, porque mañana mismo regresará a su tranquila cajita donde ha descansado durante más de veinte años. Que la pobre me aguantó de todo, con suma paciencia, y tiene derecho a una digna jubilación.
Antonio Javier Roldán
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Colaboraciones |
¿Por qué leer?
No siempre me ha gustado leer. No sé cuándo se despertó en mí “el gusanillo de la lectura”. Recuerdo que de pequeña nunca pedía que me regalaran libros; sin embargo, en Navidad o en mi cumpleaños siempre caía alguno: “ un libro de cuentos, de aventuras o alguna historia interesante.
Empecé a leer a veces, por aburrimiento o quizás por agradar a aquellos que me habían regalado algún libro. Poco a poco, casi sin pensarlo, el libro se fue convirtiendo en un compañero más de mi vida. Hoy agradezco ese detalle de mis padres, ese insistir para que me fuese aficionando a la lectura. Parte de lo que soy, lo debo a los libros que leí y leo. Cada vez pienso más las ventajas de la lectura.
La lectura fue para mí, algo importante cuando la desligué de mi actividad escolar y me adentré en ella como un personaje más de la historia, la consideré como un modo de conocer otros mundos, de tener muchas vidas. Es tener la opción de conocer el pasado, el presente y de imaginar el futuro.
La lectura, además, proporciona otros beneficios: fortalece nuestra inteligencia y la enriquece, favorece la imaginación y la fantasía.
La lectura desarrolla la capacidad de juicio, de análisis, de espíritu crítico. Fomenta el esfuerzo, ya que implica a la voluntad, potencia la concentración, educa la sensibilidad, facilita el desarrollo y la perfección en el lenguaje, mejora el buen uso de la ortografía. Te ayuda a asumir una postura crítica frente a lo que te dicen. En definitiva, te hace libre.
La escritora Rosa Regás -ver su Examen 10 en “La Pavoteca”-, en una de sus múltiples intervenciones que hablaba sobre la necesidad de inculcar a los niños y jóvenes el gusto por la lectura decía: “Por más que el gobierno ponga en marcha programas de formación a la lectura y que en el colegio se busquen métodos para crear un hábito de lectura en los niños, si los padres no se preocupan, será vano el esfuerzo…”

Si la familia lee, el niño lee.
Yo me pregunto, ¿cómo los padres tan interesados en que nuestros hijos practiquen deportes, no nos preocupamos, a veces, de que éstos desarrollen sus actividades mentales con la lectura que les ayudará en el futuro a ser más persona, a ser más libres…?
Tú, ¿ lees? Esta es una pregunta que hacemos con frecuencia a los jóvenes y sabemos que poco a poco están perdiendo la costumbre Con los medios de comunicación que tienen ahora a su alcance: Internet, televisión, play station… dejan a un lado la lectura, ya que les resulta más cómodo mirar a un televisor, más divertido jugar a la play station y más interesante hablar con sus amigos por el Messenger, YouTube…
Yo os animaría a experimentar el placer de la lectura. Buscad libros que os puedan interesar, dedicad todos los días un rato a esta actividad, relajaos, sumergíos en el libro y dejaos llevar por la historia o sus personajes. Sentiréis esas aventuras como propias y poco a poco el gusto por la lectura aumentará y ésta formará parte de vuestra vida.
La lectura quizás no proporciona la felicidad, pero puede ayudar a conseguirla.
Por eso, me gustaría finalizar este artículo con una frase que he visto en algún cartel que anunciaba el día del libro:
Yo leo, nosotros leemos y tú, ¿lees? ¡Pon un poco de tu parte, no vas a perder nada y vas a ganar mucho!
Esperanza Angulo (Profesora de secundaria)
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Materiales recomendados |

DVD: La ola
La película transcurre en Alemania hoy en día, en un centro de educación secundaria. A un profesor de ideología anarquista, Rainer Wenger, le encargan realizar un proyecto semanal con sus alumnos sobre el tema de la autocracia y el fascismo. El profesor Wenger intenta inútilmente que le quiten una tarea que considera enfrentada con su forma de pensar, pero debe conformarse con el tema que le ha tocado ya que un compañero mucho más veterano ha escogido la anarquía.
El profesor Wenger decide tomarse en serio su clase, preparando a conciencia el tema e ideando un experimento de liderazgo autoritario con sus alumnos. Para ello les inculca disciplina, renuncia a la individualidad, uniformidad y conciencia de pertenencia a un colectivo que está por encima de todo y de todos. Curiosamente el nombre del movimiento -La Ola- se elige de forma democrática.
Una vez dados estos pasos, muchos alumnos con carencias afectivas, problemas sociales, violentos, desubicados en la ciudad, frustrados por las derrotas diarias, o cansados de los problemas escolares, empiezan a hacerse fuertes en La Ola, a ser alguien importante, a dar salida a sus habilidades dentro del grupo, pero también a delinquir o a bordear la ley.
Al cuarto día La Ola domina el instituto, se ha creado un movimiento de resistencia y se produce un serio altercado en un encuentro deportivo. El experimento se ha descontrolado y ni el propio profesor sabrá dominarlo completamente.
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Capítulo 46
19. Junio 2009 por Antonio Javier Roldán.
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Si no estás, no eres |
En el tránsito a la edad adulta la pandilla o grupo social se convierte en un escenario en el que ensayar los papeles y comportamientos que se tendrán en un futuro, como paso previo entre la familia y el mundo que espera fuera del hogar. Como ocurre en la calle, las relaciones interpersonales estarán delimitadas por el rol de cada uno de sus miembros. Probablemente existirá una clase dirigente, unos miembros aceptados de pleno derecho, algunos cuya presencia simplemente es tolerada por alguna característica interesante y, en la base, los excluidos. ¿No se parece sospechosamente a la organización de los adultos? Desgraciadamente a menudo actuamos como malos modelos…
Durante la primera infancia las amistades vienen marcadas por el entorno de los padres y las decisiones que estos toman respecto a las compañías de sus hijos. La elección de un colegio, el parque donde jugar, las familias con las que intensificar lazos o los invitados a un cumpleaños, necesariamente conformarán el primer núcleo en el que se realizará la socialización del niño. Al comienzo de la adolescencia, coincidiendo con el aumento de las responsabilidades, el inicio de la autonomía y un incremento de las horas de convivencia con las personas de la misma edad e intereses, se fomentará la pertenencia a colectivos deportivos, escolares, asociativos, etc.
Aquellos jóvenes que entran en esta etapa de la mano férrea de sus padres, amarrados al hogar y con poca capacidad de decisión en su propia vida, tendrán bastantes problemas a la hora de emprender su socialización en el grupo de iguales, porque se enfrentarán a la doble tarea de aflojar la cuerda con la que son sujetados por su familia y de manejarse en su nueva realidad, en la que deberán usar toda su experiencia vital para desenvolverse en la generación de nuevas relaciones y en las crisis que surjan. Si estos jóvenes llegan al grupo con poco bagaje de habilidades y personalidad, ocuparán el estrato más bajo en la jerarquía y serán los primeros en someterse a la presión de los demás y cometer imprudencias para ser aceptados e ir escalando posiciones lo más rápidamente posible.
Pisa o te pisan… Apenas se deja un rinconcito para la solidaridad, la tolerancia o la diversidad. La responsabilidad que tenemos los adultos en esta visión del mundo daría para otro capítulo.

O estás o no estás… Pertenecer a un colectivo es importante para el adolescente porque le proporciona la seguridad de estar con la mayoría. Es mucho más fácil formar parte del rebaño que escapar y seguir tu propio camino. Por otra parte, tampoco es deseable elegir la soledad, porque la socialización es un aspecto de la vida que se necesitará en el futuro. A veces hay que hacer alguna concesión para poder ser uno más en la pandilla, siempre y cuando no pongamos en peligro la integridad física o psicológica. Hace falta mucha personalidad, que no todos los jóvenes tienen, para saber mantener el criterio propio ante una situación de riesgo o no deseada. Dentro del grupo existen comportamientos gregarios de los que hay que saber apartarse, como el botellón, la marginalidad o la falta de respeto a los excluidos del colectivo.
La brújula social que se necesita para guiarse por la selva de las relaciones personales debe empezar a construirse desde la guardería o la educación infantil, para poder calibrarla de modo óptimo en la adolescencia y, posteriormente, en la madurez. Cuando el adolescente se mueve con soltura en su primer entorno social, sabrá aprovechar las ventajas de formar parte de él a la vez que sortea las situaciones no deseadas con asertividad e inteligencia. Es posible ser individuo dentro del rebaño.
Hoy en día las nuevas tecnologías están creando nuevos foros virtuales en los que no estar supone un nuevo rasgo de marginalidad para muchos adolescentes. Hablamos de las redes sociales como Tuenti o Facebook, pero también de los chats como el Messenger. Cuando la tarde va cayendo muchos de nuestros jóvenes se reúnen en esa gran plaza que es Internet en el que la falta de moderadores o guardianes provoca cierta impunidad y libertad muy atrayente para las personas más jóvenes. A mi juicio existen dos grandes inconvenientes en estas reuniones virtuales. El primero es la ausencia de entrenamiento en habilidades sociales reales, cara a cara, interactuando con el cuerpo, los gestos o la entonación de la voz. Se corre el riesgo de dominar el lenguaje SMS o de los emoticonos y luego resultar incapaz de transmitir emociones frente a otra personas. El problema que veo consiste en el mal uso de estas tecnologías para asumir falsas personalidades, apropiarse de fotografías para fines poco deseables -ver el vídeo al final del texto- o acercarse al territorio del delito por la ausencia de seguridad y vigilancia que sí existen en la sociedad de carne y hueso. Desgraciadamente, muchas familias se encuentran más temerosas a que sus hijos se muevan por discotecas, parques o centros comerciales, a que se queden seguros en casa frente a la pantalla.
Como siempre, en el equilibrio está la respuesta.
Antonio Javier Roldán
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Colaboraciones |
A lo largo de estos meses hemos tratado la importancia de los adultos como modelo de comportamiento desde la infancia para aprender a vivir, conocer nuestros límites y explorar el mundo que nos espera tras la adolescencia. En esa labor callada, repleta de coherencia y pequeños detalles, los padres ocupan un papel privilegiado. Tras ellos son muchos los adultos que nos acompañan en ese tránsito hacia la madurez. En los últimos años muchas de aquellas personas que han estado presentes en mi vida, desde que tengo uso de razón, pasando por el segundo día más feliz de mi vida, que fue mi boda (el día más importante fue en el que te conocí, cariño…), hasta hoy, están desapareciendo poco a poco. Ahora, por mi edad y profesión, siento que les debo a todos ellos el saber continuar su vocación por enseñar esa gran lección que es “aprender a vivir”. Os echo de menos a todos, pero quiero que sepáis que conservo todo lo que me regalasteis y que prometo ponerlo a disposición de “mis pavitos” para que sean pequeñas cuerdecitas en la tempestad.
El siguiente texto y la poesía que me ha mandado Leli, están dedicados a vosotros, con todo nuestro cariño y añoranza.
Cuerdecitas en la tempestad
Dice la leyenda que un jardín se asomaba en un valle protegido por dos montañas que regaban la comarca con su agua y la resguardaban de los malos vientos. Tan bonito era, que un jardinero fue llamado para convertirlo en un nuevo paraíso, una oasis sumergido entre campos de labranza y explotaciones ganaderas. Flores, parterres esculpidos, fuentes y estanques con nenúfares eran la admiración de todos los habitantes del valle. El jardinero se esmeraba bajo la atenta mirada de las montañas, que suspiraban de orgullo ante el prodigio obrado por la naturaleza y el hombre. ¿Sería posible encontrar un paraje semejante? Seguro que no, pensaban. Es irrepetible y único.
Cuentan los más ancianos del lugar, los que presenciaron toda la historia desde el comienzo, que una mañana unas nubes llegaron del norte con la panza negra y que descargaron todo su granizo sobre el jardín, aplastando cada uno de los brotes y embarrizando la tierra fértil. Pasadas las nubes, un terremoto surgió de las entrañas del suelo desquebrajando las paredes de las fuentes y estanques, y sepultando algunas de las flores más hermosas. Las montañas, desoladas, contemplaban como todo el amor puesto en el empeño de crear un nuevo Edén en el valle, se tornaba inútil ante la furia de la naturaleza.
El Jardinero se veía incapaz de tapar las vías de agua, replantar las raíces y limpiar la materia muerta que ahogaba la tierra. Afortunadamente, contaba con la entrega incondicional de las montañas para reflotar la belleza perdida. Si permanecían unidos quedaría esperanza. Tras el agua llegó la sequía que agrietó el suelo y atrajo a los insectos necesitados de alimento y savia. Aunque la situación se tornaba desesperada por días, el jardinero no cesaba en su empeño. Sabía de qué estaban hechas aquellas plantas, confiaba en el sol y seguía recibiendo el cobijo de las montañas.
Cuando las fuerzas se iban agotando y el viento aullaba entre las hojas, el jardinero cayó agotado y se quedó inmerso en un largo sueño. Mientras descansaba, los injertos que había colocado en los tallos rotos y los esquejes replantados en suelo sano, comenzaron a brotar tímidamente. El agua que hasta entonces había discurrido sin cauce, encontró los nuevos diques del jardinero. Las flores que sobrevivieron, agitadas por el aliento de las cumbres, esparcían su polen en terreno esponjoso. Suavemente, como una nana, un murmullo surgió del jardín, el cual se desperezaba de su letargo. Los aires del sur mecieron sus árboles, el agua que recogía ladera abajo regó los arroyos y bandadas de pájaros bajaron a despertar al jardinero. Este, envuelto en sus nuevos sueños, apenas recordaba su jardín maravilloso que el canto de aquellas aves le evocaban.
Se levantó despacio, se asomó a contemplar lo que quedaba de su trabajo y comprobó sorprendido a la primavera en plenitud. Respiró profundamente para empaparse del aroma de aquellas flores y bebió del manantial que tiempo atrás había reconducido. Recorrió los caminos acariciando las hojas fuertes y verdes, gozando del aleteo de las mariposas que se cruzaban ante sus ojos, como si la magia se hubiera detenido definitivamente para encontrar su hogar en aquel valle. Entonces, vio una pequeña cuerda atada a un injerto de rosa enorme, bañada por el rocío de la mañana cuyas lágrimas brillaban como estrellas. Aquel tosco nudo le resultaba muy familiar. Imposible imaginar que aquel frágil cordel que ató en mitad de la tempestad, hubiera sobrevivido a las inclemencias del tiempo mejor que los diques de cemento o los tutores de madera.
El jardinero se despidió del jardín y de las montañas lleno de felicidad, dejando tras de sí las pesadas herramientas y los planos del paraíso, llevando por equipaje solamente una pequeña bolsa repleta de cuerdecitas con las que plantar más injertos de rosa por el mundo.
Antonio Javier Roldán
(Publicado en “Corazones de tiza en las paredes del patio”)

Soy…
(A tantos compañeros de viaje que me han precedido,
dejando sus huellas intactas,
y a los que aún me dan fuerza en el camino.)
Hoy,
mirándome en el espejo,
de mi realidad,
he abierto las vidrieras
que me forjan,
y me he reconocido en
el alma
de tantas coexistencias habitadas.
Soy barro
modelado por afectividades
vividas, escritas en el aire:
pulsos, esfuerzos,
convivencias superadas
labradas en la sorpresa,
el descubrimiento conmovido
del otro.
Soy carácter
limado por grandezas
y miserias compartidas;
certezas en equilibrio,
caminos andados
y desandados en compañía.
Pisadas,
huellas inseguras
buscando una meta
que no existe;
descubriendo
que la vida es un andar.
.
Soy calidoscopio
fraguado
en hombros amigos;
vidrio fundido en crisol de
acogida
alumbrando mis sombras.
Por eso,
cuando traspaso ausencias
intactas
me hieren sus cristales.
Soy un poco
de todos cuantos amo y amé.
Soy todos, soy una:
Soy gente.

Leli (Junio 2009)
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Materiales recomendados |

Libro: Los padres no se divorcian de sus hijos
El autor, Paulino Castells, nos explica en este libro que una separación de pareja no supone un alejamiento de la paternidad responsable. Como expone al comienzo del libro, una pareja con hijos está conectada por dos cables, el del amor y el de la paternidad. Cuando se rompe el primero hay que evitar que cortocircuite al segundo.
A lo largo del libro se habla de los cambios que sufren todos los protagonistas, los problemas de custodia, las nuevas parejas, los errores más frecuentes e incluso estrategias para comunicarles las noticias a los hijos. Todo está encaminado en conservar intacto ese cable de la paternidad.
Es muy interesante poder ponerse en el lugar de los hijos conociendo sus sentimientos de abandono, tristeza o soledad, así como las consecuencias que traen consigo.
Al final del libro se nos explican algunos de los trastornos o síndromes que pueden derivarse de una separación. En el mismo capítulo Paulino Castells nos habla de la función liberadora del perdón en cualquier ámbito de la vida, como elemento liberador y constructivo.
Índice
- La decisión de separarnos está tomada.
- Hay que decírselo a los hijos.
- Conozcamos sus reacciones.
- Sus respuestas según edad y sexo.
- Cambios en los padres por la separación.
- También cambian los hijos.
- Juicios, custodias y visitas.
- Conclusiones terapéuticas.
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Capítulo 45
12. Junio 2009 por Antonio Javier Roldán.
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Mamá, papá, tengo novio |
Silvia y Manuel se sentían atraídos desde la fiesta de gala del colegio. Manuel le comentó a sus amigos que “la Silvia de segundo curso estaba para mojar pan“, a lo que sus colegas respondieron con una sarta de bromas taberneras de dudoso gusto sobre panes y hogazas, pero ajustadas a la situación hormonal de los protagonistas. Por eso Manuel se atrevió a sacar a Silvia a bailar la canción esa de Ghost -Unchained melody para los que son más aficionados a la música que a los anuncios de perfumes- y una cosa llevo a la otra. Silvia se dejó llevar por la música del momento… Desde hacía unas semanas tenía fichado a Manuel, el larguirucho de tercero, un tío muy mono que se ruborizaba al cruzarse con ella por el pasillo.
Desde el día de autos, ambos habían estado con un tira y afloja sobre si estaban enrollados o no, pero finalmente un viernes quedaron para ir al cine. Hasta aquel día sus cuerpos habían sido los protagonistas de su historia como pareja, pero con el paso del tiempo ambos fueron profundizando en el conocimiento del otro, hasta descubrir que las emociones, la confianza y la intimidad nacían entre beso y beso. Juntos habían recorrido el camino que va desde la atracción física hasta la amistad profunda. Entonces aquellas miradas en la escalera o el encuentro en la gala de las fiestas, fueron quedando lejos en la memoria para dar paso al romanticismo y convertirse en “dos bollitos” -palabras textuales de la mejor amiga de Silvia- que vivían entre suspiros y poemas de amor más o menos plagiados de las canciones que escuchaban.
No muy lejos de ellos, en el mismo patio, Vicente y Patricia llevaban compartiendo su amistad desde que eran dos mocosos que jugaban en el arenal de infantil. Juntos fueron creciendo, viviendo las experiencias que les habían sucedido en el tránsito de la infancia a la adolescencia. Aquellos dos polluelos eran ahora dos pavitos. El desarrollo de la pubertad les había pillado por sorpresa, provocando cierta incomodidad en sus juegos ante un roce inesperado o una mirada furtiva. Tanto Patricia como Vicente intuyeron que algo estaba pasando y la confianza que habían mantenido desde niños facilitó el que un día hablaran de ello y celebraran la buena noticia con un primer beso.

Nuestras dos parejas han alcanzado el amor por dos caminos, distintos, pero paralelos. Para Silvia y Manuel el descubrimiento de sus sentimientos brotó de un primer acercamiento físico para luego profundizar en la afectividad y la emotividad. El caso de Vicente y Patricia puede ser menos frecuente, pero ocurre. Ellos tenían sentadas unas buenas bases en su relación, pero fue el desarrollo de sus cuerpos el que les llevó a ser pareja.
Los cuatro centran ahora su vida en su pareja, dejándose llevar por la pasión, la ilusión y la felicidad. Se trata de una experiencia que les ayudará a conocerse a sí mismos, mejorar su autoestima y educar sus sentimientos de forma armónica al deseo.
Para los padres ver a su hija o hijo emparejado en la adolescencia puede percibirse como una buena noticia, pero también puede ser motivo de preocupaciones:
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¿Sufrirá? Es posible, pero nadie dijo que la vida fuera un camino de rosas. Necesita afrontar esa relación, aunque no tenga éxito -ver capítulo 15- , porque supondrá una experiencia que le ayudará en el futuro cuando encuentre a su a una pareja más estable.
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¿Será imprudente? Dicho claramente… ¿Tendrá relaciones sexuales? ¿Sabrá afrontarlas? ¿No nos hará abuelos antes de tiempo? La respuesta a todas estas cuestiones está en una adecuada educación afectivo-sexual. No sirve de nada coger a Manuel o a Vicente, sentarles en el salón y decirles eso de “Ahora que tienes pareja, suponemos que sabrás ponerte un preservativo, ¿no?“. La educación debe iniciarse mucho antes, desde la infancia -ver capítulo 33.
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¿Hemos criado a una persona promiscua? La juventud de algunos padres transcurrió en un entorno en el que el acercamiento afectivo de ellos y ellas era más complicado, lento y progresivo, pero hoy en día la distancia entre ambos sexos se ha acortado, provocando que encontrar pareja sea mucho más natural para los nuevos adolescentes. Esto trae consigo el que inicien más relaciones -aumentando proporcionalmente los desengaños-. A ojos de los padres esa naturalidad puede parecer promiscuidad, pero no es así. Los adolescentes de hoy en día observan sus relaciones sin trabas culturales o sociales que les hagan esperar a una edad más adulta. En este escenario los adultos debemos ser muy prudentes con nuestras palabras y actitudes porque actualmente todavía se sigue penalizando más a ellas que a ellos, lo cual puede provocar comentarios muy crueles que las chicas no pueden entender. ¿Cómo llama un padre a su hijo si tiene muchas novias? ¡Machote! ¿Cómo llama el mismo padre a su hija si tiene muchos novios? Como este blog lo leen muchos menores, mejor no lo digo…
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¿Su pareja será de fiar? Si alguna vez ya hemos hablado de las dudas que siembran algunas amistades de los hijos en los padres, mucho más puede llegar a inquietar un novio o una novia que tiene acceso directo al corazón -y quizás al cuerpo-. Como ya escribí en su momento -ver capítulo 10 -, las críticas y desconfianzas deben centrarse en las actitudes, no en la persona, porque despreciar a la pareja es como despreciar al propio hijo o hija.

Cuando llega el final de la adolescencia, la pasión, el deseo y el romanticismo se mantienen, pero ahora dejando sitio a nuevos tesoros que compartir en una relación más madura. Entonces es cuando hay que cogerse de la mano con fuerza, para construir un futuro común en el que las hipotecas, el paro o la distancia -en algunos casos- podrán a prueba a ese castillo con puertas abiertas en que dos corazones laten de forma acompasada descubriendo la gran noticia de la vida: El amor.
Antonio Javier Roldán
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Colaboraciones |
El diario de Kayleigh
…Al llegar a la entrada al polideportivo, hemos dudado, nos hemos parado al ver el gentío, pero al final hemos continuado desfilando por el pasillo, unidos por nuestro amor, dándole al mundo la buena noticia que queremos compartir. Doña Isabel me ha sonreído.
Han sido tres horas de baile, risas, de cachondeo en grupo moviéndonos al ritmo de las canciones más horteras y las más molonas. ¡El chanquete ha bailado con Doña Isabel! En ese momento se han disparado todas las cámaras. Saldrán en el “Aquí hay tomate”.
En la última hora han empezado los lentos. Nervios, gritos, confusión y alguna que otra decepción. Yo no he tenido duda. He buscado a Luís entre los chicos de tercero y ha bastado con mirarle para que él me rodeara con su brazo y me acompañara durante unos minutos eternos, que ahora sabría recordar segundo a segundo, instante a instante, sensación a sensación. Me ha susurrado un “te quiero” que me ha recorrido todo el cuerpo. Entonces, mi corazón ha buscado en mi memoria la noche de San Juan que mi madre me contó, he soltado con suavidad el brazo de Luís y le he dicho que me siguiera. Hemos salido de la fiesta en el mejor momento. Él me observaba confundido, sobre todo cuando he empezado a correr en dirección al silencioso patio de los columpios, donde pasan los recreos los alumnos de infantil. Me sentado en el tobogán, viendo las luces de la feria al fondo y la silueta de Luís acercarse hacia mí. Se ha situado a mi lado, en aquel arenal donde empezamos a crecer en el colegio, desde donde se formaron nuestros sentimientos, esperanzas e inquietudes. Allí creo que se pierden las primeras imágenes que guardo de mi existencia.
Me ha mirado con tanta dulzura y pasión que me he estremecido por completo. Cuidadosamente ha acariciado mi mejilla, me ha atraído hacia él y me ha besado con tanta suavidad, que casi no he podido distinguir sus labios de los míos.
Ha sido como llegar a casa después de recorrer todo el camino de la vida.
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La Pavoteca examina a… |
Chenoa
Biografía: Wikipedia
Web: Oficial

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
Aproximadamente a los 14 años.
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
El ambiente social era raro para mí… Intentaba conciliar la rebeldía propia de una adolescente con la responsabilidad de alguien casi adulto……y reconozco que a veces no lo llevaba muy bien. Mis meteduras de pata eran grandes, y cuando me portaba de forma responsable era demasiado seria. ¡Nunca encontré el equilibrio!
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
En mis tiempos no teníamos móviles ni nada parecido, y lo que estaba a la última en tecnología pertenecía a gente que se lo podía permitir. Yo iba a bares con futbolín, máquinas de tetris, billar, bolos, etc… Vamos, todo lo que hoy en día es considerado un poco “macarra” pero que para nosotros era lo normal, y sobre todo, una manera barata de pasarlo bien. No importaba de dónde vinieras, aunque por supuesto había pandillas bien diferenciadas: Los pijos, los rockers, los heavys… Pero eso sí, nos respetábamos mucho, jeje.
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
Mi comunicación con ellos era buena por la simple razón de que en mi casa había una regla muy importante, y es que hablábamos de todo y había mucho diálogo. A veces me agobiaba hablar de según qué temas, pero una vez roto el hielo todo era más fácil. Es algo que hoy en día agradezco mucho.
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
Sí. Recuerdo que tuve épocas de mucha inseguridad y complejos. Pero logré controlarlo y me centré en mi personalidad. Así descubrí -por ejemplo- que para ser sexy a veces basta con una buena conversación.
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
Esa es una buena pregunta y seré honesta… A veces me vestía según el chico que me gustara en ese momento, otras customizaba la ropa… y pocas veces seguía la moda. Reconozco sin embargo que cuando salieron Alex y Cristina me puse los calcetines como ella hasta las rodillas, je,je.
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
Fui la única chica de clase que asistió con 12 años a un curso de información sexual no obligatorio. Obviamente me gané más de una burla de mis compañeros… ¡Aunque luego todos me preguntaron por el curso!
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
No me basta un día entero para contestarte…. por ponerte solo algunos ejemplos, escuchaba Earth, Wind and Fire, La Guardia, The Carpenters, Beatles, Queen, Aerosmith, La Unión, Mecano… Soy muy nostálgica y de vez en cuando recurro a ellos para recordar viejos tiempos, e incluso para preparar nuevas canciones.
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
¡Por supuesto! Pero ahora sé que la mayoría de las veces en que te sientes incomprendido es porque no te comprendes a ti mismo. Lamentablemente en la adolescencia no contamos con la experiencia suficiente como para llegar a esa conclusión, y acabamos echándole la culpa de todo al mundo. Creo sin embargo que es necesario pasar por ese momento para descubrir tu identidad y afianzar maneras de pensar y formas de ver las cosas. A veces uno descubre que tiene valores que no coinciden con los de los demás, pero también acabas dándote cuenta de que son igual de válidos si a ti te hacen feliz. Por supuesto, siempre y cuando se respeten unas básicas normas de convivencia y respeto por el resto.
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
Mis valores se formaron después de mí adolescencia. Los que creía que tenía con 14 años se esfumaron con 16 y éstos se borraron con los 18, jeje. Recuerdo haber tenido mis valores y principios claros a partir de los 23 años aproximadamente. Estos se hicieron reales cuando los pude poner en práctica ante situaciones realmente insoportables de la vida. No todos somos iguales, porque cada uno saca conclusiones diferentes de sus experiencias, buenas y malas. Por eso vemos a personas de 44 años muy inmaduras y chicas o chicos de 16 que tienen las cosas muy claras.
¡Muchas gracias, Chenoa!
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DVD: Krampack
Dani y Nico son dos adolescentes que aprovechan la ausencia de los padres del primero para tomar posesión de la casa en la playa y disfrutar de unos días de vacaciones. La estancia de Nico servirá para que ambos exploren juntos el mundo del sexo y las drogas más asequibles. Durante esa exploración conocerán a dos chicas de su edad con las que inician un filtreo que parece que les servirá para lograr su gran objetivo que es perder la virginidad. Ambos experimentan con la masturbación, a menudo entre ambos, lo cual desemboca en un escenario inesperado en el que surgen dudas razonables sobre su identidad sexual. Mientras Nico parece estar más seguro de su heterosexualidad -mantiene relaciones con una de las chicas-, Dani parece haberse enamorado de su amigo y se plantea su iniciación a la homosexualidad al conocer a un amigo de sus padres que resulta ser gay.
Si este argumento lo coge un director proclive al cine más escabroso, podría haber perpretado una película de mucho cuidado -sin entrar en más suposiciones-… Sin embargo, tanto el director como el guionista y los actores, logran un ambiente de afectividad y ternura que atrapa al espectador con la misma sencillez que otras películas de argumento más lineal.
Junto a la historia de Nico y Dani, resulta muy interesante observar la visión que tienen las dos chicas sobre el sexo, muy alejada de otras generaciones, pero real en el siglo XXI. Ellas buscan experimentar tanto como ellos y parecen haber dejado atrás muchas reglas impuestas por la sociedad. Al espectador le tocará analizar lo que suponen esos cambios.
Por cierto… No es una película para personas homofóbicas. El que avisa no es traidor.
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Capítulo 44
5. Junio 2009 por Antonio Javier Roldán.
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El último juguete |
Con la llegada de la primavera una amenaza se cierne sobre todos los hogares. ¿El impuesto de Hacienda? ¿La revisión de la hipoteca? ¿Los programas de televisión de zapping? ¡No! Algo mucho peor, una pesadilla inevitable y necesaria: El cambio de la ropa de invierno a verano. Por todas las habitaciones las pilas de ropa forman columnas inestables de prendas dispuestas a ser clasificadas, planchadas o lavadas. Los habitantes de la casa se deslizan entre abrigos y bañadores -que se observan con curiosidad- procurando no desfallecer ante tan ardua tarea. Mientras, los más pequeños realizan cacerías de polillas oportunistas que aprovechan el descontrol y la ventilación para okupar -sí, con “k”- algún bolsillito con buenas vistas y calefacción central para depositar a la prole. ¿Cómo será una polilla adolescente?
En casa se Amelia la operación está llegando a su fin. Ahora le toca a su hijo Alberto poner algo de su parte: ¡Hijo! Ahora que estoy cambiando los armarios, ¿por qué no haces limpieza de trastos? Alberto levanta una ceja -está con la videoconsola- a modo de asentimiento, lo cual traducido al castellano significa que “te he escuchado, coloco tu sugerencia en la lista de asuntos a estudiar y en breve -tras la partida- me reuniré conmigo mismo para concretar una respuesta que no me involucre demasiado, pero que a la vez zanje el tema para que no me des la paliza“. Pasados tres días Alberto entra en la cocina a buscar una bolsa de basura para tirar algunas cosas. Tras un estruendo y una avalancha de pantalones -que estaban recién planchados-, nuestro aventurero regresa con una bolsa repleta de residuos. ¡Gracias hijo!
Amelia abre la bolsa con cierta prevención, porque en su interior habita un calcetín acartonado que debió caer por detrás del armario después de un partido de baloncesto. Por los efluvios que emana, posiblemente el susodicho ha actuado de repelente de polillas durante los últimos días… Entre una colección de extraños objetos, entre los que hay desde un libro de matemáticas repleto de graffitis hasta un móvil desechado, llama la atención un muñequito de Spiderman. El muñequito en sí no es gran cosa, pero resulta que hasta un par de años antes era la posesión más preciada de Alberto. No era un juguete más, era “el juguete”, aquel que rescataría en un incendio a costa de su propio pellejo. Amelia está perpleja. ¡Alberto, hijo! ¿Vas a tirar también a tu hombre araña? Alberto levanta su comunicativa ceja y mira a su madre con curiosidad. Pero mamá, si eso es de críos, por favor, ¡qué cosas tienes! Amelia nota una caricia helada en el ánimo. No puede ser… Casi podría asegurar que aquel trozo de plástico había absorbido parte del alma de su hijo. Dejarlo en la basura es como reciclar un pedacito de la felicidad que se ha vivido en la que ahora es la leonera de la casa. Así que le pasa un paño y lo guarda en un cajón para llevarlo al trastero cuando acabe la limpieza. Quince años después su hijo le colmará de besos cuando descubra a su arácnido amigo mientras ayuda a su padre a pintar el trastero, pero eso Alberto ni se lo imagina hoy en día.

Ha llegado el momento de afrontar que Alberto está renunciando a la infancia. Le toca y es necesario. Es un momento especialmente duro para la familia, porque ahora deben darle autonomía para que sepa explorar el mundo de los adultos, provocando un cambio en el papel de los padres que no siempre es sencillo de asumir. En la infancia el niño depende por completo de sus padres, que procuran protegerle de cualquier peligro, anticipándose a cualquier eventualidad y afrontando por él cualquier problema. Pero al llegar a la adolescencia, los padres deben guardar, junto al Spiderman, esa red de protección que habían tejido, para que su hijo no resultara herido por las caídas que produce la vida, para sustituirla por una preciosa parcela en la sociedad adulta donde el recién llegado tendrá que ejercer -y aprender- a ser autónomo. Esa parcela, más o menos amplia, estará rodeada por una valla conformada por los límites que sus padres le van a marcar. Serán menos límites que en la infancia, pero más claros e infranqueables que los de antes. Los padres controlarán la evolución de su cachorrito por la parcela con unos prismáticos hechos de confianza, diálogo y valores. Durante la vida en la parcela, los padres verán como su hijo tropieza y se cae, y más de una vez tendrán que saltar la cerca para echarle una mano y regresar al puesto de vigía, por aquello de no agobiar y dejarle crecer. Si el adolescente respeta los límites y va evolucionando como persona, los padres ampliarán el terreno en el que se mueve a base de quitar algunos de los límites; pero si este no afronta su libertad con responsabilidad y muestra síntomas de una “agorafóbica falta de autonomía”, no quedará más remedio que estrechar los márgenes de movimiento.
Se trata de una etapa especialmente crítica para la familia. Su hijo ya no les necesita como antes -eso piensa él hasta que tiene un problema- y los padres van a recibir muy pocas alegrías, siendo muchos los días que aguarden, con el corazón en un puño, la llegada de su hijo a casa -discotecas, notas, problemas amorosos, alcohol, crisis, etc.
Si en el terreno de su autonomía reina una excesiva libertad, el adolescente se sentirá indefenso, como un náufrago en un inmenso mar en que se ahogará si no tendemos un chaleco salvavidas. Sin embargo, con límites, aprenderá a moverse de forma segura en las coordenadas que se le ha marcado.

¿Cómo confeccionamos los límites? Pienso que la propia seguridad física y psicológica del adolescente es la que nos debería dictar las normas que necesita:
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“Mamá, me voy a teñir el pelo de verde fosforito”. Cuando los compañeros se rían de él o tenga problemas para entrar en una discoteca, será el mismo el que descubra que se ha equivocado. ¿Para qué decírselo? Que lo descubra él…
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“Papi, me voy a una fiesta de Nochevieja en un local del barrio”. Aquí la mezcla de alcohol, noche, coches, local desconocido, implica una situación de riesgo que debe ser valorada y analizada. Posiblemente requiera iniciar un diálogo sobre lo peligroso de la situación y, si hiciera falta, llegar a la prohibición. Entre el presumible enfado en casa y las posibles consecuencias de la fiesta, la elección parece estar clara.
Durante la adolescencia es especialmente importante la coherencia entre nuestras palabras y acciones. Si el joven comete errores, estos no pueden traducirse en una pérdida de cariño, sino de privilegios. Al igual que en el tema de las amistades y las malas influencias, debemos centrar la crítica en las conductas, no en las personas. También es importante que comprenda que los adultos nos hemos equivocado con su edad y, lo que es más importante, aún lo seguimos haciendo. Nuestra vida es consecuencia de nuestros aciertos, pero también de los errores que nos hacen mejorar.
Así que en esta nueva etapa de cambios, los padres sufren su propia adolescencia porque también ellos necesitan adaptarse a una situación en la que su vigilancia en la sombra será larga, pero soñando con muchas futuras alegrías. El día que Alberto descubra a Spiderman en el trastero, recordará con sus padres los felices instantes de la infancia y la paciencia que sus padres tuvieron en la adolescencia, cuando conformaron una parcelita en la que él aprendió a lo que significa la libertad responsable.
Seguro que el día del reencuentro con Spiderman tendrá muchas cosas que contarle a su último juguete.
(Hace años escribí un relato sobre este tema. Está disponible en descarga gratuita: “Una nariz en mi oreja”)
Antonio Javier Roldán
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Celebración de la primavera
Querida vida:
Desde que era un diminuto brote, me has visto crecer buscando la luz en esta naturaleza, tan bella a la vista pero tan dura cuando buscas tu hueco en ella. Son tantas las preguntas que me hago, que desearía envejecer de repente para descubrir tu secreto, y luego volver a mi juventud sin la incertidumbre del mañana. Dicen las flores de pétalos quebradizos que tu misterio es conocerte día a día, pero siento mucho respeto a tu transcurrir. Algunos días muestro la corola con tanta ilusión que, por unos instantes, me siento la reina de las flores, pero son frecuentes las mañanas que las gotas de rocío me recorren como si fueran las lágrimas de mi corazón.
Es curioso… Cuando apenas brotaba del suelo, sólo sabía llorar por las tristezas, pero ahora mis sentimientos de emoción y alegría también me solidarizan con las gotas de la mañana. ¿Serán mis colores bonitos? ¿Estará mi tallo creciendo fuerte? ¿Podrán los vientos vencer mi ánimo? A veces me siento tan insegura… Miro al sol, pero también quisiera ser un giraluna. Dicen mis mayores que hay que recibir el calor, buscar mi sustento y fortalecer mis tejidos, pero también tengo derecho a soñar y admirar la noche, la cuna donde se mecen mis ilusiones.
Ojala, querida vida, no existan manos que quieran contarme o arrancarme del suelo. Todas bebemos de la misma tierra y todas tenemos derecho a conocerte. ¿Me oyes, vida? Quiero devorarte, quiero disfrutarte en plenitud, hacer de cada uno de mis actos una ofrenda a ti y envejecer sin que nadie pueda decirme que no he vivido. No dejes que mi existencia sea baldía, que mi guía sea el amor y la búsqueda de la verdadera belleza. ¿Verdad que es eso lo que quieres de mí? Puedes secar mis actitudes negativas, eliminar el barro que me quema por dentro, podar mis malos sentimientos y hacer de mí una diminuta fuente más.
Aunque tengo mucho miedo a equivocarme, creo adivinar entre los árboles que nos protegen que quizás vivir consista en repartir algo de vida a todos los que están a mi alrededor. Tan sencillo y tan complicado a la vez. ¿Cómo atreverme a saciar la sed a mis compañeras si en los días calurosos soy yo la que querría recorrer el río hasta caer en el mar y fundirme en la inmensidad? A pesar de mis dudas, aquí me tienes, vida, dispuesta a ser parte de ti hasta que mis restos abonen la tierra para ser nutriente de esperanza y futuro.
Me entrego a ti, haciendo de mi pequeña existencia una vocación constante de amor, regando el aire con mi fragancia y vistosidad para que mi presencia sea bendición de todo aquel que te busque entre la oscuridad y el desamparo. Desde hoy, seré todo cuanto que sea capaz de dar a los demás, con el amor por bandera en un mar de sueños.
Firmado: Una flor en primavera.
Antonio Javier Roldán
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Javier Elzo
Biografía: Wikipedia
Artículo: Premio Eusko Ikaskuntxa 2009

1.Pregunta de Matemáticas: ¿A qué edad recuerda que se inició su adolescencia?
Muy pronto. Digamos que a los 9 o 10 años. Fui un pre-adolescente precoz.
2.Pregunta de Ciencias Sociales: ¿Cómo percibía entonces la sociedad que estaba descubriendo?
Dura. Nací el 42 y se mascaba la posguerra en el País Vasco. Era muy independiente e, incluso en casa, tenía problemas de acomodo. Soy hermano mayor y mis padres (mi padre sobretodo) querían lo mejor para mí, claro, pero necesité llegar a la edad adulta para comprenderlo.
3.Pregunta de Tecnología: Hoy en día muchos adolescentes se sienten fascinados por las consolas, los ordenadores, los móviles… ¿En qué empleaba usted su tiempo libre?
Jugaba mucho al fútbol y, aunque menos, a la pelota. También haciamos guerras los de un barrio de mi pueblo (yo era del barrio de la estación de Beasain) contra los de otro barrio. El pueblo entero era el campo de batalla, con predilección por el huerto del párroco, de cuyos árboles frutales dábamos buena cuenta.
Cuando la “batalla” había terminado ibamos todos, los de los dos barrios “en guerra”, a tomarnos unos vinos con gaseosa.
4.Pregunta de Lengua: ¿Cómo era su comunicación con los adultos?
Complicada. Era muy respondón.
5.Pregunta de Educación Física: ¿Le importaba mucho su aspecto físico?
Era extremadamente delgado. De hecho en mi cuadrilla me llamaban “txipirón” ( o, Txipi, como todavía me llaman) pues era alto y delgado. Las chicas se ponían detrás de la portería (yo jugaba al fútbol de portero) y además de llamarme “txipiron” y “canilla” (por mis piernas) me tiraban piedrecitas. No tenía éxito con las chicas. Lo llevé mal.
6.Pregunta de Educación Plástica: En la adolescencia procuramos escoger nuestra ropa según la imagen que queremos transmitir a los demás. ¿Cómo era su imagen entonces?
Tenía baja autoestima de mi imagen, por lo que acabo de relatar. Nunca me ha preocupado la ropa, con tal de que sea cómoda. La ropa esta hecha para el hombre y no el hombre para la ropa.
7.Pregunta de Ciencias Naturales: ¿Recibió alguna información sobre educación sexual o prevención de drogas fuera del entorno familiar?
De educación sexual nada de nada. Una vez apareció una francesita en el pueblo y todos fantaseábamos con ella que, displicente, se fué con uno del pueblo de al lado. En mi cuadrilla, algunos, no lo hemos superado.
Entonces no había drogas. Fumábamos cigarrillos y artobisarra (palitos de maiz con los que nos hacíamos cigarrillos infumables). Fumábamos a escondidas, en el monte o en el váter en casa. Cuando escucho en los aviones las mentiras y amenazas que nos cuentan, en este sociedad del control y represión desde el 11 de septiembre de 2001, para no fumar en el vater, me viene sistematicamente a la mente los (escasos) cigarrillos que fumé de crio.
Entonces el alcohol no era droga. En casa me daban Quina San Clemente para ver si engordaba y me robustecía.
Yo pasaba el clarete que mi abuelo compraba en La Rioja a las botellas y a veces, el clarete desviaba su viaje y me fortalecía. Pero en toda mi vida me habré emborrachado menos veces que dedos tiene una mano.
8.Pregunta de Música: ¿Qué tipo de música o artistas escuchaba en su adolescencia? ¿Los sigue escuchando?
Ademas de la música autóctona, muy pronto, por razones que no sé dar, me enganché a lo que se llama musica clásica. Hoy soy adicto a Bach, Beethoven, Bruckner, Mozart, Schubert, Wagner….No podría vivir sin ellos. Habiéndoles ya superado en edad me pregunto si aún tengo derecho a vivir.
9.Pregunta de Idioma extranjero: ¿Sintió alguna vez que nadie le comprendía?
¡Vaya que sí!. Es que además de respondon, siempre he sido complicado y un pelín vanidoso. ¡Ay!
10.Pregunta de Religión/Ética: Al llegar a esta etapa de la vida, ¿hubo algún cambio en sus valores o principios?
Desde que tengo uso de razón la pregunta religiosa me ha acompañado con fuerza. Nacido en un ambiente muy católico todavía hoy mi pregunta no es tanto si creo o no creo en Dios (a lo que contestaría que sí en una encuesta) sino en qué Dios creo o, mejor, qué pongo detrás de la palabra “Dios” en quien digo creer (o querer creer).
¡Muchas gracias, Javier!
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Resulta muy curiosa la entrada a recetas para niños, donde se demuestra que la cocina sana y atractiva para los más jóvenes es posible. Habrá que probar la fruta con chocolate que nos sugieren…
La pena es que la web parece paralizada desde hace un año. Aún así los contenidos accesibles a fecha de hoy son muy atractivos.
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